Iglesia y Sociedad

Un campesino metido a profeta

14 Feb , 2011  

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Carlos Maciel del Río es mi amigo. Fue responsable del área bíblica de la Universidad Pontificia de México y su trabajo de estudioso de la Biblia puede constatarse en sus numerosas publicaciones. Pero además, Carlos es un magnífico narrador. Esta dote singular ha sido puesta al servicio del lector en varios de sus más recientes libros en los que se ha transmutado en biógrafo de algunos cristianos ilustres del pasado reciente (cfr. MACIEL C., Pablo de Anda. Una mano abierta y un corazón sensible, León, 2008). Ahora, esa capacidad narrativa se vuelca a la recreación del ambiente en el que surgieron algunos de los más destacados profetas de Israel.

Me refiero a la colección ‘Constructores de la Libertad’, que la editorial san Pablo ha iniciado el año pasado. De esa colección ha llegado a mis manos el libro “Amós, el campesino metido a profeta”, de Carlos Maciel del Río. Ediciones pulcras, presentación novedosa, abundantes imágenes, esta colección de la editorial san Pablo tendrá, estoy seguro, un especial atractivo para el público juvenil.

La técnica narrativa de Maciel es insólita en el campo bíblico: monta sobre la historia del profeta, una historia de nuestros días en la que el mensaje sustancial del profeta puede verse reflejado. Así, uno tiene en un solo libro, dos historias cuya relación sólo queda de manifiesto al final de la lectura. En el caso de “Amós, el campesino metido a profeta”, la historia actual que acompaña la narración propiamente referida al profeta y su mensaje, es la de un grupo de narcomenudistas que, obligados por el patrón, narco y muy católico, hacen una peregrinación al santuario de La Virgen de san Juan de los Lagos. Al final, la falsa confianza puesta en el culto, tan criticada por el profeta de Tecua, queda desmantelada por la fuerza de la narración. Por lo demás, uno puede escoger, un poco a la manera de Rayuela de Cortázar, cómo leer el libro: siguiendo el orden presentado por el autor, o saltando los capítulos que narran la historia actual para leerlos después de un tirón.

Compartiré ahora con los pacientes lectores y lectoras de esta columna, un breve capítulo de la historia de Amós. Así se podrá aquilatar la fluidez narrativa y quedaremos todos invitados a acercarnos al texto en su conjunto.

Ruge el león ¿quién no temerá? Habla el Señor, ¿quién no profetizará? (Amós 3,8)
–¿A dónde vas Amós tan temprano, si todavía no despunta el sol por entre las montañas peladas de Moab?, –interpeló desafiante Hulda, esposa del ganadero de Tecua y añadió– Ni siquiera se alcanza a ver el resplandor del sol por entre los pliegues rojizos y las gargantas rocosas del monte Nebo. Sosiégate un rato, añadió con firmeza. Hace ya varios días que te noto distraído y distante. Ya ni me abrazas cuando llegas del campo.
-Ya te lo dije mujer—repuso él de inmediato— voy a ir a Betel para decirle a esa punta de sinvergüenzas lo que valen sus victorias y sus ganancias. Jeroboán se siente muy ufano porque sus mercenarios conquistaron un pedazo de tierra en Carnaím. El Señor ruge una vez más desde Sión y habrá que profetizar en su nombre.
-¿Qué tienes guardado allá en Betel? Nada que yo sepa –sentenció la mujer entornando sus ojos luminosos y claros— ni tu padre, ni tu abuelo salieron jamás de Tecua. Y yo no sabía que tú fueras profeta, ni enviado de Dios. ¿De dónde te salió tanto celo por servir al Señor? Será mejor que te aplaques y te quedes en casa, si no quieres morir apedreado por los siervos del rey Jeroboán.
–Además –gritó a grandes voces Hulda, cuando vio que su marido tomaba un pellejo de vino, unos panes de cebada y un montón de higos secos y se metía al corral para aparejar el burro– yo no tengo tiempo de andar pastoreando tu montón de chivas por todos esos cerros. Si te vas a ir, será mejor que se las vendas a tu hermano Samuel. Conmigo no cuentes, que bastante tengo con sacudir los sicómoros y llevarlos a vender en la plaza de Hebrón, para que sirvan de forraje al ganado.
–Haz como mejor te parezca, vende o encarga el ganado con tus parientes –Gritó Amós, mientras se sentaba a horcajadas en un burro pardo y trasijado, para dirigirse hacia la distante ciudad de Betel, por el sendero rocoso que ascendía hacia Belén–; y añadió, viéndola con una mirada penetrante y firme: ¡Dios te habrá de ayudar! –-repuso el ganadero metido a profeta— ya verás que pronto estaré de regreso.
Por el camino a Belén Amós iba recitando de modo balbuceante uno a uno los ayes y las visiones que una y otra noche había contemplando entre sobresaltos y horas de insomnio. Los diálogos interiores que había deletreado, entornando la mirada y aguzando el oído, se le habían grabado con punzón de hierro en la memoria. Los tenía en la punta de los labios. Los iba a relatar sin escamotear una sola letra en los atrios del santuario de Betel.
Mientras llegaba la hora, había que ensayarlo –pensaba Amós— a fin de comunicar un mensaje convincente y retador:
–¿Qué ves Amós? Me preguntó el Señor.
–Respondí: Un cesto de higos maduros…higos maduros.
Me explicó: Maduro está mi pueblo, Israel, y ya no pasaré de largo.
Mientras tanto, Amós remarcaba cada sílaba y afirmaba: “Aquel día –oráculo del Señor—gemirán las cantoras del templo: ¡Cuántos cadáveres arrojados por todas partes!”
–Vas hablando sólo Amós, ¿Acaso has perdido el juicio de un día para otro? –le espetó de pronto un campesino de Tecua llamado Jetró, que lo alcanzó desde un sendero angosto, que subía por el lado del Mar de la Sal y desembocaba en el camino que ascendía de Hebrón a Belén— Y añadió: oí tus gritos desde lejos y quedé intrigado por la fuerza de tus palabras.
–El Señor alza la voz desde Jerusalén. Yo descifré su llamado y me marcho a pregonar las duras palabras de juicio que Jeroboán y todo Israel habrán de escuchar. Y añadió: “Ruge el león, ¿Quién no temerá? Habla el Señor, ¿Quién no profetizará?”
Jetró siguió pensativo su camino, repitiendo mentalmente las últimas palabras de su vecino… “ruge el león… ¿Quién no profetizará?” Unos metros adelante el campesino torció a la izquierda y se enfiló hacia el caserío de Tecua, que recién había abandonado el ganadero metido a profeta.
Amós mientras tanto, se había alejado un centenar de metros de Jetró e hincaba sus talones en la panza del burro, tratando de arreciar el trote del animal. Por el lado del Mar Grande el sol se estaba ocultando y él quería llegar antes de que la oscuridad desdibujara las siluetas calizas de los muros de Jerusalén.
Cuando Amós llegó horas más tarde a la cuesta sureste de Jerusalén, un chorro escaso de luz atravesaba los tejados de la ciudad de David. El asno parecía reconocer el sendero, porque se enfiló seguro por veredas angostas, de tierra compacta y dura, por el incesante trajinar de las cabalgaduras y se paró en seco, cuando se topó con una posada por el rumbo de la Calzada del Batanero. El sistema del trueque seguía vigente, a cambio de un pedazo de queso seco de cabra que Amós sacó del zurrón y entregó al posadero, le ofrecieron un montón de paja seca para estirar sus huesos y un pesebre para el borrico. La primera jornada estaba concluida. La larga noche cobijaría las cavilaciones del aprendiz de profeta.

Hasta aquí la probadita del texto. La publicación, como se estila ahora, viene acompañada de un disco compacto con el contenido de la obra. Termino, compartiéndoles el portal electrónico donde podrán informarse mejor de esta publicación y con un fragmento del texto de presentación que luce en la contraportada:

“Un grupo de jóvenes sicarios emprenden un peregrinaje al santuario de San Juan de los Lagos… ellos y sus jefes pretenden, mediante limosnas, procesiones y rezos, atraer los favores de Dios y lavarse las manos manchadas de sangre. No saben que transitan el mismo camino que recorrieron los israelitas del siglo VIII a.C., quienes tampoco escucharon los gritos del profeta y continuaron acentuando las injusticias, privilegiando al poder y al dinero y promoviendo un culto falso”.

www.sanpablo.com.mx/constructores

¡Buena lectura!

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One Response

  1. Maru Noguez dice:

    Qué bueno que nos comparte esta obra tan interesante. Conozco a C Maciel y lo conozco a usted. Me dicen en e que esta serie de constructores del mañana es realmente buena.Ya pedí mi copia.Gracias por compartir

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