Iglesia y Sociedad

Papeles Inesperados

14 Sep , 2009  

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Hay algunos escritores que son muy severos con su propia producción. Así como puede encontrarse, aun entre los grandes, escritores que son de pluma ligera y que publican más de lo que debieran, puede uno hallar también autores que enjuician sus propios escritos con una vara tan alta que deciden dejar impublicados textos de excelente manufactura.

El asunto adquiere una dimensión dramática cuando el escritor muere. ¿Quién toma la decisión de publicar o no su legado? La edición de textos póstumos es una tarea no exenta de polémica. Incluso entre los lectores hay divergencias. Dice Álvarez Garriga que hay dos corrientes de pensamiento que se enfrentan en torno a este hecho: los “lectores héroe”, que quieren leer todo lo escrito por el autor amado, incluso sus notas para el panadero o sus recados de teléfono; y los “lectores vinagreta” que se han hecho ya una imagen acabada del escritor y que consideran una traición a su memoria la publicación de obra que él decidió no publicar o no alcanzó a hacerlo.

Quizá el caso más emblemático sea el de Franz Kafka. Max Brod, su más íntimo amigo, también él notable escritor y crítico, señala que “casi todo lo que Kafka publicó tuve que arrancárselo a fuerza de astucia y de elocuencia… Era preciso vencer muchas resistencias antes de lograr que publicara un volumen”. Cuando Kafka murió lo hizo sin dejar ningún testamento escrito. En su escritorio, entre muchos otros papeles, se encontró uno dirigido a su amigo Max Brod en el que señalaba:

“Todo lo que se encuentre al morir yo (en cajones de libros, en armarios, en el escritorio, ya sea en mi casa o en la oficina o en cualquier otro lugar en que se te ocurra que pudiera haber papeles), me refiero a diarios, manuscritos, cartas, ya sean ajenas o propias, esbozos y toda cosa de este género, debe ser quemado sin leerse; también todos los escritos o notas que tú u otros tengan en su poder deben seguir el mismo camino; en cuanto a los que otras personas posean tendrás que reclamárselos en mi nombre. Si no quieren devolverte cartas mías, por lo menos procura que te prometan que han de quemarlas”.

Más tarde se encontró entre otros papeles, tras una búsqueda más acuciosa, una hoja de papel escrita a lápiz, en la que el escritor reiteraba su decisión: “He aquí pues mi última voluntad respecto de todo lo que escribí para el caso de que se produzca lo que preveo: de todo cuanto he escrito pueden conservarse sólo las siguientes obras: La condena, El proceso, La metamorfosis, En la colonia penitenciaria, Un médico rural, y el relato Artista del hambre. Los pocos ejemplares de Contemplación pueden también conservarse; no quiero dar a nadie el trabajo de destruirlos, mas no han de imprimirse de nuevo. Al decir que pueden conservarse esos cinco libros y el relato no quiero significar que tenga el deseo de que vuelvan a imprimirse para ser trasmitidos a la posteridad; por el contrario, si se perdieran por completo, ello respondería a mi verdadero deseo. Sólo que no puedo impedir a nadie, puesto que ya existen, que los conserve si así le place… Pero todo lo demás escrito por mí (publicado en revistas, contenido en manuscritos o en cartas) sin excepción alguna, en la medida en que puedas obtenerlo mediante ruegos a las personas que lo poseen (tú conoces a la mayor parte de ellas), todo esto, sin excepción, y preferiría que sin leer (sin embargo no te impido que lo hojees, aunque en verdad preferiría que no lo hicieras; en todo caso nadie más tiene derecho a mirarlos), ha de ser destruido y te ruego que lo hagas cuanto antes”.

Una conversación mantenida entre Kafka y Brod en 1921, y conservada por este último, nos revela la reacción del amigo ante la petición de Kafka. Brod le dijo en aquella ocasión: “Si me encargas seriamente eso, te digo desde ahora que no cumpliré tu ruego”. Continúa Brod su relato: “Toda la conversación se llevó a cabo en el tono de broma que nos era habitual, pero, sin embargo, con esa secreta seriedad que siempre estaba supuesta entre nosotros. Si Franz hubiera estado verdaderamente persuadido de que me negaría a cumplir su voluntad y si hubiera tomado esas disposiciones verdaderamente en serio y con un carácter definitivo, habría designado otro ejecutor testamentario”.

Quienes vivimos enamorados de la literatura de Julio Cortázar, estamos agradecidos de que él no hubiera sido tan inclemente con sus lectores. En su testamento, Cortázar dejó establecido con claridad que Aurora Bernárdez, quien fuera esposa del cronopio mayor y fuera nombrada por él como su albacea y heredera universal de su obra, era a quien correspondía la potestad de seleccionar y decidir entre todo el material que Julio hubiera dejado sin publicar.

A esta decisión debemos la aparición de “Papeles Inesperados”, una colección de textos inéditos de Julio Cortázar, publicados ahora en ocasión del 25º aniversario de su fallecimiento. Aparición extraña, sin consideramos que circula desde hace años una edición de sus obras completas (que no resultaron, pues, tan completas, dado que el volumen que ahora sale a la luz tiene nada menos que ¡450 páginas!). Se confirma así aquella expresión de Borges, proferida en referencia a las versiones de Homero, que señalaba que la expresión ‘edición definitiva’ “es un concepto que no corresponde sino a la teología o al cansancio”. Y ya se ve que los amantes de Cortázar están todo, menos cansados de leerlo.

El libro, que puede ya conseguirse en las librerías mexicanas, es una miscelánea de textos que contiene poemas, auto entrevistas y prosa, ésta última subdividida en narrativa breve (“Historias”, “Historias de cronopios” y “De un tal Lucas”), textos de emergencia (“De los amigos” y “Otros territorios”) y páginas inclasificables (“Fondos de cajón”). El prólogo nos ilustra acerca de la historia que se esconde detrás de estos textos, a partir de la noche en que Aurora Bernárdez mencionó a Carles Álvarez Garriga que tenía en su domicilio “algo, unos papelitos a los que quizá te interese echar un vistazo”. Una vez visitada la casa y revisados los textos, el crítico sólo acertó a protestar: “¿Cómo se le ocurre tener todo esto aquí?”.

“Papeles inesperados” está ya al alcance de la mano en cuidada edición de Alfaguara. A los seguidores del narrador argentino no puede sino hincharnos de alegría. ¡Buena lectura!

Colofón: Cada declaración pública de sus propulsores corrobora la intención y el carácter discriminatorio de la recientemente aprobada reforma de ley que define a la familia. En el caso de la adopción por parte de personas solteras, los extraviados diputados y diputadas podrían anotar en las correcciones que vienen: los solteros y solteras podrán adoptar… exclusivamente si son heterosexuales.

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One Response

  1. Anónimo dice:

    D.Raúl: Llegué a esta página por accidente y creo que es una afortunada casualidad, ya que desconocía la publicación que usted comenta de Julio Cortázar, lo buscaré en librerías.No tengo el placer de conocerle, espero que eso suceda alguna vez, mientras tanto,seré lectora asidua de este sitio.

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