Iglesia y Sociedad

El Sínodo de la Amazonía y sus detractores

27 Sep , 2019  

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Los próximos días 30 de septiembre y 1, 7 y 9 de octubre, tendrá lugar en el Centro Cultural Loyola (a espaldas del Colegio Mérida) una serie de conferencias sobre el próximo Sínodo sobre la Amazonía, convocado por el Papa Francisco para realizarse del 6 al 27 de octubre en la Ciudad del Vaticano. Una conferencia más, el 4 de noviembre, nos dará una síntesis de los resultados del Sínodo. Los conferencistas tienen amplia experiencia en estos temas: Esteban Krotz y Patricia Tamayo organizan el ciclo; participan también Daniela Patrón, el Dr. Alexander Zatyrka Pacheco SJ, Atilano Ceballos, Lorena Ceballos y Patricio Sarlat Flores.

El Sínodo sobre la Amazonía es de vital importancia para la reforma de la iglesia que conduce el Papa Francisco. Y lo es, no solamente porque la Amazonía es una especie de representación de los principales retos que nuestra época nos presenta, retos sociales, ambientales y religiosos, sino sobre todo porque la sinodalidad, es decir, este proceso de escucha atenta de los signos de los tiempos por parte de la iglesia comienza a tomarse verdaderamente en serio. El documento preparatorio y una amplia encuesta realizada por todas las conferencias episcopales que confluyen en el territorio amazónico a los grupos y comunidades locales, han desembocado en un Instrumento de Trabajo sobre el cual conversarán los Obispos en el Sínodo.

Este estilo sinodal que impulsa el Papa Francisco no es, como era de imaginarse, del agrado de todos. Por eso las redes están llenas de comentarios injuriosos contra el Papa, sobre todo en esos portales que tienen nombres católicos pero que representan al sector más conservador de la iglesia. Resulta ahora que, aquellos que en otras épocas nos restregaban en la cara el adagio latino “Roma locuta, causa finita” para conminarnos a aceptar las decisiones de los dos anteriores pontificados, hoy despotrican por lo que consideran amenazas contra la ortodoxia católica que ellos dicen representar. Francisco se toma con mucha calma toda esta guerra desatada contra él. Es un hombre de Dios y, además, un hombre sensato. Sabe que le ha tocado promover esta reforma y es consciente de la conversión que ella requiere. Las amenazas de cisma no le quitan el sueño.

Por eso, volviendo al tema, me parece importante que aprovechemos esta oportunidad de reflexión que nos brinda el Centro Loyola de Mérida. Me apena que ninguna estructura diocesana parezca interesada en el tema. La oferta de reflexión del Centro Loyola es una gota de agua en un desierto de indiferencia. Y lo que se juega en este Sínodo es, desde mi punto de vista, muy importante para el futuro de la iglesia.

Los ultras de derecha, en cambio, lo saben bien. Por eso han montado una campaña de desprestigio del Sínodo que ha llegado al extremo de la calumnia. He escuchado, en un canal de televisión por internet, la arenga semanal del fundador de una congregación religiosa de reciente aparición. Su animadversión contra el Papa es inocultable, aunque bien se cuida de mencionar siquiera su nombre. El pasado 24 de junio, una vez que fue dado a conocer el Instrumentum Laboris del Sínodo, este predicador de las redes sociales emprendió una arenga contra los contenidos del documento que raya en lo delirante. Sostiene que el documento tiene un “fondo ideológico difícil de digerir por una mente medianamente ortodoxa en el sentido católico”. En una diatriba que confunde “lugar teológico” con “fuentes de revelación” (por menos me habrían reprobado en clases de teología en el seminario), el sacerdote español se refiere con desprecio a las conferencias episcopales de la Amazonia, que están detrás del Instumentum Laboris, acusándolas de “tapadera” para introducir cambios que le interesan, no a la Amazonía sino a… ¡los obispos alemanes! que, según su opinión, estarían a punto de un cisma para hacer lo que se les dé la gana.

El ataque a Francisco, sin mencionarlo, es de tan baja ralea que califica a la Amazonía como “el paleolítico que quiere convertirse en futuro”, mientras que acusa al documento de ser vehículo de una gran conspiración comunista, encabezada por los teólogos de la liberación, que al quedar sin argumentos por la caída del muro de Berlín, se han decantado por los pueblos originarios como su nuevo bastión, y lo único que pretenden es acabar con el occidente cristiano. Bueno, qué más puedo decirles… si esos son los argumentos de los contra reformistas, es normal que no nos quiten el sueño. La verdad es que un cisma en el que los conservadores quedaran fuera no lo quiere nadie en su sano juicio. Nadie que quiera a la iglesia. Mucho más aguantaron algunos teólogos y pastores en los más de treinta años de involución que precede a Francisco. Pero la tentación de imaginarse una iglesia sin ese tipo de rémoras, me asalta a veces.

La argumentación del predicador al que aludo, como todos pueden comprobar en el video de youtube si lo buscan bajo el nombre: “El Amazonas desemboca en Alemania”, no se sostiene ni racional ni teológicamente. Se trata de una exposición, bastante pobre en sus argumentos, de lo que el nuevo arzobispo del Perú llama “pasadismo”, esa mentalidad opuesta a cualquier tipo de cambio en la iglesia (cualquier análisis demostraría que no es por celo de la fe sino por la conservación de sus privilegios) y que intenta socavar la agenda reformista del Papa Francisco.

El predicador de las redes sociales al que me he referido, califica al Sínodo de la Amazonía como el regreso al paleolítico. Él, tan moderno, no quiere regresar al paleolítico. Prefiere quedarse en la Edad Media.

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