Iglesia y Sociedad

Profetas de la ternura

27 Abr , 2009  

Hay acontecimientos que quedan prendidos en la memoria colectiva. Uno de ellos es el Auto de fe realizado por Fray Diego de Landa en Maní. Así lo recuerda Eduardo Galeano: “1562. Maní. Esta noche se convierten en ceniza ocho siglos de literatura maya… Al centro, el inquisidor quema los libros… mientras tanto, los autores, artistas-sacerdotes, muertos hace años o siglos, beben chocolate a la fresca sombra de la ceiba, el primer árbol del mundo. Ellos están en paz porque han muerto sabiendo que la memoria no se incendia.” (Maní (fragmento). Memoria del Fuego. Los nacimientos)

Aunque hay versiones encontradas sobre el pasaje histórico y pueden hallarse lo mismo defensores que detractores del obispo franciscano, lo cierto es que Landa, movido por un celo digno de mejores causas, persiguió y castigó a cientos de hombres y mujeres mayas por el delito de idolatría (eran bautizados, pero continuaban el culto maya en la clandestinidad) e incendió cientos de códices y de figuras en los que el pueblo maya guardaba celosamente su memoria y su alma religiosa.

A hechos como el Auto de fe de Maní se refería el Papa Juan Pablo II cuando, en su carta apostólica ‘El tercer milenio que llega’ señalaba: “Otro capítulo doloroso sobre el que los hijos de la Iglesia deben volver con ánimo abierto al arrepentimiento está constituido por la aquiescencia manifestada, especialmente en algunos siglos, con métodos de intolerancia e incluso de violencia en el servicio a la verdad. Es cierto que un correcto juicio histórico no puede prescindir de un atento estudio de los condicionamientos culturales del momento, bajo cuyo influjo muchos pudieron creer de buena fe que un auténtico testimonio de la verdad comportaba la extinción de otras opiniones o al menos su marginación. Muchos motivos convergen con frecuencia en la creación de premisas de intolerancia, alimentando una atmósfera pasional a la que sólo los grandes espíritus verdaderamente libres y llenos de Dios lograban de algún modo substraerse. Pero la consideración de las circunstancias atenuantes no dispensa a la Iglesia del deber de lamentar profundamente las debilidades de tantos hijos suyos, que han desfigurado su rostro, impidiéndole reflejar plenamente la imagen de su Señor crucificado, testigo insuperable de amor paciente y de humilde mansedumbre. De estos trazos dolorosos del pasado emerge una lección para el futuro, que debe llevar a todo cristiano a tener buena cuenta del principio de oro dictado por el Concilio: «La verdad no se impone sino por la fuerza de la misma verdad, que penetra, con suavidad y firmeza a la vez, en las almas» (TMA 35).

Por eso creo que, junto con el auto de fe de Maní. Las generaciones venideras recordarán otra fecha: el 13 de Abril de 2009. En esa fecha, un lunes por la tarde, al atrio del convento de Maní llegaron los franciscanos que viven en el sureste de México (Yucatán, Campeche, Tabasco, Quintana Roo y Chiapas), pertenecientes a la provincia que lleva por nombre San Felipe de Jesús. Con los pies calzados con sandalias y los raídos hábitos cafés, estos discípulos de Jesús y miembros de la familia de Francisco de Asís, que se toman en serio la vivencia del evangelio, hicieron una celebración en la que pidieron perdón por todas las ‘sombras’ de la tarea evangelizadora realizada en estas tierras por sus cofrades del siglo XVI y los siglos posteriores. De manera especial pidieron perdón por el auto de fe de Maní.

Seguidores de Cristo pobre, despojados de la parafernalia mediática que –hoy más que nunca– no es más que ‘campana que suena y platillo que retumba’, y apoyados solamente en la fuerza desnuda de su testimonio, estos profetas de la ternura, los frailes franciscanos de la provincia sureste, se comprometieron a luchar para que acciones como el auto de fe no se repitan más nunca en el presente ni en el futuro. Comparto con ustedes, el hermoso texto con el que pidieron perdón y manifestaron su compromiso:

Al pueblo maya, extendido más allá de las fronteras humanas
Al pueblo yucateco
A la Iglesia católica y a todas las denominaciones cristianas que se esfuerzan por vivir el mensaje de Jesús de Nazaret
A todas las mujeres y hombres de buena voluntad

Nosotros, Hermanos Menores del siglo XXI, pedimos PERDÓN:

Pedimos perdón al pueblo maya, por no haber entendido su cosmovisión, su religión, por negar sus divinidades; por no haber respetado su cultura, por haberle impuesto durante muchos siglos una religión que no entendían, por haber satanizado sus prácticas religiosas y haber dicho y escrito que eran obra del demonio y que sus ídolos eran el mismo satanás materializado.

Pedimos perdón, porque en muchas ocasiones nos alejamos del mandato de Jesús de Nazaret: Vayan por todo el mundo y prediquen la Buena Noticia… y predicamos una religión de miedo, temor y lucro, y no nos encarnamos e inculturamos en este pueblo, como Jesús se encarnó en el género humano.

Pedimos perdón, porque destruimos sus edificios, sus templos y encima de ellos construimos grandes obras arquitectónicas, muchas veces con el cansancio, el sudor y la sangre de los indígenas. Pedimos perdón porque una vez terminadas esas obras no las pusimos, en muchas ocasiones, al servicio del Reino y del pueblo; nos encerramos en ellas y nos alejamos de los pobres, encontramos en dichos edificios todas las comodidades; hicimos de ellos nuestro claustro, cerramos nuestras vidas y encerramos nuestras ideas y con ello nos olvidamos de que el mundo es nuestro claustro y de que en él hay muchos excluidos, muchos claustros olvidados.

Pedimos perdón. por no haber hecho una evangelización que incluyera a las mujeres, y en muchas ocasiones nos unimos a la práctica común de utilizarlas, humillarlas, excluirlas, someterlas, no darles el justo lugar que deben ocupar en nuestra Iglesia a pesar de que ellas son las que la sostienen.

Pedimos perdón, por haber dudado de la dignidad de la persona humana; por haber callado frente a la violación de los derechos de los hombres y mujeres de estas tierras, pudimos haber gritado, levantado la voz, pero no lo hicimos y con ello nos unimos a la aberrante humillación de nuestro pueblo.

Pedimos perdón, porque no seguimos el ejemplo de Francisco de Asís, de abrazar a los excluidos de todos los tiempos con diferentes rostros del crucificado: niñas y niños; jóvenes, indígenas, campesinos, obreros, migrantes, ancianos, mujeres, infectados de VIH y enfermos de SIDA, homosexuales y muchos otros marginados de la sociedad; nos unimos a la voz inquisidora de quien señala y condena y no les dimos la ternura profética y salvadora que viene de Dios.

Pedimos perdón, porque nos unimos al saqueo de la hermana madre tierra, y con una mentalidad mercantilista, la abandonamos y abandonamos a los que la trabajan.

La historia y el pueblo han juzgado a nuestra Iglesia y a la Orden Franciscana; aceptamos con humildad el juicio y llevamos en nuestra conciencia la condena: cargar en nuestros hombros hasta el final de los días con el perdón y la bondad del pueblo del que un tiempo nos alejamos.

Nosotros hermanos menores, nos COMPROMETEMOS:

A ofrendar nuestra vida, hasta el extremo, hasta entregarla por la salvación y la liberación total de todo pecado, de toda opresión de cualquier tipo, para que las hijas y los hijos de Dios tengan vida en plenitud.

A formar a nuestros hermanos que vienen atrás y a formarnos nosotros, para comprender la cultura de la que hemos salido, promoverla y encarnar el mensaje de Jesús hasta tener un cristianismo maya.

A abrazar a los excluidos de hoy y luchar desde lo más profundo del corazón y con todas las fuerzas que nos da el Dios de la vida, por su inclusión en nuestra sociedad, por el respeto de sus derechos.

A luchar porque las mujeres tengan una vida más participativa en la sociedad y en nuestra Iglesia.

A trabajar por transformar la historia al lado de nuestro pueblo; a cuidar la vida en todas sus dimensiones, especialmente la vida amenazada; a continuar la Causa de Jesús: hacer el Reino. A hacer otro mundo.

Dios, Madre y Padre, que conoce las intenciones y propósitos de sus hijas e hijas nos dé la fuerza de su Espíritu para que, siguiendo a su Hijo, podamos llevar al corazón de nuestro pueblo, la Buena Noticia de la salvación, con la encarnación profética de la ternura.

Maní, Yucatán, 13 de abril de 2009
En el VIII Centenario de Fundación de la OFM


8 Responses

  1. marcelo Euan dice:

    Entre los individuos como entre las naciones el respeto al derecho ajeno es la paz, Dijo Don Pablo Benito Juarez Garcia.
    Y la quito muchos privilegios al clero, y creo yo, justamente muchos de ellos, sin embargo le quito el derecho de casar, cuando en la mayor parte de los paises, menos los comunista y o socialistas, la gente tiene el derecho de ser casada en la iglesia, en mexico no, legalmente eso no es posible gracias a don Benito Juarez, Jesucristo dijo una vez a los sacerdotes judios USTEDES SON DE VUESTRO EL PADRE EL DIABLO, no fue muy respetuoso, je je. mi punto es que el respeto si es una muestra de amor sin duda, pero nunca aprobar lo malo será muestra de amor.

  2. Regina Carrillo dice:

    Por eso en estos días la inculturación es tan importante. Hacerse parte de la cultura a quien queremos presentarle a Dios es sumamente importante para poder enamorarla de Él, siempre respetandola y encontrando en ella las definitivas manifestaciones de Dios. RESPETAR LAS CREENCIAS DE LOS DEMÁS, ES AMAR A LOS DEMÁS.Y Jesús está más presente en este acto que en cualquier catecismo.

  3. Anónimo dice:

    que se pueda hacer con el fundamentalismo del señor marcelo euan , cualquier refutacion resultara inútil . Felicidades a los frailes , hay que unirse a ellos para pedir perdón por todo lo que hemos podido hacer y no hemos hecho.

  4. marcelo Euan dice:

    Creo que lo que hicieron los frailes de ese entonces fue algo terrible, pero creo que no debe satanizarse tanto, fue mucho peor asesinar gente como se hizo en Europa y otras partes, el valor historico de todo lo quemada en el acto de fe de Maní, es lo mas doloroso, por que no hay que olvidar que las tradiciones mayas no eran precisamente buenas, causaban y aun causan mucho daño al pueblo maya, eran y son religiones falsas y revivirlas en los mayas, no es amar a los mayas si no lo contrario, dejarlos vivir en su atraso y su ignorancia del mundo eso no es amor, estoy en desacuerdo con la forma del acto de fe de Maní, pero si en el fondo se buscaba alejar al pueblo maya de creencias que los condenaban a vivir en la miseria moral y fisica, creo no debemos satanizar esa evento en nuestra historia. Aunque es de reconocer el acto de pedir perdon de los padres franciscanos, nunca deben pensar que la religión maya era o es buena para el maya, en amor deben enseñar del verdadero Dios.

  5. Anónimo dice:

    Hermoso testimonio de quienes desean manifestar lo que significa resucitar con Cristo. En hora buena! Felicidades! Ojalá que todos estemos dispuestos a seguir este ejemplo.

  6. José Ic dice:

    Todo es verdad y comparto todo lo dicho padre Raul. Sin embargo, creo que a veces ignoramos que los frailes inquisidores de aquellos tristes días también fueron hombres de su tiempo ¿No hervía en Europa la revolución de Lutero? En este contexto ¿podían los frailes pensar como pensamos hoy, cuatro siglos después?

  7. Mariana Cervantes dice:

    Que alegría poder compartir, aunque sea desde lejos, el testimonio del amor de Cristo que se hace vida a través de los hermanos franciscanos y el pueblo maya que abraza y escucha. Acciones de humildad que llenan de esperanza, para otro mundo posible.
    Un abrazo, a tí Raúl, a Tomás y a los hnos franciscanos.

  8. Tomás González dice:

    «Yo, pecador y obispo, me confieso
    de soñar con la Iglesia
    vestida solamente de Evangelio y sandalias,
    de creer en la Iglesia,
    a pesar de la Iglesia, algunas veces;
    de creer en el Reino, en todo caso
    -caminando en Iglesia-.»
    Palabras estas de Pedro Casaldáliga.
    Tan grande es la ternura de Dios y tan generoso el pueblo al que pertenecemos que seguramente de ellos hemos recibido comprensión y nos han abierto los brazos. Pero de sobra sabemos que el perdón no se obtiene solo con palabras. Seguramente habrá franciscanos que justifiquen los «hechos» del pasado y seguramente andará en algún lugar uno que otro que siga repitiendo esos gestos. Pero los que fuimos a Maní y los que no pudieron estar físicamente, hemos recibido por herencia el compromiso de colaborar para que otro mundo sea posible, para que la iglesia de Jesús se revista de evangelio y de sandalias
    y sea signo de esperanza y de ternura a través de nuestro sencillo abrazo a los excluidos de nuestro tiempo. Un abrazo igualmente a todas y todos los que nos han acogido y tomado de la mano para caminar juntos.

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