Iglesia y Sociedad

Una buena noticia desde Madrid

7 Jul , 2008  

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Un nutrido grupo de presbíteros de la ciudad de Madrid, reunidos en el “Foro de curas madrileños”, acaba de publicar, el 21 de junio pasado, un documento amplio titulado “Pluralismo en la iglesia de Madrid”. Un documento por demás interesante porque retrata una serie de situaciones que no son privativas de esa ciudad de España, sino que se extienden a todo lo largo y ancho de la iglesia universal.

Los curas madrileños enfocan sus baterías en contra de la uniformidad, esa forma de “unidad” que pasa como aplanadora sobre las diversidades, parte de un concepto monolítico de verdad y hace a un lado el diálogo que la autoridad máxima de la iglesia católica, el Papa y los obispos de todo el mundo reunidos en concilio, nos había recomendado con urgencia hace más de cuarenta años cuando decía: “La Iglesia, para congregar a todas las personas de cualquier nación, raza o cultura que sean bajo un mismo Espíritu, se convierte en el signo de la fraternidad, que permite y consolida la sinceridad del diálogo. Pero eso exige, en primer lugar, que en la misma Iglesia promovamos la estima mutua, el respeto y la concordia, reconocidas todas las legítimas diversidades, para instituir un diálogo, cada vez más fructuoso, entre todos los que constituyen el único pueblo de Dios. Haya en lo necesario unidad, en lo dudoso libertad, y caridad en todo” (G.S. 92)

Parten los curas madrileños del retrato que de la iglesia nos ofrece el libro de los Hechos de los Apóstoles, una iglesia plural que afronta conflictos diversos. Ya desde sus inicios la iglesia encontró en los conflictos (sólo por mencionar algunos fijarse al leer el libro de los Hechos en los problemas entre las primeras comunidades y los saduceos, las sinagogas de la diáspora, el paganismo; fijarse también en el conflicto interno entre los autóctonos de habla aramea y los inmigrados procedentes de la diáspora, las imposiciones legalistas de los partidarios de la circuncisión, etc.) un signo de vitalidad y pluralismo y en el diálogo la vía para resolverlos. Nada más lejos del espíritu del Nuevo Testamento que la consideración de la iglesia como una uniformidad monolítica.

De ahí que para quienes suscriben este manifiesto “postular el pluralismo legítimo de interpretaciones de la fe cristiana y de la práctica pastoral no conduce a la ‘dictadura del relativismo’, es decir a sostener la incapacidad de acceder a la verdad o a la imposibilidad de presentar valoraciones morales válidas. Supone, eso sí, superar toda forma de fundamentalismo excluyente, vinculado a la pretensión de ‘poseer’ la totalidad de la verdad. Implica además, desde la apertura al Espíritu del Resucitado, la necesidad apremiante del diálogo enriquecedor, que es lo que demandamos en nuestra Iglesia”. Es la uniformidad, pues, y no el pluralismo lo que se opone a la acción del Espíritu y daña gravemente el testimonio de la iglesia.

Es cierto que la sociedad española está marcada irremediablemente por la pluralidad, no sólo por la transformación que la transición democrática ha operado en la sociedad ibérica, sino porque España se ha convertido en un cruce de caminos, lo que hace que su sociedad se enriquezca con personas procedentes prácticamente de todos los países del planeta. De ahí que los curas madrileños descubran que una iglesia situada en una sociedad laica, secular, plural y diversa en filosofías y concepciones religiosas, debe reconocer de hecho que el Estado sea aconfesional. “Por tanto, la Iglesia es una institución más que tiene su incidencia pública, su oferta que hacer gratuitamente, pero no ha de imponer su propia ética o concepción de la vida como la única forma de vida válida para todo el cuerpo social. El Estado ha de legislar teniendo en cuenta la pluralidad y diversidad de formas de vida y concepciones éticas que se dan en nuestra sociedad”, sostienen los curas.

Se lamentan los firmantes del manifiesto de que en la iglesia madrileña (y yo diría, en muchas de nuestras iglesias nacionales y diocesanas) “falten plataformas donde se pueda debatir abiertamente, con la libertad de los hijos de Dios, sobre tantos problemas que nos vemos obligados a afrontar en la reflexión teológica, en la práctica pastoral. Necesitamos espacios donde podamos oír y contrastar las diversas posturas que de hecho se dan en nuestra Iglesia. Necesitamos perder el miedo a experimentar, a equivocarse y corregir para ir encontrando caminos nuevos”.

Valiente, muy valiente el documento de estos presbíteros, sobre todo tomando en cuenta que el cardenal arzobispo de Madrid no es un modelo de apertura que digamos. Hay en el texto muchas y fundamentadas denuncias sobre varias situaciones: intentos de control de los centros de formación teológica, el veto de enseñanza a no pocos teólogos, excesiva uniformidad en la formación de los sacerdotes jóvenes, rigorismo litúrgico, etc. Sin embargo, el tono del manifiesto es altamente propositito, casi podría decir, entusiasta de la posibilidad de la construcción de una iglesia más plural y tolerante, más dialogante e inculturada. Un documento así, que valora como algo positivo e irreversible la pluralidad de nuestras sociedades y no la ve como amenaza o relativismo sino como riqueza y oportunidad para el crecimiento mutuo, es un documento cuya lectura hay que recomendar encarecidamente como lo que es: una buena noticia.

El documento completo puede ser consultado en http://eclesalia.blogia.com/2008/062601-nos-movemos.php

Raúl Lugo Rodríguez

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3 Responses

  1. Carlos Escoffié (kalycho) dice:

    Una buena noticia, en definitiva. ¿Qué otra cosa puede ser La Palabra de Cristo sino una buena noticia? El “Foro de curas madrileños” al hablar de diversidad no hacen otra cosa que proyectar el Evangelio a su destinatario original: la humanidad. Y al hablar de humanidad estamos incluyendo (obviamente) un sin fin de formas y estructuras tanto filosóficas, psicológicas y fisiológicas que componen a los hombres y mujeres de este mundo. La diversidad sin duda es de los mayores dones que se nos ha dado. La vida sería un fracaso si cada mujer y hombre fuesen iguales.

    Creo que no hay nada más que pueda decir, ni nada que pueda aportar a esta idea tan clara reflejada en la columna de esta semana. Importante será el reto que se nos deja hoy: vivir el día de hoy disfrutando y agradeciendo las diferencias de los que nos rodean, puesto que el amor se refugia muchas veces en la diversidad.

  2. Noemí Avilés Marín (Mimosa) dice:

    Estoy convencida, partiendo de lo poco que sé con bases, que el asunto de la libertad, la pluralidad, el respeto a la diversidad (en los últimos o más recientes momentos, llamada tolerancia) en la Iglesia (en este caso católica) y sus frenos, sesgos, cuadraturas, ´camisas de fuerza´, imposiciones y censuras, prohibiciones y hasta represiones, no provienen de lo que realmente quiso ser (la Iglesia), LA COMUNIDAD DE. Si nos apegamos a ello, todo lo anterior sería, sencillamente, inevitable: somos más de uno; parte de, pero varios-colectivo. El asunto es, como bien se nombra (aunque no en mayúsculas y ello es necesario, valga expresar), que se trata de una INSTITUCIÓN.

    Entonces sí, el edificio, la estructura eclesial, desgraciadamente, acorde a la historia de la sociedad, implica rangos, poder y la malsana posición (e incluso concepción; vaya, que así lo creen realmente, que están convencidos) de que para sobrevivir requiere riendas, frenos, chicote y sacrificios/anulaciones. Se diría, en el habla de la «política», cerrar filas en torno al «timón», a la «capitanía general», a quien(es) tiene(n) la sartén por el mango.

    Podemos estar en desacuerdo; pero no hacer caso omiso -como si no fuese así- de que la «iglesia» es una institución más (no cualquier otra) de la gran pirámide del poder a nivel internacional y como tal, hay que labrar para cambiar su sitaución actual.

    En efecto, es una BUENA NOTICIA que personajes del elenco con acceso al escenario y altavoces (miembros de la Iglesia, en el buen sentido de la palabra) hagan uso del «podium» y defiendan; es decir, sean auténticos «llevadores y traedores» de la Palabra que nos involucra a TODOS (o casi todos) y, por tanto, efectivamente nos representen.

    ´De hecho´, es lo que comprendo; aunque no conozco el libro de los Hechos.

    ¡Bien ahí, presbíteros madrileños; pese al obispo y demás…! BUENA NOTICIA.

    Si bien, esta es otra historia (no somos España), aquí: en este continente, en América Latina, en México y en Yucatán (léase, específicamente, este sencillo espacio) también se transmiten noticias, buenas y malas. Pido que ese tipo de Buenas Noticias, como las de Madrid, las socialicemos en la medida de las posibilidades, que se den a conocer en este sitio, página o como se llame. Las Buenas Noticias, en efecto, son un aliento de esperanza.

  3. Josefina I. Cervera A. dice:

    En este blog de un presbitero,se puede debatir abiertamente,aunque no es espacio abierto por la jerarquia, es de algun modo, parte de la iglesia.El equilibrio de su poder estriba, de hecho,en que Usted pueda decir su palabra,o los curas de Madrid,que podamos leerla,comentarla,difundirla.

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