Iglesia y Sociedad

Respeto, compasión, sensibilidad…

5 Jul , 2019  

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El 25 de agosto de 2018, con el apoyo expreso del Papa Francisco, el Padre James Martin, de la Compañía de Jesús, participó en el Encuentro Mundial de Familias que se llevó a cabo en Dublín, Irlanda. La sorpresa de muchos fue mayúscula, pues el P. Martin SJ ha escrito un libro titulado “Construyendo puentes”, en el que hace una reflexión sobre la necesidad de acoger a las personas LGBT+ en las comunidades cristianas. La sorpresa era justificada: los Encuentros Mundiales de Familias se habían convertido en palestras de batalla en contra de la diversidad sexual. De repente, uno de los invitados estelares (la sala de conferencias estuvo absolutamente abarrotada) era un sacerdote favorable a una posición de respeto y acogida a quienes no forman parte del colectivo mayoritario heterosexual.

La revista Vida Nueva, una voz de iglesia que ha permanecido en el campo de la información y comunicación por más de 20 años y ha tenido entre sus directores a personajes de la talla de Antonio Montero y José Luis Martín Descalzo, ha publicado un extracto de dicha conferencia, a manera de sugerencia para que las parroquias católicas, en el Día del Orgullo, ofrecieran algunos sencillos signos de acogida a las personas LGBT+.

Lo que más me gusta de esta participación del P. Martin es que no aborda a propósito los aspectos más álgidos de la discusión en curso dentro sobre la diversidad sexual, sino apela al inicio de un proceso de acogida comunitaria ofrecido a las personas LGBT+. Y eso es muy bueno como punto de partida, porque no exacerba el conflicto, sino que propone un camino totalmente inspirado en las actitudes de Jesús. Y eso es capaz de desarmar hasta el más recalcitrante conservador. No conozco personalmente al P. Martin, pero me cae muy bien y estoy seguro de que es una persona sincera y bondadosa, porque confía en que, si escuchamos sin prejuicios a las personas, terminaremos empatizando con ellas. Basta, pues, de introducción. Les comparto en esta columna el artículo de Vida Nueva. Pueden encontrarlo directamente en www.vidanuevadigital.com. Ojalá puedan darse tiempo de leerlo hasta el final.

“Uno de los desafíos más recientes para las parroquias católicas es cómo dar la bienvenida a los feligreses LGBT+. El Catecismo dice: “Se debe evitar todo signo de discriminación injusta” cuando se trata de personas LGBT+. ¿Creemos esta parte del Catecismo? La Congregación para la Doctrina de la Fe escribió en 1986: “Es deplorable que las personas homosexuales hayan sido y sean objeto de violencia de palabra o de obra. Tal tratamiento merece la condena de los pastores de la iglesia donde quiera que ocurra”. ¿Creemos en esa Declaración de la Congregación de la Doctrina de la Fe?

¿Qué puede hacer una parroquia para ser más acogedora y respetuosa? ¿Cómo podemos tratar a personas LGTBI con las virtudes que el Catecismo recomienda: Respeto, compasión y sensibilidad? Déjenme sugerir 10 ideas:

1. Examina tus propias actitudes hacia la personas LGTBI

¿Crees que alguien es pecadora porque es lesbiana o está más inclinada al pecado que una mujer heterosexual? ¿Consideras a los padres de un adolescente gay “responsables” de su orientación? ¿Crees que una persona es transgénero solo porque está “de moda”? Aquí hay otra pregunta: si no se te han acercado, y no conoces o conoces muy pocas personas LGTBI, ¿te has preguntado por qué será?

Del mismo modo, ¿los estás discriminando en tu corazón? ¿Por ejemplo, aplicas a la comunidad LGTBI los mismos estándares que a la comunidad heterosexual? Con las personas LGTBI tendemos a centrarnos en si se ajustan por completo a las enseñanzas de la Iglesia sobre la moralidad sexual. Entonces, ¿estás haciendo lo mismo con los parroquianos heterosexuales, con aquellos que cohabitan antes de casarse o practican el control de la natalidad? Sé consistente respecto a aquéllos cuyas vidas se escruta. Los pastores suelen ser más comprensivos con las situaciones complejas de personas heterosexuales porque las conocen. Por ejemplo, aunque Jesús condena el divorcio directamente, la mayoría de las parroquias dan la bienvenida a las personas divorciadas. ¿Tratamos a las personas LGTBI con la misma comprensión?

¿Qué puedes hacer respecto a estas actitudes? Sé honesto al respecto. Pero también infórmate acerca de los hechos, no de los mitos, acerca de la orientación sexual y la identidad de género, de fuentes científicas y científico-sociales, no de rumores, o de sitios web desinformados y homofóbicos. Luego, habla con Dios y con tu director espiritual acerca de tus sentimientos y sé abierto a la respuesta de Dios. Invita a tu equipo pastoral a hablar acerca de sus sentimientos y experiencias. Esto lleva al siguiente paso.

2. Escúchalos

Escucha las experiencias de católicos LGTBI y sus padres y familias. Si no sabes qué decir, podrías preguntar: “¿Cómo fue crecer como un chico gay en nuestra Iglesia?”. “¿Cómo es ser una lesbiana católica?”. Y una pregunta importante, “¿cómo es ser una persona transgénero?”. Todavía sabemos poco sobre la experiencia transgénero, así que debemos escuchar. Invita a los padres de un niño LGTBI para hablar con su equipo pastoral. Pregúntales: “¿Qué se siente al tener un hijo gay?”, “¿cómo la Iglesia te ha ayudado o te ha herido?”, “¿cómo ha cambiado tu comprensión de Dios?”. Y presta atención a lo que dicen. Con ese fin, estén atentos al lenguaje que ellos dicen que les parece ofensivo e innecesariamente dañino: “Sodomía”, por ejemplo. Los nombres, las palabras y la terminología tienen importancia.

En general, ya sea que ustedes estén participando en una pastoral tal como un programa de sensibilización LGTBI o si se están reuniendo con personas LGTBI, individualmente, comiencen a escuchar sus experiencias. Para ese fin, confía en que el Espíritu Santo los guiará en su formación como cristianos. No tratamos a otros católicos simplemente repitiendo las enseñanzas de la Iglesia sin considerar sus experiencias vividas. Así que evite hacer eso con la gente LGBTI. Observa cómo Jesús trató a las personas marginadas: por ejemplo, cómo trató a la mujer samaritana. ¿La castiga por haberse casado varias veces y vivir con alguien? No. En cambio, Jesús la escucha y la trata con respeto. Así que sé como Jesús: escucha, encuentra, acompaña. Si la Iglesia escuchara a las personas LGTBI, el 90 por ciento de la homofobia y el prejuicio desaparecerían.

3. Reconoce su existencia en las homilías

Las personas LGTBI nunca deberían ser degradadas o humilladas desde el púlpito, y nadie debería hacerlo. Tan solo mencionarlos puede ser un paso adelante. Algunas veces, en las homilías diré: “Dios nos ama a todos, ya sea que seamos viejos o jóvenes, ricos o pobres, heterosexuales o L.G.B.T.” Incluso algo tan pequeño como eso puede enviar una señal. Eso también envía una señal a sus padres y abuelos, hermanos y hermanas, tías y tíos. Puede que no creas que tienes gente L.G.B.T. en tu parroquia. Pero ciertamente tienes padres y abuelos de gente L.G.B.T. Tú tienes personas que aman a personas L.G.B.T. en tu parroquia. Recuerda que cuando estás hablando acerca de personas L.G.B.T. estás hablando acerca de sus hijos.

4. Discúlpate con ellos

Si los católicos LGTBI o sus familias han sido lastimados en nombre de la Iglesia por comentarios y actitudes y decisiones homofóbicas, discúlpate. Y aquí estoy hablando a los ministros de la Iglesia. Fueron perjudicados por la Iglesia, tú eres un ministro de la Iglesia. Puedes disculparte. Eso no resuelve todo, pero es un comienzo.

5. No reduzcas a los gays y lesbianas a un llamado a la castidad

Las personas LGTBI son más que sus vidas sexuales. Pero a veces eso es todo lo que oyen. Recuerda no enfocarte únicamente en la sexualidad sino en las muchas otras alegrías y tristezas en sus vidas. Ellos llevan vidas ricas. Muchos católicos LGTBI son padres o están cuidando a padres que envejecen; muchos ayudan a los pobres en su comunidad; muchos están involucrados en organizaciones cívicas y caritativas. A menudo están profundamente involucrados en la vida de la parroquia. Vélos en su totalidad. Y si hablas de castidad con gente LGTBI, hazlo tanto cuanto lo haces con personas heterosexuales.

6. Inclúyelos en los ministerios

Como lo mencioné, hay una tendencia a enfocarse en la moralidad sexual de los feligreses LGBTI, lo que es erróneo, porque primero, a menudo no tienes idea de cómo son sus vidas sexuales; y, en segundo lugar, incluso si fallan, no son los únicos. Como resultado, las personas LGTBI pueden sentir que tienen que ser deshonestas acerca de quiénes son y que ellos no tienen lugar en las pastorales. Como todos los demás en tu parroquia que no están a la altura de los Evangelios –que somos todos–, las personas LGTBI deben ser invitadas a los ministerios y pastorales parroquiales: ministros de la eucaristía, ministros de música, lectores, ministerio para duelo y todos los ministerios y pastorales. Por cierto, al no darles la bienvenida, la Iglesia pierde sus dones. Simplemente irán a donde sean bienvenidos, a donde puedan traer su ser completo. Además, pedírselo a alguien que toda su vida se ha sentido excluido(a), puede cambiarle la vida.

7. Reconoce sus dones individuales

No solo debemos reconocer los dones que las personas LGTBI ofrecen en la Iglesia como un grupo, sino que sus dones individuales debieran ser valorados. Por ejemplo, uno de los miembros del coro en mi parroquia jesuita es un hombre gay. Él es amable y compasivo, y su hermosa voz lo ha convertido en una parte esencial de nuestra alabanza durante 20 años. Probablemente tengas personas similares en tu parroquia. Recuerda lo importante que es reconocerlos, alabarlos, enaltecerlos. ¡No escondas la luz debajo del celemín!

8. Invita a todo el personal de la parroquia a darles la bienvenida

Puedes tener un pastor acogedor, pero ¿y qué hay de todos los demás? ¿Sabe la persona que está contestando el teléfono qué decirle a una pareja lesbiana que desea bautizar a su hijo? En los funerales, ¿se trata a los hijos adultos homosexuales del fallecido con el mismo respeto que a los demás hijos? ¿Qué hay del maestro en una escuela parroquial que tiene dos padres que asisten a una conferencia de padres y maestros? ¿Cómo trata un diácono al padre de un homosexual que acaba de morir y que quiere un funeral para su hijo? ¿Los católicos homosexuales y lesbianas son bienvenidos en los grupos de duelo cuando un compañero muere? ¿Está tu parroquia abierta a los hijos de todas las parejas, no solo de las parejas heterosexuales? ¿Los niños de parejas lesbianas y homosexuales son bienvenidos en las escuelas parroquiales, programas educativos y programas de preparación a los sacramentos? ¿Está educado tu personal parroquial en la gama completa de la enseñanza de la Iglesia acerca de la no discriminación y la divulgación pastoral?

La voz de tu parroquia no es solo la voz de tu pastor, sino la de todos. Piénsalo de esta manera: al no dar la bienvenida y excluir a católicos LGTBI, la Iglesia no cumple con su llamado a ser la familia de Dios. Al excluir a las personas LGTBI, estás rompiendo la familia de Dios. Estás destrozando el Cuerpo de Cristo.

9. Desarrolla un programa de divulgación

Como todos, los católicos LGTBI quieren sentirse que son parte de la Iglesia. Y, como para con todos sus hijos, la responsabilidad de la Iglesia es invitarlos a formar parte de la comunidad. Pero para muchas personas LGTBI, la Iglesia no ha sido un lugar de bienvenida. De tal manera, los eventos y programas de sensibilización LGTBI son útiles para tender puentes entre tus intenciones y sus sospechas.

En cuanto a los eventos, hay muchas posibilidades: se puede ofrecer una misa de bienvenida, un retiro de fin de semana, un día de reflexión, un club de lectura o un conferencista. Y las conferencias no tienen que centrarse únicamente en asuntos LGTBI. Es decir, patrocina a un conferencista para que hable con feligreses LGTBI sobre la oración. O muestra un video sobre un tema sobre el que la gente necesita información, tal como la experiencia de las personas transgénero. Y una vez más, ese tema, las personas transgénero, es algo que la Iglesia necesita aprender porque la sociedad en general todavía está aprendiendo.

Respecto a los programas de sensibilización LGTBI, hay muchos modelos. Van desde programas donde personas LGTBI hablan entre sí de manera privada hasta aquellas en las que feligreses LGTBI se reúnen con otros feligreses; a programas de educación sobre la enseñanza de la Iglesia; hasta enfoques más holísticos donde el grupo no se enfoca en la sexualidad sino en otras preguntas a las que las personas LGTBI se enfrentan; a grupos familiares para padres; a grupos que alcanzan hasta la comunidad LGTBI en el área, como trabajar en albergues para la juventud LGTBI; a lo que se podría llamar programas de “integración”, en que la parroquia incluye tópicos LGTBI como un elemento entre muchos en la parroquia: en los programas de educación de adultos, de justicia social y en la pastoral juvenil. Todo esto depende de tu parroquia.

El año pasado, la parroquia jesuita donde celebro la misa, llamada, como era de esperar, San Ignacio de Loyola, patrocinó una noche de intercambio de historias. Seis miembros de nuestra parroquia se reunieron, tres hombres gay, la madre de un niño gay, el padre de un niño gay y su hijo adolescente gay, para hablar de sus vidas. Compartir historias de alegrías y penas fue sanador para ellos y para toda la parroquia. ¿Por qué fue sanador para ellos? Imagínate pensar toda tu vida que no eres parte de la Iglesia y que luego te piden que hables sobre tus experiencias. Y sanador para el resto de la parroquia, porque nos unió a todos de una manera que difícilmente podríamos haber imaginado.

10. Aboga por ellos

Sé profético. Hay muchas ocasiones en que la Iglesia puede proporcionar una voz moral para esta comunidad perseguida. Y no estoy hablando de temas candentes como el matrimonio entre personas del mismo sexo. Estoy hablando de incidentes en países donde los homosexuales son acorralados y encarcelados o incluso ejecutados por ser homosexuales y las lesbianas son violadas para “curarlas” de sus orientaciones sexuales. En esos países, los temas LGTBI son temas vitales. En otros países, puede ser reaccionando ante incidentes de suicidios de adolescentes o ante crímenes de odio o intimidación. Hay muchas oportunidades para que las parroquias solidaricen con las personas LGTBI que están siendo perseguidas”.

*Extracto de la conferencia del Encuentro Mundial de Familias en Dublín, Irlanda, el 23 de agosto de 2018.

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