Iglesia y Sociedad

Gente de Razón o los muertos de José Ramón

19 Jun , 2014  

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Desde hace algunos años tenemos la fortuna de tener al Maestro José Ramón Enríquez viviendo en la ciudad de Mérida. Antes al frente del Centro Universitario de Teatro de la UNAM (CUT), director y dramaturgo que goza de amplio reconocimiento, su presencia ha venido a enriquecer el panorama teatral yucateco y, ya desde su magisterio en la ESAY o su trabajo en la Compañía Teatro Hacia el Margen, ha convertido su proyecto de “retiro” en un fecundo intercambio con la comunidad teatral de nuestro estado, lo que ha redundado en beneficios mutuos.

Con toda su experiencia y sabiduría acumuladas, José Ramón ha venido dedicándose a una labor poco común: desenterrar muertos. No hablo de un oficio fúnebre o de un tétrico empeño, sino de una tarea de resurrección. Quizá debería yo hacer dicho: una labor poco común, resucitar muertos. Y lo ha hecho no sólo dialogando en su producción teatral con algunos grandes del teatro mundial (Tennesee Williams, Samuel Beckett…), sino realizando una labor de investigación histórica que lo ha llevado a preguntarse, incluso, de quiénes son los cadáveres que pueblan el subsuelo de la vieja casona de la calle 58 en la que vive, como revelara su esperpento “Guerrero en mi Estudio” (texto publicado en 2010 en la colección Cuadernos de Dramaturgia Mexicana No. 29, de Ediciones y Producciones Escénicas Paso de Gato con el apoyo del H. Ayuntamiento de Mérida).

De alma perpetuamente inquisitiva, junto con los muertos, José Ramón desentierra añejas cuestiones no resueltas: quiénes somos, qué pasa con aquellos cuya memoria desaparece y a dónde va su legado, cuántas piezas extraviadas explican la compleja realidad que es México, en fin, como dijera el poeta, sobre qué muertos vivimos nosotros. Pues bien, José Ramón ha hecho de nuevo de las suyas: acaba de escribir un esperpento titulado “Gente de Razón”, pieza en la que continúa el planteamiento iniciado en “Guerrero en mi Estudio” sobre los orígenes del mestizaje, buscando respuestas que no solamente aclaren y expliquen nuestro pasado, sino que nos permitan abordar con nueva visión el desprecio y el olvido al que relegamos a los pueblos originarios en el afán absurdo de construirnos una identidad que los excluya vergonzantemente.

Escrita ad hoc para ser puesta en escena por los alumnos de la ESAY que concluyen sus estudios teatrales, Gente de Razón cuenta una historia para ocho personajes. En esperpéntico galimatías se conjugan, muy a la José Ramón, referencias a Juan Goytisolo, John Kennedy Turner, Karl Marx y muchas citas más (y citas de las citas) acompañando una trama por demás sugerente: una pareja de periodistas (uno reportero, la otra fotógrafa) llegan a España, a un convento dominico abandonado en Andalucía; ahí se encuentran con los fantasmas de Tenamaztle, -cacique del desaparecido pueblo de los caxcanes–, Tecuixpo –hija de Moctezuma y bautizada con el nombre cristiano de Isabel–, Fray Felipe Xiu –maya convertido al cristianismo y nieto de Tutul Xiu–, Fray Bartolomé de Las Casas y Pedro de Alvarado. Un último, gracioso personaje, aparece en la obra: doña Maruca Enríquez de Lara, mujer deseosa de ser reina de México, cómico remedo de Maximiliano.

La obra puede tener múltiples lecturas. No aburriré aquí a los pacientes lectores de esta columna semanal con las mías. Subrayo, sin embargo, tres elementos:
1. La vigorosa presencia de Tecuixpo, dignamente representada por Liliana HeSant, uno de los ejes de comprensión de la pieza, como en “Guerrero en mi Estudio” lo fuera Zazil Ha, la olvidada esposa de Gonzalo Guerrero. Un cuestionamiento abierto al sesgo patriarcal de nuestra investigación histórica y nuestra memoria colectiva.
2. La presentación compleja de una realidad también compleja: un Las Casas, icono de la defensa de los indios, cuestionado por la hija de Moctezuma; un maya convencido de su fe cristiana y en tensión permanente con su realidad indígena (con un extraordinario Efraín Vaaz encarnando el personaje, la más vigorosa presencia escénica a mi juicio), un conquistador reclamando su propia mitología, Tenamaztle, testigo fantasmal de un pueblo desaparecido y reclamador de una descendencia que se hizo humo… todo en el marco de un diálogo intenso y emotivo entre los cuatro fantasmas, quizá el momento de mayor hondura de la obra.
3. Finalmente, aunque hubiera muchas cosas más que decir, la continua interpelación que dirigen los personajes al autor de la obra, sentado como niño regañado en la primera fila del teatro, sujeto a múltiples cuestionamientos y víctima de su propia obra dramática.

“Gente de Razón” se convertirá, estoy seguro, en un trepidante punto de inicio para largas discusiones de quienes decidan asomarse a su puesta en escena. Esta provocativa invitación a la reflexión sobre nuestros orígenes, burla ilustrada también de muchos de nuestros vicios nacionales y de la deificación de la mercadotecnia, vale la pena verse y gustarse. Estará presentándose en el Auditorio del Centro Cultural Olimpo todos los miércoles del mes de julio. Forman parte del equipo de producción, acompañando a José Ramón Enríquez en la dramaturgia y dirección, los cada vez más reconocidos nombres de Sebastián Liera, Pablo Herrero, Luis Ramírez, Francisco Solís y Bernard Fontbute, en una producción de la ESAY.

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2 Responses

  1. Maria Cristina Gonzalez Rejon dice:

    Mañana lo leo..amigo Carlos Sebastián 🙂

  2. Carlos Sebastián dice:

    Raúl, padre, amigo, cómplice. Gracias por la doble generosidad de escribir sobre Gente de razón y hacerlo de esta manera. Abrazo grande.

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