Los conflictos y el libro de los Hechos de los Apóstoles

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Probablemente nunca como en estos tiempos, las iglesias enfrentan conflictos al interior de las mismas. El secularismo o mentalidad moderna es vista por algunos como la peor amenaza, mientras otros abrazan sin crítica sus postulados. En medio de estos dos extremos, un vasto número de cristianos y cristianas se preguntan si el rumbo seguido por las iglesias institucionales es el correcto, si no habrá necesidad de una profunda renovación. Esta crisis no deja de lado ninguno de los aspectos del culto cristiano: la manera como se celebra la fe (la liturgia), el modelo de lectura bíblica que se adopta en la iglesia, la relación entre la fe que se vive en los templos y el mundo de desigualdad que se consolida aun en los países de más honda raigambre cristiana…

En la iglesia católica, las divergencias en asuntos de moral sexual son cada vez mayores. No se trata solamente de lo que se debe o no se debe hacer ante los casos de ministros que hayan incurrido en actos de pederastia, sino una larga lista de “peros” que la mentalidad actual extiende ante la doctrina sexual de la iglesia: el menosprecio de la diversidad sexual; la misoginia institucional que se legitima en un texto sagrado indudablemente patriarcal; la exclusión de las mujeres en el ámbito del gobierno de la iglesia; la inconfesable, pero evidente en muchos casos, connivencia de jerarcas religiosos y poder económico y político, oculta bajo las discusiones sobre sexualidad; etc.

Las iglesias primitivas enfrentaron, ya desde sus inicios, conflictos graves. Cada tiempo tiene los suyos. La iglesia de Jerusalén y las primeras iglesias paulinas nos dejaron el testimonio de su conflictividad interna en el libro de los Hechos de los Apóstoles. Hay una realidad que se hace presente en el libro de los Hechos: cuando el evangelio es anunciado con fidelidad, aparece el conflicto. En el conflicto, las comunidades y las personas maduran y crecen. Dentro del conflicto suelen fortalecerse la fe, la esperanza y el amor. Por eso este libro del Nuevo Testamento puede ser una inspiración para quienes, hoy, se ven desanimados ante la cantidad de desafíos que las iglesias cristianas tienen que enfrentar.

El evangelio y su difusión aparecen en el libro como una fuerza de vida nueva que brota de la resurrección de Jesús, transmitida por el Espíritu Santo y anunciada por los apóstoles. Al resucitar Jesús, el Padre reveló su voluntad sobre la vida humana y condenó todas las fuerzas de la muerte que dañaban la vida. El anuncio de esta realidad se convirtió pronto en una fuente de conflictos. Por ser fuerza de nueva vida, el evangelio entra en conflicto con todo aquello que ata, reprime o mata la vida: enfermedades, malos espíritus, hambre, pobreza, males de toda clase, tristeza, muerte. El evangelio irrumpe en la historia y procura liberar la vida de esos males (Hech 3,6-8; 9,18; 8,7).

Hay, temáticamente hablando, cuatro bloques de conflictos en el libro de los Hechos: conflictos con el judaísmo, conflictos con la mentalidad y religión paganas, conflictos con el imperio romano y conflictos entre el mismo grupo de los cristianos. Como es de imaginarse, son estos últimos los más graves, ya que amenazan con romper la unidad de la comunidad y frustrar su trabajo de evangelización. No mencionaré aquí los más de 45 conflictos que he identificado dentro del libro de los Hechos. Propondré solamente algunas de las características de lo que a mi parecer fue la respuesta que las comunidades primitivas ofrecieron a dichos conflictos.

1. Las comunidades cristianas primitivas tenían la conciencia clara de que el anuncio del evangelio iba a provocar conflictos de diversa índole.
2. Nunca buscaron el conflicto en sí mismo y, al menos en el caso de la relación con las autoridades, buscaron la manera de evitarlo por el bien de la tarea evangelizadora. En los Hechos Lucas quería influir en la opinión pública y quitar prejuicios contra los cristianos, impedir la persecución y así garantizar un espacio de vida dentro del imperio para las comunidades. Por ello se señala en algunas partes del libro, la simpatía que el Camino despierta en los romanos, lo que hace que muchas veces éstos decidan en favor de los cristianos, aun en contra de las autoridades judías (13,12; 18,12-17; 28,30-31). Ésta es la posición de casi todos los escritos del Nuevo Testamento, salvo el libro del Apocalipsis: evitar el conflicto con el imperio para permitir la expansión de la tarea de la evangelización. Esto se hace en los diferentes escritos con matices diversos: Pablo en sus cartas, por ejemplo, hace uso de una conservadora teoría del origen divino del poder con tal de promover la obediencia al imperio de parte de los cristianos. Pedro, en cambio, en su primera carta, toma una posición mucho más distanciada del poder y evita subrayar demasiado la obediencia en detrimento de la libertad que siempre debe caracterizar al cristiano. El libro del Apocalipsis, por último, delante de una persecución organizada en contra de la comunidad y conciente de la pretensión absolutista y autoritaria del estado romano, llama a combatirlo como a una bestia que se opone a los mandamientos de Jesús. No parece haber, entonces, una sola actitud ante las autoridades de parte de la comunidad cristiana, sino que cuenta mucho las circunstancias.
3. Las comunidades cristianas nunca rehuyeron los conflictos, sino que supieron enfrentarlos con valentía. Ante la verdad del evangelio, no hubo nunca cesión ni componendas.
4. Las comunidades recurrieron siempre al diálogo para resolver sus problemas internos. Los actos de autoridad valen solamente cuando se ha agotado el recurso al diálogo. Es un diálogo en el que siempre debe hablarse con la verdad.
5. La comunidad cristiana primitiva buscó soluciones inclusivas a los conflictos. Siempre se tomó en cuenta la posición de los adversarios y la necesidad de ambas partes de ceder en favor de la unidad de la iglesia
6. La criteriología de las comunidades primitivas para resolver sus conflictos estaba condicionada por las circunstancias concretas y por el progresivo proceso de inculturación del evangelio. El único absoluto era el reino de Dios y la responsabilidad de continuar la tarea evangelizadora.

Algunas luces puede ofrecernos esta invaluable experiencia de las comunidades que nos han antecedido. Los problemas que hoy enfrentamos son, sin duda, de distinto tipo, pero algunas de las actitudes que contemplamos en las comunidades de la primera generación pueden sernos de utilidad a la hora de tomar decisiones o normar nuestro criterio a la hora de asumir alguna de las partes del conflicto.

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