Iglesia y Sociedad,Pascua

Pregón pascual 2006

17 Abr , 2006  

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17 de Abril de 2006

Raúl H. Lugo Rodríguez

Hoy es quince de abril, ya son las once. Nunca la luna estuvo más radiante. Jamás su luz resplandeció en la noche con tal intensidad. Esta noche es noche que da día. Florida es esta pascua en primavera.

Ayer veíamos a un cordero triste, llevado brutalmente al matadero como un reo de muerte. Pero hoy la noche se viste de mañana. Abrimos nuestra risa y nuestro canto igual que un abanico. Si tenemos coraje, escucharemos cómo se mece en el viento una noticia, una ancestral noticia siempre nueva: la pascua es hoy victoria, Jesús es nuestra aurora amanecida en mitad de la noche, es su resurrección una promesa de vida nueva y de hermandad posible.

Pero la vida nueva no es asunto de futuros lejanos. He visto ya, con los ojos nublados por el llanto, dignos renacimientos. Algo distinto crece entre las sombras, igual que una semilla criolla entre transgénicos.

Frente a la canallada de los legisladores, que entregaron la patria a dos televisoras y vendieron su honra por un par de monedas, hay una radio oculta, marginal, clandestina, que toma su destino entre las manos y ocupa la frecuencia que una ley ilegítima le quita. Nunca la música tuvo notas tan claras ni las noticias fueron tan verdaderas. Cuando el pueblo despierta, no hay senado que valga. Crece la libertad como los hongos: eso es resurrección aquí y ahora.

Mariela vivía ayer en las márgenes del miedo. En la colonia Sambulá su casa era hogar de violencia. Ayer dijo ya basta: nunca más un amor que justifique golpes, palabras que lastimen o desprecios que hieran. Puede mirar ahora sin vergüenza los ojos de su prole. Ya no renunciará a ser ella misma por temor a una herida. Crece la dignidad como flor nueva: eso es resurrección aquí y ahora.

Ramiro habita en la crujía Equis. La cárcel es su casa desde hace siete años. Mira pasar la droga, veneno tolerado y promovido, sabe cuándo se vende, dónde y en qué momentos. No hay en estas paredes, húmedas y agrietadas, atisbos de esperanza. La violencia carcome los sentidos. La ausencia de programas se comprende: la droga es gran negocio que llena los bolsillos y mantiene quietos a los rebeldes. Ramiro habla en pasado: “fui adicto, dice, hace ya casi un año que me mantengo limpio; lo he logrado solito, a despecho de guardias y custodios; me acordé cuando, afuera, iba a sesión de alcohólicos: solamente por hoy, y así ha pasado el tiempo”. Crece la gallardía en la mazmorra: eso es resurrección aquí y ahora.

Podría multiplicarles los ejemplos, pero temo aburrirles. Bastaría abrir los ojos y notar que la resurrección llega cantando como lluvia temprana, como un anticipado chubasco refrescante. Se llama resistencia y ojos limpios, dignidad y trabajo y mariposa. Tiene por nombre libertad y esperanza, democracia de abajo y a la izquierda, autonomía, hermandad, luz multiforme. Viene rompiendo muros de ignominia y echando abajo leyes fraudulentas, tanto en París como en las avenidas de cada ciudad gringa, en las calles de una colonia al sur de Mérida o en una celda oscura del Cereso.

Mucho más que en un cambio de gobierno, yo creo en la resurrección.

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