Iglesia y Sociedad

Pregón Pascual 2010

4 Abr , 2010  

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Les anuncio una gran alegría: Dios resucitó a Jesús de entre los muertos. El sepulcro estalló lleno de vida y de gloria en una noche como ésta. Los sumos sacerdotes y el poder romano, los poderosos de la política y de la religión, han quedado enmudecidos. Creyeron que habían triunfado arrebatando la vida del profeta de Nazaret. Hoy deben reconocer, con vergüenza, que Dios le dio la razón a Jesús al resucitarlo de entre los muertos. La vida de Jesús, su ejemplo de amor hacia los más pobres y excluidos, fue una apuesta que valió la pena.

Desde la Sambulá, colonia de empleadas de súper, de mecánicos y traileros, parte del suroeste empobrecido donde apenas pernoctan quienes tienen necesidad de dos o tres trabajos para comer medianamente, desde este espacio de relaciones humanas entrañables, les anuncio esta buena noticia:

De la resurrección de Jesús nos pringa, a borbotones, la esperanza. Nuestro país, se los aseguro, dejará de ser la cueva donde unos ladrones se quedan con el pan de todos, la tumba donde mueren nuestros jóvenes por el simple delito de no tener empleo, la cuadrilla de cómplices que protege a los delincuentes. Desde la raíz, este país será transformado y, entre ensayos parciales, que humanos somos, iremos construyendo una patria de la que ya no nos avergoncemos, un lugar más humano donde la justicia y la paz se den un beso, donde los soldados se ajusten a sus tareas constitucionales y las policías (sean mil o una, que eso no cambia necesariamente la situación de fondo) sean el azote de los delincuentes, no de los ciudadanos y ciudadanas. En los caminos recogeremos frutos y flores, y no los cadáveres de los jóvenes. Y ese país nuevo se construirá, óiganlo bien, a partir de las raíces profundas que atraviesan la patria desde la sierra tarahumara hasta las montañas del sureste mexicano.

Les anuncio que un día, todos y todas tendremos pan en nuestras mesas, y frutas y vegetales. El derecho a la salud será cabalmente respetado y no será la mercancía que pueden comprar solamente quienes tienen dinero. El trabajo será una bendición y no un martirio cotidiano y el hambre, esa bestia feroz que tantas vidas ha devorado, será un recuerdo del pasado, sombra vieja en medio del resplandor de una austeridad gozosa en la que nadie consuma con inconsciencia y desparpajo y en donde nadie viva del trabajo de los demás.

Les anuncio que algún día, con la fuerza del Resucitado, el escándalo que provocó el que una pareja se diera un beso de saludo y por ello fuera llevada a la cárcel en Dubai, se extenderá a todas las personas. Sí, se lo aseguro, llegará el día en que nadie, ninguna persona, entiéndase bien, será encarcelada por un gesto de amor. Ni en Dubai ni en ninguna otra parte. Se acabarán, por fin, todos los prejuicios que impiden a las personas llamar al amor por su nombre y a los niños y niñas suplir la ausencia de sus padres naturales con un hogar que pueda darles el amor que necesitan.

Les anuncio también que encontraremos la manera de que la primavera vuelva a ser lo que antes era, y el verano nos riegue con su lluvia. Les prometo un otoño de olorosos jazmines y un invierno que nos permita valorar las otras ‘calideces’ no climáticas. Sí, el respeto al planeta ajeno nos traerá la paz. Desterrada será la absurda pretensión de poseer algo que le pertenece a la vida, al universo, al equilibrio metagaláctico. Nos miraremos entonces a los ojos, no solo con los otros miembros de nuestra propia especie, sino con los árboles y las ostras, los manglares y los arrecifes, las selvas y los desiertos. Y descubriremos que vivimos en una casa prestada, dispuesta a ofrecernos sus riquezas en tanto nos tratemos con ella de igual a igual.

Este anuncio de resurrección, gritado a voz en cuello en un entorno de destrucción y muerte, tiene una potencia misteriosa escondida en sus entrañas. Jesús de Nazaret, el hombre nuevo, ha despertado del sueño del abismo. Ya nunca más será la muerte la última palabra de Dios para nosotros. Gracias a su virtud utópica, a su motricidad revolucionaria, la resurrección de Jesús puede ser también nuestra propia resurrección. Oigan, si no, lo que los teólogos y poetas dicen de esta fecha:

“Esta es la gran noticia: Dios le ha dado la razón al crucificado desautorizando a sus crucificadores. El rechazado por todos ha sido acogido. El despreciado ha sido glorificado. El muerto está más vivo que nunca. Se confirma lo que Jesús predicaba: Dios se identifica con los crucificados. Nadie sufre que Dios no sufra. Ningún grito deja de ser escuchado. Ninguna queja se pierde en el vacío. Los «niños de la calle», de Bucarest o Sao Paulo tienen Padre. Las mujeres ultrajadas por su pareja tienen un último defensor. Los jóvenes que se suicidan en Europa acaban su vida acompañados por Dios. Y Dios sólo quiere la vida, la vida eterna, la vida para todos. Lo vislumbramos ya en la gloria del resucitado. Hoy es la fiesta de los que se sienten solos y perdidos, de los enfermos incurables y de los moribundos. Es la fiesta de los que viven muertos por dentro y sin fuerza para resucitar. La fiesta de los que sufren en silencio agobiados por el peso de la vida o la mediocridad de su corazón. Es la fiesta de los mortales porque Dios es nuestra resurrección”.
José Antonio Pagola

“La cruz seguirá siendo, / desgraciadamente y para rato / el árbol donde el coche va a estrellarse / cuando todos volvían tan contentos, / la reja insoportable de los presos, / la bala fratricida del fusil, / el látigo legal o físico del amo, / el sobre del despido, / el número del código penal que nos condena. / Pero también, si somos fieles y sencillos, / la bandera animosa, / la dirección segura, / la flecha de la esperanza, / el bastón de la vida / con que Dios, nuestro amigo, nos conduce. / Seguimos caminando, amigos, compañeras. / El reino no ha venido aún del todo: / ¡También tenemos nosotros que traerlo!… / Nuestras pobres alegrías, entre tanto, / no son más que un estreno; / nuestro amor, un besito tímido en la frente. / Y del banquete, / del que Jesús nos habla a cada paso, / no tenemos aún más que unos pocos entremeses. / Lo demás lo iremos preparando / uno a uno y día a día, / todos juntos / lo más rápido posible, / hasta que todos / estemos borrachos por la fiesta, / chiflados como novios / y locos de amistad y esperanza interminable / en la mesa redonda y siempre puesta / del reino de los cielos”.
Víctor Manuel Arbeloa

“Vuestros tiempos perdidos / son mi tiempo de canto. / Me anticipo a gritaros que ya es hora. / Quizá roncos de angustia, / por causa de la noche / los gallos, los poetas, despertamos el día… / Esta es nuestra alternativa; / vivos / o resucitados”.
Dom Pedro Casaldáliga

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8 Responses

  1. Marcelo Euan dice:

    Yo no se lo que quiere Dios para cado uno de sus hijos, ni pretendo saberlo, pero lo que vivieron los primeros cristianos, estuvo dentro de la voluntad de Dios y no fuera de ella, y lo que nos demuestra es que es mas importante mantenerme fiel a Cristo a que mis derechos sean respetados (mas importante) no que mis derechos y de los demás no sean importantes, si no que si es necesario que mis derechos sean pisoteados por el extendimiento de la reino de Dios, que a si sea y que Dios me fortalezca. EL fin (los derechos) no justifican los medios, ir contra la humildad de Cristo.

  2. Regina dice:

    Porque la apuesta valió y vale la pena, no porque Jesús quisiera que la humanidad toda tuviera ese fin, no manches…Si eso quiere Dios para sus hijos, hoy mismo firmo mi renuncia!

  3. Marcelo Euan dice:

    Si no me creen, solo hay que ver como vivieron los primeros cristianos, fueron, apredreados, insultados, acusados injustamente, pasaron mucha pobreza y marginación, fueron violadas sus mujeres y por ultimo fueron asesinados y hasta su muerte sirvio de espectaculo en las fiestas romanas, ese fue el resultado de seguir las enseñanzas de Cristo. el que no me crea que lea su biblia

  4. Anonimo dice:

    Señor marcelo, gracias a Dios el amor en el evangelio va mas haya de una interpretacion, aunque usted hable como si fuera LA VERDAD.

  5. Regina dice:

    En verdad se me enchinó la piel con la desbordante esperanza de este texto. Ese es el Jesús verdadero, el que anuncia que el Reino de Dios también está aqui abajo, no sólo en el Cielo. El que anuncia esperanza para la vida hoy, para el estómago, la garganta, las manos y el amor; para la justicia y la libertad, no sólo para «la paz interior», o «la felicidad personal».
    Gracias, el sábado de resurección es mi fiesta favorita y he recordado por que.

  6. Marcelo Euan dice:

    Creo que es una mala interpretación, creer que El Señor Jesus, vino buscar se haga justicia a los marginados, No Jesus no vino a eso, el vino por algo mucho mas tracendente el vino a traer sanidad espiritual, el vino a ofrecer perdon de pecados a los arrepentidos el vino a salvar lo que estaba perdido, principalmente a ladrones, prostitutas, mendigos y publicanos, todos ellos estaban inmersos en su pecado y Jesus vino para reconciliarlos con su Padre, el no vino para que se respeten sus derechos aqui en la tierra, el vino a regalarles derechos en el Reino de Dios, pero tambien no a todos si no solo a los que su Padre quizo. asi que Dios no se identifica con los crucificados, es mas todos merecemos ser crucificados, el por su gracia vino a salvar algunos, los que no, sean ricos, sean pobres, sean poderosos o sean esclavos van a sufrir la muerte segunda que me atravo a decir es peor que ser crucificado.
    Por que de tal manera Amo Dios al mundo que envió a su hijo unigenito para que todo aquel que en el cree, no se pierda mas tenga vida eterna.
    Evangelio de Juan 3:16

  7. Chapó Padre. Muchas gracias, en este instante eso necesitaba leer. Lo aprecio mucho, Gracias de nuevo.

  8. Jorge Rubio dice:

    Sin duda que la Resurrección del Señor siempre trae esperanza para los que menos la tienen, debemos anunciar a las naciones que Jesús está vivo y crear el reino de Dios cada día.

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