Iglesia y Sociedad

Des-aprender: la osadía de Jesús

20 Ago , 2014  

Esta entrada ha sido leída 4328veces

El domingo pasado, 17 de agosto de 2014, se leyó en todas las iglesias católicas del mundo el pasaje que relata el encuentro de Jesús con una mujer cananea. Leímos la versión de Mateo (15,21-28). El relato es sencillo: Jesús cruza la frontera de Israel –parece que por vez primera en su ministerio itinerante– y se interna hacia la región de Tiro y Sidón, dos ciudades cananeas, habitadas mayoritariamente por población no judía. Ahí se encuentra con una mujer cananea que busca su compasión e intercede por su hija, que está atormentada por un demonio. No se explica en el texto cuál sea la enfermedad o dolencia a la que se hace alusión, pero se recalca la inquebrantable decisión de la mujer de llegar hasta los pies de Jesús para solicitarle su intervención.

Lo primero que llama la atención es la actitud de Jesús hacia la mujer. El texto subraya que “no le contestó ni una palabra”. Hasta el momento, Jesús había aparecido siempre conmovido delante de las multitudes (Mt 5,24-25; 8,16; 9,35-37; 14,36) y dispuesto a mostrarles su misericordia a través de prodigios. Por eso es que la actitud ante la cananea aparece como inusual y su sola presencia en los testimonios evangélicos apunta hacia la historicidad del hecho. El silencio de Jesús parece tener algo de despreciativo. Tal cosa se confirma cuando, no obstante la inicial oposición de Jesús y el aparente fracaso de la intervención de los apóstoles (“Maestro, atiéndela, porque no deja de gritar delante de nosotros… y la respuesta de Jesús: Yo no he sido enviado sino a las ovejas perdidas de la Casa de Israel”) la mujer logra colarse hasta llegar frente a Jesús y recibe de él esta contestación a su ruego: “No está bien quitar el pan de la mesa de los hijos para echarlo a los perritos”.

Aunque a nosotros nos parezca inusual la actitud de Jesús hacia la mujer, él no hace otra cosa que responder al patrón de educación recibido desde niño. En efecto, la conciencia de Israel de ser el pueblo elegido por Dios había derivado en un menosprecio hacia los otros pueblos, al grado que ciertas observancias radicales exigían a los judíos piadosos no entrar en contacto con personas de otros pueblos ni entrar en sus casas. Es posible que la determinación “perros” fuera una manera usual que los judíos usaran para dirigirse a las personas de otros pueblos, algo así como cuando los yucatecos usamos el apelativo “huaches” para referirnos a las personas que no son yucatecas.

La elección de Israel por parte de Dios es uno de los grandes dones que, con razón, enorgullecen a los judíos. Pero tal elección podía ser considerada un privilegio o una misión. De eso dependía si se tenía actitudes despreciativas o proselitistas hacia los miembros de otros pueblos. Si era considerado un privilegio, entonces los otros pueblos eran inferiores e indignos de la salvación. Si era considerada una misión, entonces había que hacer extensiva esa elección a todos los pueblos de la tierra. Hay muchas advertencias en los libros proféticos en contra de una interpretación de la elección de Israel como un privilegio del que hubiera que jactarse y del que se gozara sin tener ninguna responsabilidad hacia Dios. Parece que la educación de Jesús estuvo impregnada de esta enseñanza, si al relato de la cananea nos atenemos.

Lo interesante del texto es que la mujer no se queda callada delante de la frase de Jesús. No lo desmiente (“Es verdad, Señor…”), pero le lanza un desafío: para ella, el corazón de Dios no puede ser tan mezquino, ni puede regirse por fronteras étnicas. En algún lugar del corazón de Dios hay espacio también para los “perritos”, y esto no va en detrimento de los “hijos”.

La alabanza de Jesús parecería como desmesurada: “Mujer ¡qué grande es tu fe!”. La insistencia de la mujer, es cierto, ha sido perseverante, pero muy probablemente habría sido esa la reacción de cualquier madre desesperada por la salud de su hija. Yo pienso que la alabanza de Jesús, sin embargo, no es desmesurada, porque el desafío que le ha lanzado a Jesús ha dado en el clavo. Jesús se ha visto obligado por ella a des-aprender, es decir, a cuestionar la verdad “eterna” de que Israel es el único pueblo amado por Dios, tal como lo aprendió desde niño en la sinagoga y en el entorno familiar. Si aprender es difícil, des-aprender parece serlo aún más. Bajo el ángulo que la mujer ha planteado, la elección de Israel cobra un nuevo rostro para Jesús. La tarea de plena humanización que el anuncio del Reino de Dios conlleva, no tiene por qué estar exclusivamente dirigida a un pueblo determinado, sino debe abrazar a todos los pueblos. El amor de Dios, en efecto, no tiene fronteras, como esta mujer acaba de enseñarle a Jesús. Si Jesús puede, hacia el final del evangelio (Mt 28,18-20), proclamar que el anuncio del evangelio es “para toda creatura” sin distinción de ninguna clase, ni étnica, ni genérica, ni social, es solamente gracias a la intervención de esta mujer que le hizo des-aprender el nacionalismo en el que fue criado.

Digo que este texto tiene relevancia para nuestros tiempos por dos razones: porque ha habido recientemente en las redes sociales manifestaciones exacerbadas de un regionalismo a ultranza, que desprecia a las personas que a nuestras tierras han venido en busca de cobijo, seguridad y tranquilidad, pero también porque nos recuerda que una tarea pendiente, sobre todo en nuestras épocas, es el des-aprendizaje del que Jesús nos da testimonio en este texto.

Y conste que la “verdad” que las palabras de la mujer han terminado por desmantelar era uno de los axiomas defendidos por las personas más religiosas de Israel. Así que la pedrada daría en el blanco si nos obligara a quienes hoy leemos el texto, a cuestionarnos si las “verdades” que hemos aprendido en nuestra infancia no debieran ser revisadas en relación con los nuevos avances de las ciencias biológicas y sociales, en lugar de ser mantenidas a rajatabla. Y cuando lo digo pienso en, por ejemplo, la misoginia cultural, el machismo, el rechazo a la diversidad sexual y tantas otras “verdades” que comienzan a ser desafiadas por las nuevas circunstancias y por los avances de las ciencias y de la cultura de los derechos humanos. Tal fue, mutatis mutandi, la actitud de Jesús que se desprende del texto que leímos el domingo pasado en la Misa.

Esta entrada ha sido leída 4328veces


2 Responses

  1. FELIPE ALCOCER REQUENA dice:

    ESTIMADO RAUL, POR ESTE MEDIO TE EXPRESO MI RESPETO Y ADMIRACION A TU PERSONA Y A TU MINISTERIO, NO NOS VEMOS DESDE QUE TERMINAMOS LA SECUNDARIA. Y DESEO DE TODOCORAZON QUE DIOS SIGA DANDO FORTALEZA A TU FE. UN SALUDO. Y UN FUERTE ABRAZO. FELIPE ALCOCER REQUENA.

  2. Rosy Osorio dice:

    gracias

Responder a Rosy Osorio Cancelar respuesta

A %d blogueros les gusta esto: