Iglesia y Sociedad

Totatzin

16 Nov , 2009  

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Totatzin es la palabra náhuatl para decir “Padre Nuestro”. Según alcancé a entender, la raíz Tat está precedida por el prefijo To, que significa nuestro. El sufijo Zin, en cambio, es señal de exclamación de respeto. Por eso algunos traductores comienzan la oración diciendo: “Oh, Padre Nuestro”.

El náhuatl es la lengua originaria con mayor número de hablantes en nuestro país. A diferencia de la lengua maya peninsular, la segunda lengua indígena más hablada y concentrada geográficamente en la península de Yucatán, el náhuatl está disperso en varias regiones del país, considerablemente distantes las unas de las otras.

Cuando recibí la invitación para participar en el primer congreso de teología náhuatl me sentí honrado. Mi amigo, el padre Mario Pérez Pérez, vicario episcopal para la zona indígena de la sierra norte de Puebla y entusiasta promotor de la inculturación del evangelio, me extendió la invitación debido al acompañamiento bíblico que he ofrecido durante algunos años en los encuentros ecuménicos de teología indígena mayense, algunos de los cuales han tenido lugar en Yucatán en años pasados, en Maní, Buctzotz e Izamal.

A diferencia de otras diócesis, donde los esfuerzos por construir un discurso teológico desde las coordenadas de las ricas tradiciones indígenas de nuestro país tienen que hacerse sin aprobación ninguna y de manera casi clandestina, en la arquidiócesis de Puebla no solamente existe un vicario episcopal para la zona indígena, sino que dicho decanato tiene un plan pastoral específico que se lleva adelante con mucho éxito. Fruto de dicho plan es la exitosa experiencia socio-religiosa que ha tenido lugar en el pueblo totonaca de Huehuetla, en el Totonacapan poblano, y ahora este Primer Encuentro de Teología Indígena Náhuatl que ha convocado a presbíteros, religiosas/os y laicas/os de las más significativas regiones donde el náhuatl (antiguamente conocido como “mexicano”) es una lengua viva.

Cuetzalan, un hermoso pueblo serrano, fue la sede de los trabajos. El tema elegido para convocar a este primer encuentro fue la oración del Padre Nuestro. La mecánica de trabajo siguió los pasos del ver, pensar y actuar. En un primer momento se compartieron los usos más comunes, litúrgicos y extra litúrgicos, de la oración de Jesús en las comunidades de lengua náhuatl representadas. Los participantes abundaron durante el primer día y medio en la realidad de sus parroquias y en el papel que la oración del Padre Nuestro ha jugado en la expresión de la relación del pueblo náhuatl con Dios. Cayeron en la cuenta de que las traducciones del Padre Nuestro en uso en las comunidades eran varias y distintas.

Además de mi modesta participación en la que compartí los elementos evangélicos de la oración dominical (comparación de las dos versiones textuales, acentos teológicos de cada una de ellas…), el momento de la iluminación o “pensar” estuvo auxiliado por el Dr. Justino Cortés, un sacerdote dedicado en cuerpo y alma, desde hace muchos años, al estudio de la lengua náhuatl. Explicó, con una paciencia de santo, la primera traducción de la oración dominical por parte de Fray Pedro de Gante y enseñó a descifrar el lenguaje de signos jeroglíficos (pictogramas, los llama él) en los que el Padre Nuestro se vertió en antiguos códices. Un paseo apasionante por el pasado náhuatl.

La última jornada fue dedicada por los participantes a construir los consensos necesarios para unificar en las zonas representadas, una versión de la oración dominical que expresara no sólo la literalidad de la oración, sino la riqueza de sentido que encierra. Fue un espectáculo para alguien como yo, lego en esta temática, mirar los procedimientos de consenso y ser testigo de las amplias discusiones sobre algunos términos. Desafortunadamente, aunque la fascinación de la montaña poblana ejerció en mi todas sus artes de seducción, no pude permanecer hasta el final del encuentro que, además del consenso provisorio (tendrá que ser llevado y consultado con las comunidades) ofrecía la peregrinación a una ciudad antigua, santuario de tiempos prehispánicos.

Me queda un muy buen sabor de boca. No solamente por la atención exquisita que la comunidad de Cuetzalan ofreció a quienes participamos en el encuentro, sino porque pude refrendar que la teología indígena goza de cabal salud. Este Primer Encuentro de Teología Náhuatl es una de las muestras. Y lo mismo ocurre en la zona mayense, donde ya se rebasa los quince encuentros anuales, y preparan ya su próxima reunión que tendrá lugar en una comunidad de Palenque hacia fines de este mes. Como ocurre desde hace ya varios años, dicho encuentro contará con la participación de representantes de comunidades de nuestro estado: Valladolid, Ticul, Dzan, Tipikal, Maní, Izamal… El empuje inculturador brotado del Concilio Vaticano II y animado en nuestras tierras por insignes pastores, tiene el futuro garantizado, a pesar de la ignorancia y la mala voluntad de muchos de sus detractores.

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One Response

  1. Emma Posadas dice:

    Admiro al Padre Mario Pérez Pérez a quien tuve el honor de conocer en Ahuacatlán hace como 15 años en un encuentro de CENAMI, me admiró su amor a nuestra cultura y quisiera que también aquí en Tetela de Ocampo se llevara un encuentro de Teologia Nahuatl.

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