Iglesia y Sociedad

La aplicación del principio precautorio en México

9 Jun , 2022  

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Palabras pronunciadas en la presentación del libro de la Lic. Lourdes Medina Carrillo, en Homún, el 8 de junio de 2022

Ficha bibliográfica: MEDINA Lourdes, La Aplicación del Principio Precautorio en México (Ed. Tirant Lo Blanche, CDMX 2022) 197 páginas. ISBN: 978-84-113-125-4

Introducción

Los términos legales son, a veces, difíciles de digerir. Cuando escuchamos expresiones como “juicio de amparo”, “tesis jurisprudenciales”, “convenios y declaraciones internacionales” nos parece que entramos a un terreno de especialistas, minado a cada paso con palabras y conceptos que hemos de buscar en los diccionarios o investigar en las bibliotecas jurídicas. Nos ocurre lo mismo que cuando estamos en la consulta con un médico especialista y sus explicaciones nos dejan aún más ignorantes de lo que entramos, porque los términos que usa para “aclararnos” las cosas son más complicados de lo que imaginábamos. Y, sin embargo, ahí estamos en la consulta. Y la razón es muy simple: tenemos una enfermedad y queremos curarnos. Si para eso debemos aguantar la jerga ininteligible de un doctor, pues lo hacemos, porque lo que nos interesa es sanar.

La Lic. Lourdes Medina nos entrega hoy un libro sobre la aplicación del principio precautorio en México. A quienes no somos especialistas en leyes este título no nos dice gran cosa. Pero nuestras antenas afinan su sensibilidad cuando nos enteramos de que, lo que este libro plantea, es una herramienta jurídica que ha sido especialmente útil para sostener la lucha que el pueblo maya de Homún lleva desde hace ya varios años en la defensa del agua, de los cenotes y del sagrado derecho que las y los pobladores tienen a determinarse libremente, es decir, a decidir por ellos mismos qué tipo de vida quieren llevar y a defender los recursos que la Madre Tierra les brinda. Por eso es que la presentación se hace en este lugar, el Cenote Santa Rosa, en pueblo maya de Homún, Yucatán, donde los Kana’an Dzonot nos han dado ejemplo de perseverancia en la lucha y por ello son reconocidos en todo el mundo.

El principio precautorio es, pues, la medicina que la Lic. Lourdes nos ofrece hoy en su libro. Pero, como ocurre con los medicamentos, lo que nos importa a nosotros no es cuáles son las sales que componen la medicina o cuál es el laboratorio que lo produce, sino si nos cura de nuestra dolencia. La demostración de que una medicina sirve, es útil, es que el enfermo recupere su bienestar o experimente, al menos, una mejoría.

Por eso creo que este libro, la medicina jurídica que Lulú nos ofrece, con todo lo complicado que pueda parecernos, sólo se valora cuando nos queda claro cuál es la enfermedad que está atacando y cuál es la manera en la que opera para realizar la curación.

La enfermedad

Una primera dolencia, especialmente presente en nuestro país, es la falta de respeto a los pueblos originarios. México se ha conformado, a lo largo de los siglos, a partir de la negación de sus raíces. Las referencias al pueblo maya suelen ser para el interés turístico: el pueblo que construyó las pirámides de Uxmal y Chichén Itzá, los sabios astrónomos que hicieron uno de los calendarios más exactos de la antigüedad, los matemáticos que inventaron el cero… todas ellas realidades referidas a un pasado lejano. Todavía hoy, si entramos a google en el teléfono, y escribimos “extinción de los mayas”, encontramos más de medio millón de coincidencias en la red.

Pero no es sólo esta idea turística de un pasado que ha desaparecido, y que ignora a los mayas que hoy habitan estos territorios, la enfermedad que enfrentamos, sino también las decisiones, tomadas desde altas esferas gubernamentales de distintas épocas, de construir una convivencia social que desdeña su raíz, que nos quiere a todos “mexicanos”, pero a costa de dejar de ser mayas, o rarámuris, o purépechas, o tseltales. El ideal, repetido en los libros de texto, machacado en la propaganda de los gobiernos, es ser una nación en la que solamente haya ciudadanos y se diluyan los pueblos. Una sola nación, y no un Estado que reconozca y defienda las diferentes naciones que conformamos este país.

Para esta primera enfermedad hay una cura: la libre determinación de los pueblos, reconocida en la Constitución de la República, pero obstaculizada en la práctica por los gobiernos que deberían defenderla. Una muestra, así sea pequeña e imperfecta, ha sido la consulta abierta realizada en Homún para determinar la prohibición del establecimiento de una gran fábrica de cerdos que se quería imponer en estos territorios. El pueblo maya de Homún organizó una consulta y el resultado fue una abrumadora mayoría en contra del establecimiento de la mega granja.

Pero hay una segunda enfermedad que compartimos con todos los demás pueblos de la tierra. Se trata de la manera como los seres humanos hemos devastado el planeta en el que habitamos. Tarde nos vamos dando cuenta de que no tenemos otro planeta a disposición, de manera que pudiéramos destruir éste y trasladarnos a uno alternativo. El cambio climático y su consecuencia de calentamiento global, con su secuela de devastadores fenómenos meteorológicos y el modelo industrial de producción y consumo de alimentos, ha venido a acelerar el proceso de autodestrucción en el que la humanidad parece empeñada. Las recientes epidemias, que se derivan de transmisiones de enfermedades de especies animales a seres humanos, han prendido los focos rojos sobre la inviabilidad del actual sistema alimentario industrializado. Y uno de los factores que entran en esta ecuación mortal es el hacinamiento de especies animales en espacios artificiales de reclusión, como las fábricas de cerdos.

Por eso el levantamiento del pueblo de Homún en defensa de sus cenotes ha tenido tanto impacto, porque pone el dedo en una llaga sangrante, no solamente en México y América Latina, sino en todo el planeta: si no protegemos nuestra Casa Común, si no favorecemos el cuidado del agua y de los demás recursos naturales, si continuamos en esta espiral de autodestrucción, la misma sobrevivencia de nuestra especie se encuentra en riesgo. La vida en el planeta continuará, con toda seguridad, pero la presencia de seres humanos será cada vez más difícil y sus condiciones de sobrevivencia serán más precarias.

El remedio

El libro que hoy se presenta pretende ser una herramienta, desde el campo del estudio y la práctica jurídica, que sea útil en responder a esta doble enfermedad que nos aqueja. Para nuestra comprensión, aunque no aborde yo los matices que complejizan la aplicación del principio precautorio, bastará hablar un poco aquí del concepto de prevención. Esta es una palabra que ya forma parte de nuestro lenguaje cotidiano. Decimos, por ejemplo, que es muy importante la medicina “preventiva”, y con eso queremos decir que no hay que esperar tener una enfermedad para medicarse y tratar de recuperar la salud, sino que lo importante es no enfermarse. Para ellos es que se habla de prevenir, es decir, de tratar de antemano de no enfermarse.

La prevención tiene un doble efecto. Por un lado, parte del principio de que el estado ideal de las personas es estar sanos y sanas. La enfermedad es, desde luego, inevitable. Sería muy difícil que alguien viviera toda su vida sin enfermarse. Pero quien vive enfermo todo el tiempo sabe que ese no es su estado ideal. Algo dentro de nosotros nos dice que estamos hechos para vivir en salud y que la enfermedad no es un estado natural y nos hace mucho daño.

Podemos prevenir algunas enfermedades que son causadas, por ejemplo, por los cambios de clima. Por eso en nuestras casas nos recomiendan salir abrigados en días de frío o cambiarnos la ropa si nos hemos mojado con la lluvia. Estas acciones pueden considerarse preventivas porque están destinadas a que no nos enfermemos, a evitar la enfermedad.

Pues bien, nuestro planeta está enfermo. La actividad humana, sobre todo cierto tipo de actividad humana, está echando a perder el clima y está arriesgando la supervivencia de muchas especies. La deforestación, la emisión de gases de efecto invernadero y la industrialización del proceso de elaboración y distribución de alimentos, que ha hecho que la alimentación deje ser un derecho humano para convertirse en una mercancía que persigue solamente el lucro, son algunas de las causas de esta espiral de degradación del medio ambiente.

Es en este marco que se aplica el principio precautorio como una medicina que puede ser eficaz para impedir que la enfermedad del planeta continúe. Como bien se señala en el libro de la Lic. Medina, el principio precautorio persigue que:

Con el fin de proteger el medio ambiente, los Estados deberán aplicar ampliamente el enfoque de la precaución de acuerdo con sus capacidades. Cuando haya peligro de daño grave o irreversible, la falta de certeza científica plena no deberá utilizarse como razón para postergar la adopción de medidas coto-efectivas para prevenir la degradación medioambiental

El último caso presentado en el cuarto capítulo de la obra, que se refiere al amparo concedido al pueblo y a la infancia de Homún, nos ilustra cómo este principio llevó a la suspensión de la fábrica de cerdos que se intentaba plantar en este territorio. Esto quiere decir que, aunque no estemos seguros, científicamente hablando, de que los más de 49,000 cerdos contaminen de manera determinante las aguas de Homún, el riesgo es tan grande y, en caso de acontecer, es de tal manera irreversible, que los jueces prefirieron no arriesgarse.

El principio precautorio se ha mostrado como un arma eficaz contra amenazas al medio ambiente. Pero las armas no significan nada si no hay un pueblo que las empuñe. El acompañamiento del equipo Indignación y la aportación de la Lic. Medina apuntan a los responsables de que tal arma se haya usado correctamente: el pueblo y la infancia de Homún. Son ellos los verdaderos héroes y heroínas en esta batalla. Su lucha animará a muchos otros pueblos que están en resistencia y los juicios sobre contaminación de aguas y respeto a la libre determinación ya no serán los mismos después de los triunfos de Homún. Sirva esta presentación para recordarlo y darle honor a quien honor merece.

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