Iglesia y Sociedad

Energías no renovables o la trampa de la Hidra

6 Jul , 2018  

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El calentamiento global ha creado una verdadera crisis climática en el mundo. Prácticamente todos los científicos y estudiosos están de acuerdo (salvo Donald Trump, que está muy lejos de ser científico o estudioso) en que el calentamiento global tiene entre sus variadas causas la actividad de la especie humana. Por eso es que, en diferentes momentos, ha habido intentos por combatir el cambio climático con una modificación de patrones de conducta en la producción y consumo humano.

Hay consenso unánime en que uno de los factores de la actividad humana, detonantes del calentamiento global, es la utilización masiva e indiscriminada de los combustibles fósiles, es decir el petróleo, el carbón y el gas, en la producción de energía. La cada vez mayor impopularidad de los combustibles fósiles se debe a dos factores importantes: el primero es que la combustión de estos elementos provoca la emisión de una gran cantidad de gases que, acumulados en la atmósfera, produce un efecto invernadero que, a su vez, provoca una subida de la temperatura de la atmósfera como resultado de la acumulación de los gases a los que nos hemos referido.

La segunda razón por la cual los combustibles fósiles son cuestionados en la actualidad es porque hemos caído en la cuenta de que, formados a través de millones de años, han sido de tal manera explotados para garantizar el modelo de vida y de consumo de energía que llevamos, que representan un grave problema de sostenibilidad, dado que su renovación requiere de millones de años, lo que los convierte en una fuente de energía no renovable. Y nuestro planeta, hemos debido aprenderlo con dolor, no cuenta con recursos ilimitados: carbón, petróleo y gas (también llamados hidrocarburos, por su composición química) se agotarán algún día, dejando tras de sí una dramática huella de contaminación y deterioro del medio ambiente.

Así que en los últimos tiempos la atención se ha dirigido a las energías renovables, particularmente las energías solares fotovoltaicas, que producen energía a partir de la radiación solar a través de dispositivos conductores popularmente conocidos como paneles solares, y las energías eólicas, que producen energía a partir de la explotación de la fuerza del viento, a través de unos dispositivos llamados aerogeneradores, los más conocidos tiene  la forma de un gigantesco ventilador (abanicotes, les dicen en mi pueblo) de entre 50 y 80 metros de altura.

No podemos ya concebir la vida sin una utilización muy amplia de energía. El tipo de comodidades con las que contamos para una vida medianamente placentera requiere una gran cantidad de energía. El problema es de dónde la sacamos y qué consecuencias tiene el uso de uno u otro tipo de generación de dicha energía. Aunque en el discurso una gran cantidad de países se han manifestado por la transición de los combustibles fósiles a las energías limpias o renovables, en la realidad los esfuerzos han sido notorios solamente en algunos países. De cualquier manera, el uso de las energías renovables ha ido en crecimiento continuo y, en algunos países, como México, Dinamarca o la India, se ha logrado obtener energías renovables a precios inferiores que la procedente de los combustibles fósiles y de la nuclear.

¿Quién, en su sano juicio, podría estar en desacuerdo con la transición hacia energías más limpias y sanas para el medio ambiente? Nadie, seguramente. Las energías renovables son ecológicamente inocuas y representan más una solución, que un problema. ¿Cuál es entonces la razón por la que las energías solares y eólicas están enfrentando resistencia en muchos lugares, particularmente en las zonas habitadas por los pueblos originarios en nuestro país?

Ah, ese es otro cantar. El problema no radica en la bondad de las energías renovables, fuera de duda, sino en el esquema de despojo que conlleva su establecimiento industrial. Vivimos en una economía cuyo motor y sustento es el lucro de unos pocos, no el bienestar de las personas y los pueblos. Me dirán que es así como funciona la economía mundial y que aspirar a otro modelo de desarrollo y a otro ritmo de crecimiento es tonto e inútil. Yo no estaría tan seguro.

Durante muchos años la producción de energía eléctrica en nuestro país, por poner un ejemplo, ha estado patrocinada por el Estado. La Comisión Federal de Electricidad es una compañía que no nos cae muy bien, es cierto. Es innegable, sin embargo, el desarrollo de la industria eléctrica en nuestro país y la manera cómo, a lo largo de los años, la cobertura eléctrica ha crecido y ha llegado hasta los más recónditos rincones del territorio nacional.

¿Por qué el esquema de establecimiento de energías limpias en nuestro país tiene que seguir el esquema de grandes parques industriales, que ocupan cientos de hectáreas deforestadas, y que son implementadas y administradas por compañías transnacionales que se llevarán los dividendos de estos jugosos negocios? ¿Por qué no realizar auténticos procesos de consulta previa, libre e informada, de manera que los pueblos originarios, en cuyos territorios aspiran a asentarse estos parques, se vuelvan socios y resulten significativamente beneficiados? ¿Por qué no asume el Estado la responsabilidad de garantizar una transición de energías fósiles a energías renovables, con un marcado sentido social y mirando por la conservación del medio ambiente y el bienestar de los pueblos por encima de los intereses de ‘los mercados’ (que no es más que un eufemismo para referirnos a depredadores con nulo interés por nada que no sea su propio beneficio y enriquecimiento)?

Mejor aún: ¿por qué no se utiliza una parte sustantiva de las ganancias de PEMEX y CFE para implementar un proceso de transición que sembrara aerogeneradores que ofrecieran energía eléctrica a las poblaciones, sin que el lucro y la ganancia fuera su principal objetivo? Me imagino ir por la carretera guiándome por “el abanicote de Maní” o “el abanicote de Tecoh”… Dirán los analistas sistemicos que no es éste un esquema redituable, y que para bajar costos los parques gigantescos son indispensables… pero yo replico que la definición de redituable es: “que rinde periódicamente utilidad o beneficio” y que tanto utilidad como beneficio no quiere decir necesariamente ganancia monetaria…

En fin, que no es ésta una discusión sobre energías renovables, sino sobre un orden socioeconómico de explotación y despojo. Una cabeza más de la Hidra… Para combatirla, hace falta mucho más que un triunfo electoral.

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