Iglesia y Sociedad

Dios es también mamá

19 Oct , 2009  

Esta entrada ha sido leída 5718veces

Se acerca el cumpleaños número 87 de mi madre. Ella ha sido para mí una de las más claras y seguras señales del amor de Dios en mi vida. Pensando en ella quiero compartir hoy con los pacientes lectores y lectoras de esta columna algunas reflexiones acerca de una perspectiva bíblica poco considerada: la que presenta a Dios como madre.

Comenzaré, para salir al encuentro de quien pueda sentir cierta suspicacia ante un tema tan inusual, refiriéndome a la óptica desde la que hago esta reflexión. Para conocer a fondo a una persona hemos de atender no solamente a lo que dice, sino sobre todo a lo que hace. No basta, por ejemplo, que alguna persona diga que sabe ser buen amigo, falta ver sus acciones, particularmente en los momentos de dolor y de necesidad. Los gestos y las palabras van juntos cuando se trata de conocer a alguien.

Lo mismo ocurre en la revelación que Dios nos va haciendo de su persona y de su rostro. Yo creo que tanto en la primera parte, las Escrituras Judías, como en la segunda, el Nuevo Testamento de Nuestro Señor Jesucristo, debemos fijarnos no solamente en las palabras, sino también en los gestos y las acciones. Solamente así comprenderemos mejor lo que Dios quiere decirnos a través de ellas.

Un texto tiene, normalmente, muchos significados. Comprender lo que leemos depende, en gran medida, de quién es el que lee, qué situación está viviendo, cuáles son sus preocupaciones etc. Cuando hablamos de hermenéutica nos referimos precisamente a la reserva de significado que tiene un texto, reserva que suele ser múltiple y plural. Esta pluralidad de sentidos solamente sale a luz cuando un texto es leído desde perspectivas diferentes.

La cultura judía, como muchas de nuestras culturas, es una cultura patriarcal. Eso no es necesariamente malo, pero puede llevar a que menospreciemos el punto de vista de la mujer y veamos todo con ojos de varón. Así, la mayor parte de los textos bíblicos del Primer Testamento nos habla de Dios como padre, llenándolo de características masculinas: Dios es el fuerte, el poderoso, el providente, el creador, el ordenador, el vengativo, el guerrero, etc.

Sin embargo, la Biblia habla mucho de las mamás. En muchas ocasiones la Biblia, particularmente en los relatos que nos hablan de los patriarcas, retrata la vida familiar, dándonos algunos rasgos que nos permiten descubrir en qué consiste ser madre para el pueblo judío. Les propongo unnos ejemplos:
1. La mujer es fuente de vida. Eva, la primera mujer, recibe ese nombre que significa, precisamente, vitalidad (Gn 3,20).
2. La madre es la que alimenta a sus hijos, la que les da de comer de su propio cuerpo, la que prodiga cuidados. (Gn 21,14-21).
3. La madre posee un sexto sentido, la intuición, para proteger a sus hijos y velar por la realización del plan de Dios (Gn 27,5-13)
4. La madre es reconciliadora en la familia, pone paz entre los hijos y sufre por la división (Gn 27,42-45).
5. La madre es arriesgada, defiende a su hijo aun con el peligro de la propia vida (Ex 2,1-3).
6. La madre es sacrificada, prefiere la vida del hijo que la conservación de su propia vida (1Re 2,16-28)
7. Madre verdadera es la que busca el bien del hijo, no quiere al hijo para sí, sino para el servicio de Dios y el cumplimiento de su misión (1Sam 1,1-18)

Algunos de estos rasgos aparecen a veces en las descripciones que los textos dan de Dios. En estos casos, aunque no se llame a Dios “madre”, se le colocan rasgos que nos ayudan a descubrirlo con sentimientos maternales. Los profetas entendieron muy bien esto y llegaron a referirse a Dios casi directamente con atributos maternos.

Estos textos, sin embargo son poco valorados por los lectores varones y por algunos especialistas porque en ellos los rasgos de Dios no corresponden a la imagen clásica del varón. Pongamos un ejemplo: cuando se habla de cómo mostró Dios su rostro a Moisés, es decir, cómo se le manifestó, se hace referencia comúnmente al texto de Ex 3,1-12 en el que Dios le habla a Moisés en medio de un arbusto en llamas. Dios se presenta como el liberador, que escucha los gemidos de su pueblo y que baja con mano fuerte para luchar a su favor en contra de los opresores de Egipto.

Sin embargo, casi nadie hace referencia a un texto que describe a Dios con otros rasgos “menos masculinos”, podríamos decir. Se trata de Ex 33,18 – 34,7, en el que Moisés le pide a Dios que le muestre su gloria. Dios le responde: “mi rostro no lo puedes ver”, pero le promete que pasará delante de él y le mostrará quién es. La descripción del paso de Dios no puede ser más hermosa. Dios pasa gritando su nombre delante de Moisés, y su nombre no es simplemente “Yo soy el que soy” como en Ex 3,14, sino “Yo soy el Dios compasivo y clemente, paciente, misericordioso y fiel, que conserva la misericordia hasta la milésima generación, que perdona culpas, delitos y pecados…” (Ex 34,6-7).

Por eso creo que sería un punto de partida inadecuado buscar dónde dice la Biblia que Dios es madre. Si obráramos así, quizá nunca encontraríamos un texto que nos fuera útil. Lo que tenemos que hacer es fijarnos en las características maternales con las que Dios es descrito. Otra vez, tenemos que atender más a los gestos significativos que a las palabras.

En el Primer o Antiguo Testamento, un pasaje nos revela la dimensión significativa de la maternidad. Se trata de 1Sam 1,1-18, pasaje en el que Ana solamente recibe de Dios el regalo de la maternidad cuando decide dejar de pedir el hijo para sí misma, y lo ofrece gratuitamente a Dios. La maternidad aparece así como símbolo, acaso el más claro de los símbolos, de lo que significa vivir para los otros. Lo mismo puede decirse de 1Re 3,16-28, el caso de las dos prostitutas y del niño muerto.

Para los cristianos, Jesús es la imagen más clara de quién y cómo es Dios. Por eso no nos extraña que Jesús, aun siendo varón, tenga actitudes que podríamos calificar de “femeninas” e incluso “maternales”. En el Nuevo Testamento Jesús aparece como aquel que ama y que es capaz de dar la vida por sus amigos. Jesús es tierno y misericordioso y concibe su muerte en la cruz como un acto de entrega definitiva. Recomienda perdonar siempre y a toda costa. Algunos gestos suyos, como cuando se describe el misterio de la Eucaristía en el evangelio de san Juan, nos muestran rasgos maternales de Jesús. Lo mismo puede decirse de ciertos ejemplos que Jesús usó para hablar de su propia misión, como el texto de la vid y los sarmientos, que encierra un notable sentido maternal, o el texto en el que Jesús le reprocha a Jerusalén su rechazo y para hacerlo escoge la imagen de una gallina con sus pollitos (Mt 23,37-39)

Muchas cosas más podrían decirse de este tema, pero sobrepasarían las dimensiones de esta columna. Baste por ahora señalar que una lectura desde esta perspectiva de algunos textos del Primer o Antiguo Testamento (Os 11,1-11; Is 49,14-21; Jer 31,15-20) o del Nuevo Testamento (Jn 6,51-57; Jn 8,1-11; Jn 15,9-17) enriquecería nuestra comprensión de Dios y de Jesús y de sus rasgos maternales. Baste esto por ahora para rendir un homenaje a la autora de mis días en su ya cercano cumpleaños.

Esta entrada ha sido leída 5718veces


5 Responses

  1. compadre Raul, resibe un saludo afectuosisimo de quienes te estimamos con todo el corazon. siempre tan interesantes y amenas son las reflexiones sobre todo de mucho probecho para mi en este caso lo entiendo por que soy mama y eso tal cual lo siento en relacion a mis hijos.la familia Sandoval cardona. se une a tan maravilloso acontesimiento. FELICIDADES.

  2. Arturo dice:

    Acá voy a opinar sobre lo que no sé. Sobre el comentario de que no encuentra los rasgos maternales en Ex 3,14. Me parece que efectivamente no es lo que se trata de resaltar sino que viene a ser algo así como el contraste. Reproduzco:

    «…y su nombre NO ES simplemente “Yo soy el que soy” COMO EN Ex 3,14, SINO…»

    Las mayúsculas son mías.

    Y todo el artículo también me pareció interesante y aleccionador. También creo entender que remarca el hecho de que el ser humano total no es ni sólo el hombre ni sola la mujer, sino al contrario.

  3. José Péndulo dice:

    Me pareció un buen artículo, excepto por lo de Ex 3,14. No entiendo en donde están los rasgos maternales. Respecto a Jesús, quizás un texto más significativo es cuando contempla Jerusalén y se lamenta por ella.

  4. Mariana Cervantes dice:

    Gracias Raúl por estas palabras que enriquecen mi vida y mi fe. Te mando un fuerte abrazo.

  5. ANGELICA ARANDA dice:

    NO UNIMOS A TU CELEBRACION

Deja un comentario

A %d blogueros les gusta esto: