Iglesia y Sociedad

LA VIRGEN DE GUADALUPE

20 Dic , 1993  

Una noticia bastante desagradable ha sido la de saber que se pretende usar la religiosidad popular como instrumento de chantaje político. La desafortunada declaración hecha la semana pasada por un líder sindical pone de manifiesto, por un lado, la prepotencia de quien se cree dueño de la voluntad de los trabajadores agremiados y, sin pudor ni respeto, habla en nombre de ellos sin consultarlos. Pero, al mismo tiempo, muestra el miedo que incuban en su corazón los poderosos, delante de una práctica religiosa que amenaza con “derribar a los potentados de sus tronos… y despedir a los ricos con las manos vacías”.
Como acertadamente declaró Monseñor Castro Ruiz, yo también estoy seguro de que la mayoría de los taxistas no están de acuerdo con las declaraciones de su líder. Todavía más: estoy seguro de que muchos taxistas irán el día que les toca peregrinar al Santuario de la Virgen, en San Cristóbal, a pesar de las amenazas y chantajes a las que, seguramente, se verán sujetos.
A quienes no irán al santuario por mezquinos intereses, seguramente la sociedad les cobrará algún día la cuenta de sus acciones. A quienes no irán por conservar el trabajo que da pan a sus hijos, les comprendo y les animo en su resistencia silenciosa. A quienes, desafiando el uso pervertido del liderazgo sindical, irán a la peregrinación, así sea sin sus taxis y como incógnitos, les quiero compartir algunos fragmentos de la oración que el Movimiento Juvenil Parroquial de Tecoh promovió para uso de los antorchistas guadalupanos en este año.
MADRE NUESTRA DE GUADALUPE, SEÑORA DE AMÉRICA, AQUÍ A TUS PLANTAS VENIMOS TUS HIJOS PARA OFRECERTE ESTE ACTO DE HOMENAJE Y DE CARIÑO.
QUEREMOS QUE ESTA PEREGRINACIÓN NOS RECUERDE QUE SOMOS PARTE DE UN PUEBLO QUE VA CAMINANDO UNIDO HASTA DIOS. QUEREMOS QUE LA ANTORCHA QUE LLEVAMOS EN NUESTRAS MANOS SIMBOLICE LA FE QUE QUEREMOS CONSERVAR ENCENDIDA, DEFENDER Y TRANSMITIR A LOS DEMÁS.
TÚ, MADRE NUESTRA, HAS ESTADO SIEMPRE PRESENTE EN LOS MOMENTOS MAS DIFÍCILES DE NUESTRA PATRIA: CON EL CURA HIDALGO EN EL INICIO DE LA INDEPENDENCIA Y CON LAS FUERZAS DE ZAPATA EN LA LUCHA POR LA TIERRA, EN TIEMPOS DE LA REVOLUCIÓN. POR ESO TE PEDIMOS QUE ESTA PEREGRINACIÓN NOS AYUDE A PARTICIPAR MÁS EN LA LUCHA POR HACER DE ESTA PATRIA NUESTRA, UN LUGAR DONDE NO HAYA DISCRIMINACIÓN NI INJUSTICIA, DONDE SE ACABE LA ENFERMEDAD Y EL SUFRIMIENTO, DONDE TODOS PODAMOS SER IGUALES Y TENER LOS MISMOS DERECHOS. UNA PATRIA DONDE TODOS PONGAMOS NUESTRO GRANO DE ARENA PARA HACERLA UN LUGAR DIGNO PARA NOSOTROS Y PARA LAS FUTURAS GENERACIONES.
MADRE SANTÍSIMA DE GUADALUPE, TÚ ESCOGISTE A JUAN DIEGO COMO TU MENSAJERO. NO ESCOGISTE AL REY O AL OBISPO PARA LLEVAR TU MENSAJE, SINO A UN HUMILDE INDÍGENA CAMPESINO. CON ESO NOS MOSTRASTE QUE EL AMOR DE DIOS ESTÁ MÁS CERCA DE LOS POBRES Y DE LOS QUE SUFREN ABANDONO Y MARGINACIÓN. TE PEDIMOS QUE NOS DES FUERZAS PARA VALORAR EL TRABAJO DE NUESTROS HERMANOS CAMPESINOS Y NOS DES CARIÑO POR LA TIERRA QUE DIOS NOS DIO PARA QUE VIVIÉRAMOS TODOS FELICES. TE PEDIMOS QUE NOS AYUDES A ORGANIZARNOS PARA DESTERRAR DE ENTRE NOSOTROS LA MISERIA, LA EXPLOTACIÓN Y EL ABUSO DE LOS PODEROSOS. TE PEDIMOS QUE, EN MEDIO DE LOS PROBLEMAS POR LOS QUE PASAMOS, NUNCA PERDAMOS LA SONRISA NI EL BUEN ÁNIMO, NUNCA PERDAMOS LA PALABRA AMABLE NI LA TERNURA. AMÉN.
Creo que esta oración juvenil es una buena síntesis de devoción guadalupana y muestra con claridad cómo la piedad guadalupana lleva al cristiano a comprometerse con las mejores causas de su pueblo. Todo lo contrario de lo que el vergonzoso (y esperemos que fracasado) boicot de la directiva sindical de los taxistas persigue.

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CONSEJERO DE GOBIERNO

13 Dic , 1993  

Yo siempre he sido bueno para los consejos. El afamadísimo franco-mejicano Joseph-Marie Córdoba Montoya, asesor de los asesores del Presidente Salinas de Gortari, debería participarme un poco de su extranjera suerte y darme un puestecito de Consejero Honorario de la República. Algunas recomendaciones interesantes podría darle este servidor al Presidente neoliberal que hoy nos gobierna.
Pero como no gozo de las simpatías de Córdoba Montoya (ni siquiera tiene el gusto de conocerme, ni yo a él), me conformaría con el cargo de Consejero (aquí sí: nada de honorario) del Gobierno de Yucatán, para poder desde ese lugar de servicio dar uno que otro consejito para ayudar a sacar a nuestro Estado de su abatimiento.
Podría dar, por ejemplo, unas cuantas ideas para hacer más creíbles los próximos comicios. En primer lugar recomendaría al gobierno tomarse unas buenas y obligadas vacaciones durante el proceso electoral, de manera que la sociedad civil y los partidos políticos organizara dicho proceso de principio a fin, y en caso de que la sociedad civil siguiera empeñada en hacerse fraude a sí misma, ya no tuviera pretextos para echarle la culpa al gobierno ni a la Comisión Federal de Electricidad.
Aconsejaría, además, que -en caso de paros laborales postelectorales- el gobierno participara dejando de trabajar. Así, los que nacimos y crecimos en las décadas del anarquismo, tendríamos la oportunidad de pasar algunos días al año saboreando un Yucatán sin autoridades legítimas, y gozaríamos al ver la frustración de quienes pensaban que, sin gobierno, Yucatán no seguiría en pie.
Recomendaría colocar de Procurador de Justicia a una persona con capacidad suficiente para idear una prisión especial para delincuentes electorales, cuyo proceso de readaptación contaría con el pedagógico paso a las celdas de algún líder sindical que les ofrecería a los presos, todos los días de la cadena perpetua, un kilo de carne a cambio de quedarse un tiempecito más en la cárcel.
Para no convertirme solamente en un consejero en asuntos de elecciones, podría idear algunas soluciones para otro tipo de problemas a los que cualquier gobierno bien nacido tendría que enfrentarse. Por ejemplo, recomendaría la formación de una comisión que vigilara el buen uso de los fondos del PRONASOL, PRODEZOHE, PROCAMPO y todos los nuevos PROES que pudieran surgir en un sexenio, para que los recursos ya no siguieran dedicándose a hacer escarpas sobre las que no se puede caminar, a menos que sea uno equilibrista y haya practicado algunos años en la cuerda floja, o parques infantiles en los que los niños acaban jugando con tubos, porque los columpios nunca llegaron.
Recomendaría también al gobierno apoyar deportivamente a los jóvenes, evitando que las asociaciones futbolísticas cobren tanto a quienes quieren jugar y elevando la calidad de los árbitros, para que griten menos y arbitreen más. Así podríamos volver a los memorables tiempos en que había pleitos apasionados entre los jugadores, dado que ahora sólo hay pleitos entre jugadores y árbitro, y eso desmerece el espectáculo.
Tengo algunos consejitos más guardados bajo la manga y que serían de gran utilidad para el gobierno: sobre el funcionamiento del CERESO, sobre la habilidad policíaca para conseguir confesiones, sobre cómo aplicar técnicas brasileñas en la solución del problema de los niños de la calle, sobre las múltiples ventajas de que la CFE continúe en manos del gobierno, y muchísimas brillantes ideas más. Es por eso que, desde esta popular tribuna, suplico a mis ocho lectores que apoyen mi autopostulación para Consejero Permanente del Gobierno del Estado de Yucatán.
El único problema es que no puedo aconsejarles a quién mandar sus cartas de apoyo. Los abogados de la anarquía estamos de luto ante tanta autoridad que hay en el Estado. A lo mejor en el próximo artículo puedo comunicarles con certeza a quién pueden mandarle las cartas de apoyo: si al Gobernador Constitucional, si a la Gobernadora ausente, si al Gobernador que despacha en Palacio, si al Gobernador electo o a la Gobernadora moral. Una disculpa por mi indecisión: tantos gobernadores causan confusión hasta en el mejor de los consejeros.

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LA RAÍZ DE MI ESPERANZA

6 Dic , 1993  

En solamente una semana hemos vivido en el Estado situaciones sorpresivas y decepcionantes. Muchas cosas han dejado a los yucatecos en un estado de consternación pocas veces visto: la frustrante experiencia de los comicios pasados, la posibilidad cierta de un enfrentamiento violento entre las principales partes en contienda, la renuncia de la titular del Poder Ejecutivo, las posteriores explicaciones que no explicaron nada, el manejo de los principios éticos y las lealtades a todos, menos al pueblo, la dolorosa constatación de la corrupción de todos los partidos y del pueblo mismo y tantas cosas más que nos han sumido en un anonadamiento sin parangón… y, al final, la pregunta del inicio: ¿qué está pasando en Yucatán?
Como un túnel sin salida, la avalancha de los acontecimientos nos coloca en el riesgo de perder el último y más preciado de los tesoros: la esperanza. ¿Con qué cara podremos mañana invitar de nuevo a la gente a votar? ¿Cómo no recordar los reproches que dirigimos a los que promovían el abstencionismo conciente y dejar de reconocer que les asistía, al menos, parte de razón? ¿Cómo devolver el ánimo perdido a esa enorme cantidad de ciudadanos que, sin el desahogo de los gritos en la plaza pública, tienen que morderse su rabia y llorar su impotencia?
Preparando una junta del Movimiento Familiar Cristiano, releí un texto evangélico que me hizo retornar a las raíces de la esperanza. Se trata del pasaje de San Juan en el que Jesucristo comparece ante Pilato. Me asombré al redescubrir a un hombre indefenso, semidesnudo y azotado, acusado públicamente y humillado, pero de pie, con la frente en alto, retando con su majestad de pobre al representante del máximo poder imperial de la época, armado solamente de la verdad y del anuncio de un Reino diferente a los de este mundo: Jesús, sangrientamente gallardo. Y del otro lado al poderoso, enfundado en sus trajes elegantes y en la investidura de su autoridad, pero temblando, temblando de miedo ante la presencia del subversivo de Nazaret: Pilato, poderosamente frágil.
En la escena se dibujan dos maneras de concebir la vida y la historia: el poder frente al no-poder. El resultado es paradójico: el indefenso que se planta como alternativa al poder ejercido como dominación porque no tiene nada que perder, y el poderoso que tiembla frente a la acusación personal y quemante de un hombre débil, pero que no tiene precio, que no está en venta.
Este texto, leído a la luz de los más recientes acontecimientos de nuestro Estado, me ha reabierto la puerta a la esperanza. Y me ha hecho comprender la equivocación que encierra pensar que la democracia se construye en el tiempo de las campañas electorales, o que el respeto a los derechos humanos se logra con el simple castigo de algún culpable que permanecía impune. No, la tarea es más larga y la empresa de mayores dimensiones. Se trata de transformarnos en personas nuevas, de trabajar callada y pacientemente por la abolición de la cultura de opresión y muerte, de asumir que el no-poder es el único horizonte que producirá el cambio cualitativo; se trata de acompañar al pueblo en el proceso de recuperación de su identidad y de su dignidad, de prestar nuestra humilde ayuda para que todos, un día, pudiendo abusar no lo hagamos, porque amamos a los débiles; habiendo recibido mayores conocimientos los pongamos al servicio de los otros, porque los apreciamos como personas; habiéndonos ganado el don de la autoridad hagamos de ella un servicio a los hermanos.
Y todas estas cosas del Reino, en las que estoy dispuesto a empeñar mi vida, mis capacidades, mi pasión y hasta mi muerte, no se agotan, ni siquiera se cumplen cabalmente, en la lucha por el poder. La tarea de construír un ser humano y una sociedad nuevos, realizada a la manera de Jesús, es decir, al lado y a partir de los más pequeños, de los indefensos y despreciados, de quienes, hasta hoy, venden su voto por hambre y su dignidad por un kilo de carne, al lado de los pobres sin eufemismos ni mistificaciones, esa tarea, digo, es mucho más grande que la trágica comedia de enredos a que ha conducido el reciente fraude electoral. La raíz de mi esperanza y de mi lucha está más allá y no puede ser derrotada en las urnas del voto no respetado. La raíz de mi esperanza está en Jesús, el indefenso de Galilea.

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ACERCA DE MIS LECTORES

29 Nov , 1993  

-Para Roger y su equipo-

Todo mundo al que consulto acerca del contenido de mis artículos antes de escribirlos y publicarlos (“todo mundo” son como cuatro personas, eso sí, de valiosísima opinión), me recomendó escribir acerca de las elecciones. “Salir los lunes en el Diario te da la oportunidad privilegiada de comentar la jornada cívica del domingo y criticarla a fondo”, me comentó uno de mis consejeros favoritos; pero se equivocaba, dado que, normalmente, entrego estas colaboraciones desde el día viernes, lo que hacía imposible saber, a menos que uno tuviera cualidades de mago o de adivinador del futuro, lo que iba a suceder ayer domingo. Esas dotes adivinatorias se las reconozco a los partidos políticos en sus cierres de campaña (el PRI y el PAN saben siempre que van a ser los “triunfadores indiscutibles” y todos los demás partidos proclaman su certeza absoluta de convertirse en “la tercera fuerza política del estado”), pero debo reconocer públicamente que casi todos mis ensayos de adivinación política han resultado fallidos en el pasado reciente y remoto. Por ello, y por muchas razones más, decidí no escribir en esta ocasión acerca de las elecciones.
He estado pensando últimamente que, es probable que le falte a mis artículos mayor definición ideológica. Hace unos días, por ejemplo, un amigo me felicitó por el último artículo “comunista” que había escrito. Se refería a mis recientes comentarios acerca del neoliberalismo, tema por demás obsesivo en este servidor (y en más del 90% de los mejicanos que lo padece a la hora de los alimentos y en el momento de llevarse las manos a los bolsillos) y objeto de mis más arduas críticas y señalamientos. El comentario me sorprendió, especialmente porque se me hizo una hora después de que un familiar me había felicitado por mi más reciente artículo “panista”, refiriéndose a la colaboración de la semana que acaba de pasar, sobre la participación de los sacerdotes en la política y no, desde luego, a mis comentarios sobre el neoliberalismo. Así que uno es comunista cuando habla de economía, y es panista cuando habla de política. Estas opiniones, que no dejan de ser cómicas y de humorismo involuntario, se parecen a aquella amenaza surrealista que, allá por mis rumbos, dieron en usar algunos políticos en la reciente campaña: que si el PAN ganaba las elecciones, se iba a implantar el comunismo en Yucatán. ¡Lo que son las cosas!
Lo cierto es que aquellas mis cuatro lectoras cautivas ya no son las únicas que leen esta columna: ahora hay como cuatro personas más. Este es ya un buen motivo para seguir escribiendo, aunque le llamen a uno panista y comunista simultáneamente. Claro que hay calificativos que honran y otros que humillan… pero en este caso particular vamos a dejar la clasificación de los adjetivos a la tendencia ideológica de mis ocho lectores. Así todos podremos seguir contentos y saludándonos fraternalmente.

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LOS CRISTIANOS Y EL NEOLIBERALISMO

15 Nov , 1993  

Muchos países de América Latina están pasando por el mismo proceso que se lleva a cabo en Méjico: el proceso, llamado eufemísticamente, de “modernización”. Quienes todos los días escuchamos la radio o leemos la prensa, nos hemos acostumbrado a los titulares que proclaman la recuperación económica, la salida de la crisis, el despunte de las finanzas nacionales. Por momentos, llegamos hasta a creer que sólo es cuestión de tiempo para que el bienestar llegue a las mesas de los más pobres, y la mejoría económica se refleje en la canasta básica real a la que tiene acceso el ciudadano común y corriente.
Pero todo ese teatro bien armado se cae cuando nos enteramos que, en una reciente investigación de la UNAM, se ha descubierto que 33 familias poseen más del 27% del producto interno bruto, lo que quiere decir, en palabras menos complicadas, que menos de 40 familias acaparan más de la cuarta parte de la riqueza nacional. Y esto en un país de más de 80 millones de habitantes.
Esta tendencia a la concentración de la riqueza se ha producido en el actual sexenio. No nos engañemos: modernización ha significado entre nosotros favorecer la acumulación de la riqueza en pocas manos. Esto, y no otra cosa, han producido los seis años de gobierno que están por expirar.
Muy graves son los desafíos que esperan al próximo presidente de la república. Desde hace mucho tiempo, en El Salvador, se habla de la concentración de la propiedad de la tierra en manos de doce familias. Esta concentración dio lugar a una guerra civil de más de 11 años, que ha arrojado un saldo de más de 70 000 muertos. Esta violencia no ha terminado: mañana se cumplen 4 años del artero asesinato de 6 sacerdotes jesuitas y dos empleadas domésticas de la Universidad Centroamericana “Simeón Cañas” en San Salvador, y todavía nos siguen llegando noticias de la actividad de los escuadrones de la muerte. Ojalá en Méjico, aprendamos la lección de toda la violencia que puede desatarse por la imposición de un programa económico que estrangula las posibilidades de vida digna de la población.
No cabe duda que tienen razón los cristianos del Ecuador, agrupados en el Comité Nacional Permanente Mons. Leonidas Proaño, cuando afirman: “Consideramos que el neoliberalismo es la implementación extrema del capitalismo transnacional: el mundo entero convertido en un mercado al servicio del capital: el gran capital convertido en dios, frío y calculador, devorador de viudas y huérfanos…
“El neoliberalismo es marginación creciente de las grandes mayorías que sobramos. Para el pueblo, hay prohibición de vivir dignamente; para los niños, hay negación de ser atendidos por la red comunitaria; para los ancianos, recorte de prestaciones en la seguridad social; para los trabajadores, sueldos de hambre y despidos masivos… y por otro lado incremento de sueldos millonarios para los gobernantes.
“El neoliberalismo es una idolatría de muerte que genera muerte, es pecado social que genera pecado social. De ninguna manera podemos resignarnos a su ética de lobos; por eso optamos por sobrevivir dentro de este sistema como en el exilio, en estado de profecía permanente, denunciando los abusos y anunciando la liberación, con el claro compromiso de NO ACOMODARNOS A ESTE MUNDO por amor a la libertad y a la vida. Asumimos así la proclamación de María, mujer de Dios y del pueblo, en la necesidad de “colmar de pan a los hambrientos y a los ricos despedir vacíos…”
Un manifiesto ecuatoriano, pero una realidad continental. La carta podría haber sido firmada por cristianos de Méjico, y no resultaría desfasada de la realidad.
Muy graves desafíos tendrá que enfrentar el próximo presidente de la república: revertir la dinámica de concentración de la riqueza para distribuirla más equitativamente y abrir las puertas a la democracia tantas veces esperada, son solamente algunas de las citas ineludibles del futuro mandatario. No sé quién pueda ser la persona que dé la talla para una empresa de este tamaño. Lo que sí sé, es que el partido de Estado tiene que ponerse a reflexionar, muy, muy seriamente, en que por primera vez, en 1994, hay la posibilidad real de que la presidencia de la república no sea ganada necesariamente por su candidato.

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¡AY GUATEMALA…!

13 Sep , 1993  

Están aquí, muy cerca de nosotros. Son nuestros vecinos y valen tanto como los vecinos del norte. Su historia está plagada de fuego y de lluvia fresca, de batalla y de resistencia, de odio y amor, de muerte y vida, de dictadores y y de mártires, de guerra y de anhelos de paz.
Guatemala es una herida abierta en el cuerpo y el corazón de América Central y de todo el continente. Su sangre india es roja y mancha nuestros vestidos y nuestras conciencias. Su causa, que tendría que ser la nuestra, la causa de la paz y la justicia, del respeto al distinto y de la autodeterminación, ha dado al mundo uno de los premios nobel de la paz más significativos: Rigoberta Menchú; uno de los escritores más críticos y prolíficos: Luis Cardoza y Aragón; uno de los pintores de mayor colorido y expresividad: Carlos Mérida y, lo que es más importante, la causa de Guatemala nos ha legado un pueblo indígena orgulloso de sus raíces, heroico en la resistencia, valiente delante de los poderosos: un pueblo que merece vivir.
ARTURO: “De los hijos que tengo cuatro son míos y cinco recibí. Cuando me preguntan de quién los recibí, les contesto que de la comunidad. Es que nos han matado a muchos compañeros y sus hijos no pueden quedarse al garete. Cada uno de nosotros está levantando varios chamaquitos que se quedaron huérfanos por la guerra. Los niños son todos nuestros hijos, hijos del pueblo, hijos de la comunidad…”
MANUEL: “Esa noche la llevo grabada en el recuerdo. Llegué a la casa después de trabajar en el campo. El ejército había estado rondando desde la noche anterior, y todos estábamos muy preocupados y asustados. Los militares no se andan con cuentos: están adiestrados para matar y lo hacen con la mano en la cintura. Cuando entré en la casa me di cuenta de lo que había pasado: allí, tirados en un charco de sangre, estaban mi mujer y mis hijos, mi amor y mi tesoro más valioso, mi alegría y mis razones de vivir. Fui recogiendo uno a uno sus pedazos y tratando de reconocer en sus rostros desfigurados las sonrisas de mi esposa y de mis hijos. De pronto me di cuenta de que en el suelo, al lado de los cadáveres, estaba el arma asesina: un gigante machete ensangrentado. En ese momento sentí que la sangre se me subió a la cabeza. Tomé el machete y salí corriendo a buscar a los asesinos de mi familia; corrí más de una hora sin poder darles alcance. De repente, me detuve en seco: buscaba a los asesinos para descuartizarlos con el machete que llevaba en las manos. Entonces sentí vergüenza: empezaba yo a ser igual que ellos. Solté el machete y regresé a mi casa. Después de enterrar a mis familiares huí del país. En México estoy rehaciendo mi vida, mientras puedo retornar y aprendo a perdonar de corazón”.
JUANITA: “Tuve ocho hijos. Cuando nos quemaron las casas para expulsarnos de nuestra tierra, tuvimos que venirnos para México. En el camino se me murieron tres varones y una mujercita. Al llegar a México ya tenía nueve hijos: a cambio de los cuatro muertos recibí cinco cuyos padres habían sido quemados por los soldados. Los recogí en el camino; no podemos dejar que ni uno solo de nuestros hijos muera, porque cada vida es importante y cada memoria ayuda a que recordemos todo lo que tuvimos que pasar cuando, ya otra vez en nuestras tierras, comencemos a construir la patria que merecemos todos…”
Están aquí, muy cerca de nosotros. Son nuestros vecinos y valen tanto como los vecinos del norte. Viven en Campeche y Chiapas. Por elemental sentido de humanidad, tenemos que sentir como nuestra su historia ensangrentada, tenemos que grabarnos en la carne sus sufrimientos y su esperanza. Tenemos que decirles, con Monseñor Casaldáliga, el obispo poeta, “amigos, hermanos de Guatemala, sean lúcidos, sean firmes, sobre todo, estén unidos. Sepan que el continente entero les acompaña. Son ustedes para nosotros como una señal, testigos de la liberación que se conquista, prueba de que nuestro Dios es verdaderamente un Dios liberador que sabe librar de la muerte…”

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DIOS Y EL DINERO

23 Ago , 1993  

Tengo un amigo que cambió su vida al conocer a Jesucristo; de él escuché una vez este ejemplo que me llamó mucho la atención: “Nuestra vida es como una casa. Tiene muchos cuartos. Algunos de ellos están bien arreglados y listos para ser visitados por los demás; los mostramos con orgullo. Pero hay también otras partes de la casa que escondemos: el baño, la cocina, o algún cuarto de trebejos, no están nunca listos para ser visitados. Los escondemos porque nos avergüenzan. Siempre habrá un pretexto para mantenerlos así, y pasarán días, meses, años, sin que nos atrevamos a limpiarlos o a dejar entrar en ellos a alguien.
“Cuando yo conocí a Jesucristo -prosigue mi amigo- le abrí las puertas de mi casa; quise, sin embargo, reservarme aquellos cuartos sucios y vergonzantes. Lo dejé entrar a mi sala y a mi comedor, pero le prohibí la entrada al baño y a la cocina. Pronto comprendí que mi conversión no era otra cosa que una farsa. Si no era capaz de abrirle a Jesús todos los rincones de mi casa, mal podía llamarme cristiano. Entonces pasé por la experiencia de la humillación; hubo alguien a quien -por fin- le enseñé mis miserias. Y no me arrepiento… al fin y al cabo, la limpieza de esos cuartos se la debo a él. Ahora me esfuerzo por mantener mi casa limpia y sé, en lo profundo de mi corazón, que toda ella le pertenece a Jesús…”
Hasta aquí el ejemplo de mi amigo. Recurro a él porque algo similar puede decirse del campo de la conversión, ya no personal, sino social. Nuestra sociedad es una casa de muchos cuartos. Si pretendemos que esté animada por el espíritu cristiano, debemos dejar que los valores del evangelio la permeen totalmente. Es muy fácil ser cristiano en lo privado, pero vivir como si no hubiera Dios en lo público. No hay que olvidar que los torturadores suelen ir a Misa los domingos.
Uno de los cuartos de la vida social en el que casi nunca dejamos que entren los valores cristianos es la economía. Nos parece a veces que es un campo al que el evangelio no tiene nada qué decir. Es el engaño de la serpiente, la exclusión de Dios de nuestro horizonte, el secularismo que nos convierte en ateos prácticos. No estoy abogando por una economía CONFESIONAL, que se presente como abanderada de los valores evangélicos o de la civilización del amor. No. Me refiero a lo mismo a lo que el Papa Juan Pablo II se ha referido en sus cartas sociales (Laborem Exercens y Centessimus Annus) al hablar de PRIMACIA DEL HOMBRE SOBRE EL DINERO, DEL TRABAJO (trabajador) SOBRE EL CAPITAL. Es decir, que una economía cristiana no será la que se ostenta como tal, sino aquella que es capaz de organizarse en beneficio de todo el hombre y de todos los hombres.
Cuando, en cambio, la economía se rige solamente por las fuerzas de la oferta y la demanda, y el mercado se ve como una especie de dios al que hay que sacrificar todo. Cuando el desarrollo se identifica con crecimiento económico, independientemente de la distribución equitativa de los bienes entre los verdaderos creadores de la riqueza productiva, estamos de frente a un mostruo idolátrico que excluye la justicia y la fraternidad de la organización económica.
Este dejar la economía en manos de la competencia de los más fuertes o en manos de la oferta y la demanda, termina siempre por acumular de manera desmedida los bienes en manos de unos pocos; suprime la participación del comercio y de la industria en pequeño y termina por hacer una sociedad de asalariados, con una exigua minoría de potentados. A este fenómeno social, que excluye los valores de la fraternidad, la justicia, la compasión, del mundo de la producción económica, le llamamos NEOLIBERALISMO.
Es cierto que el NEOLIBERALISMO ha sido propuesto como alternativa a un modelo de organización económica que falló: el modelo de organización estatal al que durante algún tiempo llamamos SOCIALISMO REAL; también es cierto que la caída de los regímenes de la Europa Oriental ha hecho que el NEOLIBERALISMO aparezca como la única solución válida a los problemas de la producción de riqueza y de organización de la sociedad. Se dice, incluso, que el NEOLIBERALISMO no es más que la LIBERTAD en cuanto dinamismo económico.
Sin embargo, la realidad es cruda. En nuestro país, la cruzada neoliberal encabezada por el gobierno actual, ha significado mayor miseria para la mayoría de la gente. Es curioso escuchar hablar de una “recuperación económica” que se advierte sólo en las cifras oficiales y no en las mesas de las casas pobres: en ellas no hay recuperación ninguna. Asombra oír hablar de “apoyos productivos” y ver a Méjico convertirse en un país maquilador, de mano de obra barata. Un país en el que los ricos son cada vez más ricos, a costa de pobres cada vez más pobres. Incluso los más arduos defensores de que la libertad se identifica con el dominio de las fuerzas del mercado, dan marcha atrás cuando contemplan las consecuencias de miseria que trae la aplicación de los planes neoliberales. Surgen entonces los programas correctivos de asistencia social, de combate a la miseria. Y, con ellos, nos vuelve otra vez la duda: ¿no será que estamos creando los enfermos, y después les construímos los hospitales?
La caída del régimen soviético nos enseñó que la IGUALDAD es un ideal inalcanzable a no ser que se aplique por la fuerza, lo que implica despotismo. La actual avanzada del neoliberalismo nos enseña que, al menos en el campo económico, la LIBERTAD tiende a convertirse en tiranía de los más poderosos sobre los más débiles y que, por lo tanto, debe tener un límite. Como dice Octavio Paz, “el puente entre ambas es la fraternidad, la gran ausente de las sociedades democráticas capitalistas. La fraternidad es el valor que nos hace falta, el eje de una sociedad mejor” (Vuelta 195, pag. 28).
No habremos permitido, pues, la entrada de Jesucristo y sus valores al campo de la economía, mientras no organicemos la sociedad de manera que no sea productora de pobreza para las mayorías, sino de vida, y de vida abundante para todos.

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¿DE QUE SE RIE…?

9 Ago , 1993  

1. Se llama Calixto y su educación formal no llegará nunca más allá de la secundaria. Tiene una brillante inteligencia, habilidad para las lenguas (no sólo habla maya y castellano, sino que ya construye frases en inglés), y una sonrisa que nunca desaparece de sus labios. Su padre era henequenero y la liquidación se les acabó más pronto de lo que pensaban. Ya no acompaña a su papá a cortar pencas, porque ya no les resulta cultivar henequén. En la casa no hay medios para que pueda realizar su sueño de estudiar turismo, así que tendrá que irse de la hacienda hasta Can Cun para trabajar de peón de albañil. Cuando me lo cuenta, la sonrisa no se apaga, aunque los ojos le brillen.
2. Felipe quiere casarse, pero todavía no logra juntar lo suficiente. Sólo el padrecito, en la iglesia de su pueblo, va a cobrarle 300 nuevos pesos y -como están las cosas- eso es mucho dinero. No entiende por qué una Misa cuesta tanto. El me lo comenta con ingenuidad y a mí se me cae la cara de vergüenza.

Podría mencionar decenas de casos parecidos: Calixto y Felipe son solamente dos gotas de agua en un mar de problemas económicos por los que pasa el campesino. A este mar de problemas contribuye una sociedad hecha a la medida de los poderosos, diseñada para producir pobres y reproducir esquemas de dominación, y contribuye también una iglesia que olvida sus raíces, que coloca las alcancías antes que la conciencia, que se aleja de aquellos en quienes debiera encontrar su razón de ser: los pobres.
La mención de estos casos se debe a algunos comentarios que el autor de esta columna ha recibido últimamente, especialmente de algunos hermanos presbíteros. Con sincera preocupación me han señalado que mis artículos son poco optimistas, que tienen miedo de que el contacto con la realidad me amargue el alma, que notan en mis escritos cierto resentimiento.
Yo les contesto que es solamente gracias al optimismo irremediable de la gente sencilla y a su terca persistencia, a esa tenacidad que los ha mantenido vivos a pesar de todo durante 500 años, es que se puede sobrevivir en el campo yucateco. Que algo deben haberme contagiado para que yo continúe, en esta sociedad y en esta iglesia, tratando de aportar lo que puedo en la transformación de las cosas, a veces desde la serenidad de espíritu y a veces -es cierto- desde la rabia.
Esto me recuerda una hermosa canción cuya letra inventó el poeta Mario Benedetti en una circunstancia muy particular: al abrir un día el periódico se encontró la fotografía del dictador en turno riendo a mandíbula batiente. Conocedor Benedetti del sufrimiento cotidiano de las gentes de su país, sintió esa risa como una bofetada, y se ensañó contra el dictador componiéndole una canción llena de belleza e ironía, en la que -después de enumerar algunas de las atrocidades que ocurrían en su patria- le preguntaba al dictador: “Señor Ministro… ¿de qué se ríe?”
Benedetti compuso también hermosos poemas de amor y desamor. Describió con hermosas palabras el crepúsculo y le cantó al milagro de la vida en pareja. Pero no dejó por ello de pasmarnos con la fiera ternura del poema Hombre preso que mira a su hijo: “Todas estas llagas, hinchazones y heridas / que tus ojos redondos miran hipnotizados / son durísimos golpes, son botas en la cara, / demasiado dolor para que te lo oculte, / demasiado suplicio para que se me borre”. Le agradecemos mucho a Mario Benedetti sus poemas de amor, pero le agradecemos más que no haya escrito solamente dulces poemas de amor.
No soy un pesimista. Todos los días encuentro en mi contacto con la gente razones para creer y esperar. Pero no puedo cerrar los ojos y construirme un mundo de fantasía: eso no es optimismo, sino simple evasión culpable de la realidad. Porque en nuestro estado y en nuestra iglesia, muchas, muchas cosas de qué reírse, no me parece que haya. Digo yo.

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ARTESANA DEL CANTO AMERICANO

2 Ago , 1993  

Era la noche del lunes 26 de julio, y veníamos listos todos para un Moncada de canciones. El lugar era el Teatro Peón Contreras. Una reunión de amigos, un homenaje. Leve como una pluma, delgada como un lirio, subió las escaleras del teatro como si flotara, con el blanco vestido que afilaba su figura y uno de esos rebozos yucatecos jamás portados con tanto garbo.
Voz de futuro sobre el escenario, entristecido canto de los indios, mujer hecha de luces: Amparo Ochoa. ¿A dónde va cuando cierra los ojos, cuando la tibia gota de sudor perla su frente, cuando su mano poderosa señala al infinito con el dedo?
¿De qué silencios nutre su canción?
“Habrá canción mientras un pueblo no se resigne a las cadenas, mientras la risa de los niños no tenga abrigo y pan seguro…”, cantaba en 1983 en la plaza de Managua, en Nicaragua. La revolución nicaragüense necesitaba de la solidaridad de los artistas americanos: Méjico estaba presente en la voz de Amparo Ochoa. Y cuando fue Chile, o El Salvador, o Guatemala… siempre estuvo presente la flor de Sinaloa, la voz quebrada al viento, la amiga de las causas grandes.
Desde hace muchos años que su voz acaricia nuestras risas, nuestras ganas de ser, nuestros fracasos, nuestro 68 maloliente, nuestro fraude de julio, nuestro llanto… Y su canción siempre nos ha encendido la lámpara del sueño; y respira en las notas de su música la asfixiada utopía del enojo y la rabia del pueblo.
Tuvimos la fortuna, hace muy poco tiempo, de que su voz acompañara el esfuerzo de una organización local que trabaja por el respeto a los derechos humanos. En el foro “Reflexiones y Experiencias”, realizado en el Salón EQUIDAD de la parroquia de Fátima en septiembre del año pasado, Amparo Ochoa cerró el ciclo de conferencias y discusiones con su voz de pájaro sin rejas, voz de pueblo pobre, voz que canta a los débiles.
Amparo de la patria sin fronteras, madrecita de las noches mejicanas, luchadora tenaz que desenvaina su espada de dos filos, artesana del canto americano. Su voz resucitó en nuestros adentros muchas enmohecidas primaveras y las palabras volvieron a tener significado: libertad sonó otra vez fresca y lozana, justicia sin mentiras, paz sin ambigüedades.
Es una suerte haber estado el lunes pasado en el Peón Contreras, con Oscar Chávez y Jorge Buenfil, con Maricarmen Pérez y Ligia Cámara, con el dueto Combinación y Emilio Rosado. Fue una fortuna habernos encontrado en el teatro con amigos de otros tiempos, de trabajos distintos y sueños parecidos. Quizá lo que sobró, lo único ajeno, lo que vale la pena echar al saco del olvido, fueron las palabras de protocolo, la cortesía sin comunión de sueños. Todo lo demás se escribió para siempre en el afecto: “Miedo de amar” interpretada soberbiamente por Oscar Chávez y Jorge Buenfil, la lámpara del teatro rindiendo su homenaje de luces, el público de pie en un aplauso prolongado a la homenajeada y, sobre todo, la grácil figura de Amparo Ochoa, su palabra sincera y su voz rompiendo el aire: “Sol redondo y colorao, como una rueda de cobre…”

Iglesia y Sociedad

“ESTAS RUINAS QUE VES…”

26 Jul , 1993  

La semana pasada recibí la visita de cuatro amigos y tuve la oportunidad de visitar con ellos las ruinas de Chichén Itzá. Los cuatro son michoacanos y tres de ellos llevan más de 15 años en la sierra purépecha trabajando con los tarascos. Su labor con los indígenas me había admirado en la ocasión que tuve la oportunidad de visitarlos, no hace muchos años. Ahora, son ellos los que quisieron devolverme la visita.
Después de unos días de trabajo y de contacto con la gente en la comunidad de Tecoh, quisieron conocer algún centro arqueológico. Se decidieron por Chichén Itzá, y emprendimos juntos el viaje ya mencionado al inicio de esta columna. Está de más describir la admiración que causó en ellos la majestad de las construcciones antiguas; entramos al campo arqueológico al abrir éste (las 8.00 am.) y salimos hasta que el guardia, con firmeza y amabilidad, nos comunicó que teníamos que abandonar el área. Eran las cinco de la tarde y habíamos tomado un baño de historia antigua y de belleza.
Mis amigos, agudos observadores, preguntaban todo; pero lo que más me llamó la atención fue su interés de relacionar el pasado, grabado por el cincel en la piedra, con el presente del grupo indígena maya. Fue entonces cuando, a la luz de sus 15 años de trabajo con los indígenas purépechas, me dieron una gran lección: en esta empresa en la que estamos metidos -me dijeron-uno sólo es el gran objetivo: ser acompañantes del pueblo indígena en la búsqueda y reafirmación de su identidad.
Este comentario me recordó que, en pocos días más, Juan Pablo II vendrá a Yucatán para tener un encuentro con los indígenas de nuestro continente; esa es la razón última y de mayor relevancia de su presencia en nuestro estado. Por ser los anfitriones, los mayas tendrán una presencia significativa en el encuentro. Nuestras parroquias se están ya preparando para mandar a sus representantes a la histórica reunión de Izamal. Este encuentro del Siervo de los Siervos de Dios con representantes de los pueblos indígenas de nuestro continente, nos plantea importantes cuestionamientos a quienes trabajamos vinculados, de manera más o menos directa, a la vida y problemática de los indígenas de Yucatán.
Algunos sacerdotes yucatecos estamos preguntándonos, en frecuentes reuniones y en espontáneos o sistemáticos encuentros, qué significa realizar una auténtica pastoral indígena. Nos preguntamos por qué en nuestra manera de hablar usamos la palabra “mestizo” para referirnos a quienes son propiamente indígenas, cuánto hay de presencia de iglesia en los sufrimientos de los mayas yucatecos, qué hacer delante de la pérdida de valores autóctonos, y -a fin de cuentas- qué hemos hecho y qué podemos hacer para promover, afianzar, defender la autoestima de los indígenas mayas.
Cultivar el conocimiento de las ruinas arqueológicas y de la historia pasada de los indígenas de nuestras tierras es muy importante, pero es, sin duda, insuficiente. Hablar de los mayas solamente como parte de un glorioso pasado, nos convierte en un pueblo de nostalgia barata y en una avestruz que esconde la cabeza en la tierra del ayer. Es fácil lucir con orgullo el pasado indígena en sus hermosos vestigios arqueológicos, y despreciar a quienes, en medio de la agresividad de la uniforme cultura moderna, conservan su vestido típico y hablan la dulce lengua de los mayas.
Por eso estoy muy contento de que el Papa venga a hablar con los indígenas y no venga, en cambio, a visitar las ruinas de Chichén Itzá. Es una opción por el presente de miseria y agresión cultural en lugar de escoger el camino del regodeo facilón en un pasado de fábula y fantasía. Falta ahora que los agentes de pastoral indígena de la diócesis anfitriona busquen caminos para hacer propia esa opción; en Yucatán tenemos muchos expertos en piedras muertas, pero pocos promotores de la cultura y la identidad de los mayas actuales.
Para quienes están comprometidos en esta difícil y a veces incomprendida tarea de acompañar a los indígenas en la búsqueda y afirmación de su identidad (se me hacen presentes nombres y rostros guardados en la aljaba del afecto y en el archivo de la memoria), la visita del Papa es un apoyo incondicional y la bendición que él trae es, de muy especial manera, para ellos. También para ellos es mi admiración y mi reconocimiento.