Iglesia y Sociedad

Profecía en tiempos de cambio

27 Sep , 2011  

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El fin de semana pasado tuve la oportunidad de participar en el Día de la Biblia en la parroquia de Nuestra Señora de Guadalupe, en Cerro Azul, Veracruz. Invitado por los laicos y laicas de los Círculos Bíblicos de la parroquia, pude reflexionar, junto con más de 900 personas que asistieron al local del Club de Leones de dicha población, sobre la naturaleza y misión de los profetas.

La aventura fue extraordinaria. Me refiero a la amable familiaridad con que fui tratado por el párroco, P. Mario Gaspar Cruz, a la impecable organización del evento, desde la música de ambientación hasta las distintas comisiones para atender a cerca de mil personas, a la fraterna relación con don Santiago Hernández y su equipo de gentiles damas, pero, sobre todo, al hambre de la Palabra de Dios que se manifestó en tantas personas que desafiaron el bochornoso calor dentro de un local con techos de lámina y que, sin embargo, no decayeron nunca en su entusiasmo y participación.

Entre las cosas que reflexionamos, y que han significado para mí un renovado “caer en la cuenta”, es cómo la historia bíblica nos recuerda que la aparición de los profetas, de los grandes profetas, está ligada casi siempre a situaciones de cambio. Para decirlo con las palabras de José María Castillo: “sin duda alguna, lo más interesante que se puede decir de los Profetas es que, cuando se trata de Profetas grandes e importantes, aparecen siempre en tiempos de cambio, cuando se acaba una situación y empieza otra, cuando hay muchas cosas que resultan nuevas y desconocidas. Como todo el mundo sabe, estos tiempos de cambio son siempre difíciles, porque la gente no se siente segura y tiene miedo. La solución entonces, al menos para muchas personas, es volver a lo de antes, a lo tradicional, a lo que libera del miedo. Esto se nota, sobre todo, en lo que se refiere a la religión… en situaciones así es cuando aparecen los grandes Profetas para interpretar la situación y las cosas que pasan. Ellos le dicen a la gente que no debe agarrarse a lo tradicional, aun cuando se trate de la religión más segura del mundo. Porque lo importante no es la religión que da seguridad, sino la fe en Dios, la amistad con el Señor y la fidelidad a los planes de Dios”.

No me cabe duda que, aunque suene a lugar común, nosotros estamos, en este tiempo que nos ha tocado vivir, situados en una época de cambios. Más aún –sostienen algunos– en un cambio de época. Lo que hace más necesaria la presencia de profetas. ¿Será esta circunstancia la que hace que el Movimiento por la Paz con Justicia y Dignidad (MPJD), liderado por Javier Sicilia, tenga tantas resonancias proféticas?

Nuestro país, ya se sabe, está sumido en una de sus más angustiantes crisis. El hartazgo popular amenaza con desbordar los cauces y la inoperatividad de la mayor parte de las instituciones del país ha colocado a la nación cerca de su debacle. En medio de este hartazgo y podredumbre, se erige un movimiento firmemente basado en los principios del consuelo y la misericordia, capaz de exigir a las autoridades el inmediato cumplimiento de sus deberes y de ofrecer a las víctimas un camino de recuperación de la dignidad mediante el rescate de la memoria de sus muertos, la insistencia inquebrantable en una profunda renovación moral de las estructuras de gobierno, la no violencia como marco de pensamiento y acción y el reclamo de la urgencia por la recomposición del tejido social, tan vulnerado por la impunidad y el mal gobierno.

Un segundo elemento de nuestra reflexión en Cerro Azul me parece pertinente traer a colación. El estudio de los profetas nos mostró que, a partir de un inicio un tanto ambiguo, la fama e influencia de los profetas en Israel fue desarrollándose a la par que su independencia de los poderes de su tiempo.

Me explico. Una lectura comprehensiva de los textos del Primer Testamento nos muestra la evolución surgida en el seno del movimiento profético. Los representantes de la primera época de la profecía son Gad y Natán. El primero aparece actuando en tres ocasiones (1Sam 22,15; 2Sam 24,11 y 2Sam 24,18) y en las tres asume la función de consejero real en cuestiones de guerra, administración de justicia y culto. Lo mismo ocurre con Natán, que aparece como profeta principal de la corte de David en tres momentos distintos: cuando pretende construir un templo (2Sam 7), cuando le reprocha al rey haber cometido adulterio y asesinado al marido traicionado (2Sam 12) y cuando Salomón, hijo de David, hereda el trono (1Re 1,11-48).

No estoy acusando a Gad y Natán, por el hecho de servir en la corte real, de haberse vendido o haber traicionado su conciencia. Sólo subrayo que sostenían una presencia física de cercanía a la corte, estaban a la mano del rey cuando éste necesitaba de sus consejos, aunque mantenían su posicionamiento crítico.

Seguidamente, sin embargo, se va estableciendo una lejanía física entre los profetas y el rey. Tanto Ajías de Siló, que aparece ejerciendo su función profética en dos ocasiones (1 Re 11,29-39 y 14,1-8), como Miqueas Ben Yimlá, que sólo aparece en 1Re 22, aparecen en los textos diferenciándose de los falsos profetas, que sólo buscan agradar al rey, y no viviendo ya bajo la tutela del monarca.

Sin duda, la culminación del movimiento profético, que desembocó en la época de oro y el surgimiento de profetas escritores, se dio cuando se logró una lejanía progresiva de la corte real y un acercamiento cada vez mayor a las necesidades del pueblo. Quizá el ejemplo más claro sea el profeta Elías. No solamente no se deja encontrar por el rey Ajab (1 Re 18,10ss) ni pisa nunca el palacio real, sino que a lo largo de todos los capítulos del llamado “ciclo de Elías” (1Re 17-19.21 y 2Re 1) es percibido por el rey como una piedrita en el zapato. A eso se refiere la expresión de Ajab cuando, después de despojar al campesino Nabot de su terreno cometiendo abuso de poder (lo que ahora denominaríamos violación al derecho humano de Nabot), exclama al encontrarse con Elías: “¿Conque me has sorprendido, enemigo mío?”, una exclamación que marca la distancia física y crítica que había alcanzado el movimiento profético respecto a los gobernantes de Israel y Judá.

No quiero abusar de la paciencia de mis estimados lectores y lectoras, pero puedo asegurarles que esta tendencia continúa en Eliseo, sucesor de Elías, y se confirma de manera definitiva en casi todos los profetas escritores, especialmente Amós y Jeremías, como podrá comprobarse al revisar los textos que llevan su nombre.

Esta marca del movimiento profético me parece importante recordarla cuando pienso en el MPJD. Voces, bien o mal intencionadas, no lo sé, van insistiendo en que Javier Sicilia, cabeza del MPJD, sería un muy buen candidato de la sociedad civil a la presidencia de México en el 2012. Me alegra la entereza y la contundencia con la que el poeta ha rehusado escuchar esos cantos de sirena. La cualidad profética del MPJD, que tanta falta le hacía a nuestro país y por la que estamos tan agradecidos quienes deseamos que este camino a la debacle se detenga, solamente quedará garantizada si mantiene su lejanía crítica con el poder. Al menos eso es lo que yo creo.

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2 Responses

  1. Eduardo dice:

    Agradecemos todo cuanto nos vino a revelar y conocer sus enseñanzas, siempre en todo movimiento y enfrentamiento de cambio debemos de tener ese guia sin q sea un lider tradicional… bendito sea por q así es como podemos empezar ese cambio… Gracias…

  2. Mario gaspar cruz dice:

    Gracias con este articulo aun mas se enciende el fuego de la caridad en nuestro pecho. Hemos sido revestidos de la fuerza de lo alto, por ello no hay permiso de parar.

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