Iglesia y Sociedad

Buena noticia para los derechos humanos

30 Mar , 2009  

La Declaración Universal de los Derechos Humanos establece que, para que las personas y los pueblos puedan vivir dignamente, se necesita el reconocimiento y respeto de las dos clasificaciones de derechos: los civiles y políticos (DCyP), y también los derechos económicos, sociales, culturales y ambientales (DESC).

Louise Arbour, antigua Alta Comisionada de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos, explicó en qué consisten estas dos clases de derechos: los DCyP hacen que se respete la libertad a vivir sin miedo. Con esta formulación, la entonces Alta Comisionada expresó que la libertad de expresión, la libertad de reunión, la libertad de movimiento, el derecho a juicios justos, el derecho a elegir a nuestras autoridades, y todos los demás DCyP, nos permiten vivir sin miedo de que los gobiernos nos obliguen a hacer algo que no queremos, que se metan en nuestras vidas. Mucha gente ha sido perseguida por el gobierno debido a su manera de pensar, o a las cosas que ha dicho o publicado. Los DCyP nos garantizan que los gobiernos tienen límites muy precisos y que, siendo ellos nuestros servidores, no tenemos porqué vivir teniéndoles miedo.

Para hablar de los DESC, en cambio, Louise Arbour los nombra como la libertad de vivir sin miseria. Se refiere así a que el derecho a la educación, a la salud, a un nivel de vida digno, al trabajo, a la identidad cultural, a un medio ambiente sano, y todos los demás DESC, son derechos que el estado debe garantizarnos: escuelas, hospitales, empleos, carreteras, lo que hará que no vivamos en la miseria.

Desde que la Declaración Universal de los Derechos Humanos fue firmada por los países de la ONU, se reconoció que estas dos clases de derechos están íntimamente relacionadas. De nada serviría, por ejemplo, tener libertad de entrar y salir del país (que es un derecho civil) si las personas no tienen trabajo digno para ganarse el dinero suficiente y así poder pagarse un pasaje de autobús o de avión para poder hacerlo (que es un derecho social). Se entendió, ya desde aquellos años, que la pobreza y las condiciones inhumanas de vida eran un obstáculo para el goce de los otros derechos, por lo que no puede llamarse “respetuosa de los derechos humanos” a una sociedad donde la desigualdad se manifiesta en situaciones de miseria.

La influencia de los países capitalistas hizo que durante mucho tiempo se diera mucha más atención a los derechos individuales. Así que muy pronto, en 1976, se inventó un mecanismo llamado “Protocolo Facultativo” para vigilar que todos los países respetaran esos derechos. Como resultado de esto, cualquier ciudadano que sintiera que sus DCyP eran violados tenía instrumentos en su país y fuera de su país, para reclamar que se le respetaran.

Los DESCA, en cambio, han tenido que recorrer un camino mucho más largo para ser reconocidos como verdaderos derechos por los gobiernos de los países. Se creó una categoría de derechos ‘alfa’ –los civiles y políticos—que eran prioritarios en las agendas de política interna e internacional de los países ricos e influyentes. En contraste, los derechos económicos, sociales y culturales a menudo quedaron al final de las listas de ‘pendientes’ nacionales e internacionales”.

El año pasado, 2008, terminó con un evento histórico para el mundo de los derechos humanos: la adopción por la Asamblea General de la ONU del Protocolo Facultativo al Pacto Internacional de Derechos Económicos, Sociales y Culturales (PF-DESC). Por “protocolo facultativo” entendemos el establecimiento de medios jurídicos concretos, universalmente aceptados, por medio de los cuales un ciudadano puede enfrentar una violación de los derechos humanos en su país y, una vez que se hayan agotado todas las instancias internas, puede también recurrir a tribunales internacionales expresamente creados para ello.

Ya desde hace más de treinta años, si una persona ve violados sus DCyP y agota los canales existentes en su país, entonces puede recurrir a instancias internacionales a las que México está sometido. Eso es lo que hizo, por poner un ejemplo, el ex candidato independiente a presidente de la república, Jorge Castañeda. Él quiso ser candidato a la presidencia, pero quiso hacerlo fuera de la estructura de los partidos. La ley electoral se lo impidió, porque en México no existía la figura de candidatos independientes. Todo el que quisiera ser elegido debería ser presentado por algún partido político. La candidatura de Jorge Castañeda fue desechada por los tribunales mexicanos. Pero Jorge Castañeda, que sabe que existen tribunales internacionales donde podía llevar su caso, apeló la decisión de las autoridades mexicanas, argumentando que el derecho de todo ciudadano a votar y ser votado no implica necesariamente que deba serlo a través del registro de algún partido político. Y ganó el caso.

Pero en el caso de los DESC, como ya hemos mencionado, el camino ha sido más lento. Los países miembros de la ONU firmaron el Pacto de Derechos Económicos, Sociales y Culturales, pero habían retrasado la creación de un “protocolo facultativo” que estableciera tribunales internacionales donde casos de violación a los DESC pudieran ser dirimidos. Este retraso es explicable. Los DESC implican la participación decisiva del Estado para respetarlos, protegerlos y garantizarlos. Esto implica que los Estados deben, por ejemplo si hablamos del derecho a la educación, destinar un determinado tanto por ciento de su presupuesto para cubrir gratuitamente las necesidades de educación básica de sus poblaciones. Y lo mismo puede decirse del derecho a la salud o del derecho al trabajo. A los Estados no les conviene que los ciudadanos puedan exigir en tribunales internacionales estos derechos. Por eso argumentan que para cumplir los DESC se necesita dinero y el Estado no siempre puede contar con el presupuesto que necesita para que los DESC sean una realidad para todos y todas.

Pues bien, la lucha de años por conseguir que la asamblea general de la ONU aprobara el Protocolo Facultativo para los DESC, ha culminado. Esto es un éxito importante para los grupos que trabajan en este tema y sobre todo abre valiosos caminos para que víctimas de violaciones a DESC obtengan justicia.

La aprobación del Protocolo Facultativo para los DESC, en diciembre de 2008, es sólo un paso más en un camino todavía largo. Dicho protocolo no entrará en vigor sino hasta que al menos 10 Estados lo ratifiquen. Habrá que garantizar que su inminente entrada en vigor se dé con un alto número y diversidad regional de ratificaciones (mucho más de las diez indispensables). Habrá también que asegurar después su funcionamiento adecuado, trabajando para garantizar la adopción de reglas de procedimiento efectivas y la elección de miembros con fuerte trayectoria en el comité DESC, para facilitar la participación de organizaciones a nivel nacional para la presentación de casos y la implementación de decisiones. Falta mucho, pero la aprobación es el primer paso y merece celebrarse.

En base a las noticias más recientes, el PF-DESC estará disponible para firma (que es el primer paso para una ratificación) en septiembre del 2009. Ojalá que un número considerable de países participe en la ceremonia con su firma. Muchas organizaciones, a lo largo y ancho del planeta, están solicitando a las autoridades de sus países que definan sus planes con respecto a la firma y ratificación del PF-DESC. Esperemos que México se ponga a la vanguardia y sea de los primeros en firmarlo y ratificarlo.

Iglesia y Sociedad

Crónica de la fugaz eternidad

23 Mar , 2009  

El ejercicio poético es una forma de contemplación. No es casual que muchos místicos y místicas sean, al mismo tiempo, entrañables poetas. El hallazgo poético tiene la densidad del fuego; aire inasible, el poema desvela y revela otro lado de la realidad. Es umbral de misterio, oblicua mirada que es, a la vez, opaca y transparente.

Cuando la teología, ese frágil intento de explicar el Misterio, desgasta las argumentaciones, entonces se hace imprescindible la mirada del místico, del poeta. Cuando se lee algunos de los versos cumbres de Juan de la Cruz (“Allí me dio su pecho, / allí me enseñó ciencia muy sabrosa, / y yo le di de hecho / a mí sin dejar cosa; / allí le prometí de ser su esposa. // Mi alma se ha empleado, y todo mi caudal, en su servicio; / ya no guardo ganado, / ni ya tengo otro oficio, / que ya sólo en amar es mi ejercicio”) uno intuye mucho más de Dios, así sea con una inteligencia no discursiva, que a partir de la lectura de alguno de los tomos de la Summa Teológica del Aquinate.

Rubén Reyes Ramírez es un poeta. Difícilmente pueda decirse cosa mayor de una persona. Como el místico, el poeta también está tocado por una realidad que lo sobrepasa. Ya en “Estrategia para tomar la flor” (CEPSA Editorial, Mérida 2003), Rubén Reyes había definido su quehacer poético:

Soy al cabo, un amante de la espiga,
obstinado y ebrio amante
de la flor en la región del alba en el latido.

Con mis herramientas:
la llama y la sombra,
del hervor de la rosa
o del milagro en el agua del barro,
soy cazador,
sacerdote y testigo.

Soy el profeta en la oquedad de la intemperie,
huérfano y desnudo,
medio sordo a lo lejos,
algo claro en el aire matutino,
medio triste en la lluvia,
elemental
y terco;
y, al cabo, ausente,
ladrón insomne del silencio.

Ahora, en un nuevo poemario, Rubén Reyes se convierte en cronista de una luz inasible, eterno fuego condensado y fugaz: el relámpago. Publicada por el Fondo Editorial del Ayuntamiento de Mérida el pasado mes de enero, la más reciente obra de Reyes Ramírez lleva por título “Crónica de un relámpago” y es un poemario constituido por cinco partes, acompañadas de una introducción y un epílogo.

Uno reconoce en este nuevo libro aquel ritmo al que Rubén nos ha acostumbrado en sus anteriores poemarios. Su prologuista, José Ramón Enriquez, (otro acierto de la reciente publicación: un poeta prologando a otro poeta, aunque el presentador sea más conocido en su calidad de dramaturgo), afirma: “Donde hay un poeta existen sonidos antiguos, y éstos son gemelos de las búsquedas más audaces… Como sonido antiguo o como audacia contemporánea, nunca podremos capturar el relámpago así como tampoco hablar siquiera de él. La esperanza es encontrar poetas que sigan su rastro en su propia experiencia y que nos comuniquen la historia personal de lo inasible y lo inefable”.

A más de sus obsesiones reconocidas (flor, nube, risco, gesto, ritual, resplandor, desvelo) me parece notar, en mi lectura de diletante, un nuevo acento en la poesía de Rubén Reyes que lo emparenta con José Emilio Pacheco: la insistencia en el derrumbe, en los escombros, en la caducidad que marca a nuestra época, aunque aborde el tema siempre con un toque de optimismo, lo cual lo distingue de la desesperanza del poeta capitalino:

De las hojas por el rocío que se esparcen,
de las uvas y el huerto en posesión de las campanas,
sólo me quedan los incendios claros,
sólo el perfume de la sombra sobre el campamento del derrumbe.

****

En la punta del risco del insomnio
hemos de pagarle al buitre eternamente
hasta que el agua limpie los escombros,
el hurto del fulgor
para la edad de la sonrisa.

¿Cómo puede la eterna luz esconderse y revelarse simultáneamente en la fugacidad del instante? He ahí el misterio del relámpago, definido en el diccionario como “resplandor vivísimo e instantáneo producido en las nubes por una descarga eléctrica”, pero por encima de una anquilosada definición, icono de la fugacidad, símbolo de la única y verdadera realidad, aquella que escapa a cualquier intento de posesión, y que, como la palabra misma, no es otra cosa que momentánea vibración del aire.

Yo creo que un poemario, a pesar de ser concebido y elaborado como un conjunto, cifra su suerte definitiva en el momento cumbre del hallazgo poético, aquellas fórmulas felices que atrapan en el ritmo y la imagen, en el reiterado juego entre sonido y silencio, un momento de revelación inefable. Yo encuentro en “Crónica del relámpago”, que por subtítulo lleva “Cantos de fuego amotinado”, muchos de esos momentos.

No quiero ser exhaustivo. Cuando releo lo que hasta aquí he comentado me parece que es ya suficiente para que las y los lectores se sientan invitados a tomar en sus manos la obra más reciente de Rubén. No resisto, sin embargo, la tentación de compartir desde esta columna semanal algunos de los fragmentos que más me han impactado y emocionado. Aquí está Rubén, de nuevo, intentando la definición de su particular ‘poiesis’, de su tarea como atisbador de misterios:

Es lluvia en el aire palpitando
la que incendia en la arena mi deseo:
soy una condición de asombro,
huella en desvarío por la hierba,
apenas un espasmo en la liturgia del sonido.

O esta hermosa descripción del lúcido instante de la revelación poética, momento en que lo cotidiano se quiebra por la irrupción del resplandor y que tanto me recuerda la saeta angelical que atraviesa el corazón de la mística de Ávila:

Soy apenas la intención del agua
anegando las grietas arteriales de la sombra,
soy un gesto lento en remanso por el escombro;
pero ocurre que se astillan los umbrales
y el pulso de los sueños penetra quietud por las comarcas en la arcilla de la tarde;
entonces es el aire puro el que inventa fulgor en la mirada,
entonces, nada qué decir ni qué hacer
ante la saeta crucial del júbilo,
sino dejarse transportar en la altivez de sus coronas ebrias.

Bienvenidos, pues, a este nuevo vértigo, a un sorpresivo látigo de lluvia poética. Bienvenidos a “Crónica del relámpago”, el nuevo poemario de Rubén Reyes Ramírez.

Iglesia y Sociedad

La obscenidad de las televisoras

16 Mar , 2009  

El domingo pasado leímos en todas las iglesias católicas el texto en el que Jesús expulsa a los mercaderes del templo de Jerusalén, según la versión del cuarto evangelio. A diferencia de los otros tres evangelistas, es solamente el evangelio del discípulo amado el que, con una honda mirada de fe, nos revela un significado de tal gesto simbólico de Jesús que no nos explicitan los otros tres evangelios.

Después que Jesús anuncia la destrucción del templo y su reconstitución en tres días, el evangelista se ve en la necesidad de aclarar que tal declaración no fue comprendida, ni siquiera por los mismos discípulos, sino hasta que pudieron leerla a la luz de la muerte y resurrección de Jesús. A partir de tal declaración los cristianos y cristianas hemos llegado a la conclusión de que no existe para nosotros más templo que Jesús, muerto y resucitado. Es en él, en su proyecto de hermandad, en la comunidad reunida en torno a su seguimiento, que encontramos la presencia de Dios.

Desde hace muchos años no puedo leer este texto sin acordarme del hermoso poema del nicaragüense Ernesto Cardenal. En su texto “Oración por Marylin Monroe”, el sacerdote poeta hace una aplicación del pasaje bíblico refiriéndolo al cuerpo de la legendaria actriz norteamericana. Bajo riesgo de que este segmento no sea comprendido del todo, porque se halla fuera del contexto total del poema, cito ahora las palabras de Cardenal:

“…Ella soñó cuando niña que estaba desnuda en una iglesia (según cuenta el Times) / ante una multitud postrada, con las cabezas en el suelo / y tenía que caminar en puntillas para no pisar las cabezas. / Tú conoces nuestros sueños mejor que los psiquiatras. / Iglesia, casa, cueva, son la seguridad del seno materno / pero también algo más que eso…

Las cabezas son los admiradores, es claro / (la masa de cabezas en la oscuridad bajo el chorro de luz). / Pero el templo no son los estudios de la 20th Century-Fox. / El templo —de mármol y oro— es el templo de su cuerpo / en el que está el Hijo de Hombre con un látigo en la mano / expulsando a los mercaderes de la 20th Century-Fox / que hicieron de Tu casa de oración una cueva de ladrones…”

Lo anteriormente apuntado puede ser útil como marco de referencia para una reflexión sobre lo ocurrido en Izamal la semana pasada. Como han informado con profusión algunos medios de comunicación social, Televisa filmó su programa matutino de entretenimiento en diversos puntos de la geografía estatal. Uno de ellos fue el monumental atrio del convento izamaleño.

Se han elevado voces, entre ellas la de los frailes que viven y sirven en el convento, señalando que dicho programa habría tenido expresiones obscenas y escenas procaces, indignas del recinto católico usado como escenografía. Yo pienso que Televisa (y su empresa compañera TVAzteca, curiosa mezcla de servil imitación y competencia comercial) es, en efecto, una empresa obscena e impúdica. Y creo que lo es, no sólo ni principalmente debido a la falda corta de Mariana Seoane o al torso desnudo de un profesor de yoga o a los chistes malos de sus remedos de cómicos, sino a asuntos de mucha mayor gravedad.

No les basta a los dos monstruos de la comunicación electrónica (Televisa y TVAzteca) inundarnos de programación de escaso contenido cultural –de esa que en Europa se conoce como “telebasura”– sino que han pretendido mantener un férreo dominio sobre la política de concesiones del espectro radio eléctrico por parte del Estado mexicano, que les permita seguir siendo las únicas empresas autorizadas en este campo de la comunicación. Sus intenciones quedaron expuestas a la luz pública cuando, a través de sus operadores políticos dentro de las cámaras legislativas federales, aprobaron una ley de radio y televisión tan restrictiva (¡por unanimidad en la cámara de diputados! para baldón eterno de todos los partidos políticos en ella representados), que cerraba el espacio a cualquier tipo de competencia y negaba a los pueblos indígenas su derecho a poseer y administrar medios de comunicación.

Tuvo que ser la Suprema Corte de Justicia la que, al final de un largo proceso de impugnación de dicha ley, terminara declarándola inconstitucional. No obstante, con toda impudicia, las televisoras han hecho todo lo posible para que los partidos políticos no aprueben una nueva ley. Y se rumora que, en este perverso cabildeo, siguen distribuyéndose muchos millones de pesos junto con amenazas.

La obscenidad de las televisoras puede constatarse en cualquier vertiente de su programación, aunque –he de reconocerlo– pueda ser más evidente en los programas llamados de “entretenimiento”. La frivolidad de sus contenidos llega a extremos insospechados. La pobreza (y manipulación) informativa de sus noticieros es proverbial. Hay un deplorable manejo de la figura de la mujer en cuanto objeto. Sus barras de opinión –salvo excepciones que confirman la regla– carecen de rigor crítico y presentan solamente la cara de la medalla que favorece la preservación del actual sistema económico y político.

Pero el grado mayor de impunidad e impudicia de las televisoras lo hemos constatado en relación con la reforma electoral. Las rabietas de las televisoras, debidas a la ingente cantidad de dinero que dejaron de percibir dada a la prohibición de la compra venta de espacios televisivos para las campañas políticas, nos darían risa si no fuera un asunto de tanta relevancia. Con impar cinismo se quejan ahora de la disposición legal de los tiempos públicos en la televisión como si “inundaran” de aburridos contenidos políticos la programación, fingiendo olvidar (no se crean que hemos perdido la memoria) que la cantidad de spots era mayor antes de la reforma electoral, sólo que entonces eran spots pagados, lo cual los convertía por arte de magia en «expresión democrática».

Y por si fuera poco –y esto tiene mucho qué ver con la verdadera obscenidad que representa la presencia del programa “Hoy” en Yucatán– las televisoras se jactan de violar la legislación vigente haciendo aparecer a políticos interesados en cultivar su imagen a costa del erario público, metiéndolos en noticieros y programas de espectáculos, como si fuera una acción casual o inocente. ¿O es que acaso creen las televisoras que el ciudadano y ciudadana de a pie no cae en la cuenta de que esos programas son idóneos escaparates de propaganda política, esa propaganda prohibida hoy por nuestras leyes? ¿Sabremos algún día cuánto invierte el gobierno del estado de México, de Veracruz o de Yucatán (y cómo justifican tales egresos) en ese rubro, para que se privilegien las “noticias” de las acciones gubernamentales de sus estados o se trasladen los programas de espectáculos a sus territorios geográficos? Junto a esta impudicia de las televisoras, la procacidad de sus cómicos y conductores es peccata minuta.

Colofón: ¡Ya viene Galeano! ¡Ya viene Galeano! Escucharlo será, sin duda, una experiencia enriquecedora.

Iglesia y Sociedad

La lectura fundamentalista de la Biblia

9 Mar , 2009  

Esta columna ha llevado siempre, desde que se publicaba en la prensa comercial escrita, el título de “iglesia y sociedad”. Escrita por un presbítero católico, la columna aborda con frecuencia textos bíblicos, pero lo hace en una perspectiva crítica, según las normas de la exégesis católica. No es que la lectura católica de la Biblia se distinga por un método científico particular, sino que simplemente reconoce que uno de los aspectos de los textos bíblicos es ser obra de autores humanos, que se han servido de sus propias capacidades de expresión y de medios que su tiempo y su medio social ponían a su disposición. Por eso la lectura católica de la Biblia usa todos los métodos y acercamientos científicos que permiten captar mejor el sentido de los textos en su contexto lingüístico, literario, socio-cultural, religioso e histórico, iluminándolos también por el estudio de sus fuentes y teniendo en cuenta la personalidad de cada autor.

Otro acercamiento a la Biblia es la lectura fundamentalista. Ésta parte del principio de que, siendo la Biblia Palabra de Dios inspirada y exenta de error, debe ser leída e interpretada literalmente en todos sus detalles. Por “interpretación literal” entiende una interpretación primaria, literalista, es decir, que excluye todo esfuerzo de comprensión de la Biblia que tenga en cuenta su crecimiento histórico y su desarrollo. Se opone, pues, al empleo de cualquier método científico para la interpretación de la Escritura.

El fundamentalismo exige una adhesión incondicionada a actitudes doctrinarias rígidas e impone, como fuente única de enseñanza sobre la vida cristiana y la salvación, una lectura de la Biblia que rehúsa todo cuestionamiento y toda investigación crítica. El problema de base de esta lectura fundamentalista es que, rechazando tener en cuenta el carácter histórico de la revelación bíblica, se vuelve incapaz de aceptar plenamente la verdad de la Encarnación misma. El fundamentalismo rehuye la relación estrecha entre lo divino y lo humano en las relaciones con Dios. Rechaza admitir que la Palabra de Dios inspirada se ha expresado en lenguaje humano, y que ha sido escrita, bajo la inspiración divina, por autores humanos, cuyas capacidades y posibilidades eran limitadas. Por esto, tiende a tratar el texto bíblico como si hubiera sido dictado palabra por palabra por el Espíritu, y no llega a reconocer que la Palabra de Dios ha sido formulada en un lenguaje y una fraseología condicionadas por tal o cual época. No concede ninguna atención a las formas literarias, y a los modos humanos de pensar presentes en los textos bíblicos, muchos de los cuales son el fruto de una elaboración que se ha extendido por largos períodos de tiempo, y lleva la marca de situaciones históricas bastante diversas.

Como si la Biblia hubiera sido escrita en castellano, quienes leen la Biblia en perspectiva fundamentalista tienen frecuentemente la tendencia a ignorar o negar los problemas que el texto bíblico presenta en la formulación hebrea, aramea o griega. Su lectura está frecuentemente ligada a una traducción determinada, antigua o moderna. Si hablamos de los evangelios, la lectura fundamentalista no tiene en cuenta el crecimiento de la tradición evangélica, sino que confunde ingenuamente el estado final de esta tradición (lo que los evangelistas han escrito) con el estado inicial (las acciones y las palabras de Jesús en la historia). Descuida por eso mismo un dato importante: el modo como las primeras comunidades cristianas han comprendido el impacto producido por Jesús de Nazaret y su mensaje.

La tendencia a una gran estrechez de puntos de vista propia del fundamentalismo se basa en una lectura no crítica de algunos textos de la Biblia y tiene muchas veces inclinación a confirmar ideas políticas y actitudes sociales marcadas por prejuicios, racistas o sexistas por ejemplo, que son completamente contrarias al Evangelio cristiano.

Es inquietante que, en los inicios del tercer milenio, la lectura fundamentalista esté encontrando tantos nuevos adeptos en grupos religiosos e iglesias cristianas, incluyendo la católica. Quizá esto esté motivado por el deseo de encontrar verdades seguras en medio de tanta confusión. Pero no hay que olvidar, ahora que estamos celebrando los doscientos años del nacimiento de Charles Darwin, el abismo infranqueable que la lectura fundamentalista abre entre religión y ciencia.

Como bien advierte el documento ‘La interpretación de la Biblia en la Iglesia’, publicado por la Pontificia Comisión Bíblica en 1993, “el acercamiento fundamentalista es peligroso, porque seduce a las personas que buscan respuestas bíblicas a sus problemas vitales. Puede engañarlas, ofreciéndoles interpretaciones piadosas pero ilusorias, en lugar de decirles que la Biblia no contiene necesariamente una respuesta inmediata a cada uno de sus problemas. El fundamentalismo invita tácitamente a una forma de suicidio del pensamiento”.

Iglesia y Sociedad

Un atropello en carnaval

2 Mar , 2009  

En el carnaval muy pocos se disfrazan. Como en “La Fiesta”, aquella vieja canción de Serrat, las carnestolendas desnudan más que disfrazan. Desnudas quedaron las autoridades municipales y las empresas cerveceras. Desnudos los medios y su pobreza informativa. Pero en este carnaval 2009, el así llamado “Carnaval de película”, quien quedó verdaderamente en cueros fue la Secretaría de Seguridad Pública.

El 20 de febrero el joven Adrián Gorocica fue detenido por más de veinte elementos de la policía estatal alrededor de las once de la noche. ¿El delito cometido? Haber intercedido ante un policía a favor de otro joven que había lanzado una botella de plástico vacía al aire durante el festejo carnavalesco.

Adrián Gorocica se resistió pacíficamente al arresto sentándose con las piernas cruzadas, sujetándose de la malla ciclónica y preguntando a los policías el motivo de su detención. La respuesta fueron golpes, golpes por todas partes. Adrián fue pateado e insultado por más de una docena de policías, quienes lo tomaban del pelo y presionaban su cara contra la malla. Cuando los refuerzos llegaron lo esposaron y lo arrastraron, jalándolo de las esposas, hasta un puesto de policía cercano al lugar de los hechos. Cuando el comandante preguntó la razón de la detención, los policías respondieron: “Operativo Carnaval”. La orden del comandante fue perentoria: “llévenselo atrás y síganle con la verguiza”.

Neyif Cruz, Marlon Amaya y Eder Poot, tres amigos de Adrián que preguntaron a los uniformados el motivo de la detención, se quejaron por los golpes que continuaba recibiendo su compañero y protegían a la novia de Adrián que era empujada por los policías con la amenaza de detenerla, también fueron detenidos y arrojados a la cama de una camioneta antimotines, cayendo éstos últimos sobre Adrián, quien previamente había sido lanzado hacia la cama de la camioneta.

Ojalá todo hubiera parado ahí. Desafortunadamente, les faltaba recorrer todavía algunos círculos más de este infierno. En el trayecto al edificio conocido como “separos”, Adrián continuó recibiendo golpes y, tomado del pelo, fue aporreado en varias ocasiones contra el suelo de la camioneta. Apenas llegado al edificio, fue pateado en los testículos “para que se parase bien” y fue amenazado con que iba a ser acusado de estar intoxicado con marihuana o cocaína. Ya en el interior del edificio, Adrián fue separado de sus compañeros y llevado a un pasillo detrás de las celdas, donde le ordenaron quitarse los pantalones y los ‘boxers’ y lo obligaron a agacharse dos veces en cuclillas. Posteriormente fue golpeado fuertemente en el pecho tres veces mientras los policías continuaban insultándolo.

Conducido a una celda donde se hallaban hacinadas más de veinte personas, ni a Adrián ni a ninguno de sus compañeros se les permitió hacer la llamada telefónica que prevé la ley con el pretexto de que a esas horas “no tenemos líneas disponibles”. Más tarde, los detenidos supieron que no habían permitido que nadie entrase a visitarlos, lo que implica que los policías los mantuvieron en incomunicación. Sólo hasta las nueve de la mañana sus familiares consiguieron visitarlos, previa gestión de un visitador de la comisión estatal de derechos humanos. Fueron dejados en libertad alrededor de la una de la tarde, sin que pagaran fianza y sin haber sido informados del motivo de su detención.

Ignoro si los policías sabían, o fueron informados de ello en algún momento, que Adrián Gorocica, estudiante del cuarto semestre de ingeniería industrial del Instituto Tecnológico de Mérida, ha participado activamente en el movimiento estudiantil en contra del alza de transporte público y en diversos actos promovidos por la Convención Nacional Democrática local. De haber tenido noticia de ello y haber utilizado la fuerza para dar un escarmiento a los jóvenes por su activismo social, la Secretaría de Seguridad Pública habría incurrido en una falta más.

El atropello, casi ausente en los medios de comunicación, desnudó también a la Codhey. Empleados de ese organismo autónomo se entrevistaron con los detenidos el 21 por la mañana, cuando éstos estaban aún en prisión. El domingo 22, una vez que habían sido liberados, los funcionarios acudieron a los domicilios de los jóvenes para que ratificasen su queja. Al menos hasta ese momento, la Codhey no contó con un médico que revisara a los detenidos, tal como lo señala el instrumento internacional de derechos humanos relativo a la tortura y otros tratos crueles, inhumanos y degradantes, conocido como “Protocolo de Estambul”.

Los jóvenes han interpuesto su denuncia penal ante la agencia 5ª del Ministerio Público. El Procurador de Justicia es el responsable de que tal denuncia reciba el trato imparcial y expedito que amerita. Los servidores públicos responsables de estos atropellos deben ser sancionados de acuerdo con la gravedad de los hechos. Ya basta con que la salvaguarda de la seguridad y el orden público siga sirviendo de pretexto para que los policías violen las leyes y los derechos de los ciudadanos y ciudadanas de manera impune.

Colofón: El pasado sábado por la mañana, un programa radial que trata de comidas y recetas culinarias, dedicó su emisión a mi persona. El conductor se unió en su programa a la campaña difamatoria enderezada contra una institución educativa privada de larga trayectoria en la que he prestado servicios litúrgicos durante los últimos años. En medio de una lamentable pobreza de argumentos despuntó la sensatez del invitado Jorge H. Álvarez Rendón, cronista de la ciudad, que se enfocó en la libertad de pensamiento y expresión –tema crucial soslayado por el conductor émulo de Torquemada– trayendo a la mesa el recuerdo de personajes célebres sujetos a inquisitoriales persecuciones. Frente a los caseros intentos de linchamiento moral, la palabra del cronista Álvarez Rendón resultó un rayo de cordura en medio de la estulticia.