Iglesia y Sociedad

Hacia una nación reconciliada

5 Sep , 2011  

El domingo pasado, en todas las iglesias católicas del mundo, el calendario litúrgico marcó la lectura de un texto de san Mateo que reviste una enseñanza especial para nuestros tiempos convulsos. Llamado el evangelio eclesial por excelencia, el primer evangelio de nuestra lista canónica está exquisitamente construido. Estructurado en torno a cinco discursos, quizá en evocación de los cinco libros de la ley mosaica, el cuarto discurso (capítulo 18) es un verdadero tratado de eclesiología que pone el acento en la necesidad de construir una comunidad igualitaria y fraterna, capaz de ser testimonio de Jesús ante el mundo.

Justo en el capítulo 18 se encuentra el texto que hemos leído el pasado domingo (vv. 15-20). La primera parte del texto, que es a la que quiero referirme, propone la manera como la comunidad mateana enfrentó el problema de las ofensas y/o divisiones que pueden ocurrir dentro de una comunidad de hermanos y hermanas. El consejo acerca de cómo practicar la corrección fraterna (“si tu hermano ha pecado contra ti, habla con él a solas… si no te escucha lleva contigo a dos o tres testigos… si tampoco hace caso díselo a toda la comunidad…”) expresa la voluntad de los discípulos y discípulas de Jesús de hacer de la iglesia una comunidad auténticamente fraterna: los que cumplen la voluntad del Padre son la nueva familia de Jesús (Mt 12,46-50) y han de conformar una comunidad plenamente reconciliada.

Pero no existe reconciliación sin ejercicio del perdón. Abolir las desigualdades entre los hermanos, suprimir todo signo exterior de rango y de poder para que quede manifiesto que todos somos hijas e hijos de un mismo Padre y que la relación entre las y los discípulos de Jesús ha de ser de una hermandad radical, es un ideal que implica también una gran dosis de realismo. Habrá momentos en que la fraternidad se ponga en peligro por la conducta de algunos de los hermanos. En tales casos, el ejercicio del perdón, vivido de manera personal y comunitaria, puede garantizar la continuidad de la fraternidad como valor esencial de las iglesias cristianas que hay que salvaguardar a toda costa.

Digo que esta enseñanza es especialmente pertinente, porque vivimos en un país en el que el tejido social se ha descompuesto de tal manera en los últimos años, que los clamores de justicia, totalmente comprensibles, han excluido el ejercicio del perdón en el plano social. Todavía hace unos pocos días fuimos testigos del aterrador incendio que consumió el Casino Royale en la ciudad de Monterrey, incendio que arrojó el saldo de 52 personas muertas. El desalmado acontecimiento criminal, que dejó además al desnudo toda una red de complicidades y negligencias en el funcionamiento de los casinos, recibió una enorme cobertura mediática.

Quizá presionados por la opinión pública nacional, las instituciones de procuración de justicia de los niveles estatal y federal ofrecieron rápidos resultados: apenas unos días después fueron presentados cinco de los autores materiales del atentado que afectó a tantas familias mexicanas debido a la vida cegada de alguno de sus miembros. Mi sorpresa fue mayúscula: todos los criminales, salvo uno, no llegaban a los treinta años, y uno de ellos apenas si alcanzaba la mayoría de edad.

Integrantes de una generación sin oportunidades, una buena cantidad de jóvenes se enrolan con el crimen organizado y apuestan todo a unos pocos años de efímera riqueza y una segura muerte violenta. A tal grado está roto el tejido social que los muchachos llegan a esa opción casi por descarte. Cuando vi los rostros de los acusados en la televisión, la exigencia de justicia, entendida ésta como la simple venganza social, me pareció terriblemente equivocada: éstos podrían ser nuestros hijos, nuestros hermanos menores, nuestros nietos. ¿Qué hemos hecho o qué hemos dejado de hacer como sociedad para que estos jóvenes se hayan visto orillados a cometer crímenes de este tipo?

A la luz de estas reflexiones he aprendido a aquilatar la novedad evangélica que encierra el discurso del Movimiento por la Paz con Justicia y Dignidad (MPJD) que encabeza Javier Sicilia. Sea en el reciente intercambio de misivas entre Sicilia y el Sup Marcos, como en la fecunda polémica que suele desencadenarse cada semana en la sección “palabra del lector” de la revista Proceso entre Sicilia y muchos opinadotes que con él convergen o disienten, se va delineando la novedad del MPJD, que el mismo Sicilia describe con estas palabras en su carta al Subcomandante:

“Queremos decirles también que aunque no nos entiendan, aunque lo nuevo –esa capacidad para tratar de hacer la paz incluso con nuestros adversarios, porque creemos que los equívocos de un ser humano no son el ser humano, sino una alienación de su conciencia que hay que transformar mediante la paciencia del amor— los desconcierte, compartimos los mismos anhelos y esperanzas, las de un mundo en el que quepan muchos mundos

En el concierto de voces que alientan la construcción de una patria justa y fraterna, la voz del MPJD y de su vocero Sicilia tiene una novedad con sabor a evangelio. Ya lo señalaba Paul Ricoeur cuando sostenía que en la concepción clásica la falta, presupuesto del perdón, se asociaba a la persona, de suerte que falta y persona constituían una sola entidad. Cuando la persona y la falta son una y la misma cosa, la posibilidad del perdón desaparece y solamente queda la justicia entendida como venganza, como castigo proporcional a la falta.

Si pensamos, en cambio, que el ser humano es mucho más que la suma de sus actos; que el mal, como explica Juan Blanco Ilari, no “infecta” a la persona sino que es producto, justamente, de su misma debilidad en cuanto persona; que las faltas son constitutivas de nuestro ser de humanos y que, como reconoce el pasaje mateano que comentábamos al inicio, requiere de procesos de perdón y reconciliación, entonces la aspiración a conformar un mundo en el que quepan muchos mundos, como lo expresa esa otra utopía en acción que conocemos como zapatismo, tendrá que seguir muy otros caminos que el de la justicia entendida como simple venganza ciega.

Javier Sicilia es, de muchas maneras, testigo del evangelio. Nos ha mostrado que la muerte de un hijo, un asesinato a mansalva, no tiene necesariamente que despertar en el corazón odios y deseos de venganza. Que del dolor que produce el asesinato de un hijo, el dolor de toda víctima, puede desencadenarse una fuerza reconciliadora. Sólo de un espíritu tan profundamente evangélico pueden venir las palabras que Sicilia le dirige al Sup Marcos con las que quiero cerrar esta reflexión y que, de alguna manera, encierran la propuesta del MPJD:

“Hoy la guerra ha desgarrado los cuatro partes de México (el norte, el sur, el este y el oeste), pero también, en la visibilización de nuestros dolores –que son muchos y cada vez más– de nuestros rostros, de nuestros nombres y de nuestras historias, nos ha unido para –en la paz del amor, que nos lleva a caminar, abrazando dolores, y a dialogar, buscando trastornar la conciencia de los poderosos— encontrar ese yo plural, ese nosotros, que nos han arrebatado. Ello sólo ha podido nacer del corazón, de la solidaridad y de la esperanza, es decir, de la gran reserva moral que hay todavía en la nación y de la cual ustedes forman una de sus más hermosas partes. Hoy, más que nunca, creemos que sólo en la unidad nacional de esa reserva –que no sólo está abajo, sino también arriba y a los lados, en todas partes– podemos detener la guerra y encontrar entre todos el camino de la refundación nacional. México, querido Subcomandante, es un cuerpo desgarrado, un suelo fracturado, que hay que recomponer como un cuerpo y una tierra sanas en las que –como todo cuerpo y toda verdadera tierra– cada una de sus partes, cuando se armonizan y se cultivan en el bien, son tan necesarias como importantes”.

Colofón: La semana pasada una jugarreta de la tarjeta madre de mi ordenador impidió que esta columna saliera puntualmente. No ha tenido nada que ver con el proceso de recuperación de mi accidente que, a Dios gracias, sigue su curso normal. Gracias, de todas formas, a quienes se inquietaron por mi ausencia y redoblaron sus oraciones por mi salud. Dios se los pague.


3 Responses

  1. RicardoPech George dice:

    Lei que el Vaticano,citó a Mons. Raúl Vera López, para que defina su postura sobre los homosexuales. Las autoridades vaticanas le recomendaron definir su postura respecto a la doctrina católica, sobre todo en materia de defensa de la vida desde la concepción hasta la muerte natural y del matrimonio heterosexual.
    Vera López, tras celebrar misa la víspera en la catedral de Santiago, en Saltillo, declaró a periodistas que presentó ante El Vaticano su proyecto pastoral, el cual incluye seguir trabajando con la comunidad gay, porque sus integrantes también son cristianos. Eso es ser un verdadero pastor.

  2. Raúl, ¿nos la compartes en La Otra Chilanga?; ya te extrañamos por allá… y en aquella otra virtualidad que llamamos la realidad, también. Un abrazo, que sigas mejorando.

  3. RicardoPech George dice:

    La rebeldía de sacerdotes y feligreses de Austria
    LONDRES.- A pocos días de la visita del Papa, un grupo de padres católicos exige cambios como el fin del celibato y la ordenación de mujeres.
    Un fantasma recorre Austria: el de la rebeldía religiosa. Un grupo significativo de clérigos está exigiendo cambios profundos en la iglesia católica y cuenta con el respaldo de las tres cuartas partes de su grey, según publica el sitio web de BBC Mundo.

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