Iglesia y Sociedad

La luna en la Biblia

17 Nov , 2015  

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Del 10 al 13 de noviembre tuvo lugar, en la comunidad de Poco Lum, municipio de Tenejapa, en Chiapas, el XXV Encuentro Ecuménico de Teología India Mayense, con el tema: La espiritualidad de la madre Luna.

Más de 480 personas se reunieron para reflexionar y celebrar la interacción entre la luna y los pueblos en sus procesos de siembra, de cosecha, de manejo de animales… Venían de todas las etnias mayenses presentes en nuestra patria: tseltales, tzotziles, tojolabales, ch’oles, mayas peninsulares, chontales y aún de fuera de nuestras fronteas, como los cakchikeles de Guatemala.

Estas son las palabras que compartí con ellos en la parte de la iluminación.

La luna en la Biblia

XXV Encuentro Ecuménico de Teología India Mayense
Poco Lum, Tenejapa, Chiapas, noviembre de 2015

1. ¿Por qué dialogamos con la Biblia?
Ya el abuelo Eleazar y el padre Tilo han hablado de la luna en algunos de los libros sagrados de nuestra cultura maya: el Popol Vuj, los libros del Chilam Balam y el Cantar de Dzitbalché. ¿Por qué ahora queremos conversar con la Biblia sobre lo que ella dice de la madre luna.
Del pueblo kuna hemos aprendido que si Dios hubiera querido que un solo pueblo tuviera toda la verdad, habría permitido que existiera solamente ese pueblo. Pero vemos que hay muchos pueblos. Entonces, dicen los kunas, eso quiere decir que entre todos tenemos que buscar la verdad, que ningún pueblo la tiene completa, que necesitamos de la sabiduría de los otros para completar nuestra visión de las cosas.
Pues bien, nosotros tenemos la sabiduría de nuestras abuelas y abuelos. En un momento determinado de la historia nos llegó el mensaje de Jesús. Ese mensaje nos llenó de esperanza en un momento de sufrimiento muy grande por la invasión que quiso borrar y eliminar a nuestros pueblos. Aceptamos el mensaje de Jesús y lo reconocimos como Hijo de Dios porque en Él encontramos la plenitud, la culminación de los sueños y la sabiduría de nuestros abuelos y abuelas. Y nuestros pueblos se hicieron cristianos.
Ahora, la teología india nos ha enseñado que una persona sin su cultura es nada. Un pueblo sin raíces es devorado y desaparece. Jesús también tenía raíces. En su casa aprendió de niño la sabiduría de sus abuelos y abuelas a través de las enseñanzas de la Virgen María y de san José. Por eso nos interesa saber qué es lo que pensaba el pueblo de Jesús, el pueblo de la Biblia, sobre la madre luna.
La luna se menciona pocas veces en la Biblia: 34 veces en el Antiguo Testamento y 9 veces en el Nuevo Testamento. Si tomamos en cuenta que los libros de la Biblia son 73 para los católicos y 66 para las hermanas y hermanos de otras iglesias cristianas, vemos que se nombra a la luna pocas veces, menos de una vez por libro. A lo largo de este momento vamos a darnos cuenta de la razón de este silencio.

2. La luna en la vida del pueblo de Israel
La luna aparece como creada por Dios, como la menor de los dos grandes lámparas puestas en el cielo para iluminar y gobernar la noche (Gn 1,14). Indica también el tiempo y los días festivos (Eclo 43,6-7) pues el mes y el año en Israel es lunar.
La luna sirve para expresar permanencia, como el sol (Sal 72,5) y se la considera como causa de fertilidad. De allí los renuevos de la luna, normalmente traducido como «renuevos de los meses», porque el mes comenzaba en la fiesta de la luna nueva (Dt 33,14).
La luna y las siembras
El antiguo calendario hebreo, como el de la mayoría de las naciones, estaba basado en las repetidas rotaciones de la Luna alrededor de la Tierra y señaladas por las sucesivas lunas nuevas. Entre los hebreos, el día de la Luna Nueva o el 1º del mes era señalado como un día de adoración y fiesta especiales. Se tocaban las trompetas para anunciar el día (Sal. 81,3; cf Nm. 10,10), se suspendían los trabajos comunes (Am. 8,5) y se prescribían sacrificios adicionales (Nm. 28,11-14). La Luna Nueva del mes 7º era el día de Año Nuevo del calendario civil.
Por la semejanza evidente entre las fases de la luna y el ciclo menstrual de la mujer, los antiguos consideraron el ciclo de la luna como el ritmo de la vida del cosmos, que determina la fecundidad de la mujer, el crecimiento de las plantas, la caída de la lluvia y hasta el destino de las personas. Hay vestigios en la Biblia de esta creencia: Dt 33,14 habla de “los renuevos de la luna” para referirse a los frutos madurados bajo su acción. También había colguijes como lunas que formaban parte del adorno femenino (Is 3,18) o de los animales (Jue 8,21) para garantizar la fertilidad.
Sal 126,1 habla del influjo nefasto que la luna puede tener sobre las personas (Mt 4,24; 17,15, donde a un paralítico se le llama lunático).

3. El culto a la luna en los pueblos vecinos
Algunos pueblos vecinos de Israel olvidaron que la luna es una criatura de Dios, un regalo que Él nos dio para iluminar la noche y para señalar los tiempos. Y comenzaron a adorarla, le construyeron templos.
El culto a la luna formó parte de muchas religiones del antiguo oriente. Los antepasados de Israel, sirvieron a otros dioses (Jos 24,2.14): así se muestra en las relaciones entre Abraham y Ur y Jarán (Gn 11,31) que eran centros de culto lunar, donde se veneraba a la que llamaban “guía de las caravanas”. Los amorreos la veneraron bajo el nombre de YaRiaH, de donde viene el nombre de Bet Jarih y, probablemente, hasta Jericó. Y en Ugarit los hurritas la veneraban como Kusuj y tenían un mito del matrimonio del Dios Luna. Lo mismo ocurría en Ur, el lugar del que salió Abrahán, así que él probablemente participó de ese culto al principio (Gn 11,31; Jos 24,2.14).
Durante los primeros siglos, los hebreos lucharon por conservar su monoteísmo ante los dioses de la vegetación, pero ya hacia los siglos VIII y VII a.C., la influencia asiria los tentaba con el culto a los astros, que era muy popular (2Re 17,16; 21,38), y que incluía el culto a la luna. Contra este culto reaccionaron Dt 4,19 y 17,3. Josías intentó vanamente dar fin al culto lunar (2Re 23,5; Jer 8,2). Job 31,26, por su parte, dice que nunca se ha llevado a la boca su mano para mandar un beso a la luna, gesto de adoración. Sab 13,2 reprueba a los que consideran como dioses a los astros, puesto que son seres sometidos a Dios, quien les dio una misión determinada (Bar 6,59). Job 38,33 supone la creencia de que los astros determinan el curso de los acontecimientos terrestres aunque no se menciona directamente.
Isaías le echa la culpa a la luna de la idolatría del pueblo (Is 24,21-23), pero el libro de la Sabiduría aclara que el error no es de la luna sino de los idólatras (Sab 13,2). La luna, el sol y las estrellas fueron hechos por Dios y están a su servicio (Ap 12,1) y su fin es servir a los seres humanos (Bar 6,59).
Un uso supersticioso de la luna eran las lunetas, dijes que se colgaban algunas mujeres para fomentar su fecundidad (Jue 8,21; Is 3,18). También se creía, como ya hemos mencionado, que la luna podía ejercer fuerzas malignas sobre algunas personas que son llamados lunáticos (Sal 121,6; Mt 4,24; 17,15).
Debido a que Israel tenía la misión de compartir con todos los pueblos del mundo la novedad de que Dios es solamente uno y que sólo a Él le debemos admiración, por eso se combatió el culto a la luna que la separaba de Dios y la convertía en diosa. Esa es la razón por la que la luna se menciona tan poco en la Biblia.

4. El significado simbólico de la luna
La regularidad invariable de las fases de la luna es imagen de la eternidad del reino mesiánico, signo de permanencia (Sal 72,5-7; 89,38).
Como contraparte, el hecho mismo de que existan fases variables de la luna llegó a convertirse en imagen de la volubilidad del necio (Eclo 27,11).
El eclipsarse desempeña un papel importante entre los horrores cósmicos que acompañan los castigos de la ira divina, p. ej., contra Babilonia (Is 13,10), Egipto (Ez 32,7) o el juicio final (Jl 3,15; Mt 24,29; Mc 13,24).
En la reedificación de Jerusalén la luz de la luna semejará la del sol (Is 30,26) pero se ruboriza ante la gloria mayor de la ciudad santa (Is 24,23).
La luna apareció en el firmamento en el día cuarto, para iluminar y regular días y estaciones (Gn 1,14-19). Su luz es admirada en la Biblia por su belleza y blancura (Cant 6,10; Is 24,23; 30,16) y permite viajar de noche (Prov 7,20). También se toma como signo de la llegada del fin, cuando se oscurecerá (Is 13,10; Ez 32,7; Jl 3,15), lo cual se menciona en los textos escatológicos del evangelio en el NT, incluyendo su cambio en color de sangre (Jl 3,4; Hech 2,20; Ap 6,12). La luna enrojecerá en el día en que Dios establezca su reinado (Is 24,21-23). Por eso la luna aparece en Ap 12,1 como bajo los pies de Dios. En el mundo futuro estará presente (Is 30,26) pero será inútil porque Dios será la luz de la Nueva Jerusalén (Is 60,19-20; Ap 21,23)

Hasta aquí lo compartido con las hermanas y hermanos que participaron en el XXV Encuentro Ecuménico de Teología India Mayense. Me siento muy honrado de haber sido invitado para compartir mi palabra.

Aprovecho para invitar a las lectoras y lectores de esta columna: el próximo jueves 19 de noviembre, a las 18 horas, Mons. Raúl Vera López, obispo de Saltillo y prominente defensor de los derechos humanos, sustentará la conferencia: «Derechos de los pobres, derechos de la Madre Tierra, en el marco de la Encíclica ‘Laudato Si’ del Papa Francisco».

La conferencia tendrá lugar en el Foro Colón (antiguo Cine Colón, situado en la confluencia de las avenidas Colón y Reforma, en la cioudad de Mérida) y es parte de las celebraciones en ocasión de los 20 años de la Escuela de Agricultura Ecológica «U Yits Ka’an», que se cumplirán en enero de 2016. La entrada no tiene ningún costo. Nos gustaría mucho contar con su presencia. Les esperamos.

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