Iglesia y Sociedad

La Gaykipedia de Bruno Bimbi

1 Feb , 2021  

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Para Mons. Raúl Vera OP, con cariño y admiración

Conozco a Bruno Bimbi desde hace muchos años. La primera vez que leí su nombre fue hace más de doce años, en los tiempos en que una coalición de organizaciones civiles yucatecas decidió unirse para exigir por primera vez a la legislatura estatal –hablo de 2008– el establecimiento de una figura legal que protegiera las uniones entre personas del mismo sexo.

Después de álgidas discusiones internas, muchas de ellas en el Foro Cultural Amaro, amablemente ofrecido por Olguita Moguel, la mayoría de las organizaciones se decantaron por solicitar, mediante un proyecto de ley que debería llegar al congreso a través de una iniciativa popular ciudadana, el establecimiento del matrimonio y no de las sociedades de convivencia. Las organizaciones yucatecas llegaba así a una conclusión a la que ni siquiera la capital del país había llegado (la aprobación del matrimonio entre personas del mismo sexo en CDMX se dio hasta marzo de 2010). Se trataba, pues, de una doble proeza: recabar el número de firmas necesario establecido en la Ley de Participación Ciudadana del Estado de Yucatán y, después, lograr que la presión hiciera que la mayoría necesaria de diputados la aprobaran. Ninguna de las dos cosas sucedió a pesar de los esfuerzos –algunos heroicos– de los distintos colectivos involucrados. La aprobación en 2010 del matrimonio igualitario en CDMX y la serie de resoluciones de la Suprema Corte de Justicia de la Nación confirmando el derecho al matrimonio sin discriminaciones, cambió más tarde el rumbo del activismo local.

Menciono esto, no con el afán de hacer la historiografía de estas luchas, sino para mostrar desde cuándo conocí yo a Bruno Bimbi. Aquella campaña de información y activismo incluyó un material que circuló bajo el nombre de “Prontuario de uniones del mismo sexo”, que, a base de preguntas y respuestas, transmitía las razones por las que la figura del matrimonio era la que garantizaba de mejor manera los derechos de las personas del mismo sexo que habían decidido hacer vida en común. El prontuario estaba lleno de citas de Bruno Bimbi, a quien se presentaba diciendo: Bruno Bimbi es presidente de la Federación Argentina de Gays y Lesbianas. Publicó el artículo “Hacia la igualdad jurídica” en la revista “Paso a Paso” editada por la organización “Nueva Comuna” en Buenos Aires.

A partir de estos escuetos datos pude acceder a mayor información sobre el activista. Mi búsqueda estaba motivada por una razón sencilla: sus afirmaciones eran claras y contundentes. Cuando encontré más datos sobre su persona y actividad mi primera impresión fue confirmada: se trataba de un periodista especializado en asuntos LGBT y curtido en la tarea de hacer comprensibles cosas complejas que suelen ser analizadas y comunicadas por los especialistas en una jerga incomprensible para el común de los mortales.

Para atajar, por ejemplo, la discusión sobre si la palabra matrimonio, que viene de mater, puede servir para nombrar la figura con la que dos personas homosexuales vean legitimada públicamente su unión, la respuesta de Bimbi era irónica: “las instituciones jurídicas no pueden ser esclavas de la etimología, a menos que queramos que la patria potestad sea un atributo exclusivo del varón, al igual que el matrimonio, y el salario se siga pagando en sal en lugar de dinero contante y sonante”. Si la discusión se centraba en ¿por qué no se conforman los gays con una ley como la aprobada en el DF, que protege las uniones de personas del mismo sexo sin que las reconozca como matrimonios?, se recurría a la argumentación apabullante de Bruno Bimbi: “Se olvidan de que cuando los gays alquilamos una casa, firmamos un contrato que se llama ‘de alquiler’, no de ‘vínculo inmobiliario homosexual’. Cuando decidimos casarnos, queremos que se llame matrimonio: los mismos derechos con los mismos nombres. Si no, sería como si a las parejas de afrodescendientes les hubiesen dicho que las reconocían mediante una ‘ley de unión entre negros’… Se aferran al nombre como una forma de mantener alguna forma de desigualdad”.

Así que encontré, aquí y allá en la red, artículos escritos por Bimbi. Siempre fueron interesantes, siempre claros. La mayor parte de las veces contundentes. Así que bastó enterarme que la Editorial Proceso había publicado un libro de Bimbi para correr a comprarlo. “El final del Clóset” es un compendio de muchos de sus artículos y ensayos. Publicado por primera vez en 2017 en una editorial argentina, el libro fue actualizado en 2019 con nuevos capítulos y terminó su impresión en México en julio de 2020.

Lúcido, irónico, afilado, Bimbi nos ofrece más de 400 páginas que se van como agua entre las manos. Dividido en siete grandes capítulos, el libro de Bimbi recorre los variados aspectos de la trayectoria de las luchas de gays, lesbianas, bisexuales y trans a lo largo de la historia reciente. Bajo el título de “Gaykipedia”, el primer capítulo (pp. 29-156) reúne artículos que abordan los tópicos más relevantes de la discusión pública sobre la diversidad sexual. Es con mucho la sección más colorida y de fácil y rápida lectura. Divertido, esgrimiendo razones, Bimbi va desgranando (y deshaciendo) los prejuicios que norman la perspectiva social prevaleciente sobre la homosexualidad. El segundo capítulo titulado “Pride” (pp. 157-186) hace un recorrido por los orígenes y desarrollos de la lucha en contra de la discriminación y describe cómo, tanto en el caso racial como en el de la diversidad sexual, se ha podido pasar de la vergüenza al orgullo.

Los capítulos 3 y 4 (pp. 187-249), llamados respectivamente “Maricas y judíos” y “El odio”, hacen el estrujante relato de las diversas caras de la discriminación y la manera como los prejuicios, socialmente sostenidos, se convierten en armas que destruyen la vida de personas, y no en sentido figurado sino literal: los prejuicios matan de a de veras. En el capítulo “Maricas y judíos” puede ser que, en relación con el Estado de Israel, la perspectiva unilateral de los derechos de gays y lesbianas, que es el objetivo fundamental del libro, impida profundizar en otras texturas de la opresión y discriminación que, con razón, escandalizan al mundo, pero Bimbi no ceja en desafiar algunas de las certezas sobre las que se basa la descalificación de las izquierdas hacia el gobierno israelí. Sabe que camina en terrenos pantanosos, pero no se arredra.

El capítulo 5, acaso el más difícil e impactante para los creyentes, se titula “En nombre de Dios” (pp.251-350). Desmantela las ideas religiosas que sostienen la discriminación contra la diversidad sexual y denuncia a algunos personajes de las iglesias católicas y protestantes que han hecho de la vejación de las personas homosexuales su principal argumento de predicación. La experiencia personal de Bimbi de no pertenecer a ninguna iglesia no le ahorra la investigación en asuntos propiamente bíblicos y teológicos. Su palabra puede ser dura, a veces sin todos los matices que introduciríamos quienes, desde la fe, hemos acompañado este tipo de batallas, pero no deja de ser desafiante.

El capítulo 6, “República de Gilead”, refleja la dolorosa circunstancia que obligó a Bruno Bimbi a emigrar de Brasil, donde tenía su residencia, hacia Barcelona, en una especie de exilio provocado por la política racista y homofóbica del actual presidente de Brasil, Jair Bolsonaro. Más allá de lo anecdótico, este capítulo me parece de vital importancia dado que el surgimiento de nuevas y cada vez más beligerantes tendencias de fundamentalismo religioso puede llevarnos a situaciones parecidas en otros países. Bimbi lanza la voz de alarma.

El último capítulo, el que yo más agradezco de manera personal, se llama “Escrito en el cuerpo”. Aborda la realidad de las personas transgénero. Lo hace de manera magistral porque, a semejanza de como lo hizo en relación con gays y lesbianas en el primer capítulo, el autor es capaz de ponernos en los zapatos de las personas transgénero y alcanzar, así sea de lejos, a comprender el sufrimiento que produce en ellas la mentalidad discriminatoria. Bimbi nos hace el servicio de relatar, desde experiencias concretas, qué significa ser transgénero y cuáles son las dificultades que se derivan de la falta de reconocimiento social a esta variedad de la existencia humana.

El plus de la publicación que hoy comento son los retazos de vida que Bimbi ha dejado aquí y allá a lo largo del libro. Me refiero, claro, al brillante y estremecedor prefacio que titula “Adolescencias Robadas”, impactante hasta las lágrimas, pero también a todos los guiños de historia personal que Bruno nos comparte en los distintos capítulos. La edición de Proceso tiene, además, los datos de Bimbi en la solapa y una fotografía que le da rostro al activista al que he seguido durante tantos años. Me asombra la combinación de sabiduría y juventud. Lo imaginaba mayor: nació en 1978. Podría ser mi hijo. Seguramente nunca leerá esto, pero quiero decir aquí que, de haberlo sido, estaría muy orgulloso de él.

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