Iglesia y Sociedad

Una arzobispa para Lyon

26 Jul , 2020  

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Desde el 18 de marzo de 2019 el Cardenal Philippe Barbarin se apartó temporal y voluntariamente del arzobispado de Lyon, donde ejerció el episcopado desde el 16 de julio de 2002. Terminaba 17 años de conducir la iglesia de Lyon envuelto en el escándalo debido a acusaciones vertidas en su contra por haber encubierto los abusos sexuales del sacerdote Bernard Preynet, quien ha aceptado los delitos que se le imputan y está a la espera de sentencia.

Un mes antes de su retiro, Barbarin había sido condenado a seis meses bajo libertad condicional y, tras una apelación, fue finalmente absuelto de todos los cargos por un tribunal de la Corte Penal de Lyon el 30 de enero de 2020. El 6 de marzo de 2020, el Vaticano aceptó la dimisión formal del Cardenal francés, de 69 años de edad. Desde ese momento, la sede de la arquidiócesis de Lyon está formalmente vacante.

El pasado 25 de mayo la teóloga Anne Soupa, de 73 años, ha presentado ante el Nuncio del Papa en Francia su candidatura formal a ocupar el arzobispado de Lyon. Sabe que sus posibilidades son mínimas, por no decir nulas, de ocupar ese cargo. La legislación de la iglesia, el famoso Derecho Canónico, no contempla esta posibilidad, y ya se sabe que para muchos jerarcas el Derecho Canónico puede llegar a estar a la altura misma, si no es que más alto aún, del Evangelio. A pesar de todo, esta mujer católica, casada, biblista y escritora, ha decidido desafiar la normalidad intraeclesiástica con este gesto novedoso.

Después de tres obispos que decidieron permanecer ciegos ante los abusos contra niños, cometidos por el presbítero y pederasta Bernard Preynet durante diez años, sin que ninguno de ellos interviniera (Preynet abusó de decenas de scouts de 1971 a 1991), la apuesta por una mujer suena mejor que nunca porque es como una bola de billar en la mesa de carambola: un solo golpe de bola deja en evidencia muchas problemáticas que a veces no queremos ver.

La primera es el hecho de que la iglesia a la que pertenecemos, la iglesia católica, es una de las pocas instituciones de orden mundial que permanece, contumaz, manteniendo en la exclusión a las mujeres, especialmente en el ámbito de las tomas de decisiones. Los sínodos o reuniones episcopales son un magnífico retrato de la manera como se conduce la iglesia en su gobierno interno: una reunión exclusiva de varones célibes. De repente, en algún rincón, descuella una mujer, religiosa o laica, y cuando uno está a punto de alegrarse de este minúsculo signo de inclusión viene a enterarse de que las mujeres tendrán voz, pero no voto, en la asamblea eclesiástica. Esta conformación exclusivamente masculina de los órganos de conducción en la iglesia es una mala noticia en los tiempos que vivimos. Una institución que insiste en mantenerse gerontocrática y machista está condenada a vaciarse de sentido.

La segunda problemática que pone de manifiesto la irrupción de Anne Soupa y su candidatura es el hecho de que, no solo en el plano eclesiástico, las mujeres siguen situadas en un ámbito de desventaja ante los varones. Muchas veces la discusión sobre la capacidad de una persona para desempeñar un cargo, sea cual sea su género, es imposible de darse porque las mujeres resultan eliminadas precisamente por ser mujeres –por default, diríamos en lenguaje deportivo. Valorar con mesura si Anne Soupa puede garantizar una conducción más evangélica de la iglesia de Lyon es imposible, si no se quiebra primero el esquema de desigualdad que, ya con argumentos sociológicos o con argumentos espirituales, seguimos sosteniendo en la iglesia y en la sociedad.

En una reciente entrevista concedida a la periodista Franciska Broich, de la agencia alemana de noticias KNA, Anne Soupa pone el dedo en la llaga: “El Papa Francisco, dice, pidió más medidas en la lucha contra el clericalismo. También pidió una mejor distinción entre funciones administrativas y sacramentales. El liderazgo de una diócesis también incluye tareas espirituales. Estas también pueden ser realizados por laicos, hombres o mujeres. La Iglesia en Francia, hasta ahora, no ha tomado ninguna medida contra el clericalismo. Nuestra iglesia simplemente sigue con el mismo modelo, a pesar de que no funciona”.

Las palabras de la teóloga y biblista podrían extenderse a otras geografías. Episcopados de todos los países se pronuncian contra el clericalismo… pero no mueven un dedo por acabarlo. La contumacia llega al grado que, incluso en campos donde el laicado tiene, en función de su misión propia, una palabra indispensable, las decisiones siguen siendo tomadas por el clero. Pongamos, por ejemplo, la pastoral social. Hace cerca de tres años que colaboro en la dimensión de fe y compromiso social de la comisión de pastoral social de la arquidiócesis de Yucatán. En las juntas mensuales en las que se toman las decisiones el número de laicos es exiguo en relación con el número de presbíteros. ¿Mujeres? Llevo tres años. Hasta hoy no he visto a ninguna.

Una tercera problemática que saca a la luz la candidatura de Anne Soupa es la distinción entre gobierno y orden sagrado. Regularmente justificamos la exclusión de las mujeres del ámbito de la toma de decisiones en la iglesia porque sostenemos que tal función está intrínsecamente ligada al sacramento del orden sacerdotal. Como el ministerio ordenado es algo vedado a las mujeres, luego entonces su exclusión del ámbito de gobierno y del servicio de la conducción queda divinamente establecida. Así reza el Derecho Canónico.

No es Anne Soupa, desde luego, la primera teóloga que se opone a esta invención justificadora, aunque es ella quien la expresa con puntual nitidez: “Si mi candidatura está prohibida por el Derecho Canónico es simplemente porque soy una mujer, y las mujeres no pueden ser sacerdotes. Y, según el Derecho, solo los sacerdotes, cuando se convierten en obispos, pueden dirigir la iglesia católica”. Esta falacia ha sido rebasada ya, en la práctica, aunque nos resistimos a aceptar el calado de las audaces vanguardias eclesiásticas. No solamente hay parroquias que cuentan con una mujer al frente, me refiero a párrocas con nombramiento oficial, aquí mismo en México y en países de misión, sino que la diócesis de san Cristóbal de Las Casas, desde tiempos de don Samuel Ruiz, JTatic Samuel, tiene al frente de la cancillería diocesana a una mujer.

Anne Soupa no quiere ser ministra ordenada. Quiere participar en la conducción de la iglesia y en el nivel de toma de decisión que ha sido sistemáticamente negado a las mujeres. En esta posición conciliadora, en la que los ministros ordenados retienen las funciones sacramentales, Anne deja sin argumentos a quienes se cierran a la inclusión de las mujeres en el gobierno de la iglesia escudándose en que ellas no pueden ser presbíteras. No me extiendo más en este punto porque ella misma lo explica en su declaración oficial que viene al final de estas líneas.

La decisión de Anne Soupa me parece un grito profético y una bocanada de aire fresco. El pasado 22 de junio celebramos la fiesta de santa María Magdalena. Fue el día escogido por un grupo de mujeres que, asumiendo el reto planteado por Anne Soupa, han hecho una declaración que sacude la estructura eclesial europea. Puede consultarse en: https://www.religiondigital.org/mundo/mujeres-postulan-iglesia-apertura-igualdad-nuncia-obispa-sacerdotes-vaticano_0_2252174768.html

El debate está abierto. ¿Participaremos en él con entusiasmo? ¿Habrá posicionamientos más locales y menos eurocéntricos en las iglesias de nuestro continente? ¿Es esta la (¿última?) oportunidad para que bautizados y bautizadas revisemos creativamente el lugar de las mujeres en la iglesia? Preguntas que lanza al viento una mujer de 73 años, en la lejana Francia, pero que llegan al corazón de una iglesia que se rehúsa a renunciar a su estructura patriarcal.

Les dejo aquí la declaración oficial de Anne Soupa. Al final pongo el texto original en francés, no sea que mi traducción termine siendo traición.

¿Por qué me estoy postulando para Arzobispa de Lyon?

Constatando que en 2020, en la iglesia católica, ninguna mujer conduce una diócesis, ninguna mujer ha sido ordenada sacerdote, ninguna mujer es diaconisa, ninguna mujer vota en las decisiones de los sínodos,

Considerando que excluir a la mitad de la humanidad es, no solamente contrario al mensaje de Jesucristo, sino que es también dañino para la iglesia, porque mantiene un ambiente propicio para la comisión de abusos

Considerando que no soy una extraña, ni un aparato para adornar corredores, sino que he estado actuando en mi iglesia por más de 35 años, trabajando en el campo como biblista, teóloga, periodista, escritora, presidenta durante ocho años de la Conferencia de los Bautizados y bautizadas, y actualmente presidenta del Comité de las Faldas,

Todo ese me autoriza como capaz para presentar mi candidatura al título de Obispa. Todo lo anterior me legitima. Todo eso me lo prohíbe también.

Si mi candidatura está prohibida por el Derecho Canónico es simplemente porque soy una mujer, y las mujeres no pueden ser sacerdotes. Y, según el Derecho, solo los sacerdotes, cuando se convierten en obispos, pueden dirigir la iglesia católica.

Considerando que decir “no” a esta prohibición es para mí un deber, tanto ante la iglesia a la cual amo, como ante todos los católicos y católicas, de quienes soy hermana,

Considerando que es mi responsabilidad ser “servidora de la Palabra” y dar razones de la esperanza que me habita,

Me atrevo, por tanto, a postularme a un cargo de gobierno dentro de la iglesia católica.

Algunos dirán que este gesto es una locura. Pero lo que es una locura es que este gesto suene loco cuando no lo es. ¿Es que acaso hay solamente un modelo para ser obispo, el de un varón célibe y anciano y vestido de negro? ¡Ganaríamos tanto si ofreciéramos al mundo un rostro distinto!

Considerando que ser sacerdote es una cosa, y gobernar es otra, y que dos Papas han declarado ya la cuestión del acceso de las mujeres al sacerdocio como un asunto cerrado, pero que el Papa Francisco ha pedido a los teólogos hacer las debidas distinciones entre sacerdocio y gobierno, en orden de hacer un espacio de participación para las mujeres,

Constato, sin embargo, que nada se ha hecho al respecto en siete años. ¿No podría ser mi candidatura una respuesta al llamado del Papa Francisco?

Que para gobernar una diócesis se requiera que uno sea sacerdote es solamente porque el derecho Canónico lo ha decidido así. ¡Pero la función de obispo existe desde mucho antes que el Derecho Canónico! Los Doce acompañantes de Jesús no eran sacerdotes. Pedro mismo estaba casado. Desde la más remota antigüedad el obispo (el “epíscopos”) era un vigilante, un protector y supervisor que observaba y velaba por la cohesión y de la rectitud doctrinal de un conjunto de comunidades cristianas. ¿Acaso no puede una persona laica desempeñar y garantizar el cumplimiento de esa misión?

¿Qué por qué aspirar a ser obispa de Lyon? Porque en Lyon cuatro obispos sucesivos, los monseñores Decourtray, Bilé, Balland y Barbarin, han fallado en su tarea primordial, que es la protección de sus comunidades. Los pastores dejaron que los lobos entraran en el rebaño y los predadores se fueron tras los más débiles y pequeños. ¿Cómo puede restaurarse la legitimidad del cuerpo episcopal? ¿Cómo podrán los católicos de Lyon, laicos y presbíteros, que aspiran a una palabra de verdad y de libertad en una comunidad unida, volver a tener confianza?

¿Qué por qué hago esta solicitud ahora? Porque la iglesia católica continúa alimentando un clericalismo que ha sido denunciado por el Papa: abusos de todas clases, sacralización del sacerdocio, espíritu de división…

Sabiendo y considerando todas estas cosas, me postulo para la Arquidiócesis de Lyon, no por mi sola voluntad, sino porque algunas personas cercanas a mí me han animado a hacerlo.

Espero que mi enfoque sea útil para todas las mujeres, que el día de hoy se ven señaladas y restringidas en su deseo de asumir responsabilidades.

Yo las invito, por tanto, a que se postulen dondequiera que se sientan llamadas, ya sea para ser obispas o para cualquier otra responsabilidad que actualmente les esté prohibida.

ORIGINAL EN FRANCÉS

Pourquoi je suis candidate à être archevêque de Lyon ?

Constatant qu’en 2020, dans l’Église catholique, aucune femme ne dirige aucun diocèse, aucune femme n’est prêtre, aucune femme n’est diacre, aucune femme ne vote les décisions des synodes,

Considérant qu’exclure la moitié de l’humanité est non seulement contraire au message de Jésus-Christ, mais porte tort à l’Église, ainsi maintenue dans un entre soi propice aux abus,

Considérant que je ne suis ni une inconnue, ni une apparatchik de couloir, mais que j’agis dans mon Église depuis plus de 35 ans, sur le terrain, comme bibliste, théologienne, journaliste, écrivain, présidente pendant 8 ans de la Conférence des baptisé-es, et présidente actuelle du Comité de la jupe,

Tout m’autorise à me dire capable de candidater au titre d’évêque, tout me rend légitime. Or, tout me l’interdit.

Si ma candidature est interdite par le droit canon, c’est tout simplement parce que je suis une femme, que les femmes ne peuvent être prêtres et que seuls les prêtres, en devenant évêques, dirigent l’Église catholique.

Considérant que dire « non » à cette interdiction m’est un devoir, à la fois pour cette Église que j’aime et pour l’ensemble des catholiques dont je suis la sœur,

Considérant qu’il est de ma responsabilité d’être « serviteur de la Parole » et de rendre compte de l’espérance qui est en moi,

J’ose donc me porter candidate pour occuper une charge de gouvernement dans l’Église catholique.

Certains diront que ce geste est fou ; mais ce qui est fou, c’est que cela paraisse fou alors que cela ne l’est pas. N’y aurait-il qu’un seul modèle d’évêque, celui d’un homme célibataire, âgé et tout de noir vêtu ? Pourtant, quel gain ce serait d’oser offrir d’autres visages à cette fonction !

Considérant par ailleurs, qu’être prêtre est une chose, et que gouverner en est une autre, que deux papes ont déclaré close la question de l’accès des femmes au sacerdoce, mais que le pape François a demandé aux théologiens de mieux distinguer prêtrise et gouvernance afin de faire une place pour les femmes,

Je constate que rien n’a été fait en ce sens depuis 7 ans. N’y aurait-il que ma candidature à répondre à l’appel du pape ?

Gouverner un diocèse ne requiert d’être prêtre que parce que le droit canon en a décidé ainsi. Mais la fonction d’évêque existait bien avant le droit canon ! Les Douze compagnons de Jésus n’étaient pas prêtres, Pierre était même marié. Depuis la plus haute antiquité, l’évêque (l’« épiscope ») est un surveillant, un protecteur qui observe et veille sur la cohésion et la rectitude doctrinale d’un ensemble de communautés. En quoi un laïc ne pourrait-il pas assurer cette fonction ?

Pourquoi candidater à Lyon ? Parce qu’à Lyon, quatre archevêques successifs, Mgrs Decourtray, Bilé, Balland, Barbarin, ont faili dans leur tâche première, celle de protéger leurs communautés. Les bergers ont laissé les loups entrer dans la bergerie et les prédateurs s’en sont pris aux petits. Comment aujourd’hui redonner une légitimité au corps épiscopal ? Comment les catholiques du diocèse de Lyon, laïcs et prêtres, qui aspirent tous à une parole vraie, libérée, dans une communauté soudée, pourront-ils de nouveau faire confiance ?

Pourquoi candidater maintenant ? Parce que l’Église catholique continue à nourrir un cléricalisme pourtant dénoncé par le pape : abus en tous genres, sacralisation du prêtre, esprit de division

Sachant et considérant toutes ces choses, je me porte candidate à l’archevêché de Lyon, non de mon propre chef, mais parce que certains de mes proches m’y ont conduit.

Ma démarche, je l’espère, sera utile pour toutes les femmes qui, aujourd’hui, sont assignées et bridées dans leur désir de responsabilités.

Je les invite donc à candidater partout où elles se sentent appelées, que ce soit à devenir évêque ou à toute autre responsabilité qui leur est aujourd’hui interdite

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