Iglesia y Sociedad

¡No a la presa El Zapotillo!

8 Nov , 2010  

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La construcción de represas es una estrategia antigua de aprovechamiento del agua. Las presas sirven para controlar inundaciones, aprovechar el agua como energía o suministrar agua para diversos usos (domésticos, industriales o de riego). A partir de 1950, sin embargo, la construcción de represas aumentó de manera desbordada, de suerte que la mitad de los ríos del mundo tienen al menos una gran represa, usada sobre todo para la producción de energía eléctrica. De esa fecha a nuestros días, se han construido en el mundo más de 45,000 represas.

El abuso de este tipo de estrategia tiene comprobados impactos sociales y ambientales negativos, no sólo en lo que toca a la fragmentación de los ríos y las consecuencias desertificadoras del cambio de sus cauces, sino a que muchos gobiernos, entre ellos el mexicano, han desplazado a poblaciones enteras para inundar sus territorios. De manera que el futuro de la construcción de represas está muy cuestionado en el mundo entero.

Bajo el auspicio de la Unión Mundial para la Naturaleza y del Banco Mundial, en 1997 se constituyó la Comisión Mundial de Represas (CMR), con miembros seleccionados de entre diversas regiones y especialidades relacionadas con el tema del agua. Actuando de manera independiente, sin representar a ninguna institución o país, los especialistas realizaron una revisión global de los impactos y eficacia de las grandes represas y las opciones alternativas disponibles para el cuidado del agua y la generación de energía. Los 39 especialistas de la CMR estuvieron en consulta permanente con otros 68 miembros de instituciones interesadas en este debate, de manera que tuvieron acceso a todos los puntos de vista.

El resultado es el documento titulado “Represas y Desarrollo: Un Nuevo Marco para la Toma de Decisiones” (Dams and Development: A New Framework for Decision-Making), publicado en el año 2000. Los criterios y recomendaciones de la CMR intentan asegurar que las decisiones que se tomen en relación al desarrollo del agua y la energía reflejen un enfoque comprehensivo para integrar las dimensiones sociales, ambientales y económicas en materia de desarrollo; creen una mayor transparencia y seguridad para todos los implicados; aumenten la confianza en la habilidad de las naciones y las comunidades para satisfacer sus necesidades futuras de agua y energía.

Pues bien, el gobierno mexicano, negándose a cumplir con los estándares establecidos por la CMR, ha decidido llevar adelante varios proyectos de represas sin atender a los criterios de equidad, sustentabilidad, eficacia, responsabilidad y toma de decisiones participativa. Aunque la más conocida de estas iniciativas es el proyecto conocido como “La Parota”, debido al nivel de litigio internacional al que ha llegado, quiero hoy referirme a otro proyecto, el de la presa El Zapotillo, también actualmente en discusión.

La construcción de la presa El Zapotillo traerá como consecuencia la inundación y desaparición de 3 comunidades: Temacapulín, Acasico y Palmarejo, afectando de manera directa a 1,000 habitantes y de manera indirecta a 15,000, inundando más de 4,816 hectáreas de tierra fértil de las que dependen la vida y cultura de los pueblos de la región. El anuncio de la construcción de la presa, noviembre de 2008, ha desencadenado la oposición de las tres comunidades condenadas a la desaparición que desde el anuncio del proyecto no se han cansado de manifestar su inconformidad y han alertado sobre los daños sociales y ambientales que causaría la presa.

La convocatoria de la Comisión Nacional del Agua, lanzada en noviembre de 2008, no ha cumplido con los requisitos de ley: no hay estudio de impacto ambiental, no hay autorización del municipio para el uso del suelo, no hay autorización del INAH para la reubicación de los templos, no ha habido información ni consulta a las comunidades que resultarán afectadas; de manera que puede decirse que los adelantos que ya lleva el muro de contención han sido hechos en un marco de ilegalidad. Pero eso no es lo más grave: las autoridades han amenazado a las comunidades para que vendan sus propiedades y acepten la reubicación de sus pueblos y no han dejado de hostigarlos a través de intimidaciones de casa en casa, reuniones amañadas con pobladores, organización de fiestas en las que pretende intercambiarse cerveza a cambio de escrituras, llamadas telefónicas a los hijos ausentes migrantes, volantes ofensivos, etc.

La mayoría de los pobladores, sin embargo, se ha mantenido firme en la resistencia al proyecto. Su convencimiento aumentó cuando se enteraron que la presa tendría solamente 25 años de vida útil y que estaba pensada, no para satisfacer necesidades de desarrollo regional, sino para beneficiar a la agroindustria de León, Guanajuato, las empresas zapateras y los grandes ranchos de terratenientes. A este “beneficio” se opone la inundación de los tres pueblos, la violación del los derechos de los pobladores y el irreversible daño ambiental que se extendería a toda la Cuenca del Río Verde y del Río Santiago, y al entero ecosistema de los Altos de Jalisco. Los habitantes de los tres poblados han emprendido numerosas acciones jurídicas para evitar la construcción de la presa y los daños que ocasionaría: juicios de amparo, juicios de nulidad administrativa, quejas ante organismos públicos de derechos humanos, comunicaciones a la ONU, todo ello en la búsqueda del respeto a sus derechos individuales y colectivos.

La respuesta del gobierno federal ha sido el desprecio. Su manifestación más elocuente: la declaración, en enero de 2008, del gerente regional del organismo de Cuenca de la CONAGUA, que declaró: “se salen o se ahogan; les vamos a comprar lanchas y salvavidas para que no se preocupen”. México continúa en el necio camino de construir este tipo de proyectos, cuando en países desarrollados han dejado ya de construir presas.

Por eso, este miércoles 10 de noviembre, se realizará una Jornada Nacional e Internacional por la cancelación de la presa El Zapotillo. El objetivo es manifestar oposición a la construcción de una presa que es ecológicamente inviable, técnicamente errónea, económicamente insostenible y socialmente dañina; una presa que borra del mapa a tres pueblos, con toda su riqueza cultural y de biodiversidad, para favorecer a unos cuantos empresarios. La presa El Zapotillo es una muestra más de al servicio de quiénes está el gobierno mexicano.

Se puede participar haciendo manifestaciones ante las oficinas de la CONAGUA, escribiendo cartas a los representantes de CONAGUA y de la CFE exigiendo la cancelación del proyecto o, simplemente, tomándose una foto en algún lugar emblemático de la ciudad con una pancarta que diga: “Los ojos del mundo están puestos en Temaca” (apócope de Temacapulín, la población más grande de las tres afectadas) y enviarla a algunos de los siguientes portales electrónicos, donde también se podrá tener mayor información sobre las acciones de resistencia:
http://www.temacapulin.com.mx
http://temacajalisco.com/sitio/
http://noalapresaelzapotillo.wordpress.com

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