Iglesia y Sociedad

Diagnóstico: Po(e)sitivo

11 Ene , 2011  

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Quiero, en este inicio de año, compartir con las lectoras y lectores de esta columna una noticia íntima. Para ello deberé hablar de una buena parte de mi camino personal en estos últimos años. Disculparán esta especie de desnudamiento público.

Quienes me conocen saben que, desde hace cerca de veinte años, trabajo junto con algunas personas admirables en la promoción y defensa de los derechos humanos. En 1991 fundamos un equipo de trabajo llamado Indignación A.C. Debido a esta labor de defensa de derechos humanos y a la irrupción de la pandemia del VIH/SIDA en nuestro estado, comencé a involucrarme de manera personal en algunos trabajos relacionados con la enfermedad. Conocí a la organización Oasis de San Juan de Dios A.C. y, de una manera casi accidental, comencé a acompañar a los huéspedes del albergue tanto en la atención espiritual, como en la lucha por sus derechos humanos. Durante muchos años, ya cerca de quince, he tratado de estar cerca de quienes viven o pasan alguna temporada en el albergue que el Oasis tiene en Conkal y, hasta el día de hoy, una vez al mes celebro la Misa en sus instalaciones.

En el equipo Indignación mantuvimos durante muchos años un área de trabajo al que denominamos ‘atención a grupos vulnerables’. Eso nos permitió trabajar con personas portadoras del VIH/SIDA y que habían sufrido problemas de discriminación. En la revista mensual que publica el equipo Indignación llamada ‘El Varejón’, hemos procurado que siempre haya espacio disponible para la información sobre VIH/SIDA y los derechos de las personas afectadas por el virus. He formado parte también del Comité Multisectorial Ciudadano en VIH/SIDA, que es la organización que agrupa a las personas y grupos que tienen trabajo en SIDA en Yucatán. Junto con todas estas organizaciones de la sociedad civil hemos ofrecido información sobre la enfermedad y su prevención, y organizamos durante varios años la marcha anual para hacer conciencia de la importancia de que todos respondiéramos juntos para hacerle frente a la pandemia.

Durante mucho tiempo, junto con el Oasis de san Juan de Dios y otras organizaciones, hemos batallado porque hubiera modificaciones en las leyes de nuestro Estado para que las personas con VIH pudieran ver respetado su derecho a la salud a través de la dotación gratuita de medicamentos, vieran respetado también su derecho a casarse y a formar una familia, y que la discriminación contra ellos/as comenzara a ser reconocida y castigada como delito y se vieran así respetados todos los derechos humanos de las personas afectadas por el virus. Hemos tenido triunfos y fracasos, nos hemos entrenado en la paciencia histórica y hemos descubierto con rabia la falta de vocación democrática y popular de los gobiernos de diferente signo que han omitido realizar las acciones necesarias para que las personas afectadas por el VIH/SIDA vieran todos sus derechos respetados. A pesar de los visibles signos alentadores, hay todavía mucho trabajo por delante.

Con el paso de los años, el trabajo de combate contra el VIH/SIDA me puso en contacto con otro tipo de grupos. Descubrí la necesidad de luchar contra todo tipo de discriminación, incluida la discriminación derivada de la orientación o preferencia sexual. Este descubrimiento me llevó a entrar en contacto con personas homosexuales y grupos que trabajan a favor de la diversidad sexual y modificó no poco algunas de las ideas que había yo aprendido como si fueran verdades eternas y que ahora descubría como construcciones culturales justificantes, a veces con razonamientos religiosos pero antievangélicos, de la discriminación. Con respeto y honestidad, he tratado de acompañar a algunas de estas personas y grupos en sus procesos y trabajos y a aportarles mi visión del evangelio. Me gusta estar disponible para este tipo de trabajo, porque estoy conciente de que hay muy pocos ministros religiosos que se dediquen a ello y que manejen el tema sin prejuicios discriminatorios.

El trato con las personas y grupos que trabajan en el combate al VIH/SIDA, sean personas portadoras o no, es una de las grandes riquezas que Dios me ha dado. He aprendido mucho más de lo que esperaba y, sin duda, recibo más de lo que aporto. A lo largo del tiempo he visto con color a muchas personas del albergue de Conkal morir. He visto también a muchas de ellas resucitar, recobrar la salud, reintegrarse a la vida activa y productiva. He conversado horas y horas con muchas de estas personas. Me he reído de sus ocurrencias y he enjugado muchas de sus lágrimas. Me he convertido en confidente de sus sufrimientos y de sus denodados esfuerzos por vivir una vida digna de ese nombre. Pocas cosas han enriquecido mi ministerio tanto como esto.

Toda esta larga perorata sobre mi persona tiene el solo objetivo de anunciar a los amigos y amigas que siguen esta columna semanal, que como condensación de esta experiencia fui escribiendo, de 1995 a esta fecha, algunos textos que mantuve guardados en archivos antiguos. Hace unos meses leí la convocatoria de la Editorial Dante en la que se invitaba a participar a los escritores de la península en el Segundo Concurso de Creación Literaria Dante 2010. A esta contienda envié yo el libro: Diagnóstico: Po(e)sitivo que fue distinguido para ser publicado por el Comité Evaluador conformado por el Mtro. Carlos Martín Briceño y los Dres. Adrián Curiel Rivera y Óscar Ortega Arango. La generosa opinión del jurado calificador para justificar la publicación de la obra que envié reza así: “Poemas con aliento descriptivo, una voz genuina y por momentos desgarrada, abre brecha al desconsuelo que sólo encuentra salida en el poema”.

Agradezco a la Editorial Dante y al comité organizador de este concurso de creación literaria, la oportunidad que me brinda de ver próximamente publicados estos cantos nacidos del dolor y de la esperanza de tantas personas afectadas por el VIH/SIDA con las que Dios me ha concedido encontrarme en el camino. En la reunión en que se anunciaron las obras ganadoras se informó que el primer semestre del año 2011 era el período temporal establecido para que los libros premiados fueran publicados. Ya les avisaré aquí mismo cuando el libro haya visto la luz. Hay sin duda, entre los lectores y lectoras de esta columna semanal, muchas personas que contribuyeron con su cercanía y su amistad al lento, y a veces doloroso, proceso de construcción de cada poema. A ustedes va dedicado el libro.

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6 Responses

  1. Saby dice:

    Hola, Padre Raúl.
    Que alegre noticia !!!
    muchas Felicidades.
    Espero poder conseguir uno. Nos dice en donde.
    Saludos y un gran abrazo con
    mucho cariño.

  2. Anónimo dice:

    Ansío leerlo…Hacen tanta falta las palabras que nombren lo que vivimos, pero sobre todo, que describan el dolor y la indignación de quien sufre.

  3. Juan Ferraéz dice:

    FELICITACIONES, SIEMPRE LA PERSONA QUE PADECE ALGUNA ENFERMEDAD CUALQUIERE QUE FUERA SUFRE CIERTA DESCRIMINACIÓN A VECES POCA A VECES MUCHA PERO SIEMPRE DUELE.
    CREO QUE TUS POEMAS SERAN CONCIENCIA PARA EVITAR LASTIMAS CON COMENTARIOS, MIRADAS, ACTOS QUE LASTIMAN A NUESTROS HERMANOS ENFERMOS. DIOS TE SIGA BENDICIENDO

  4. ANGELICA ARANDA dice:

    MIL FELICIDADES. ES DE JUSTICIA QUE SEAS, EN ALGUN AREA, PROFETA EN TU TIERRA.
    TE AMAMOS. LAURA Y ANGELICA

  5. ITO dice:

    Escribe tu comentario aqui

    FELICIDADES HERMANO, ESPERO PRONTO TENER ESE LIBRO EN MIS MANOS PARA ENCONTRAR A DIOS EN CADA VERSO.

    UN ABRAZO.

  6. Gilberto dice:

    Felicitaciones por esta publicación, la cual ya esperamos ansiosamente. Estoy seguro que es una obra que emerge desde la expeiencia más profunda del dolor,de la incomprensión, del rechazo, de la soledad y desde la enfermedad, y que nos ayudará a ver más allá de nuestra nariz a los que nunca hemos trabajado ni tenido contacto con alguna persona VIH/SIDA.

    Por otro lado, surge una pregunta que ya no aguanto a hacertela personalmente, ¿cómo surge la vocación de Raúl Lugo en pro de las personas VIH/SIDA?

    Saludos

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