Iglesia y Sociedad

La Constituyente Ciudadana y Popular

27 Mar , 2015  

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El dictamen o sentencia del Tribunal Permanente de los Pueblos (TPP) en su capítulo México es lapidario. Hay diez aspectos de la vida nacional que son muestra fehaciente del desastre en que la clase gobernante ha convertido a este país:
1. Hay una venta de nuestro futuro que se manifiesta en dos signos: la conversión de todas las cosas, incluyendo la alimentación, en mercancías y el empobrecimiento fruto de los llamados “recortes” a los derechos sociales.
2. La vulnerabilidad de los trabajadores, asociados o no, ante los dueños del capital.
3. La destrucción acelerada de la naturaleza (mantos acuíferos, agua, bosques…)
4. Crecimiento de la exclusión social y la migración colectiva que provoca.
5. El avance de la violencia delincuencial y la evidente complicidad de los distintos órganos del Estado.
6. Las condiciones de violencia que viven las mujeres, cuya expresión máxima son los feminicidios.
7. La enorme cantidad de víctimas y de sobrevivientes de la violencia y el desdén del Estado hacia ellas.
8. El miedo como estrategia estatal contra los movimientos sociales y los medios independientes de comunicación.
9. La responsabilidad de los órganos del Estado en el desmantelamiento de los derechos sociales a través de normas que legitiman la rapacidad y el despojo.
10. El récord de impunidad que priva en nuestro país.
Todo esto avala la sentencia perentoria del TPP: Ante una crisis institucional y de legitimidad del Estado Mexicano, el Tribunal Permanente de los Pueblos constata la necesidad imperiosa de avanzar en la refundación de México, a partir de parámetros nuevos que incluyan el reconocimiento pleno y eficaz de los derechos humanos, la identidad y el espacio de los pueblos indígenas y el reconocimiento del papel de las mujeres en dicho proceso.

Prefiero no hablar de mayorías o minorías. Baste decir aquí que una muy buena cantidad de personas en México compartimos este diagnóstico y coincidimos en la necesidad de la refundación de México. El problema es cómo se hace eso. Cómo se refunda un país tan plural. Y como la partidocracia y su mezquindad nos ha llevado al total desaliento en relación con la vía electoral, la solución a este embrollo habrá que encontrarla por otras vías.

Refundar a México desde una perspectiva pacífica es harto difícil. La conciencia colectiva, sin embargo, en el actual estadio civilizatorio, no deja de aquilatar los horrores de la violencia y sus consecuencias. Refundar pacíficamente un Estado con tantas nacionalidades implicaría una labor de filigrana, en la que todas las personas que en estos territorios habitamos, pudiéramos decir nuestra palabra, aportar nuestro punto de vista, construir juntos y juntas la alternativa a la catástrofe en que se ha convertido a México.

Los zapatistas, a pesar de las dificultades en que se ha ido desarrollando su proceso autonómico y las muertes que ha implicado, nos muestran un camino posible de construcción de una casa común basada en la libertad, la justicia y la auténtica democracia. Se necesita abrevar de esa experiencia para diseñar un proceso de largo aliento que involucre, no solamente a los pueblos originarios, sino a todo el país y a todas las personas que en él habitan. Desde diversos ámbitos han surgido propuestas de refundación del país. Algunas de ellas proponen transitar por la elaboración de una nueva constitución que renueve el pacto social y permita desterrar un sistema de ordenamientos legales que ha hecho de la gestión política un botín, de la entrega de los bienes nacionales una manera de aumentar fortunas personales y familiares, de la impunidad, el racismo y el patriarcalismo las normas fundamentales de (mala) convivencia.

Entre estas propuestas está la encabezada por el Obispo de Saltillo, JTatik Raúl Vera, que se presentó en el local del Sindicato de Molineros de la ciudad de Mérida el pasado 26 de marzo de 2015. La propuesta de este grupo plural de activistas parte del diagnóstico del TPP y ofrece un proyecto constituyente del todo singular: no la redacción simple de una nueva constitución hecha por un grupo de ilustrados y/o académicos especialistas; tampoco la utilización de los actuales órganos de “representación” popular. Se trata de una propuesta que aspira, con osadía, convocar a un proceso en el que participen TODOS/AS, en un trabajo que se antoja titánico, de facilitadores y facilitadoras que vayan involucrando a todas las personas que lo deseen en pequeños grupos de discusión a lo largo y ancho de todo el país, entendiendo por éste no solamente las ciudades o poblados de población numerosa, sino todas las comunidades, aun las más pequeñas, y que de esta discusión vaya surgiendo el diseño de una nueva constitución.

Lo primero que salta a la vista es cómo esta propuesta de Constituyente Ciudadana y Popular privilegia el derrotero y no solo el destino final. Es decir, y así lo afirmó a voz en cuello don Raúl en su arenga de presentación, que no se trata solamente de redactar una nueva constitución, sino de reconstruir el país, de crear ciudadanía crítica, de reconocer la igual dignidad de cada persona y el valor de sus opiniones. No es una constitución: es una constituyente. No es un documento, es un pueblo libre que redacta sus consensos fundamentales y ofrece las pautas para que ningún gobernante pueda apartarse de ellos.

Unos párrafos del discurso de JTatic Raúl, con los que quiero terminar esta entrega, definen los ambiciosos objetivos de esta propuesta:
El objetivo es que, a través de un diálogo con la ciudadanía, convocando a todas y todos, quienes queremos un México diferente, poniéndonos al servicio de nuestro pueblo, vayamos a los lugares más apartados, donde está ese pueblo: A las cañadas, a las rancherías, a los barrios, a los parajes, a las sierras y a los valles, a los lugares de trabajo, ahí a donde están los jóvenes estudiantes. Ir a todas partes donde se encuentre la gente que conforma nuestro pueblo, a entablar un diálogo con toda persona sin excepción.
Primero, para que conozcamos todo lo que está pasando, toda esta desviación de poder que nuestros gobernantes están haciendo, y cómo están modificando las leyes para favorecer la extracción de todos nuestros recursos, y lo que se ha hecho para favorecer el despojo del Derecho, y de la justicia que se hace de nuestro pueblo. Necesitamos comprender cómo nos han habituado para que nos convirtamos en trabajadores esclavos. Esto es muy importante que lo conozcamos como pueblo, lo reflexionemos, lo mastiquemos y lo comprendamos juntas y juntos.
Después, queremos que sea ese pueblo el que dicte la nueva Constitución, deseamos que la nueva Constitución se redacte escuchando necesidades y aspiraciones. Esa Constitución deberá incorporar todos los acuerdos internacionales que México ha firmado en cuestiones de Derechos Humanos. La nueva Constitución deberá incorporar el derecho al plebiscito, al referéndum, a la consulta popular y a la revocación de mandato, derechos que no están contenidos aún en nuestra Carta Magna. Todo esto lo debemos hacer incorporando a nuestro pueblo entero, para que sepamos unidos que tenemos todas las facultades de darnos el tipo de gobierno que deseamos, y en el momento que lo decidamos, porque esto lo reconoce nuestra Constitución en el Artículo 39.
El objeto de una nueva Constituyente es generar un pueblo con mujeres y hombres ciudadanos con madurez, para que no generemos ni volvamos a caer en manos de esa clase política, que no tiene ninguna idea de lo que significa ser responsable de la administración del Estado Mexicano. Queremos renovar a toda la clase política, a toda la clase dirigente, y realizarlo a través de este pueblo que formamos y que se está convirtiendo en el sujeto constructor de la historia. Que lleguemos como pueblo a ser los conductores de nuestra Nación.

Colofón: me encanta, debo reconocerlo, que le llamen La Constituyente y no El Constituyente

 

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