Iglesia y Sociedad

La exhortación de Francisco

27 Nov , 2013  

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Acaba de darse a conocer la Exhortación Apostólica Evangelii Gaudium del Papa Francisco, el primer documento magisterial que puede atribuirse directamente a su autoría. He leído apenas el primer capítulo, titulado “La transformación misionera de la iglesia”, y que presenta una de las líneas maestras de la propuesta de reforma del Papa. Son apenas 49 de 288 números; 42 de 264 páginas. Al sentarme a escribir estas líneas he pensado si no habría sido mejor dejar este comentario para la semana próxima, cuando hubiera yo terminado la lectura total del documento. Pero no he podido resistir.

¿Qué quieren que les diga? Quisiera que estas primeras palabras públicas sobre el ministerio de Francisco fueran tomadas en el amplio espectro de lo que en esta columna he dicho y sostenido en relación con la tarea de la iglesia en los últimos años. El talante crítico de este espacio en relación con las iglesias y con la religión en general, ha sido considerado por muchas personas como excesivo. Agradezco la confianza de quienes, pensando así, me lo han manifestado. Durante mucho tiempo recibí comentarios verdaderamente ácidos y duros. Quizá aquellos interlocutores se cansaron de leerme o esperaron de mí una moderación que nunca llegó. Pero justamente porque mi posición sobre la iglesia y la religión peca de excesivo criticismo, no quise unirme a las alabanzas a Francisco cuando, como producto de una elección cuya modalidad no comparto, realizó sus primeros gestos alentadores después del largo invierno eclesial en el que habíamos vivido. Consciente de la complejidad del entramado eclesiástico y de la necesidad de una reforma de fondo, tenía yo miedo de que, después de unos primeros signos de aliento, regresáramos de nuevo en la autorreferencialidad, que como bien señaló Francisco desde sus primeras alocuciones, es uno de los grandes males de una institución que no tiene sentido sino en su apertura al mundo y en el empeño por construir un mundo más humano y pleno para todas y todos.

Aun habiendo leído solamente el primer capítulo, y con la tarea de emitir una opinión más global más adelante, me parece que la primera Exhortación de Francisco es una buena noticia. Creo que las intuiciones que alientan el proceso de reforma que se propone llevar adelante en la iglesia son las correctas y no somos pocos quienes las compartimos. Tome usted el ángulo que prefiera: el de un apóstol cansado del maltrato y/o la falta de respeto de los ministros ordenados hacia las y los laicos que en la parroquia trabajan; el de un gay o una lesbiana que se estremecen ante el rechazo de su propia iglesia; el de la o el activista de derechos humanos que piensa que la iglesia ha vivido demasiado cerrada en sí misma y le vale un comino hacia dónde va caminando el mundo y los consensos a los que va llegando; el de un académico o académica que lamenta el desdén de la estructura eclesial hacia los rumbos a los que apunta el progreso científico; el ángulo de quien, habiendo abandonado la experiencia comunitaria, ve la iglesia como una pesada carga de costumbres culturales convertidas en mandatos eternos; o el de quien, orgulloso de sus raíces indígenas, ha visto siempre a la iglesia como aliada de quienes le niegan reconocimiento y autonomía… Para todos ellos y ellas, la visión de Francisco puede ser reconfortante.

Habrá, sí, quienes resientan el cambio de acento en el documento pontificio. Acostumbrados como andábamos a poner lo accidental como lo único que valía la pena, como si la obsesión por los asuntos sexuales fuera la raíz misma de nuestra coherencia en el mundo, no dudo que haya personas que vean en las palabras de Francisco una especie de claudicación. Y tenemos que tener el corazón grande para que estas hermanas y hermanos no dejen de preocuparnos. No se trata, como en los ámbitos de la política partidista, de mirar la reforma de la iglesia como si de estar hoy en el campo de juego y mañana estar en la banca se tratara, a la espera solamente de que el futuro pontificado nos favoreciera. Se trata, desde mi humilde punto de vista, de regresar a las raíces del evangelio, a la persona de Jesús de Nazaret, a la fuente original de nuestra fe. Y tenemos que hacerlo conscientes de que dentro de la iglesia pensamos distinto, que tenemos muchas veces puntos de vista diversos, pero que el evangelio es una directriz lo suficientemente fuerte y eficaz para convocarnos a todos y todas.

¿Qué palabras de Francisco han suscitado en mí tanta esperanza? Es imposible resumir aquí el capítulo que he leído de la Exhortación. Baste por ahora poner algunas frases que son como pepitas de oro, y que pueden animarnos a leer el documento:

– La alegría del Evangelio es para todo el pueblo, no puede excluir a nadie…
– La evangelización tiene mucho de paciencia, y evita maltratar límites…
– Sueño con una opción misionera capaz de transformarlo todo, para que las costumbres, los estilos, los horarios, el lenguaje y toda estructura eclesial se convierta en un cauce adecuado para la evangelización del mundo actual más que para la autopreservación
– (La parroquia), aunque ciertamente no es la única institución evangelizadora, si es capaz de reformarse y adaptarse continuamente, seguirá siendo « la misma Iglesia que vive entre las casas de sus hijos y de sus hijas ». Esto supone que realmente esté en contacto con los hogares y con la vida del pueblo, y no se convierta en una prolija estructura separada de la gente o en un grupo de selectos que se miran a sí mismos…
– Exhorto también a cada Iglesia particular a entrar en un proceso decidido de discernimiento, purificación y reforma…
– (El obispo), a veces estará delante para indicar el camino y cuidar la esperanza del pueblo, otras veces estará simplemente en medio de todos con su cercanía sencilla y misericordiosa, y en ocasiones deberá caminar detrás del pueblo para ayudar a los rezagados y, sobre todo, porque el rebaño mismo tiene su olfato para encontrar nuevos caminos… (En el desempeño de su misión, el obispo tendrá) el deseo de escuchar a todos y no sólo a algunos que le acaricien los oídos. Pero el objetivo de estos procesos participativos no será principalmente la organización eclesial, sino el sueño misionero de llegar a todos…
– Dado que estoy llamado a vivir lo que pido a los demás, también debo pensar en una conversión del papado. Me corresponde, como Obispo de Roma, estar abierto a las sugerencias que se orienten a un ejercicio de mi ministerio que lo vuelva más fiel al sentido que Jesucristo quiso darle y a las necesidades actuales de la evangelización… Exhorto a todos a aplicar con generosidad y valentía las orientaciones de este documento, sin prohibiciones ni miedos.
– En el mundo de hoy, con la velocidad de las comunicaciones y la selección interesada de contenidos que realizan los medios, el mensaje que anunciamos corre más que nunca el riesgo de aparecer mutilado y reducido a algunos de sus aspectos secundarios. De ahí que algunas cuestiones que forman parte de la enseñanza moral de la Iglesia queden fuera del contexto que les da sentido. El problema mayor se produce cuando el mensaje que anunciamos aparece entonces identificado con esos aspectos secundarios que, sin dejar de ser importantes, por sí solos no manifiestan el corazón del mensaje de Jesucristo.
Una pastoral en clave misionera no se obsesiona por la transmisión desarticulada de una multitud de doctrinas que se intenta imponer a fuerza de insistencia. Cuando se asume un objetivo pastoral y un estilo misionero, que realmente llegue a todos sin excepciones ni exclusiones, el anuncio se concentra en lo esencial, que es lo más bello, lo más grande, lo más atractivo y al mismo tiempo lo más necesario. La propuesta se simplifica, sin perder por ello profundidad y verdad, y así se vuelve más contundente y radiante.
– Ante todo hay que decir que en el anuncio del Evangelio es necesario que haya una adecuada proporción. Ésta se advierte en la frecuencia con la cual se mencionan algunos temas y en los acentos que se ponen en la predicación. Lo mismo sucede cuando se habla más de la ley que de la gracia, más de la Iglesia que de Jesucristo, más del Papa que de la Palabra de Dios.
– Cuando la predicación es fiel al Evangelio, se manifiesta con claridad la centralidad de algunas verdades y queda claro que la predicación moral cristiana no es una ética estoica, es más que una ascesis, no es una mera filosofía práctica ni un catálogo de pecados y errores. El Evangelio invita ante todo a responder al Dios amante que nos salva, reconociéndolo en los demás y saliendo de nosotros mismos para buscar el bien de todos. ¡Esa invitación en ninguna circunstancia se debe ensombrecer!
– En el seno de la Iglesia hay innumerables cuestiones acerca de las cuales se investiga y se reflexiona con amplia libertad. Las distintas líneas de pensamiento filosófico, teológico y pastoral, si se dejan armonizar por el Espíritu en el respeto y el amor, también pueden hacer crecer a la Iglesia, ya que ayudan a explicitar mejor el riquísimo tesoro de la Palabra. A quienes sueñan con una doctrina monolítica defendida por todos sin matices, esto puede parecerles una imperfecta dispersión. Pero la realidad es que esa variedad ayuda a que se manifiesten y desarrollen mejor los diversos aspectos de la inagotable riqueza del Evangelio.
– A veces, escuchando un lenguaje completamente ortodoxo, lo que los fieles reciben, debido al lenguaje que ellos utilizan y comprenden, es algo que no responde al verdadero Evangelio de Jesucristo. Con la santa intención de comunicarles la verdad sobre Dios y sobre el ser humano, en algunas ocasiones les damos un falso dios o un ideal humano que no es verdaderamente cristiano. De ese modo, somos fieles a una formulación, pero no entregamos la substancia. Ése es el riesgo más grave.
– En su constante discernimiento, la Iglesia también puede llegar a reconocer costumbres propias no directamente ligadas al núcleo del Evangelio, algunas muy arraigadas a lo largo de la historia, que hoy ya no son interpretadas de la misma manera y cuyo mensaje no suele ser percibido adecuadamente. Pueden ser bellas, pero ahora no prestan el mismo servicio en orden a la transmisión del Evangelio. No tengamos miedo de revisarlas. Del mismo modo, hay normas o preceptos eclesiales que pueden haber sido muy eficaces en otras épocas pero que ya no tienen la misma fuerza educativa como cauces de vida.
– Por lo tanto, sin disminuir el valor del ideal evangélico, hay que acompañar con misericordia y paciencia las etapas posibles de crecimiento de las personas que se van construyendo día a día. A los sacerdotes les recuerdo que el confesionario no debe ser una sala de torturas sino el lugar de la misericordia del Señor que nos estimula a hacer el bien posible.
– Procura siempre comunicar mejor la verdad del Evangelio en un contexto determinado, sin renunciar a la verdad, al bien y a la luz que pueda aportar cuando la perfección no es posible. Un corazón misionero sabe de esos límites y se hace « débil con los débiles […] todo para todos » (1 Co 9,22). Nunca se encierra, nunca se repliega en sus seguridades, nunca opta por la rigidez autodefensiva. Sabe que él mismo tiene que crecer en la comprensión del Evangelio y en el discernimiento de los senderos del Espíritu, y entonces no renuncia al bien posible, aunque corra el riesgo de mancharse con el barro del camino.
– La Iglesia está llamada a ser siempre la casa abierta del Padre. Uno de los signos concretos de esa apertura es tener templos con las puertas abiertas en todas partes. De ese modo, si alguien quiere seguir una moción del Espíritu y se acerca buscando a Dios, no se encontrará con la frialdad de unas puertas cerradas. Pero hay otras puertas que tampoco se deben cerrar. Todos pueden participar de alguna manera en la vida eclesial, todos pueden integrar la comunidad, y tampoco las puertas de los sacramentos deberían cerrarse por una razón cualquiera…La Eucaristía, si bien constituye la plenitud de la vida sacramental, no es un premio para los perfectos sino un generoso remedio y un alimento para los débiles.
– A menudo nos comportamos como controladores de la gracia y no como facilitadores. Pero la Iglesia no es una aduana, es la casa paterna donde hay lugar para cada uno con su vida a cuestas.
– No deben quedar dudas ni caben explicaciones que debiliten este mensaje tan claro. Hoy y siempre, « los pobres son los destinatarios privilegiados del Evangelio », y la evangelización dirigida gratuitamente a ellos es signo del Reino que Jesús vino a traer. Hay que decir sin vueltas que existe un vínculo inseparable entre nuestra fe y los pobres. Nunca los dejemos solos.
– No quiero una Iglesia preocupada por ser el centro y que termine clausurada en una maraña de obsesiones y procedimientos Más que el temor a equivocarnos, espero que nos mueva el temor a encerrarnos en las estructuras que nos dan una falsa contención, en las normas que nos vuelven jueces implacables, en las costumbres donde nos sentimos tranquilos, mientras afuera hay una multitud hambrienta y Jesús nos repite sin cansarse: « ¡Dadles vosotros de comer! »

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6 Responses

  1. jose cesar gomez ramirez dice:

    Me gustaría conseguir el libro la iglesia católica y lahomosexualidad de rRaúl luego, por favor escribanme y diganme donde les deposito para elenenvió, gracias

  2. En hora buena, Padre Raúl, yo también he leído sólo la primera parte. Me viene a la mente la cantidad de hombres maravillosos que en EL PASADO se atrevieron a dar por anticipado su pronóstico, por así decir, de lo que podría llegar a suceder en la IGLESIA y en el mundo y fueron silenciados de diversas forma. Comparto su opinión y me gustaría que siga explicando desde su punto de vista el resto del Documento del Papa Francisco. Un abrazo, le queremos mucho.

  3. "La Eucaristía, si bien constituye la plenitud de la vida sacramental, no es un premio para los perfectos sino un generoso remedio y un alimento para los débiles… la Iglesia no es una aduana, es la casa paterna donde hay lugar para cada uno con su vida a cuestas"

  4. Anónimo dice:

    Muy alentador

  5. Robert García dice:

    Padre Lugo, me interesó mucho saber sobre su libro » La Iglesia Católica y la Homosexualidad». Favor de indicarme en que librería en Mérida puedo conseguirlo. Muchas felicidades y éxito en el futuro contra los conservadores en nuestras Iglesias Católicas de Yucatán. Viva nuestro nuevo Papa S.S. Francisco !!!!

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