Iglesia y Sociedad

Pregón del agua clara

20 Abr , 2014  

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Ha llegado la primavera y con ella la Pascua.
Les saludo, hermanas y hermanos, desde el gozo de esta noche de resurrección.
Hoy la muerte ha sido derrotada y el sepulcro del Hijo del Hombre ha estallado de luz y de gloria.
No hay palabras para describir el torrente de vida que surge de una tumba vacía.
No hay adjetivos que puedan revelar la hondura de este misterio: Vida plena y feliz, para todas y todos, en todo tiempo y en todo lugar.
El corazón tenía razón cuando se negaba a morir. No estamos hechos para la muerte, sino para la vida. La vida es nuestro destino y nuestro horizonte.

Este ciclo de lecturas dominicales hace énfasis en el regreso a Galilea. Sólo ahí encontraremos al Maestro.
No en la Jerusalén del poder y del arribismo.
No en la ciudad capital, del Templo y del sacerdocio.
Encontraremos al Maestro resucitado en Galilea, la tierra del primer encuentro, de la primera mirada de amor, del primer vuelco del corazón.
Galilea, la tierra de la colina de las bienaventuranzas, de la amistad serena, de la revolución de la ternura.

No hay palabras para describir el torrente de vida que surge de una tumba vacía.
Y yo tengo hoy mucha sed, sed de agua clara y transparente.

Tengo sed del agua clara de la reforma de la iglesia.
Así que les anuncio a voz en cuello la alegría de la Pascua:
Nunca más serán ustedes maltratados por los sacerdotes en las parroquias, por los dirigentes de apostolado o por los secretarios y secretarias de las oficinas parroquiales.
Los trámites ya no serán, nunca, más importantes que las personas y sus necesidades.
La iglesia será una casa abierta para todos y todas y en ella encontrarán refugio quienes en el mundo son despreciados.
Ya no se juzgará al buen cristiano por los globos que lleve a la procesión o el número de Misas que coleccione, sino por el servicio desinteresado a los más pobres.
No habrá maestros en el aula de las pláticas pre-bautismales, ni consagrados que miran por debajo del hombro a las católicas carentes de formación espiritual. Habrá solamente hermanos y hermanas de camino, humildes transmisores de la experiencia pascual, comunicadores de las maravillas que han visto y oído.
No habrá más clericalismo ni autorreferencialidad.

Tengo sed del agua clara de una verdadera reforma migratoria.
No solo la que le toca hacer a los Estados Unidos.
Así que les anuncio a voz en cuello la alegría de la Pascua:
Se multiplicará por todo el país, con la fuerza del Espíritu Santo, el catolicismo de Las Patronas y su pan amigable y compartido.
Desaparecerá el Instituto Nacional de Migración y será sustituido por un organismo que le dé la bienvenida a los hombres y mujeres que quieran atravesar nuestro país o deseen quedarse a vivir entre nosotros. No volverá a escucharse el término extranjería en un planeta en el que todos somos o hemos sido transmigrantes.
Los activistas a favor de los migrantes podrán ir a descansar a sus casas, con el corazón henchido de alegría por el deber cumplido, porque la Bestia será solamente un recuerdo del pasado, una leyenda que, por horrenda, no será creída ni por los niños.
Ha sido decretada la abolición del miedo.

Tengo sed del agua clara de una verdadera equidad internacional.
No la teoría del derrame, subterfugio de quienes puestos en la cima de la montaña de la desigualdad, se despreocupan –con fuertes argumentos teóricos, eso sí– del dolor de sus propios hermanos.
Así que les anuncio a voz en cuello la alegría de la Pascua:
Se decreta, a fuerza de ramalazos de resurrección, la abolición de la competitividad, ese eufemismo para llamar a la ley del más fuerte. No somos competidores: somos hermanos y hermanas.
Desaparecerá el término crecimiento. Por fraternidad universal, por sororidad planetaria, volveremos a ver a la Tierra como una madre y no como una mercancía. Decreceremos juntos, aprendiendo las lecciones de la austeridad gozosa y compartida.

Tengo sed del agua clara de la diversidad.
Pentecostés, la fiesta que brota de la tumba vacía y de la entrega del Espíritu, es clara señal de la unidad que el amor puede darle a lo diverso.
Así que les anuncio a voz en cuello la alegría de la Pascua:
Nadie más será juzgado por el color de su piel, por su orientación sexual o por su rebeldía ante las imposiciones sociales. Los consensos son eso: acuerdos mayoritarios que no quitan a las personas el sagrado derecho a disentir.
Gays y lesbianas se sentarán a la mesa común de la aceptación y la hermandad. Se abolirán las bromas sexistas y dejaremos de reírnos a costa de nuestra propia estupidez. El humor, ese regalo del Resucitado, volverá a ser creativo y sorprendente.
Los jóvenes podrán andar por la calle con el cabello como les plazca, vestidos a su esperpéntico antojo, y no serán nunca más detenidos como sospechosos sólo porque el ancho de su pantalón es distinto del de los policías.
No habrá policías.
Se restaurará la armonía de lo diverso y ningún pueblo tendrá que avergonzarse de auto nombrarse, de hablar con su dulce lengua, de lucir sus vestidos de fiesta. Dejaremos de negar el origen rico y diverso que corre por nuestras venas. Ya no habrá xenofobia.

Tengo sed, mucha sed.
Celebro que JEP y Gabo estén saciando ya sus ansias en la fuente que no se acaba.
Espero que el manantial de la resurrección plena me llene también pronto a mí.
Mientras tanto, hemos de golpear una y otra vez la roca, como los judíos, nuestros hermanos mayores, mientras caminaban por el desierto. Golpear y golpear hasta que brote agua. Hasta que la sed de todo el universo quede definitivamente saciada.

Felices Pascuas de Resurreción

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4 Responses

  1. Aracely Zamarron dice:

    Felices Pascuas !!!!…y si como dice el el Papa cual es nuestra Galilea ???La sed de la justicia y derechos mas humanitarios …Gracias x decir lo que muchos no nos atrevemos a decir !!!!!

  2. Lazaro Kan dice:

    Gracias Raúl por ayudarnos a clarificar nuestros sueños.

  3. Tener la Resurrección como premisa central, me parece, daría en esta épocas mucha más credibilidad a la Iglesia Católica, en lugar de insistir en la ignominia de la Crucifixión, plagada de imágenes dantescas que sólo reflejan las peores acciones de los seres humanos. Por qué no entonces recordar la posibilidad permanente de Resurgir, de crear nuevos caminos hacia Dios, de apoyar a los más desfavorecidos, de agradecer la belleza natural que, a pesar de los destrozos, aún podemos admirar cada día. Te admiro Raúl, me haces creer de nuevo en esa parte de la espiritualidad que nos ha legado Jesucristo. Dios te bendiga hoy y siempre.

  4. ¡Pfff! Tremendo pregón pascual Padre, al estilo de Thiago de Mello ¡Queda decretada la alegría de la Pascua!

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