Iglesia y Sociedad

Escándalos sexuales en la iglesia

11 May , 2009  

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“No hay peor ciego que el que no quiere ver”, reza el refranero popular. Miro a mi alrededor y tengo miedo que en la iglesia católica no seamos capaces de sacar las lecciones de los más recientes escándalos de connotación sexual en los que han estado implicados ministros o ex ministros de culto.

No todos los casos, es cierto, pueden ser juzgados con la misma medida. El caso de Alberto Cutié, el más reciente y acaso el más publicitado dada la incursión del presbítero en ese nuevo tipo de comunicación televisiva a medio camino entre el periodismo de espectáculos y el ‘talk show’ de superación personal, no es, ni por asomo, el más grave. Tanto el hecho mismo, una relación consensuada entre dos personas adultas, como las justificaciones esgrimidas por el presbítero sorprendido in fraganti, hacen de este caso una especie de vodevil de mediocre factura, por mucho que haga disfrutar a no pocos pícaros observadores y observadoras.

De mayores consecuencias resulta el sainete protagonizado por Fernando Lugo, ex obispo paraguayo, no solamente debido a la función política que hoy desempeña en su patria, sino a la sospecha fundada de la utilización de su poder eclesiástico para el convencimiento de las mujeres con quienes se relacionó y procreó los hijos que, sorpresivamente, han ido saliendo a la luz, con reconocimiento legal o sin él. La esperanza que Lugo despertó en grandes capas de la población paraguaya cuando decidió lanzarse a la arena política estaba, no cabe duda, ligada a su imagen de hombre probo, honesto y responsable. Todo esto parece entrar en crisis debido a sus devaneos y a su irresponsabilidad hacia los frutos de sus relaciones amorosas. La actuación de Lugo ha sido justamente criticada por las corrientes feministas del continente. Duro golpe ha representado también para la corriente liberadora de la teología latinoamericana con la cual, fundada o infundadamente, se liga al ex obispo paraguayo.

Pero, sin duda, el caso de mayor densidad es el de Marcial Maciel, fundador de la Legión de Cristo, porque implica abuso de poder, pederastia y la comisión de otros delitos contra la infancia, niños que, no hay que olvidarlo, habían sido confiados a su cuidado para participar de un proceso educativo que debería llevarlos al sacerdocio. El caso Maciel puso al desnudo también una red de complicidades que llega a las más altas esferas eclesiásticas, todo ello agravado por el empeño insano de quienes quisieron poner a Maciel en un altar a fuerza de elogios fatuos y de una inmerecida y prematura canonización en vida.

Con la llegada del Papa Ratzinger, el Vaticano se atrevió al fin a tomar cartas en el asunto. A pesar de la sentencia de aislamiento a la que tuvo que someterse el religioso fundador para evitar un juicio en forma en su contra, y no obstante la patética defensa que algunos de sus discípulos y discípulas continuaron haciendo (defensa que implicaba una silenciosa desobediencia al Papa escondida detrás de las fingidas proclamas de adhesión a su magisterio), las acciones delictivas de Maciel cimbraron el edificio eclesial de tal suerte que el Vaticano se ha visto en la necesidad de realizar una visita apostólica de investigación a todas las obras de la congregación por él fundada, ofreciendo así a la Legión una oportunidad de redención que, desde mi punto de vista, pasa por la refundación de ese extendido movimiento eclesial y tiene como condición sine qua non la revocación de cualquier puesto de autoridad a quienes hayan sido cómplices, sea por acción o por omisión, del difunto fundador.

Tengo miedo que todos estos casos, a los que seguramente habría que añadir los escandalitos caseros que corren de boca en boca, se queden solamente en reflexiones espiritualistas que nos impidan, usando lenguaje taurino, tomar al toro por los cuernos.

No niego que estos acontecimientos, que despiertan en mí una especie de vergüenza de familia, sean un llamado a la conversión de los ministros de culto, a la revisión de los valores que rigen nuestras vidas o a la fundamental pregunta acerca de nuestras relaciones con Dios. Creo que, efectivamente, es necesaria la oración y una renovación del espíritu ascético de los ministros religiosos.

Pero no seríamos lo suficientemente audaces si no nos preguntáramos también acerca de nuestra concepción de la sexualidad y hacia dónde nos ha conducido, de las necesarias –y postergadas– reformas de la iglesia en este campo y de la discusión pública, cada vez más urgente, acerca de la obligatoriedad del celibato en la tradición eclesiástica latina. Si no asumimos esta revisión de fondo, los llamados a la oración y a la ascesis no pasarán de ser consejos piadosos, sin impacto estructural dentro de la iglesia.

La tarea pendiente hoy es, justamente, la reforma de la iglesia. Y no es el campo de la sexualidad el único que necesita volver a sus raíces evangélicas. Pero puede ser un buen comienzo…

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7 Responses

  1. Luis Alfonso Rebolledo dice:

    Mi muy estimado Padre Raúl. Debo decirte que la presente nota me ha parecido de notable interés y actualidad. Comparto la opinión de muchos de tus lectores sobre la virtuda de claridad y sencillez con la que compartes tu pensamineto, cualidades que muchos envidiamos. Te envío un fuerte saludo como hermano en el presbiterio y adjunto un breve escrito donde manifiesto mi postura al respecto. Me gustaría poder profundizar sobre esto mismo contigo.

    Celibato ¿sí o no?
    En estos días, con referencia al desliz del Padre Alberto Cutié, el tema del celibatos vuelve a causar polémica en los distintos medios, sobre todo entre los cristianos católicos ¿Qué decir al respecto? ¿Cómo valorar el celibato? en un mundo pansexuado, el celibato de los presbíteros católicos no deja de ser un signo de contradicción, un signo de otra jerarquía de valores que cuestionan el «modus vivendi» pansexual que hoy nos quieren vender como lo «normal». Y precisamente, esta mentalidad ve como anormal que una persona sea célibe, la cual queda en «sospecha» como con un individuo que reprime su sexualidad. Por eso, parece que los medios están alerta para ver en que momento un presbítro u obispo falta al celibato, para publicarlo a los cuatro vientos como la «gran noticia», fomentando la sospecha del celibato de los ministros católicos.

    Ante esto, no faltan las voces que dicen que el celibato es antinatural, castrante, represivo, antibíblico, etc. Se piensa que nadie puede vivir sin genitalidad, y que el celibato es el origen de todos los males sexuales, como la pedofilia de algunos curas, que dicho sea de paso, la pedofilia es mayor porcentualemente entre los padres de familia y ministros de culto no católicos que entre los presbíteros célibes. Claro está que un violador de niños laico nunca será noticia de primera plana, pero un cura pederasta sí. Y esto no es del todo negativo en el sentido que si es noticia, se debe al prestigio que tienen los sacerdotes católicos, delos cuales se espera mucho…¡y qué bueno!

    Ahora bien, ¿qué dice la Escritura sobre el celibato? Veamos dos textos que me parecen interesantes:

    Dícenle sus discípulos (a Jesús): « Si tal es la condición del hombre respecto de su mujer, no trae cuenta casarse. » Pero él (Jesús) les dijo: « No todos entienden este lenguaje, sino aquellos a quienes se les ha concedido. Porque hay eunucos que nacieron así del seno materno, y hay eunucos que se hicieron tales a sí mismos por el Reino de los Cielos. Quien pueda entender, que entienda (Mt 19, 10-12)

    En este texto Jesús habla claramente de que muchos «no entienden ese lenguaje», es decir, el común del mundo no entiende el celibato, que alguien pueda vivir sin casarse. Ante esto Jesús habla de los que se hacen eunucos a sí mismos, por el Reino de los Cielos, es decir, personas que renuncian al matrimonio por un bien mayor, por algo que los trasciende, por algo a lo que quieren dedicar total mente su vida. De tal manera, que Jesús mismo alaba ese estilo de vida, de personas que renuncian libremente a algo legítimo y bueno, por un fin superior.

    veamos otro texto neotestamentario:

    En cuanto a lo que me habéis escrito, bien le está al hombre abstenerse de mujer. No obstante, por razón de la impureza, tenga cada hombre su mujer, y cada mujer su marido. Que el marido dé a su mujer lo que debe y la mujer de igual modo a su marido. No dispone la mujer de su cuerpo, sino el marido. Igualmente, el marido no dispone de su cuerpo, sino la mujer. No os neguéis el uno al otro sino de mutuo acuerdo, por cierto tiempo, para daros a la oración; luego, volved a estar juntos, para que Satanás no os tiente por vuestra incontinencia. Lo que os digo es una concesión, no un mandato. Mi deseo sería que todos los hombres fueran como yo; mas cada cual tiene de Dios su gracia particular: unos de una manera, otros de otra. No obstante, digo a los célibes y a las viudas: Bien les está quedarse como yo. Pero si no pueden contenerse, que se casen; mejor es casarse que abrasarse (1Cor 7, 1-8)

    Pablo recomienda el celibato, pero reconoce que no todos tienen ese don. Pablo, quien es célibe como Jesús, desea que lo sigan por ese estilo de vida a fin de tener un corazón indiviso por el Reino de Dios.

    Así vistas las cosas, vemos que tanto Jesús como Pablo tienen en buena el celibato, estilo de vida que ellos mismos viven, y todo ello para vivir totalmente entregados a la causa del Reino de Dios. Pero el celibato, tanto en Jesús como en Pablo, nunca es obligatorio; sino un estilo de vida altamente valorado, que como don de Dios, se le concede a algunos.

    Ahora bien, ¿Es válido exigir el celibato como algo obligatorio para ser ordenado presbítero? Ante esto quiero señalar que en la Iglesia Católica, existen ministros ordenados que están casados. De hecho, en el rito latino, los casados pueden ser ordenados diáconos; mientras que en los ritos orientales, los casados pueden ser ordenados hasta presbíteros (sacerdotes). De tal manera que la experiencia de presbíteros católicos casados existe en la Iglesia Católica, pero en los ritos orientales. sin embargo, al ser el rito latino el más extendido, fácilmente se puede identificar dicho rito con «el rito católico» y no es así. Los presbíteros latinos no son los únicos presbíteros católicos que hay, existen los presbíteros católicos orientales, y entre ellos hay quienes están casados.

    Así vistas las cosas, el celibato sacerdotal es una disciplina propia del rito latino, y no lo es de toda la Iglesia Católica. Entonces, al ser una disciplina propia de una tradición, sí sería posible que en algún momento exista una modificación en la praxis latina, permitiendo a los casados ser ordenados como presbíteros, cosa que ya es una realidad con el ministerio diaconal. Sí es posible que en un futuro, en el rito latino, se suprimiera la obligatoriedad del celibato para los sacerdotes, ya que el celibato no es «esencial» (inherente) para ejercer el ministerio. Ante esto, no olvidemos lo que señala la Primera Carta a Timoteo:

    Es cierta esta afirmación: Si alguno aspira al cargo de Obispo, desea una noble función. Es, pues, necesario que el epíscopo sea irreprensible, casado una sola vez, sobrio, sensato, educado, hospitalario, apto para enseñar, ni bebedor ni violento, sino moderado, enemigo de pendencias, desprendido del dinero, que gobierne bien su propia casa y mantenga sumisos a sus hijos con toda dignidad; pues si alguno no es capaz de gobernar su propia casa, ¿cómo podrá cuidar de la Iglesia de Dios? (1Tim 1-5)

    Así, vemos con claridad, que para el Nuevo Testamento, el celibato no era considerado una condición indispensable para ejercer el ministerio episcopal, por lo tanto, la disciplina actual de la Iglesia, en el rito latino, puede ser modificada.

    Sin embargo, creo firmemente que el celibato es un gran don del Espíritu para la Iglesia, que es un estilo de vida que manifiesta un corazón indiviso por la causa de Jesús, pero también considero que cabría la posibilidad, en un futuro, de admitir a los casados en el sacerdocio ministerial. Ese hecho, creo que enriquecería el ministerio en su conjunto, haciendo que los casados enriquezcan con su estilo de vida matrimonial el ejercicio del sacerdocio ministerial de la Iglesia Latina.

    Ahora bien, recalco tajantemente que esto que he afirmado, no significa que tenga una postura negativa del celibato. De hecho, pensar que por «abolir» el celibato se van a solucionar los problemas sexuales de algunos curas es sumamente ingenuo, pues desviaciones sexuales hay inclusive entre los casados. No se trata de abolir el celibato para evitar los abusos de los menores y otros escándalos. En estos casos, el problema no es el celibato, sino una sexualidad distorsionada de individuos que se «colaron» en el ministerio. Pero éstos ni son todos los sacerdotes ni son la mayoría, gracias a Dios. La gran mayoría de los presbíteros es fiel a su ministerio; pero como suele suceder, las cosas buenas y ordinarias nunca son noticia. Sin embargo, creo que los casados en el ministerio sacerdotal aportarían muchísimos dones a la Iglesia, dones que tal vez, nos estamos perdiendo al ordenar como sacerdotes sólo a personas que han prometido vivir en celibato.

  2. MARIA dice:

    LA VERDAD NOS HARÁ LIBRES!!! ME ENCANTA LA CLARIDAD CON LA QUE ABORDAS ESTOS TEMAS, LA HONESTIDAD DE TUS PENSAMIENTOS Y LA VALENTÍA DE HACERLOS PÚBLICOS. NECESITAMOS GUIAS CONGRUENTES EN UNA IGLESIA QUE ESTÁ PERDIENDO CREDIBILIDAD.
    RECONOCER ERRORES Y PEDIR DISCULPAS ES DE ALMAS GRANDES, DESGRACIADAMENTE ESCASAS EN ESTOS TIEMPOS…
    UN ABRAZO

  3. Lavinia dice:

    Molto bello questo articolo e molto bello il sito di Raúl Lugo Rodriguez.Scusate se scrivo in italiano,scrivo da Roma in Italia.Un saluto affettuoso a tutti i messicani che amano questo sito.Grazie molto.Lavinia.

  4. Esbeidy Suastegui dice:

    Hola, me sorprende en realidad que un miembro de la iglesia hable abiertamente de estos temas tan especiales. Yo soy una joven persona de mente abierta, en lo personal algunas veces estas situaciones me han hecho dudar de la doctrina catolica, pero de lo que nunca he dudado es del infinito amor de dios, no es a las personas a las que debemos seguir pues son pecadores igual que todos.

    Jesus dijo: Yo soy el camino, el que me sigue no caminará en tinieblas sino que tendrá luz y vida.

    Saludos

  5. marcelo Euan dice:

    Yo no puedo unirme al grupo de adoradores del Padre Lugo mexicano, digo para no equivocar con el paraguayo.
    Pues difiero de mucho de su interpretación del evangelio de Cristo, sin embargo tampoco puedo negar que en muchas cosas tiene razón y otras pues yo ignoro cual es la verdad como el caso de Atenco.
    Concuerdo en que el Papa Aleman, ha sido un giro en muchos aspectos al de Juan Pablo II, y desde mi punto de vista la mayoria muy positivos como es el caso de
    señor Maciel, que muy probablemente entraria entre los que Jesús llamo hijos del Diablo, la situación de los escandalos sexuales no terminará con o sin celibato, pues el hombre es pecador por naturaleza y aborrecedor de Dios, sin embargo aun asi yo estoy a favor de que el celibato NO sea obligatorio, porque usando las palabras del Padre Raul eso lo haria mas evangelico.
    Viva el Papa Benedicto XVI tenia que ser Aleman tierra de Lutero.

  6. Miguel Arias dice:

    Una de las cosas que me encantan de los escritos del Padre Raúl Humberto Lugo Rodríguez es la claridad y belleza literaria de sus escritos. Además, están sustentados por un grande amor por la Iglesia y un testimonio cristiano irrefutable. Eso es muy difícil de combinar. A veces pienso que Raúl es algo fuera de este mundo.

    Un abrazo,

  7. ITO dice:

    Escribe tu comentario aqui
    HOLA HERMANO: GRACIAS POR TU ESCRITO, COMO SIEMPRE ILUMINA MI ANALISIS SOBRE ESTAS COSAS QUE COMO IGLESIA NOS ESTA TOCANDO VIVIR.
    TE MANDO UN FUERTE ABRAZO.

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