Iglesia y Sociedad

Notas sobre la adúltera perdonada (Jn 8,1-1)

22 Mar , 2010  

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Para Ariel Valdés, en muchos campos colega

El texto de la adúltera perdonada fue leído este domingo en todas las iglesias católicas del mundo. Es un texto raro en el marco de la tradición de Juan. Acostumbrados al lenguaje simbólico y altamente cargado de connotaciones teológicas que tiene el cuarto evangelio, nos asombra encontrar un texto en el que se usa este lenguaje tan simple. En efecto, si leemos el evangelio de corrido, uno encontrará que el texto de la adúltera perdonada es una especie de interrupción entre los elaborados discursos de Jesús sobre el símbolo del agua (Jn 7,37-49) y de la luz (Jn 8,12-20). Algunos especialistas se atreven a hablar de este texto como una especie de aerolito del cielo de Lucas caído por equivocación en el suelo juánico. Como quiera que sea, este texto nos da una luz especial sobre la relación de Jesús con esta mujer sorprendida en adulterio y, en general, sobre la manipulación de la religión para hacer sufrir a los más débiles. Quiero compartir algunas anotaciones con la intención humilde de que pueden ayudarnos a comprender mejor algunos ángulos del pasaje.

La escena nos presenta a Jesús sentado, enseñando en el Templo de Jerusalén, después de una corta estancia en el Monte de los Olivos, donde acostumbraba ir a orar. Son los escribas y los fariseos quienes le presentan a Jesús una mujer sorprendida en adulterio y le preguntan si deben apedrearla, cumpliendo la Ley de Moisés, o no. El evangelista no deja de subrayar que la intención de esta pregunta era ponerle una trampa a Jesús para poder acusarlo. Después de una extraña reacción (‘se puso a hacer dibujos con el dedo en la tierra’) Jesús revierte la situación, avergüenza a los acusadores y despide a la mujer después de perdonarla.

Sobre la pena de lapidación

En el Primer o Antiguo Testamento se castiga el adulterio. Este pecado está incluido en las prohibiciones de los diez mandamientos entregados por Dios a Moisés (Ex 20,14). En una sociedad que consideraba a la mujer como un objeto perteneciente al marido, el adulterio era castigado en virtud de la violación del derecho del otro hombre, con cuya mujer se acostaba el adúltero. Por ello, el pecado de adulterio, tanto si la mujer era ya esposa de hecho, como si era prometida o ‘desposada’, se castigaba con la muerte de ambos adúlteros: “Si uno comete adulterio con la mujer de su prójimo, los dos adúlteros son reos de muerte” (Lev 20,10). Aunque ni este texto, ni Lev 22,22 que citaremos más adelante, especifican qué forma de muerte debía aplicarse a los trasgresores, ya el profeta Ezequiel, al hablar en forma simbólica del pueblo de Israel como una esposa adúltera, sabía que la pena era la lapidación (Ez 16,32-40), lo mismo que en el texto de Juan que estamos comentando. Este castigo horrendo solamente encontraba atenuantes en el caso de que la mujer infiel fuese una esclava. (Lev 19,20-22), porque entonces no se consideraba propiamente adulterio. Pero, precisamente porque la pena era tan grave, no bastaba la sospecha o la convergencia de indicios que hicieran suponerlo: era necesario que los culpables hubieran sido sorprendidos y que los testigos se presentaran ante los tribunales. Es probable que la aplicación de esta pena fuese más bien rara por diversos factores, entre ellos la dificultad de establecer una comprobación plena del hecho y, sobre todo, la posibilidad de que el marido pudiera divorciarse de su esposa, según lo establecido por la Ley (Dt 24,1), lo que ofrecía al marido una salida airosa que dejaba oculta su deshonra.

Sobre la acusación

Llama poderosamente la atención en el pasaje que los escribas y fariseos queden al desnudo en una interpretación maliciosa de la Biblia que se cebaba en las mujeres, haciendo caer solamente sobre ella el peso de la sanción. En efecto, nos avisa el texto que los fariseos apelan a la ley de Moisés para justificar su acción punitiva. Castigarán a la mujer adúltera porque así lo manda la ley de Dios. Los fariseos hacen referencia implícita al texto de Dt. 22,22: “Si sorprenden a uno acostado con la mujer de otro, han de morir los dos: el que se acostó con ella y la mujer. Así extirparás la maldad de ti”. Como se ve, el texto conmina a dar muerte a los dos trasgresores. La sorpresa de Jesús no podría ser mayor: el texto declara que los dos deben morir, ¡pero solamente le traen a la mujer! El dolo de los fariseos queda al descubierto en su misma petición: “La ley de Moisés ordena que mujeres como éstas mueran apedreadas”. Esta es, al menos, una media verdad, y las medias verdades suelen ser las más grandes mentiras. La Ley de Moisés no mandaba que las mujeres fueran apedreadas, sino que ambos transgresores sufrieran la misma pena. La argumentación farisea excluye de culpabilidad al trasgresor varón. Con este tipo de argumentaciones e interpretaciones sesgadas, los fariseos hacían lo que hoy llamaríamos una ‘interpretación sexista o de género’ de la norma mosaica.

Por eso resulta también importante que en el relato los acusadores hayan dicho con claridad que la mujer había sido sorprendida ‘en flagrante adulterio’, es decir, en la realización concreta del acto sexual. ¿Cómo habrá hecho el varón implicado para escapar de los descubridores? ¿No sabrían, los que llevaron el caso ante los tribunales religiosos, quién era el hombre involucrado en esta relación sancionada por la Ley de Moisés? Ante esta clara, dolosa, maliciosa manipulación de la Ley divina, Jesús no puede sino quedar anonadado. Hay quienes sostienen que el acto de ponerse a escribir sobre la tierra manifiesta, precisamente, la incapacidad de Jesús de soportar una hipocresía tan evidente, su estupefacción ante la bajeza de una interpretación de la Escritura que, arropada tras el aparente cumplimiento de la voluntad divina, termina descargando el castigo solamente en la parte más débil.

Sobre el desenlace del episodio

Jesús reta a los escribas y fariseos a lanzar la primera piedra si es que ellos están libres de pecado. La respuesta de Jesús alude a una de las cosas que Jesús criticó con mayor énfasis: la hipocresía. No nos extraña, pues, que el relato nos diga que cuando fueron retirándose los acusadores fueron haciéndolo ‘comenzando por los más ancianos’, como trayendo a la memoria aquel relato de los ancianos que pretendieron aprovecharse de Susana en el libro de Daniel (Dn 13), y a quienes el joven profeta llama ‘envejecidos en años y en crímenes’.

Jesús se queda solo con la mujer. No hay en su mirada ni en su actitud acusación ninguna. La constatación de que no queda nadie que la condene hace que la mujer levante la mirada: ‘Tampoco yo te condeno’, le dice Jesús antes de despedirla. Se cumple así en la práctica aquella palabra de Jesús: “pues no envió Dios a su Hijo al mundo para condenar al mundo, sino para que el mundo se salve por Él” (Jn 3, 17). Este acto de perdón salvífico, es también un acto reivindicatorio de la mujer. Jesús completa su acción cuando le recomienda ‘desde ahora, ya no peques más’. Ella tiene derecho a una vida nueva. Ante las artimañas de un poder manejado por varones, y que descarga la fuerza de la ley en el cuerpo de las mujeres, Jesús se muestra como el Maestro que perdona, que libera, y que regenera a las mujeres, ofreciéndoles una nueva posibilidad de vida.

Una posibilidad de actualización del texto

La acción misericordiosa de Jesús está directamente dirigida a la defensa de la mujer, la parte más vulnerable de la errada interpretación de la ley divina que ofrecían los fariseos. Nunca más, después de esto, deberá usarse la Palabra de Dios para santificar o justificar los ataques en contra de la mujer. En la comunidad nueva fundada por Jesús, todos, hombres y mujeres, somos responsables ante Dios de nuestros actos, pero la acción de la justicia humana debe también ser equitativa, sin descargar su peso en los más débiles. No son pocos los temas actualmente en discusión en las iglesias cristianas en los que tenemos que estar alerta para no usar los textos bíblicos para aumentar el sufrimiento de algunas categorías de personas.

La inequidad de género en los tribunales siga siendo una constante aún en países declaradamente cristianos. Como en tiempos de Jesús, también ahora, nuevos escribas y fariseos, se esfuerzan por exculpar a quienes, por ser varones, pareciera que tuvieran permiso de ser violentos en contra de las mujeres. Basta darse una vuelta por las agencias del ministerio público dedicadas a delitos sexuales. Las mujeres casi tienen que traer al violador confeso para que su demanda corra con suerte. La policía judicial parece coaligarse en contra del testimonio de la mujer. Suele preguntarse a las víctimas cómo iban vestidas, si no fueron provocativas, si no subieron ellas solas al coche donde fueron violadas, etc. El resultado final de muchos de los procesos judiciales en el que las mujeres denuncian violencia es que las víctimas terminan siendo las culpables del delito… ¡aunque usted no lo crea! Si no, véase lo que ocurrió en el caso de la absolución por parte del Tribunal Supremo de un hombre madrileño que había violado a su sobrina de 14 años. Las exculpaciones son de antología: alegó el tribunal exculpatorio que no hubo situación de superioridad y explicó que “la menor pertenece a la etnia gitana que tiene como una de sus costumbres la precocidad en sus relaciones de noviazgo y matrimonio”. La Sala Penal anuló así la condena a dos años y cuatro meses que había sido dictada antes por delito de estupro. Al anunciar la sentencia el Juez añadió otra justificación: que se había comprobado que desde hacía seis meses la joven ¡tenía un novio!

Y esto no sucedió en un perdido país africano o en un subdesarrollado país latinoamericano. Ocurrió en España, en las Cortes de Madrid, y es contado por Nuria Varela, en un valiente libro que lleva por nombre “Íbamos a ser reinas” y que analiza las mentiras y justificaciones con que se pretende justificar la violencia contra las mujeres. Buscar un trato justo y equitativo para las mujeres en los tribunales judiciales de nuestros países es una de las tareas a la que nos invita este texto de la adúltera perdonada.

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9 Responses

  1. Paty Dany dice:

    Dany
    Trabaja en God's House
    "Y esto no sucedió en un perdido país africano o en un subdesarrollado país latinoamericano". I'm deeply surprised that this racist comment is coming from a catholic priest. There is no difference between you and the Pharisee in the gospel who wanted the adulterous woman stoned. But let me remind you that our dignity as human beings and as children of God does not depend on our geographical location. Hence your being from Spain doesn't make you superior or more important than those from Africa or Latin america. We are all made in the image and likeness of God.

  2. Regina dice:

    De suerte que hoy tengo tiempo para re-leer el texto y buscar esas ideas discriminantes y contradictorias que refiere el señor Marcelo Euán, quien ya me deja con la impresión de que sólo entra a escribir lo contrario al autor, aunque sea absurdo. De paso, este segundo análisis me hizo entender aún menos el comentario del señor Jacinto. Citaré las ideas del texto que probablemente algunas personas (con excesivo y rebuscado esfuerzo) pudieran encontrar como discriminatorias:

    «Sobre la parte más débil» Aquí se refiere al rol de la mujer de esa época y cultura específicas. La mujer era considerada de poco valor y casi propiedad del hombre, no que naturalmente así lo fuera. Este dato no es una opinión, sino un hecho histórico y cultural. Descartado.
    «Reivindicatorio de la mujer/regenerador del lugar de la mujer» no se refiere a que la mujer era débil y Jesùs la hizo fuerte, sino que le devolvía el lugar que siempre ha tenido y que le corresponde, y que la cultura, la época, etc. le quitaron. de nuevo, lo de la cultura no es una opinión si no un hecho. Descartado.
    «La parte más vulnerable de la errada interpretación de la ley divina de los fariseos…» O sea, que los fariseos interpretaban la ley poniendo en desventaja a la mujer, no que la mujer sea débil en si misma. De nuevo, descartado.
    «(…)Pero la acción de la justicia humana debe ser también equitativa, sin descargar su peso en los más débiles» De nuevo, esto no se refiere a que la mujer es más débil en sí misma, como hecho, sino que la historia, la sociedad, la cultura, etc. La han puesto en la posición de desventaja, y eso no es una opinión discriminante, es la descripción de una realidad innegable.

    Reitero lo del comentario anterior:

    Saber leer, no es sólo la habilidad de unir sílabas. Aunque se esté leyendo a Adela Micha o a Raúl Lugo.

  3. Marcelo Euan dice:

    Regina

    Recordar a nuestro ilustre presidente Fox, cuando dijo «Los mexicanos hacen trabajos aqui(USA) que ni los negros quieren hacer» eso es una frase que muchos mexicanos han dicho por años, sin embargo refleja claramente discriminación, ciudadanos de segunda los negros y aun todavía otra clasificación los inmigrantes mexicanos por debajo de los de segunda, no quiere decir que alguien tan culto y prepardo como el Sr. Lugo Rodriguez se puede comparar con las frases de Fox, pero desde la primera vez que comenté este articulo, si notè que en el trasfondo se puede confundir o distinguir algunas aseveraciones contrarias a la posición que ha asumido generalmente Lugo Rodriguez, por ejemplo deja ver entre lineas no entre silabas que la mujer es débil no aceptado actualmente, y como dijo jacinto, coloca a los latinos como de segunda, se leé entre silabas aunque sea con sarcasmo, pero eso dice. yo no creo que lo que dijo Fox fuera falso, es mas creo es verdadero, pero nunca debió ser dicho por un presidente.

  4. Regina dice:

    Señor Jacinto:

    Saber leer va más allá de la habilidad de unir sílabas.

  5. Marcelo Euan dice:

    Por otra parte pienso que el libro de Juan mas que cualquiera de los otros tres evangelios habla nos declara quien era Jesus, mientras los otros nos declaran mas que hizo, el de Juan desde el capitulo 1 nos habla mas de que Jesus es Dios mismo el evangelio no se trata de hombres o de mujeres se trata de Cristo y querer tomar una parte del Evangelio Según San Juan para abanderar una causa particular feminista me parece demasiado burdo, en ese parte de la lectura como en todo el evangelio Según San Juan, vemos a Jesus Dios ante el ser humano pecador(mujer adultera) y a Jesus Divino perdonando el pecado.

  6. Marcelo Euan dice:

    Creo que demasiada relativismo en muy complicado, por ejemplo hoy en dia este texto del sacerdote lugo según escuche en el noticiero de adela, se puede calficar de machista, si pues la semana pasada se dijo que las mujeres no debe considerarse un grupo vulnerable (debiles) pues no lo son, el sacerdote lugo hace uso varias veces de que les mujeres son un grupo debil, eso hoy en dia según el gobierno mexicano atravez de su grupo enfocado a los derechos de las mujeres dice que es un comentario sexista. si padre lugo si uno no esta al dia del relativismo constantemente cae en en la obsolesencia. pues ahora las mujeres en mexico cualquiera que sean no son un grupo vulnerable, si no solo un grupo que se vulnerá tecnicismos.

  7. Jacinto dice:

    Qué tienes en contra de los africanos y latinoamericanos?
    Crees que porque eres español, lo demás no tienen al ma dignidad como pensaban los ginipoñas españoles que supuestamente conquistaron estas tierras latinoamericanas?
    Tengo origen español. Excelente el comentario de no discriminar, pero al final la embarra. El español si no la embarra a l prprincipio la embarra al final.

  8. Jorge Rubio dice:

    Me gusta mucho ese pasaje del evangelio, creo que esa interpretación que da es muy interesante

  9. Regina dice:

    Wow, Raúl, me he quedado totalmente conmovida por esta lectura.
    En verdad hay mucho camino recorrido por nuestra sociedad universal en materia de igualdad de género, pero aún «¡Qué lejos estámos!»…y bastante.
    A pesar de este testimonio valiosísimo de Jesús, el sexismo no sólo se encuentra en instituciones civiles, si no desgraciadamente en la Iglesia Institución. Qué distinto sería todo si escucháramos del Evangelio no sólo la parte que nos conviene y dejaramos de manipularlo.

    Te deseo una fecunda Semana Santa!

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