Iglesia y Sociedad

Cortázar, a 35 años de ausencia

14 Feb , 2019  

Para Arturo Alvarado

Hace exactamente 10 años, en febrero de 2009, andaba yo todo entusiasmado porque, dos años antes de cumplirse los 25 años de la muerte de Cortázar, en 2007, se había publicado por primera vez un cuento cortazariano que el mismo Julio había anunciado en una carta de 1978 pero que, por razones desconocidas, no había sido incluido nunca en las colecciones de sus cuentos completos.

El enigma de ese cuento, titulado Ciao, Verona, tenía mucha relación con una serie de pequeños poemas escritos por Julio para Cristina Peri Rossi. Al decir de http://nadiesalvoelcrepusculo.blogspot.com, “Estos Cinco poemas para Cris son los primeros de una serie de quince dedicados a la escritora uruguaya Cristina Peri Rossi, por quien Cortázar sintió en su momento un gran amor. Un amor imposible, debido a las incompatibles inclinaciones sexuales de ambos, que sin embargo dio lugar a una amistad y a una complicidad indestructibles. En principio, Cortázar envió a Cristina los poemas por carta, y en julio de 1981, también por carta, le pidió permiso para publicarlos. Aparecieron pocos meses después del fallecimiento del escritor en el libro póstumo Salvo el crepúsculo (1984). Las referencias a Cristina eran bastante claras, pero entonces muy pocos sabían que se trataba de Cristina Peri Rossi. Nunca tuve una buena relación con esos poemas, aunque considero que son los mejores que escribió, dice Peri Rossi, que narra su amistad con Cortázar en Julio Cortázar y Cris (Editorial Cálamo, 2014)”.

La publicación de Ciao Verona, abrió una veta de confirmación de la identidad de la musa de estos poemas, pero, además, nos reveló de manera íntima la experiencia de este amor imposible: la manera como lo vivió Julio (cuento Las caras de la medalla) y la manera como Julio pensó que Cristina lo habría vivido (cuento Ciao Verona), por fin salido a la luz en 2007. Entonces escribí este pequeño ensayo que ahora reproduzco cambiando en su texto solamente 2009 por 2019.

El ensayo

En una historia de amor imposible, Julio Cortázar se enamoró de Cristina Peri Rossi. No hay amor más permanente, más vital, más obsesivo, que el amor imposible. Los enigmáticos “Cinco Poemas para Cris”, “Otros cinco poemas para Cris” y “Cinco últimos poemas para Cris”, publicados en el libro de Cortázar Salvo el crepúsculo revelaron un lado poco conocido del narrador argentino, el del poeta de una finura insospechada.

De esos poemas dice la musa inspiradora: Él me dedicó 15 poemas y da los datos suficientes para saber que se trata de mí, pero no hizo público el reconocimiento hasta unos años antes de morir. Me pidió permiso para hacer el reconocimiento público en una entrevista y yo se lo di. Yo creo que uno tiene que estar orgulloso de los amores que siente y los amores que ha despertado. Lo más que podemos decir del amor es que nos provoca orgullo amar y que nos amen.

Los poemas ofrecen también, así sea de elegante manera y entre líneas, la razón de la imposibilidad de ese amor. En “Cinco poemas para Cris”, en el poema 1, dice el cronopio: “Todo se cumple en un reflejo de crepúsculo / tu pelo tu perfume tu saliva. / Y allí del otro lado te poseo / mientras tú juegas con tu amiga / los juegos de la noche”. Y más adelante, en el poema 2, reitera: “En realidad poco me importa / que tus senos se duerman / en la azul simetría de otros senos”.

Lo mismo ocurre cuando, en la serie “Otros cinco poemas para Cris”, dice en el poema 3: “Recuerdo a Saint-Exupéry: ‘El amor / no es mirar lo que se ama / sino mirar los dos en una misma dirección’. / Pero él no sospechó que tantas veces / los dos mirábamos fascinados a una misma mujer / y que la espléndida, feliz definición / se viene al suelo como un gris pelele”. O en el espléndido poema cuatro: “Creo que no te quiero, / que solamente quiero la imposibilidad / tan obvia de quererte / como la mano izquierda / enamorada de ese guante / que vive en la derecha”.

Finalmente, en la serie “Cinco últimos poemas para Cris”, Cortázar recurre a la mitología griega para transmitirnos la experiencia, a la vez llena de dolor y de misterio, de su amor imposible por Cristina: “Quisiera ser Tiresias esta noche / en una lenta espera boca abajo / recibirte y gemir bajo tus látigos / tus tibias medusas”. Para penetrar en la densidad de su comparación poética habría que recordar que Tiresias, el célebre adivino ciego de la mitología griega, tras separar a dos serpientes a las que habría descubierto apareándose, habría sido convertido en mujer gracias a la acción de Hera. Esta misma diosa, siete años después, hizo recobrar a Tiresias su sexo original después de que éste volviera a descubrir a dos serpientes en circunstancias similares a la primera ocasión. Por eso es que Zeus y Hera recurrieron a Tiresias para resolver un debate que sostenían a propósito de quién, el hombre o la mujer, experimentaban mayor grado de placer sexual. Tiresias concluyó que el varón experimenta una décima parte del placer que experimenta una mujer.

En 1977, en el primer volumen de relatos de Julio Cortázar que se publicó en España, el volumen titulado Alguien anda por ahí, Cortázar incluyó un enigmático cuento: Las caras de la medalla. Un cuento de los más enigmáticos y oscuros del autor argentino. En él, un hombre, Javier, no alcanza a entender el rechazo de una mujer ni las razones de la imposibilidad práctica de mantener relaciones sexuales. Al misterio que se cierne sobre este cuento se añaden dos circunstancias: la extraña dedicatoria (“a la que un día lo leerá, ya tarde como siempre”), y unas líneas que en 1978 escribiera Cortázar a su amigo Jaime Alazraki, uno de sus mejores críticos. En ellas, Julio señalaba: “En Alguien que anda por ahí hay amargos pedazos de mi vida, por ejemplo Las caras de la medalla, cuya historia siguió y terminó en otro cuento muy largo que escribí hace meses y que entrará en otro libro, si libro hay; se llama Ciao, Verona, y fue tan duro de escribir como el otro”.

El tal cuento Ciao, Verona no fue nunca incluido por Cortázar en los dos libros de cuentos que publicó con posterioridad (Queremos tanto a Glenda y Deshoras), así que permaneció inédito y su única copia olvidada en una biblioteca de la Universidad de Texas. De manera que cuando Alfaguara publicó sus cuentos completos, no incluyó Ciao, Verona. El mes de febrero de 2007 se encontró la versión original, hecha en máquina de escribir y con correcciones manuscritas de indudable caligrafía cortazariana, de este “cuento muy largo” (17 páginas). Con la lectura de Ciao, Verona, inédito por 30 años y finalmente publicado en diciembre de 2007, el lector puede entender mucho mejor el cuento Las caras de la medalla.

Ciao, Verona, toma la forma narrativa de una muy extensa carta que Mireille le dirige a su amada Lamia. En ella le habla de la frustrada intentona de Javier por enamorarla y del encuentro entre ellos dos, acaso el último, sostenido en Verona, y que es narrado como la contraparte del cuento Las caras de la medalla, donde es la voz masculina la que narra el desencuentro. Ciao, Verona es, por así decirlo, la versión femenina de tal frustrada entrevista amorosa.

Hablando de Javier (y, para quien sabe entender, del cuento Las caras de la medalla) Mireille dice: “Su estúpido error -entre tantísimos otros- estuvo en creer que su texto nos abarcaba y de alguna manera nos resumía; creyó por escritor y por vanidoso, que tal vez son la misma cosa, que las frases donde hablaba de él y de mí usando el plural completaban una visión de conjunto y me concedían la parte que me tocaba, el ángulo visual que yo hubiera tenido el derecho de reclamar en ese texto. La ventaja de no ser escritora es que ahora te voy a hablar de él honesta y simple y epistolarmente en primera persona…”

Yo digo que Ciao Verona es otro de los capítulos –junto con la colección de poemas a los que hice referencia al inicio de estas líneas y con el cuento Las caras de la medalla– de aquella misma historia de amor imposible entre Cortázar y Cristina Peri Rossi. Ya se sabe, como dirá el mismo Julio, que “es obsceno escribir estas cosas, darlas a los mirones. Qué quieres, están los que van a confesarse a las iglesias, están los que escriben interminables cartas y también los que fingen urdir una novela o un cuento con sus aconteceres personales. Qué quieres, el amor pide calle, pide viento, no sabe morir en la soledad. Detrás de este triste espectáculo de palabras tiembla indeciblemente la esperanza de que me leas, de que no me haya muerto del todo en tu memoria”.

Usted puede confirmar o desdecir esta intuición leyendo los dos cuentos seguidos y acompañándolos del poema tres de los “Cinco últimos poemas para Cris”, que ahora transcribo como homenaje al entrañable cronopio en el 35º aniversario de su desaparición física. Para mí ha sido una muy buena manera de unirme al sentido homenaje que en muchas partes del mundo se ofrece en honor del entrañable Julio. Me callo ahora, para dar paso al poema cortazariano:

3. Nunca sabré por qué tu legua entró en mi boca

cuando nos despedimos en tu hotel

después de un amistoso recorrer la ciudad

y un ajuste preciso de distancias.

Creí por un momento que me dabas

una cita futura,

que abrías una tierra de nadie, un interregno

donde alcanzar tu minucioso musgo.

Circundada de amigas me besaste,

yo la excepción, el monstruo,

y tú la transgresora murmurante.

Vaya a saber a quién besabas,

de quién te despedías.

Fui el vicario feliz de un solo instante,

el que a veces encuentra en su saliva

un breve gusto a madreselva

bajo cielos australes.

Iglesia y Sociedad

De Patricio Pron y las Obras Completas

25 Ene , 2019  

A mí me gustan mucho los ensayos de Patricio Pron. Escribe con cierta regularidad en la revista Letras Libres y yo disfruto mucho leerlo. Moderno, agudo, es un escritor que siempre habla de cosas que me interesan. En enero de 2018, por ejemplo, publicó un delicioso artículo sobre los consejos que suelen dar los escritores famosos a las personas que quieren comenzar el camino de la escritura. La fina ironía y la profusión de citas de recomendaciones de escritores famosos culminan en quince consejos verdaderamente memorables. Genial.

Me he enterado que ha ganado el premio Alfaguara 2019 de novela y se redoblan las ganas que tengo que leer algo de su producción literaria de ficción. Letras Libres pone, al final de sus colaboraciones, “Patricio Pron es escritor. Entre sus obras recientes están No derrames tus lágrimas por nadie que viva en estas calles y Caminando bajo el mar, colgando del amplio cielo”, y me doy cuenta que sus enigmáticos títulos me atraen, y quisiera leer sus novelas (sobre todo sus cuentos, mi género predilecto), pero no me he ocupado en buscar sus obras en las librerías que visito ocasionalmente. Y esto ha sido a propósito.

La razón es absurda, pero simple: tengo una obsesión por las obras completas. Es una obsesión que, a decir verdad, solo puede cumplirse a cabalidad cuando el autor ha muerto (y ni siquiera eso es del todo cierto: yo sigo comprando y leyendo la obra de Cortázar, las colecciones de sus cartas y, probablemente, tendré que leerme hasta los borradores que tiró al bote de basura o los bosquejos de libros nunca editados, cuando sean publicados), pero que se convierte en una fuente de ansiedad que no me deja en paz; y me ocurre no solamente con los libros, sino también con la música.

En música, puedo identificarlo casi como si hubiera pasado ayer, la obsesión comenzó con Bach. Hace muchos años, visitando la librería Gandhi en la CDMX, cuando todavía se llamaba DF, encontré las obras completas de Johann Sebastian Bach, el genio de Eisenach. Era una colección de cerca de cuarenta cassetes. Cuando esta tecnología se volvió obsoleta, tuve que comprar la misma colección en discos compactos. Probablemente pronto tenga que pasar toda esa música a una memoria USB. No sé qué viejo trauma se revele en esta obsesión precisa de las obras completas, pero me da una tranquilidad inmensa saber que, no solamente puedo escuchar cualquier obra de ese compositor en cualquier momento que se me antoje, sino que tengo en mi poder el conjunto de toda su obra creativa… hasta que, como ocurrió en abril de 2004, me entero por el Diario El Clarín, que “varias páginas de la partitura de una obra del genial compositor alemán Johann Sebastian Bach, desaparecida hace más de 80 años, fueron encontradas entre las pertenencias de la pianista clásica japonesa Chieko Hara —esposa del violonchelista español Gaspar Cassadó—, que murió en diciembre de 2001”… y entonces siento crecer la ansiedad y comienzo desesperadamente a rogar al Dios inspirador de la música que algún disco reciente traiga, como obra de la casualidad, la partitura perdida de Bach interpretada por la orquesta tal y tal. Y lo mismo, mutatis mutandi, pasa con los Beatles, y con Silvio Rodríguez y… la lista es larga.

En el caso de la literatura, es –como el lector podrá deducir de las líneas de arriba– Cortázar quien alimentó mi obsesión por las obras completas. Una vez que tuve la colección completa de sus cuentos, tuve que analizar en noches de insomnio si debía comprar una edición de tres tomos que me encontré, en la que todos los cuentos de Cortázar estaban reunidos en una clasificación hecha por el mismo Cronopio. Finalmente, terminé por considerar necesaria la compra de ese nuevo material, por la impronta que la edición tenía de la mente del autor, de su selección personal. Pero con Cortázar el asunto es cuento de nunca acabar: el próximo 12 de febrero cumplirá ya 35 años de muerto, y cada año me asalta la duda de qué papeles suyos sin editar serán descubiertos, o terminados de ordenar, y publicados.

Recuerdo, como en un sueño hecho realidad, la ocasión en que, de visita en Montevideo, caminando sus calles en compañía de mi amigo Roger Gutiérrez, que tomó la bendita decisión de echar raíces en la patria de Juan Luis Segundo, me encontré con una librería de viejo, tan frecuentes en las calles montevideanas. De repente, como una iluminación, mis ojos se dirigieron a dos volúmenes bellamente encuadernados. La portada lucía el cabalístico título de “Obras Completas”. ¿El autor? Federico García Lorca. No lo pensé más: sin hacer la conversión mental a pesos mexicanos, saqué la cartera y pagué el costo con los pesos uruguayos que acababa de cambiar en el banco. Con los dos libros bajo el brazo regresé a Mérida sintiendo que la visita a Uruguay había valido la pena (también, claro, no se me juzgue inhumano, por el encuentro con Roger y Patricia, entonces aún sin Lucas).

Volvamos, pues, al buen Patricio Pron. Si su literatura de ficción llega a interesarme tanto como sus artículos literarios, es posible que esté condenado a entrar en la lista de los autores cuyas obras completas trataré de conseguir. Y es todavía muy joven. Y cuando veo, a pesar de mi voracidad en la lectura, la cantidad de libros aún sin abrir que todavía esperan su turno, pienso que ya no sé si a mis sesenta años deba yo seguir gastando las dos terceras partes de mi exiguo salario como activista de derechos humanos, trabajo quijotesco, como bien se sabe, y de pocos ingresos, en la compra de todas las obras que vaya publicando este joven autor argentino.

Así que, por el momento, seguiré leyendo sus colaboraciones en Letras Libres, hasta que una casualidad, interpretada como epifanía por el hombre de fe fácil que escribe estas líneas, me lleve a una librería donde el título Trayéndolo todo de regreso a casa. Relatos 1990-2010 dé inicio a la tan temida carrera hacia las obras completas, que nunca sabe uno cuándo va a terminar.

Por de pronto, celebro que Patricio Pron haya ganado el Premio Alfaguara 2019 de novela, aunque cada obra suya publicada (Wikipedia registra seis volúmenes de relatos, siete novelas, un libro de ensayo y una antología dirigida por él que, desde luego, también entraría en la colección de obras completas, así como entró a la colección de Cortázar la traducción que hiciera de los cuentos de Edgar Allan Poe) me haga retrasar el inicio del interminable camino de lectura de sus obras completas.

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Cuento de Navidad 2018

31 Dic , 2018  

Amós Oz, In Memoriam

¡Es que me da un coraje!…

La que habla es Martina, oriunda de Homún. Salió de su pueblo cuando se casó para venirse a vivir a la ciudad de Mérida con el esposo, también de Homún. Les gusta su pueblo y hubieran querido quedarse a vivir allá, donde están sus familias, pero el trabajo de la milpa ya no era suficiente para todos y se vinieron a la capital para que Josué, que así se llama el marido, pudiera conseguir algún trabajo que les permitiera vivir decorosamente. Tienen dos hijas, una de ellas ya casada y esperando su primogénito.

Cálmate, mujer –le dice Josué– que María de la Luz va a necesitar que estés tranquila. Si se vino a pasar los últimos días de su embarazo con nosotros es porque quiere que estemos a la mano para lo que pueda necesitar. Y con estos corajes no ayudas en nada. Al fin que la conferencia de prensa no la das tú…

Martina tuerce la boca. No podía imaginarse que María de la Luz habría de romper fuente justo hoy. Desde temprano se había levantado y había limpiado la manta con la que había participado en muchas de las jornadas de protesta contra la granja de cerdos. Le gustaba que Josué hubiera escrito en ella –“por primera vez me hace caso y no pone lo que a él le da la gana”– la frase que preparó en aquel retiro de la iglesia: Por mí y por mis hijos: ¡NO A LA MEGAGRANJA!

Hace tiempo que miraba con buenos ojos que las cosas fueran mejor en Homún. Sus hermanos menores no tuvieron que dejar, como ella, el pueblo en busca de trabajo porque tanto en Cuzamá como en Homún, la visita de turistas para conocer los cenotes había crecido tanto que alcanzaba para dar trabajo a muchas familias. Cuando la gente se dio cuenta de que los camiones que transportaban materiales de construcción no estaban ampliando ninguna carretera, como se rumoraba, sino levantando las naves de una gigantesca granja para más de 40,000 cerdos a pocos kilómetros del pueblo, Martina fue de las primeras que, estando en Homún de visita el domingo, lanzó el grito al cielo: ¡Si de los cenotes y del turismo vivimos todos! Por eso, tanto ella como Josué y sus dos hijas, participaron en la consulta organizada en el pueblo para aprobar o desaprobar el establecimiento de la granja. “Los permisos ya están dados, va a estar difícil que paren la construcción”, le dijo una de sus vecinas de Mérida, al ver que salía apurada hacia Homún para ir a votar. Pero Martina no es de las que se dejan intimidar: fue, votó junto con su esposo y sus hijas, y permaneció hasta que el resultado de la consulta fue dado a conocer: 732 votos en contra de la granja, 52 a favor y 5 nulos. Cuando el conteo terminó Martina le comentó a sus hijas: No vamos a parar: esa granja no va a abrirse, ya lo verán.

Por eso lamenta ahora no poder estar en la conferencia de prensa. Aunque ha pasado ya casi un año desde la autoconsulta y se han interpuesto muchos recursos jurídicos, las leyes no están hechas para que la voluntad del pueblo maya sea respetada y la empresa sigue empeñada en que la granja siga funcionando. Todos insisten en que la granja terminará contaminando los cenotes, pero a Martina lo que le interesa más es que el pueblo sea el que decida qué se hace en su territorio. Como la empresa se ha visto obligada a cerrar operaciones y a sacar a los cerdos que ilegalmente se introdujeron a la granja, los dueños están más furiosos que nunca. Después de despedir a los abogados locales, han contratado un famoso despacho jurídico de fuera, y la táctica de estos nuevos empleados ha sido irse en contra de la jueza que ordenó la suspensión de la granja: a falta de argumentos, han cambiado el objetivo en busca de algún otro juzgador que les favorezca.

Pero a Martina hay algo que le duele más. Es cierto que los nuevos abogados harán todas las trampuchetas posibles para sacar a la jueza del proceso. Quién sabe qué cosas estén dispuestos a inventarle. Pero lo que realmente le hizo exclamar a Martina la frase que encabeza este relato es enterarse de que los dueños son súper católicos. Martina, huelga decirlo, es una ferviente católica. No se pierde ninguna de las fiestas de su pueblo. Martina se alegró cuando, en una junta con todos los que trabajan en la iglesia a la que asiste, el padre tomó partido junto con ellos a favor del pueblo de Homún. Por eso está muerta de coraje al saber que los dueños de la granja, muy católicos, eso sí, insisten en imponer la granja en contra de la decisión del pueblo.

Pero Martina sabe que lo primero en este momento es acompañar a María de la Luz. Así que enrolla de nuevo la manta que acababa de limpiar y se alista para acompañar a su hija al hospital. Llegan apresurados. En el Juárez colocan a María de la Luz en una camilla y se la llevan al quirófano. Martina queda en la sala de espera junto con Chepo, su yerno, y Josué, su marido. Cuando toma el teléfono para avisarle a su otra hija que su hermana ha entrado ya en labor de parto, aprovecha consultar en Facebook la conferencia de prensa que está siendo transmitida en vivo. Escucha el testimonio de don Doro, las argumentaciones de Indignación, y, mientras su hija está en la sala de partos, Martina siente que, aunque esté lejos, está cerca.

El aviso llega antes de lo esperado. El parto ha sido rápido y exitoso. La enfermera les avisa que ha nacido ya una niña. Martina piensa que, apenas pueda, hablará con su hija para sugerirle que su nieta, la primera, lleve el nombre de Victoria, “porque la lucha no va a terminar sino hasta que lleguemos allá”, le dice a Josué cuando, con mirada cariñosa, éste la estrecha en un abrazo. ¿Y por qué no María Victoria?, le pregunta. Es que si le pone María Victoria se van a burlar de ella en la escuela. Josué ríe estrepitosamente: ¡Ay mujer! Si ya nadie se acuerda de María Victoria… la criada bien criada es un recuerdo que solo atesoramos los que hemos llegado a los 60. ¡Tú crees que algún compañerito de la niña va a saber quién era María Victoria!

Las risas de ambos resuenan en la sala de espera del hospital. Ya pronto, les dicen, podrán pasar a ver a María de la Luz y, desde el cristal del cunero, conocer a su nietecita. Martina piensa que, apenas pueda, llamará a Lulú, la abogada de Indignación, para preguntarle qué es lo que sigue. Ahora también será por María Victoria, piensa, mientras la enfermera le muestra desde el cristal del cunero a una niña de ojos hinchados y cerrados. Todos los niños recién nacidos se parecen, susurra Josué al verla. Martina le dice que confíe en la cintilla que le han puesto a la niña con los apellidos de sus padres. Yo mismita la llevaré a que se bañe por primera vez en un cenote, le anuncia a Josué. Junto a ellos, Chepo no tiene palabras, sólo lágrimas de agradecimiento que ruedan por sus mejillas. Pues para mí, suegro, esta niña es única y no se parece a nadie. María Victoria será su nombre, como sugiere mi suegra, y por ésta, dice Chepo mientras besa la cruz hecha con los dedos, que disfrutará de agua limpia y será orgullosamente maya.

Cuando la cortina se cierra, los tres siguen atisbando por el último resquicio. Esta niña es un buen preludio de la navidad que ya se acerca. Les pareció que la niña, antes de ser cinchada con el pañal, levantó el puño cerrado.

Iglesia y Sociedad

La Declaración Universal de los Derechos Humanos, a 70 años

12 Dic , 2018  

Una iniciativa patrocinada por el Colegio de Antropólogos de Yucatán, la Universidad Autónoma de Yucatán y el Proyecto Utopía de Yucatán ha derivado en un documento singular: “40/70. 40 reflexiones desde Yucatán a 70 años de la Declaración Universal de los Derechos Humanos”, fácilmente descargable para su lectura y consulta en www.cayacyucatan.wordpress.com

Se trata de una serie de comentarios breves, desarrollados por académicos y activistas de derechos humanos, sobre los treinta artículos de la Declaración que viera la luz, en la postguerra, en 1948. El Dr. Rodrigo Llanes tuvo la gentileza de invitarme a participar en este proyecto. Me fue asignado el artículo 18 de la Declaración para hacer un comentario de entre 500 y 700 palabras. Les comparto ahora la breve reflexión que hice para colaborar cojn esta iniciativa. Sirva como invitación a la lectura del documento completo, donde encontrarán una amplia representación de diversos ámbitos: la academia, las organizaciones de la sociedad civil, los medios de comunicación social… Un rico collage de opiniones que llama nuestra atención sobre el cambio epocal al que ha contribuido la Declaración de la ONU.

Les saludo con mis mejores deseos para las próximas fiestas navideñas.

 

Artículo 18

Toda persona tiene derecho a la libertad de pensamiento, de conciencia y de religión; este derecho incluye la libertad de cambiar de religión o de creencia, así como la libertad de manifestar su religión o su creencia, individual y colectivamente, tanto en público como en privado, por la enseñanza, la práctica, el culto y la observancia.

En la sede de las Naciones Unidas se encuentra una monumental escultura que representa a un hombre que, con un martillo, golpea una lanza sobre el yunque. El autor es Yevgueni Vuchétic, escultor ruso, y la estatua fue un regalo a la ONU de parte de la extinta Unión Soviética. La inscripción bajo la escultura reza: Let Us Beat Swords into Plowshares, que alude a un texto religioso, la Biblia Judía, que en el libro del profeta Isaías contiene, en el capítulo 2, versículo 4, la siguiente frase: “De las espadas forjarán arados, de las lanzas podaderas. Ya no se adiestrarán para la guerra…”

A pesar de que el lugar común, representado por este monumento, reconoce a las religiones como hacedoras de paz, la realidad es que muchas de las guerras que han asolado a la humanidad han sido guerras religiosas, o han tenido entre sus causas algún ingrediente religioso. La ferocidad y el contradictorio razonamiento con que algunas religiones establecidas tratan de desmentir esta realidad, no hace más que corroborar el dato. (Puede verse Puede verse https://es.chabad.org/library/article_cdo/aid/695544/jewish/Por-Que-la-Religion-Provoca-Guerras.htm desde el ámbito judío y https://www.religionenlibertad.com/cultura/63679/cuantas-guerras-han-tenido-una-causa-religiosa-unas120-menos-del.html desde el ámbito católico. Ambos revisados el 04/12/2018)

Era necesario, pues, que en el nuevo pacto social internacional que se tejió en la postguerra, en torno a la Declaración Universal de los Derechos Humanos, este derecho a la libertad de conciencia y de religión (que no son equivalentes, pero que están íntimamente ligados) apareciera para garantizar a creyentes y no creyentes, la posibilidad de vivir en paz en el marco de una pluralidad de pensamiento y creencia salvaguardada por el Estado.

Este artículo se enfrenta en nuestros tiempos a numerosos desafíos. Si bien muchas religiones y líderes religiosos han jugado un papel importante en el crecimiento y consolidación del movimiento mundial que pugna por el respeto a los derechos humanos, es también cierto que el crecimiento de los fundamentalismos religiosos es una de las mayores amenazas de nuestro tiempo. Nos referimos, no solamente a la persecución de grupos y comunidades enteras en diversas partes del mundo por parte de extremistas religiosos, sino también al hecho de la utilización de discursos religiosos como justificación de prácticas discriminatorias contra mujeres y minorías vulnerables.

A la luz del artículo 18 de la DUDH se hace imperativo el establecimiento de un pacto entre los líderes religiosos para respetar y defender las religiones y las creencias de los grupos minoritarios. El adagio del teólogo católico Hans Küng, que se ha convertido en leitmotiv del Parlamento Mundial de Religiones, nunca había sido más pertinente: “No habrá paz entre las naciones sin paz entre las religiones”. Es también importante reafirmar la trascendencia del establecimiento y respeto al Estado laico, única manera de proteger la libertad religiosa y el derecho a cambiar de religión y de evitar los Estados confesionales.

Nuestro país tiene experiencia en conflictos por intolerancia religiosa. La Guerra cristera, con su cauda de 250,000 muertos y una cantidad parecida de exiliados a los Estados Unidos, es una herida aún todavía en proceso de cicatrización. Nunca estará de más señalar la importancia de que cada persona tenga garantizado el derecho a profesar libremente su religión, en toda la amplitud con que lo define el artículo 18. Pero también, y con la misma fuerza, habrá que insistir y garantizar legalmente, que ninguna religión se convierta en una licencia para promover el odio, despreciar a quienes piensan distinto o cometer discriminación o violencia contra grupos minoritarios y/o vulnerables.

 

Iglesia y Sociedad

Una tarde en Wembley

12 Nov , 2018  

La vida de un estudiante en el extranjero está lejos de ser lo romántica que nos imaginamos. De 1982 a 1986 yo anduve de estudios en Europa y, la estabilidad que da el ser un estudiante eclesiástico, es decir, cubierto en sus necesidades fundamentales por la iglesia diocesana que te envía, era un dato cierto –para quienes habitábamos en el Colegio Mexicano, una especie de gigantesco hotel construido por los Obispos mexicanos para albergar a los presbíteros que estudiaban en Roma– solamente durante los meses del curso escolar. De manera que los tiempos vacacionales (julio, agosto y septiembre, dado que en Roma las clases inician en el mes de octubre) eran esperados con más miedo que alegría por aquellos alumnos que, por nuestra condición económica familiar, no contábamos con muchos recursos económicos.

El asunto es que el Colegio Mexicano cerraba el 30 de junio y reabría el 1 de septiembre. Así que cada alumno debía buscar qué hacer durante el tiempo de vacaciones. Las opciones eran cuatro: A) Podías dedicarte esos dos meses a pasear y a conocer algunos otros países europeos. B) Podías trabajar en Alemania, que ofrecía puestos de trabajo temporales en la Mercedes Benz durante ocho o doce semanas. C) Podías, si eras ya presbítero ordenado, ir a trabajar a alguna parroquia italiana donde el sacerdote tomara vacaciones. D) Finalmente, podías emplear las vacaciones para conseguir una beca de estudios en alguna lengua extranjera: inglés, francés o alemán. El problema es que, para tomar la decisión por alguna de estas cuatro opciones, se necesitaba un triple consenso: tenían que estar de acuerdo el estudiante, su obispo y el rector del Colegio Mexicano. El rector, en la mayor parte de los casos, solamente daba su aprobación al acuerdo entre el estudiante y su obispo.

Para no hacerles largo el asunto, yo me fui el primer verano a estudiar alemán a Bonn, la capital entonces de la Alemania Federal (eran tiempos en que todavía funcionaba el muro de Berlín). El segundo año, por una amable excepción del Kreuzberg Institut, regresé de nuevo a Alemania para un curso de perfeccionamiento de la lengua. Como la licenciatura era de tres años, había yo resuelto ya mi problema veraniego, puesto que podía regresarme a México durante el tercer verano. No obstante, algo modificó mis expectativas: apliqué para una beca de postgraduados que nos permitía pasar un año más de estudios en la ciudad de Jerusalén, en el Studium Biblicum Franciscanum. Una vez aprobada la extensión de mis estudios en Israel por el entonces Arzobispo de Yucatán, me enfrenté con el último problema: qué hacer en el verano de 1985.

Pensando que en Israel me iba a ser muy útil el inglés, solicité trabajar en una parroquia londinense, apoyando al sacerdote en las labores pastorales. Dos mexicanos fuimos aceptados: Jenaro Aviña, de la diócesis de Tlalnepantla, y un servidor. Ambos habpíamos sido aceptados para la extensión de nuestros estudios en Israel, así que nos convenía ir a aprender y practicar el inglés. Fuimos destinados a una pequeña parroquia en la periferia de Londres, Saint Joseph, en Harrow Road, justo enfrente de un rudo pero divertido Pub inglés llamado The Corner House, y apenas a unas cuantas cuadras del emblemático Estadio de Wembley. Era una pequeña parroquia católica sembrada en un barrio casi totalmente habitado por inmigrantes de la India. El párroco, viendo que nuestros fondos para pagar una escuela veraniega de inglés para extranjeros se nos agotaron en la primera semana, optó por enviarnos cada día, en punto de las cinco de la tarde, a la casa de alguna familia perteneciente a la parroquia para tomar el té con ellos, de manera que pudiéramos practicar nuestro pobre inglés con personas londinenses que hacían la caridad de recibir a dos imberbes sacerdotes procedentes del Tercer Mundo y conversar con ellos.

Fueron tres meses (julio, agosto y septiembre de 1985) bastante divertidos. No solamente conocimos a muchas familias que hicieron el favor de recibirnos en sus casas y, con paciencia, luchaban por librarnos del acento gringo del inglés que manejábamos, sino que también suplimos a los sacerdotes en algunas celebraciones y nos hicimos de un  buen grupo de amigos extranjeros, estudiantes todos, con quienes habíamos compartido una sola semana en aquella escuela que ya no pudimos pagar más, pero que tenían un ansia de diversión que sobrepasaba sus ganas de aprender el inglés británico. Así que salimos mucho con ellos a conocer algunos lugares de Londres, incluyendo algunos no muy santos.

Llego ya a lo que quería contarles. Me tocó, pues, estar en esa parroquia cuando se celebró el célebre concierto Live Aid for Africa, para combatir la hambruna en Etiopía, el 13 de julio de 1985. Concebido como un concierto a realizarse en dos sedes distintas simultáneamente, el Estadio John F. Kennedy de la ciudad de Filadelfia, en los Estados Unidos, y el Estadio Wembley, en la ciudad de Londres, la expectativa de la presentación de los más famosos cantantes y grupos musicales hizo de este espectáculo uno de los acontecimientos más esperados de la época. Los tres curas de la parroquia londinense en la que estábamos dispusieron la sala de televisión para que, desde antes de que el concierto iniciara, estuviéramos al pendiente.

En la televisión íbamos siguiendo los pormenores del evento y escuchábamos a un agitado Bob Geldof solicitando donativos para combatir la hambruna africana. Sólo en dos momentos dejamos la televisión y salimos a las puertas de la iglesia: cuando avisaron que estaba a punto de pasar el automóvil que llevaba al heredero al trono inglés y su esposa, Lady Diana (recuerdo aún el estupor de los padres cuando les decíamos que queríamos ver si avistábamos a Lady Di, que nosotros pronunciábamos Leididi y que ellos no comprendían, hasta que uno de ellos, el único inteligente, entendió que nos referíamos a Leididai , y nosotros también lo comprendimos) y el momento en que se anunció que pasaría, justo frente a nuestra iglesia, el carro que trasladaba a Queen.

Las aceras estaban llenas de gente. Que la iglesia estuviera al borde de la calle donde el carro pasaría, nos animó a salir. Entre el gentío pude escuchar los gritos mientras el carro se acercaba. Algunos artistas habían decidido llegar al estadio el helicóptero. Otros, como Queen, prefirieron hacerlo en automóvil. Esa decisión hizo que la vida, como milagro inesperado, le concediera a un joven curita yucateco perdido en Londres, la oportunidad de ver de lejos a Freddie Mercury. Todavía el año anterior, en la edición del Festival de San Remo de 1984, Queen había estado en la ciudad de Roma. Ahí los escuché cantar Radio Gaga mientras estaba sentado frente al televisor. Estar ahora cerca de ver en vivo al legendario grupo, así fuera sólo de pasada, henchía mi corazón de emoción.

El concierto Live Aid no decepcionó a nadie. Miguel Ángel Bargueño lo reseñó de manera genial en El País, cuando el concierto cumplió 30 años de haberse realizado: “Todavía no había caído la noche en Londres. Emergieron desde un lado del escenario, con urgencia, conscientes de que tenían poco más de 15 minutos. Brian May y Freddie Mercury, los jefes, al frente, los dos con sus Adidas blancas con las tres rayas negras. Freddie con unos tejanos decolorados Wrangler subidos casi hasta el ombligo y su estrechísima camiseta de tirantes blanca, lo que estilizaba su todavía fibrosa figura, esa que el sida consumiría años después. Tenía 38 años aquella tarde-noche de hace tres décadas.

“Cuando alcanza el borde del escenario, mueve el brazo para agitar a los 74.000 espectadores que abarrotan Wembley. Se sienta al piano, toca unas notas breves de calentamiento y ataca la melodía de Bohemian Rhapsody. El público estalla. Cuando comienza a cantar y se hincha su vena del cuello parece que lleva una hora en el escenario y está interpretando los bises. Pero no, el concierto acaba de comenzar. Se empezaban a cimentar unos de los minutos más decisivos de la historia de rock sobre un escenario.

“Posiblemente ningún otro concierto, ni disco, película o serie de televisión resumió mejor lo que fueron los ochenta que Live Aid, el evento musical que se celebró el 13 de julio de 1985, hace ahora 30 años, para combatir el hambre en Etiopía. En la década del glamour de las estrellas del pop, allí estaban todas. En los años del culto a lo excesivo, nada hubo más grande: dos macroconciertos simultáneos en Londres y Filadelfia, en enormes recintos deportivos, transmitido en 72 países y con una audiencia de 1.500 millones de espectadores (según The New York Times; 1.900 millones según la CNN) en directo por televisión. De aquel derroche de medios no es extraño que saliera la que muchos consideran la mejor actuación de la historia; y la protagonizó Queen…”

Acabo de ver la película Bohemian Rhapsody. He revivido, conmovido, este pedazo de mi vida. Antes que los miles de espectadores quedaran atónitos con la presentación de Queen en el escenario del estadio, yo había visto a lo lejos el brazalete de Freddie Mercury mientras saludaba, en las afueras de una pequeña iglesia católica enclavada en un barrio habitado por familias de la India. Por alguna inexplicable y, acaso, estúpida razón, he sentido desde entonces que fui parte de un relevante trozo de historia.

Iglesia y Sociedad

Notas sobre la migración en la Biblia

22 Oct , 2018  

Esta entrega es solamente un gesto, tímido, insuficiente, para expresar mi pesar por los comentarios discriminatorios y, algunos, abiertamente racistas, a propósito de la caravana de personas que huyen de una vida de pobreza y tragedia y dejan su tierra, en este caso Honduras, con la esperanza de encontrar un lugar en el mundo donde el pan, la justicia y la amistad sean posibles. Son algunas notas solamente sobre cómo en la Biblia aparece el fenómeno de la migración y la itinerancia humana. Ojalá sirvieran para abrir brazos y hacer caer muros.

Migración en la historia de Israel

Los relatos bíblicos iniciales son una reflexión sapiencial sobre los orígenes de Israel. Estos relatos incluyen en variadas ocasiones el fenómeno de la errancia. Adán y Eva son expulsados del paraíso y tienen que abandonarlo, después de haber desobedecido las órdenes de Dios (Gen 3,23-24). Caín es también condenado a andar vagando después de que asesina a su hermano Abel (Gen 4,14): el Señor le marca la frente para evitar que fuera asesinado por otros, pero no le dispensa la errancia. Curiosamente el texto dice que Caín “habitó en Erets Nod, al este del Edén” (Gen 4,16), ciudad cuyo nombre es altamente simbólico porque quiere decir “Vagatierra” o “Tierra de Vagancia”, no en el sentido de estar ocioso y sin oficio, sino en el sentido de “andar por varias partes, sin sitio o lugar determinado o sin especial detención en ninguno”, como señala el diccionario. La prehistoria bíblica termina también con una imagen de emigración. Se trata del relato de la torre de Babel (Gen 11,1-9), que termina en un decreto divino: “confundamos su lenguaje, de modo que o se entiendan los unos a los otros. Así Yahvé los dispersó sobre la superficie de la tierra…” (Gen 11,7-8). En la prehistoria bíblica, pues, la migración aparece como fruto de un error humano, de una rebeldía contra Dios. El estado ideal perdido, en cambio, es el de un paraíso fijo, estable, tierra de felicidad.

Pero, a contrapelo de esta concepción sapiencial, la historia bíblica, al menos en sus inicios más remotos, está marcada por el abandono de una tierra y el viaje hacia otra. Las narraciones patriarcales reflejan un ambiente de pueblos pastores nómadas, que se mueven a través de territorios organizados en ciudades-estado. El clan semita de Abrahán, que habita en tiendas, procede de Jarán (Gen 12,4) y, más remotamente de Ur de los Caldeos (Gen 11,31). La movilidad de Abrahán es digna de llamar la atención: Siquem, Betel, Négueb, Egipto, regreso a Betel, Hebrón, etc. Todo el territorio israelita es recorrido por este viajero incansable. Perpetuamente emigrante, Abrahán no encuentra reposo sino hasta comprar un pedazo de tierra para enterrar a su esposa (Gen 23), acción relatada en un texto de indudable significación simbólica.

El nomadismo es, pues, el ambiente en el que surgió la primitiva revelación de Dios según la Biblia (Dt 26,6-10). Algunas costumbres del nomadismo permanecieron incluso cuando Israel se hizo un pueblo sedentario, como la venganza de la sangre (Go’el), y en su lenguaje coloquial, los hebreos conservaron muchas marcas de este pasado nómada, por ejemplo, la palabra “tienda” para designar a la casa (Jue 20,8; 1Sam 13,2; 1Re 12,16). El caso es que los patriarcas del Génesis son presentados como extranjeros en Canaán. Son unos marginados con relación a las ciudades cuyos santuarios frecuentan de manera episódica. Son pastores de ganado menor en vías de sedentarización, de costumbres complejas que tienen afinidades con otros pueblos circunvecinos.

Así pues, en la historia antigua de Israel puede decirse que hay dos concepciones que miran de distinta manera al fenómeno de la emigración: una visión que acusa poca estima de la vida nómada, como la historia de Caín y Abel en la que el pastor tiene las simpatías del autor, mientras que Caín, el agricultor, termina errante en el desierto, refugio de sedentarios decaídos y de gente fuera de la ley. Lo mismo puede decirse de la visión negativa del desierto, como morada de animales salvajes (Is 13,21-22) y lugar en el que se soltaba al macho cabrío con los pecados del pueblo (Lev 16).

Pero existe también una visión ideal del nomadismo: el desierto es lugar de los desposorios del pueblo con Dios (Jer 2,2; Os 13,5; Am 2,10), mientras que la vida urbana está llena de peligros por el lujo y la comodidad (Am 3,15; 6,8). La civilización urbana guarda el riesgo de la corrupción moral y la perversión religiosa. Comienza a crearse una mística del desierto que se prolongará en la experiencia de la secta esenia en Qumrán.

Los relatos del Éxodo nos dan una nueva faceta del fenómeno de la emigración en la Biblia. Los historiadores no alcanzan aún a ponerse de acuerdo en si los HAPIRU o HABIRU o IBRI, nombre del que después de derivará HEBREOS, era una etnia o una clase social. Parece ser que el origen del vocablo es peyorativo, algo así como el equivalente de “merodeador o bandido”, pero documentos extrabíblicos nos los muestran con jefes a la cabeza, aunque se hace difícil seguirles la pista en cuanto grupo. La última vez que aparecen en algún documento, es sirviendo como trabajadores forzados en el Alto Egipto. Es por eso que, actualmente, casi todos coinciden en que el término ‘hebreo’ usado en los relatos del Éxodo no es un término nacional o racial, sino que designa a aquellos asiáticos a quienes los egipcios mantienen en relación de servidumbre. Eso hace conveniente distinguir entre hebreo e israelita (una denominación mucho más tardía) e identificar a los hebreos de la Biblia con los HAPIRU. No se trata, pues, de una denominación de origen étnico, sino social. Lo que parece unir a personas de procedencias diferentes es su posición en la escala social egipcia: su calidad de siervos pobres, esclavos sin defensa. Es precisamente por esta característica que Moisés puede servir de punto de confluencia entre todos.

Después de salir de la esclavitud de Egipto, el pueblo comienza la marcha por el desierto, recordada por los textos bíblicos en una doble interpretación: el tiempo de las relaciones más puras, del primer amor entre Dios e Israel (Jer 2,1-3), ya que Israel estaba abandonado completamente en los brazos de Yahvé, y ningún Baal se había metido entre ellos dos, como después sucedería en el establecimiento agrícola. En el desierto, Dios ha alimentado, vestido y calzado a Israel (Dt 29,5). Pero también existe una visión menos idealizada que recuerda la travesía por el desierto como dolorida consecuencia de sus culpas. El pueblo de Dios en el desierto aparece en los textos como una chusma obstinada, terca e incrédula (Sal 78,8.17.32.40.56; Sal 136; 106; 78): el desierto como sinónimo de prueba, tipo del juicio futuro (Ez 20,35). Finalizada la marcha por el desierto, los textos miran la entrega de la tierra de Canaán como la última acción salvífica de Dios. La mal llamada conquista de Canaán es una muestra más de la difícil convivencia e interrelación entre un pueblo inmigrante y los habitantes naturales de un territorio.

Leyes a favor de los migrantes y extranjeros

Después del triunfo de Ciro sobre los babilonios, aplicada una política de tolerancia, los judíos emprenden el camino de vuelta a su tierra, un regreso progresivo y reducido, lo que quiere decir que muchas familias judías decidieron quedarse en lo que fue su lugar de exilio y hacerlo su nueva patria, pero manteniendo lazos de unidad con su cultura madre. Una cara de la migración que suele ser soslayada.

Al lado de este fenómeno está el planteamiento de nuevos problemas para los deportados que regresan a su tierra. Particularmente dolorosa es la relación con los que se habían quedado en la tierra sin haber sido deportados (Zac 5,1-5; Ag 1,2-11; Ez 33,23-39). Con la vuelta del destierro y la reconstrucción del templo, la comunidad judía se fue haciendo cada vez más cerrada. La observancia de la Ley de Moisés se convierte en signo privilegiado de identidad y en fortalecimiento de un sentimiento nacionalista que irá creciendo cada vez más. ¿Cómo tratar ahora a los no judíos? ¿qué tipo de relación se entablará con los extranjeros? Hay dos tendencias para responder a esta problemática: la expresada en los libros de Esdras y Nehemías, que pugnan por el aislamiento de la comunidad y la conservación escrupulosa de la identidad nacional. Por otro lado están los libros de Rut y de Jonás, que muestran la posibilidad de refundar la identidad judía en el marco de una gran apertura a los otros pueblos. Esta tendencia, lamentablemente, quedó en desventaja histórica frente a la primera.

Tener una tierra propia plantea el reto del trato a los extranjeros inmigrantes. Había dos clases de extranjeros: los MOKRI, que eran extranjeros que se encontraban de paso por el país, viajeros o comerciantes. Eran protegidos por la Ley de Moisés y se tenía con ellos deber de hospitalidad, pero no podía entrar en el Templo (Ez 44,7.9), ni ofrecer sacrificios (Lev 22,25), ni comer la cena de pascua (Ex 12,43). La segunda clase era el GUER o extranjero residente, con quienes había una especial obligación de hospitalidad. Era especialmente apreciado si se convertía al judaísmo. Abrahán había sido GUER en Hebrón (Gen 23,24), Moisés lo fue en Madián (Ex 2,22), un hombre de Belén se va de GUER a Moab y se casa con Rut (Rut 1,1), los israelitas fueron GUERIM en Egipto (Ex 22,20). Al llegar a Canaán los hebreos eran GUERIM hasta que se convirtieron en los dueños del país y los extranjeros comenzaron a ser los otros.

En relación con estos inmigrantes, las leyes eran de defensa total (Lev 19,34): Dios no hace acepción de personas y proporciona pan y vestido al extranjero (Dt 10,18; Lev 19,33). El amor al extranjero está mandado a Israel, que sufrió la misma situación en Egipto (Dt 10,19). No puede violentarse el derecho del extranjero residente (Dt 27,19) y deben ser juzgados con equidad por los jueces locales (Dt 1,6). Como recibían muchos desprecios y estaban en situación de desventaja, la Ley de Moisés los colocaba en la categoría de marginados a quienes la Ley les concedía ciertos privilegios. Se les enumera junto con “las viudas y los huérfanos” (Jer 7,6), se les ofrece asilo en las ciudades de refugio (Num 35,15); se les concede el derecho de rebuscar en el terreno de cosecha (Lev 19,10) y de comer de la cosecha del año sabático (Lev 25,6), etc. No es, sin embargo, tratado igual que el judío, porque al extranjero sí se le puede exigir interés en los préstamos (Dt 23,20) y estaban obligados a hacer ciertos trabajos (1Cr 22,2). Normalmente, aunque eran libres, no podían tener propiedades (Dt 24,14). Si se circuncidaban, adquirían obligaciones y derechos religiosos (Ex 12,48) y los profetas anuncian que entrarían a formar parte del pueblo de Dios en el reino del Mesías (Is 14,1; Ez 47,22).

Jesús, el migrante

Los dos evangelios de la infancia nos muestran a Jesús compartiendo la suerte de los emigrantes. En la versión de Lucas, Jesús nace fuera de su hogar, al amparo de la caridad de una familia, lejos de su casa y su parentela (Lc 2). En la versión de Mateo, Jesús y su familia se ven obligados a huir de la persecución de Herodes, y tienen que pasar un tiempo largo en tierra extranjera (Mt 2).

Más tarde, el mismo Jesús decide por una vida itinerante, sin residencia propia, al punto que se proclama “sin lugar en donde reposar la cabeza” (Lc 9,58). Sabemos que, mientras ejerció su  ministerio en Cafarnaúm, Jesús se alojaba en la casa de Pedro (Mc 1,29; 2,1) y que cuando visitaba Jerusalén, le gustaba hospedarse en casa de Marta, María y Lázaro (Lc 10,38-42). No es extraño, por ello, que la virtud de la hospitalidad fuera altamente apreciada también entre la primitiva comunidad cristiana (Heb 13,2) ni que una de las oraciones del bendicional señale, justamente en las preces para bendecir una casa: “Señor, tú que no tuviste casa propia y aceptaste con el gozo de la pobreza la hospitalidad de tus amigos…”.

Por otra parte, Jesús rompe con muchas de las costumbres de su tiempo en su trato con los extranjeros, sean samaritanos o paganos de otras regiones. Cura al siervo de un soldado romano (7,2-10), libera al endemoniado geraseno (Mc 5,1-20), aprende la lección de la universalidad de una mujer cananea (Mt 15,21-28). En su parábola del juicio final, conocida como la parábola de las ovejas y los cabritos, Jesús va a señalar como uno de los gestos de amor la ayuda a los forasteros y se identifica con ellos (Mt 25,35).

Para la Carta a los Hebreos es un dato muy significativo la muerte de Jesús fuera de la ciudad, como señal de desprecio (Heb 13,12-14) y la considera una invitación a la ciudad permanente. No es tampoco menor el hecho de que Marcos, el evangelio de la revelación del Mesías crucificado, éste no sea reconocido como Hijo de Dios sino por un extranjero (Mc 15,39).

La iglesia, una casa para todos y todas

La formulación más elaborada sobre la migración como símbolo de la naturaleza de los cristianos, la encontramos en la Primera Carta de Pedro. En ella, la condición social de migrantes se convierte en una especie de parábola teológica: los cristianos deben considerar su existencia como una permanencia transitoria en un mundo al cual no pertenecen. Los cristianos a quienes se dirige la carta trabajan como personas sin techo y sin tierra, en un lugar que no les pertenece, pagan tributos en un país que no es el suyo y que no les otorga derecho alguno. La expresión “forasteros” de 1 Pe 2,11, en griego PAROIKOI, literalmente traducida quiere decir “extranjeros residentes”. Esa expresión era usada para describir a los extranjeros que habían adquirido el derecho de residencia, pero que no disfrutaban del derecho de ciudadanía. Podían vivir y trabajar en un país, pero no tenían derechos plenos. Entre sus deberes estaban: pagar tributos, tasas y cuotas de producción. Entre los derechos de los que estaban excluidos se cuentan: voto, posesión de la tierra, matrimonio con ciudadanos, herencia y transferencia de bienes.

Otro grupo referido en 2,11 es el de los “peregrinos”, en griego PAREPIDÉMOI: eran extranjeros que no tenían ni siquiera derecho de permanencia en el país. Eran los “extraños” y no poseían ningún derecho. No podemos decir que todos los cristianos a los que va dirigida la 1 Pedro fueran extranjeros, pero sí que a una buena parte de la comunidad le correspondía esta descripción y caracterizaba a la comunidad como un todo.

Por eso el espacio afectivo de “familia” era tan importante. La 1Pedro ofrece a estos desabrigados una casa, un abrigo, una referencia de familia: es la comunidad. Los que no tienen casa, son abrigados por la “casa de Dios”, los que no tienen derecho de ciudadanos, pueden llamar padre a Dios. La comunidad es lugar de refugio y resistencia para no dejar, con su testimonio, de denunciar las injusticias de la sociedad.

NOTA FINAL: El artículo completo, con las citas bibliográficas que aquí fueron omitidas, se encuentra en Lugo Raúl, Dios, defensor de los derechos humanos en la Biblia (Ed. San Pablo, México 2014).

Iglesia y Sociedad

Tlatelolco: 50 años

2 Oct , 2018  

Soy un hombre de obsesiones. A veces siento que estoy apenas a unos milímetros (y hablo de intensidad, no de grado) del TOC. Algunas obsesiones son estúpidas, como cuando me descubro tomando la fotografía del tablero del kilometraje de mi carro en el momento en que las cifras son todas parejas (1111, 2222, 3333, etc.) Otras veces, mis obsesiones no tienen nada que ver con Sheldon Cooper, y sí, en cambio, arrebatan mi vida y le otorgan dirección. Algún teólogo amigo las ha llamado mociones del Espíritu o aguijones clavados en la carne.

Supe de Tlatelolco cuando habían pasado ya seis años de la masacre. Se convirtió desde entonces en una de esas obsesiones de la segunda clasificación. Cuando la Plaza de las Tres Culturas se tiñó de sangre tenía yo apenas 10 años y estaba iniciando el sexto año de primaria. Fue más tarde cuando Tlatelolco se me reveló en medio de ese intensivo curso de política que fue para mí la desaparición del Charras. Fue 1974 el año infausto de su asesinato y yo estaba en segundo año de preparatoria. El torbellino que se desató en mi interior cuando empecé a asistir a las reuniones del comité de huelga de la prepa y, de manera especial, cuando tuve que correr a esconderme hacia el interior del edificio central de la Universidad de Yucatán (entonces todavía sin el apelativo de autónoma) para esquivar las balas de la policía, hizo que, para decirlo con palabras de Rigoberta, ‘me naciera la conciencia’. La Escuela de Economía, situada entonces, si no me equivoco, en la calle 61, en la casa donde ahora funciona el Hideyo Noguchi, se convirtió para mí en lugar de aprendizaje; numerosas sesiones me iniciaron en el conocimiento del marxismo como herramienta de cambio. Fueron tiempos de ingenuidad y de barricadas, de pasión y de utopías que se antojaban al alcance de la mano. Ese fue el lugar donde supe de la matanza y comencé a comprender su condición de crisálida.

De ahí ya no paré. Leí todo lo que encontré sobre Tlatelolco, desde los viejos ejemplares de la revista ¿Por Qué? hasta el libro de Elena Poniatowska y los dossiers que Proceso publicaba en los aniversarios grandes, pasando, privilegios de la imagen, por el estremecedor documental ‘El Grito’, de Leobardo López o ‘Rojo Amanecer’ de Jorge Fons. Cuando el demonio de la pluma se apoderó de mí, escribí miles de palabras sobre Tlatelolco y recorrí, con el dos de octubre a cuestas, casi todos los géneros: artículos periodísticos, cuentos, viñetas, poemas, elegías…

Hoy, a los cincuenta años de que la sangre de la plaza fue lavada, llega la cita anual. Hace ya tiempo que la tinta de mi pluma ha ido perdiendo el color y el calor. Para Tlatelolco se me han gastado ya las palabras, sea entendido el verbo en español de Castilla o en español yucateco. Les dejo, pues, con algunas palabras del pasado, espigadas al azar entre lo escrito a lo largo de los últimos 25 años, desde que el demiurgo de la hoja en blanco comenzó a convertirse para mí en reto anual, conjuro, herida abierta, silencio reverente roto por el gemido y por el garabato. Es una entrega larga, de muchas hojas, con la ventaja suprema de poder, en el momento que así lo desee la lectora y el lector de este espacio, apagar la pantalla.

Testamento para Tlatelolco

Una de las más famosas canciones de Silvio Rodríguez lleva el nombre de “Testamento”. Clásica expresión de la poética del cantautor, “Testamento” hace el recuento de una serie de temas con los que el cantante se declara en deuda. Utilizando los recursos de la crítica estructuralista, el artista cubano revela su autoconciencia creadora haciendo una canción a partir de canciones que no existen aún, que son solamente proyectos del trovador. Combinando la dura sonoridad de los endecasílabos con la solemnidad de los versos alejandrinos, Silvio crea imágenes “horriblemente hermosas”, como dijera César Vallejo.

“Le debo una canción a lo que supe, / a lo que supe y no pudo ser más que silencio… Le debo una canción a los pecados, / a los pecados que no gasté, los que no pude… Le debo una canción a una bala, / a un proyectil que debió esperarme en una selva: / le debo una canción desesperada, / desesperada por no poder llegar a verla… / Le debo una canción a lo imposible / a la mujer, a la estrella, al sueño que nos lanza: / le debo una canción indescriptible / como una vela inflamada en vientos de esperanza…”

Esta canción de Silvio me ha servido de inspiración para hacer mi testamento personal en relación con Tlatelolco y el doloroso recuerdo de la matanza del dos de octubre, que hoy cumple treinta años de aguijonear nuestras conciencias. Tengo una deuda de amor y sueños, de sangre y rabia, con todos aquellos que fueron masacrados en una plaza en fiesta, en fiesta de juventud y libertad, en fiesta de ingenuidad y gritos, en fiesta de muchachos y muchachas ocupados en el oficio más extraordinario y provechoso: tirarle piedras a la luna y cambiar el mundo.

Le debo una canción a todos los caídos: a quienes encontraron la muerte como consecuencia de su proceso de concientización, pero también a quienes fueron acribillados cuando salían del cine y cruzaban por la plaza. A la muchacha que fue buscada por semanas por una madre que mostraba a todo el mundo el zapato ensangrentado que encontró al día siguiente en la plaza recién lavada. “Es lo único que encontré de ella…” iba diciendo como sonámbula en todas las delegaciones de policía y en todos los hospitales.

Le debo una investigación histórica, rigurosa e implacable, a Gustavo Díaz Ordaz y a Luis Echeverría. Una investigación que abra por fin los archivos secretos del Ejército Mexicano, que ventile la podredumbre y muestre a cielo abierto las complicidades. Le debo una información seria a los niños y niñas de las escuelas, a los que estudian historia hoy, en 1998, como si en el año de 1968 hubiera habido solamente olimpíadas.

Le debo un poema a los integrantes del Consejo Nacional de Huelga (CNH), a quienes han continuado fecundando con su fuerza y su ingenio la vida política del país, pero también a quienes, después de aquellos días aciagos de persecución y cárcel, decidieron dar la batalla por el México nuevo desde otras trincheras, o se limitan a sobrevivir lidiando con el fantasma de los recuerdos.

Le debo una elegía a Heberto Castillo, que siempre supo estar a la altura de la vida; una canción no fúnebre, sino festiva, para todos los maestros e intelectuales que supieron descubrir, en medio de la propaganda del autoritarismo, ese algo nuevo que surgía a borbotones de los mítines y de los boteos, de las interminables discusiones y de la fiesta continua que se llamó “el movimiento”.

Le debo un libro de agradecimiento a Elena Poniatowska, a Sergio Zermeño y a Paco Ignacio Taibo II, a Luis González de Alba y a Carlos Monsiváis, y a todos los escritores que no permitieron que la amnesia triunfara y nos volviéramos como aquel pueblo del imaginario de García Márquez, donde a la gente se le llegó a olvidar hasta su nombre. Les debo un libro que se titule “¡Gracias por la memoria!”. Debo también un recuento de poemas, para saldar la deuda con José Emilio Pacheco, con Octavio Paz y con Rosario Castellanos, entre otros tantos poetas que cantaron con pasión y fuego a los caídos del 68.

Le debo un reportaje objetivo y veraz a los periodistas de prensa y televisión que prestaron su pluma vergonzante para apoyar la tesis de la conspiración internacional que se cebaba tras los largos cabellos de los muchachos de la plaza de las tres culturas. Debo un estrujante reportaje, dedicado a quienes fueron incapaces, por miedo o por estupidez, de filmar la plaza cuando era lavada de sangre inocente, cuando los soldados subían a carretadas los cuerpos sin vida a los camiones de redilas, cuando los cadáveres se dejaron caer al mar sin asomo alguno de piedad. Le debo un reportaje a esos periodistas, no importa que ahora algunos de ellos estén llenando las pantallas de televisión en el 30º aniversario de la masacre.

Le debo un panfleto agrio y mal escrito a Sócrates Campos y a Áyax Segura, para que no olviden que hubo gente que descubrió sus rostros y sus voces cuando, sigilosamente y al amparo de la noche, pasaban ante las celdas del campo militar número uno identificando y delatando a los integrantes del CNH, sus propios compañeros. Les debo un pasquín de pésimo gusto. No se merecen más.

Debo una canción ardiente, con ardor de hoguera inquisitorial, a los frailes franciscanos que habitaban el convento de Santiago Tlatelolco, que en el momento de la matanza prefirieron no oír aquellos gritos desesperados: “¡Ábranos, ábranos!” y mantuvieron sus puertas cerradas y su iglesia segura, mientras Jesús caía desangrado sobre la piedra negra de los sacrificios. Les debo una canción que taladre sus oídos y les acompañe en la eterna madrugada en la que se han de haber convertido sus noches de insomnio.

Le debo un artículo periodístico a quienes nacieron cuando Tlatelolco era solo una noche del pasado, a quienes hurgan los periódicos antiguos para buscar datos y alimentar razones, a los muchachos y muchachas que pueden hoy ir a escoger entre muchos partidos a la hora de la votación y formar organizaciones sin ser perseguidos, aunque no sepan que mucho de ello se debe a la sangre que mojó una plaza en un lejano dos de octubre que dividió la patria. Esta es la única deuda que acaso saldaré con estas líneas. Las demás, programa de un incierto futuro, quedan en el papel todavía en blanco o en la sección aún no usada del ordenador.

Mérida de Yucatán, 2 de octubre de 1998

Cuatro viñetas para Tlatelolco

Uno de los caídos

Tengo sangre en la boca. Tengo la boca llena de sangre. La losa fría me raspa la mejilla. Sobre mis piernas y mi espalda siento el peso de otro cuerpo. Así, inmóvil, abro los ojos, despacio, no sea que descubran que estoy vivo. Ahora puedo ver el húmedo piso de la explanada. De cuando en cuando algunos cuerpos se mueven, otros se arrastran en la oscuridad. Todavía pueden escucharse algunos disparos. No quiero deshacerme del cuerpo que yace sobre mis piernas. Es mejor que los gorilas piensen que estoy muerto. Por más que escupo, no puedo quitarme de la boca el sabor de la sangre. No sé cuánto tiempo pasa hasta que, de pronto, todo queda en silencio. Parece ser la hora de intentar la fuga. Trato de incorporarme y lo logro con una facilidad que no me esperaba. Busco escurrirme entre los otros cuerpos para llegar a la pared de la iglesia. Si lo logro, podré deslizarme por sus bordes y alcanzar la salida de esta explanada con olor a muerte (Ajá, eso es, no es solamente el sabor de la sangre en la boca, es este penetrante olor a muerte). Cuando logro llegar al costado de la iglesia miro hacia atrás y respiro al fin tranquilo. Alcanzo a ver mi cuerpo, inmóvil, bajo el peso de otro cuerpo. Ya no podrán matarme esos desgraciados. Ya soy uno de los caídos.

Campo militar No. 1

Dirigida directamente a mis ojos, la luz de la lámpara de mano me encandiló. No sé cuántos días han pasado desde que estoy en esta oscuridad, tanteando paredes húmedas, comiendo entre penumbras el plato de quién sabe qué, que me traen cada mediodía. No sé cuántos días han pasado desde que no tengo noticias de nadie, que no veo ningún rostro, que no siento el sol en mi cara, que no tengo otro mundo que estas cuatro paredes y este espacio estrecho. ¿Cómo contar las horas? ¿Cuándo podré otra vez estirar las piernas? La luz se clavó en mis ojos como cien puñales, de un solo golpe, cuando la mirilla superior de la puerta se abrió para dejar que penetrara el haz hiriente. Desde que oí los ruidos previos sentí pavor. No es la primera vez que los escuchaba. Ya se han llevado, entre gritos, a algunos de los compañeros de celdas vecinas. ¿Estarían también, como yo, en esta oscuridad? No sé si ya me acostumbré a las sombras, pero sentí un gran alivio cuando la mirilla se cerró y me devolvió a este mundo negro. Apenas si alcanzo a oír el murmullo de la conversación, pero en este reino del silencio, los oídos se agudizan para registrar cualquier sonido. Parece que se alejan caminando por el pasillo. El soldado pregunta: “¿Sí o no?” e inmediatamente una voz responde: “Sí, mi sargento, ese es uno de los cabecillas”. Mi suerte está echada. Creo reconocer la voz del delator. Pronto vendrán por mí. Comienzo a despedirme de estas sombras.

Cómo han pasado los años

La sala del aeropuerto está llena de gente. Los viajeros van y vienen, algunos con paso displicente, otros con cierta prisa, otros más con rostro de desespero. Nuestro hombre lleva lentes negros y un botón tricolor en la solapa. Camina con premura hacia la puerta número 32, en la sección de salidas internacionales del puerto aéreo. Su avión debe salir en media hora, pero quiere estar en la sala de espera con suficiente tiempo. Le sigue su esposa y uno de sus hijos menores. Viajarán por American hacia Nueva York. El hijo viene con cara de pocos amigos. La madre intenta animarlo sin conseguirlo. Hoy cumple 18 años y nunca había podido explicarse por qué siempre celebraban su cumpleaños viajando, en lugar de que le permitieran  hacer una fiesta con sus amigos. Ángel, el hermano mayor, le explicó hoy la razón: papá debe estar fuera porque es el aniversario de Tlatelolco. ‘¿Y eso qué?’ preguntó el cumpleañero. Entonces Ángel le relató todo, cómo su papá fue de los dirigentes del Consejo Nacional de Huelga y cómo, milagrosamente, no hizo más de dos días en la cárcel y salió sano y salvo, cómo fue encumbrándose en una carrera política en la que, con discreción poco común entre los políticos, escaló puestos administrativos hasta llegar a la subsecretaría que ahora ocupa. ‘Entonces, ¿fue uno de los delatores?’, termina preguntándole a Ángel. ‘Eso sólo te lo puede decir él. De todos modos, feliz cumpleaños’.

El hombre de anteojos negros toma asiento. Mira a su hijo, que con gesto adusto, camina hacia él y se sienta a su lado. Cuando el hombre se quita los anteojos enfrenta la mirada acusadora de su hijo. Siempre supo que llegaría la hora de ser juzgado en este tribunal.

El investigador

Marcos tiene dieciséis años. Vive a plenitud su adolescencia, ese bendito tiempo de las obsesiones. Un tiempo no quiso saber de otra cosa que del rock pesado: Dire Straits, Guns and Roses, y hasta los viejitos de ZZ Top. Después se clavó en el cine: no había película exhibida que se perdiera, los ciclos de la Cineteca lo chiflaban y tenía ya su lista de actores y directores preferidos. Desde hace algunos meses conoció a María, una chava de la escuela. No tiene ya más obsesión que ella y las obsesiones que a ella le estremecen. Ella es hija de un sobreviviente de Tlatelolco, de los que estuvieron en la mera friega del 2 de octubre. Marcos ya no vive sino para averiguar qué es lo que pasó en Tlatelolco, visita hemerotecas, mira con atención cuanto vídeo sobre el asunto le cae en las manos, y ya hasta se bebe como cerveza los programas que antes le parecían aburridos, como Punto de partida o Reporte Trece. Hoy saldrá de la mano de María para participar en su primera marcha. Se sabe ya los nombres de los que fueron líderes: Della Roca, González de Alba, Guevara Niebla…; conoce también a detalle el relato de los acontecimientos: las luces de bengala, la pinza hecha por el ejército, el batallón Olimpia, el guante blanco; ha visto ‘Rojo Amanecer’ y ha leído ‘La Noche de Tlatelolco’ y hasta se consiguió, sacrificando su gastada, el reporte gráfico que publicara Proceso para el 30º. Aniversario. Cuando la Marcha comienza, saludo a Marcos y María. Tlatelolco no será cosa del pasado mientras existan chavos como ellos. Los que vamos de salida, saludamos la regeneración de la memoria colectiva. 2 de octubre ¡No se olvida!

Mérida de Yucatán, 2 de octubre de 2003

Tlatelolco Clandestino

Pedro o Fernando, Verónica o María

Quizá algún raro, adelantado espécimen llamado Estéfani o Yocasta…

Nombres todos de jóvenes mujeres

De desgarbados y escuálidos muchachos

Ellas y ellos de cabellos largos

De sangre apasionada

De juventud en fiesta.

 

Hace cuarenta y dos años eran sólo un montón de zapatos apilados

En una plaza llena de sangre

Y después, poco tiempo después

Pulcramente lavada

Desinfectada de voces y de gritos

Protegida por un templo cuyo culto nunca se interrumpió.

 

Hace cuarenta y dos años no pudimos

Encontrar sus huesos

Ni sus vestidos

Ni sus alegres cantos de protesta

Ni sus puños alzados al viento y a la esperanza.

 

Un camión de redilas se llevó los cuerpos

Y dejó los zapatos

En el punto más oscuro de la noche.

 

Hace cuarenta y dos años hubo solo silencio

Silencio de temor, de almas vendidas

De cobardía y de rostro volteado hacia otra parte

De olímpicos aplausos

Y llanto clandestino

 

Hoy los cuarenta y dos años nos pesan

Como una dura losa a las espaldas.

Pípilas irredentos, seguimos cuesta arriba

Rumbo a la nueva alhóndiga

Donde una muerte menos gloriosa nos espera.

 

Como hace cuarenta y dos años hoy tan solo hay silencio.

Pero además de llanto se vislumbran

Otras clandestinidades:

Acaso el beso dado a contracorriente

El asedio interminable de una rosa

La mano entrelazada en la montaña

O una revolución en ciernes

 

En este dos de octubre, sí, hay silencio

Pero hay también memoria

Y mientras recordemos

No todo está perdido.

Roma, 2 de octubre de 2010

Espectro 43

No sé si puedas escucharme. Dicen que los fantasmas susurramos, pero eso es solamente a los oídos de los que no han muerto. Según nosotros, hablamos con la misma fuerza y claridad que cuando estábamos de ese lado de la realidad. Pero tengo la impresión de que el cliché elaborado por el cine y por los modernos medios electrónicos ha terminado por dar resultado y convertirse en el paradigma de lo real, al punto que ahora que te estoy hablando siento que estoy “whispereando”, como dicen mis nietos.

Sí, Elodia, claro que conozco a mis nietos. La Soledad es la que más me gusta: única niña y traviesa como su abuela. Espero que el nombre no sea destino, porque de solos tú y yo nos bastamos y sobramos. No creas, amor, que no he sido testigo del esfuerzo que realizaste para sacar adelante a nuestros hijos. Hubieras podido enamorarte de otro hombre y rehacer la familia a una nueva medida, pero decidiste dedicarte solamente a ellos, ocho y diez años al momento de mi muerte, y ¿sabes? Te lo agradezco. Es grande la estupidez de los que opinan que los muertos no sufrimos de celos.

Y aunque he visto crecer a nuestros hijos y conozco ya por sus nombres a los nietos, los recuerdos, esos que permanecen sin que uno pueda esconderse de ellos, son aquellos que rodearon el momento de mi muerte. Ya sé que te fastidio cada año con esta conversación, pero cada vez que llega esta fecha no puedo sino repasar, detalle por detalle, la trágica decisión de irme a vender el atole y los tamales a la Plaza de las Tres Culturas.

Sí… ya sé que nadie podía imaginarse lo que pasaría. También sé que en los mítines de días anteriores nos había ido tan bien que pudimos comprar los útiles escolares y uniformes de los escuincles sin necesidad de ningún préstamo de emergencia, y eso por primera vez en los doce años que llevábamos casados. Así que hubiera sido una estupidez, si de cálculos humanos se tratase, si no hubiera yo aprovechado la oportunidad del que se anunciaba como el mitin de más nutrida participación en ese utópico relajo que era la huelga estudiantil.

¿Qué las cosas hubieran podido ser distintas? Claro. Pero uno no tiene una bola mágica para leer el futuro. Todo mundo sabía que el dientón no se iba a tentar la mano para poner orden cuando los muchachos del Consejo le hubiesen llegado a la coronilla, pero ¿cómo imaginar que sería a puro balazo?

Llegué, como seguramente recuerdas, bien temprano para ganar un buen lugar. Colocarme cercano a la iglesia de san Francisco me pareció una buena estrategia, porque si los participantes del mitin no agotaban la mercancía, siempre podría vender los tamales a las afueras del templo cuando terminara la novena que, con motivo de la fiesta de san Francisco que estaba ya cercana, juntaba a tantos católicos todas las noches.

La verdad es que el mitin fue muy parecido a las anteriores concentraciones a las que había convocado el Consejo de Huelga. Discursos contra el gobierno, las reiteradas exigencias de mítines anteriores: desaparición del cuerpo de granaderos, libertad a los presos políticos, abolición del delito de disolución social… lo único novedoso fue el número de participantes. Una novedad muy conveniente para nosotros, que esperábamos sacar el mayor provecho con nuestra venta. Sólo por eso le pagué a un muchacho para que fuera a llamarte por teléfono, te lo juro, y te avisara que necesitaba tu presencia. De lo contario, habría yo llegado a la casa como todas las noches: cansado y solo. Pero hubiera sido imposible vender, cuidar la caja, servir el atole, con tanta gente que se iba amontonando, si no hubieras llegado para ayudarme. Quizá sea eso lo que no ha permitido que yo termine de morirme.

Si no fuera por aquellos dos cuates que se acercaron a comprar tamales y, para comerlos, se tuvieron que quitar un guante blanco de la mano izquierda, yo no me hubiera olido nada extraño en aquella tarde. Pero pude escuchar clarito cuando terminaron y cómo quedaron en verse a la entrada de los edificios en cuyo frente estaba colocado el templete. No podía yo saber que eran francotiradores, de esos que ahora son conocidos como del batallón Olimpia, pero creo que fue Diosito el que me hizo sospechar. Sólo por eso te dije que entraras a la iglesia y que pidieras el teléfono para llamar a la casa y preguntarle a doña Marina cómo estaban los niños. Ante tu mirada azorada, te convencí, a contrapelo de la clarísima necesidad que tenía de tu ayuda debido a la cantidad de gente que estaba comprando, diciéndote que tenía un presentimiento, y que no fuera a ser que los chamacos estuvieran inquietos o les hubiera pasado algo.

No sabes cómo le agradezco a Dios que se me haya ocurrido eso y, sobre todo, que tú me hubieras creído a pesar de lo bizarro del pretexto. Eso fue lo que te salvó la vida. Así ya no viste el helicóptero que soltó las bengalas, ni escuchaste el inicio de los disparos desde los edificios de la unidad habitacional, ni tuviste que esconderte tras el carrito de los tamales cuando los soldados comenzaron a disparar respondiendo a la agresión de los francotiradores de guante blanco.

Cuando la primera bala me alcanzó pensé en quedarme inmóvil, en hacerme pasar por muerto. Había algunas personas tiradas a mi alrededor; me parecía que estaban muertas. Podría esconderme debajo de alguna de ellas. La segunda bala me convenció aún más de que esa era mi única salida. Así que me arrastré para meterme bajo el cuerpo de una señora, pero en lo que fingía la muerte, ésta me llegó despacito, fue entrando en mi cuerpo conforme la sangre salía de él. Cuando te vi venir, me extrañó sentirme sin ningún dolor y no fue sino hasta que vi que me abrazabas cuando me di cuenta de la incongruencia de estar viéndome a mí mismo, con el cuerpo fláccido entre tus brazos, mientras alrededor de mí todo era silencio, aunque mirara las bocas abiertas profiriendo gritos y la corredera hubiera convertido la Plaza en un caos.

Por eso cada dos de octubre vengo a visitarte. Me molesta tener que usar el tiempo de mi visita anual en contarte esto una y otra vez. A la mejor pensarás que no sé hablar más que de aquella tarde de sangre, pero como te digo, he visto crecer a mis nietos, te quiero más que nunca, y me alegra que mis hijos hayan estudiado en la UNAM y marchen cada año para recordarme. Cuando menos pudieron recuperar mi cuerpo. Habrías sufrido mucho más si mi cuerpo hubiera ido a terminar en una fosa común o, como comentan algunos de este lado, en el fondo del mar, arrojado desde una avioneta.

Así que, Elodia, tú puedes hacer tuyo el grito de “¡2 de octubre, no se olvida!”, aunque lo hagas por razones distintas de la mayoría. Mientras tanto yo estoy aquí, año tras año, viniendo a verte a ti en el rato que puedo escaparme de esta obligada visita a la Plaza de las Tres Culturas. Parece que la decisión de arriba es que sigamos viniendo todos los años, hasta que nuestra memoria desaparezca de todas las mentes. Así que, te lo encargo, cuéntale a mis nietos toda la historia, para que pueda venir el próximo año a visitarte…

Maní, Yucatán, 2 de octubre de 2011

 

Iglesia y Sociedad

El Tsunami de Pensilvania

1 Sep , 2018  

La pasada fiesta de la Asunción de la Virgen María tuvo un corolario poco grato. La Corte Suprema del Estado de Pensilvania, en los Estados Unidos, publicó un reporte en el que se documenta con evidencias que más de 1,000 menores fueron víctimas de abuso sexual desde 1940 a mano de más de 300 sacerdotes, muchos de ellos encubiertos por las instancias de autoridad dentro de la iglesia.

El reporte no es el primero en su género, pero es escalofriante: “La mayoría de las víctimas eran niños, pero también hubo niñas. Algunos eran adolescentes; muchos, prepúberes. Algunos fueron manipulados con alcohol o pornografía”, señala el informe de 1.400 páginas de la investigación que habla sobre los abusos que tuvieron lugar en seis de las ocho diócesis de Pensilvania. “Algunos fueron forzados a masturbar a sus atacantes o fueron manoseados por ellos. Algunos fueron violados”, pero en todos los casos hubo jerarcas eclesiásticos “que prefirieron proteger a los abusadores y a su institución por encima de todo”, agregó el informe redactado por un gran jurado al cual fueron entregadas las conclusiones de la investigación, menciona el periódico colombiano El Tiempo

Las reacciones a la publicación de este reporte no se han hecho esperar. El mismo Papa Francisco, en una Carta al Pueblo de Dios, publicada el 20 de agosto, afirmó: “Mirando hacia el pasado nunca será suficiente lo que se haga para pedir perdón y buscar reparar el daño causado. Mirando hacia el futuro nunca será poco todo lo que se haga para generar una cultura capaz de evitar que estas situaciones no solo no se repitan, sino que no encuentren espacios para ser encubiertas y perpetuarse. El dolor de las víctimas y sus familias es también nuestro dolor, por eso urge reafirmar una vez más nuestro compromiso para garantizar la protección de los menores y de los adultos en situación de vulnerabilidad”. Se nota en la misiva papal que ha sido abandonada ya, por fin, la perspectiva que sigue privilegiando el prestigio de la institución: el centro del discurso es ahora el bienestar de las víctimas. Una posición que ha sido ya reafirmada por la más alta instancia de la iglesia, pero que debe bajar a cada una de las iglesias particulares. Es imprescindible, para dar pasos hacia adelante en esta materia, que no tengamos a más curas y/o gente de iglesia culpabilizando a las víctimas o trivializando los abusos.

La reacción del Cardenal de Chicago, Blase J. Cupich, es digna de mención. “Ira, conmoción, dolor, vergüenza. ¿Qué otras palabras podemos citar para describir la experiencia de conocer las devastadoras revelaciones de abuso sexual – y los fracasos de los obispos para salvaguardar a los niños confiados a su cuidado – publicadas en el informe del gran jurado de Pensilvania emitido el martes? Este catálogo de horrores viene de la mano de reportes de noticias de alegatos de acoso y abuso sexual profundamente perturbadores contra el arzobispo Theodore McCarrick, quien recientemente renunció al Colegio Cardenalicio. Y, sin embargo, cualquier palabra que podamos usar para describir la angustia de leer sobre estos actos atroces, nunca puede capturar la realidad del sufrimiento padecido por las víctimas de abuso sexual, un sufrimiento agravado por las lamentables respuestas de los obispos que fallaron en proteger a las personas por las cuales fueron ordenados a servir”.

Además, el arzobispo de Chicago, en esta carta que merecería ser leída en su totalidad (http://www.periodistadigital.com/religion/america/2018/08/19/), enlista las acciones que, ya desde 2002 ha tomado el episcopado de los Estados Unidos en contra de los abusos sexuales: “Los abusos contenidos en el reporte del gran jurado de Pensilvania son, como saben, terriblemente familiares. Y a pesar de que es cierto que la mayoría de los abusos contenidos en ese reporte ocurrieron hace décadas, eso no sirve de consuelo para las víctimas, y no debería serlo para ninguno de nosotros. No podemos decir esto lo suficiente: los abusos nunca debieron haber ocurrido, y nadie debió haber actuado de manera que lo permitieran…” Y después de hacer un recuento de las medidas tomadas por el Episcopado de los Estados Unidos, termina afirmando: “De acuerdo con el reporte del gran jurado de Pensilvania, por ejemplo, solo dos de los 300 sacerdotes mencionados en el texto fueron acusados dentro de la última década, y ambos fueron reportados a las autoridades civiles. Esto no excusa nada, y nunca podemos volvernos complacientes sobre nuestra responsabilidad de proteger a niños y adultos del abuso y el acoso, pero dice algo de los efectos de nuestras políticas posteriores a 2002.”

El tsunami de Pensilvania, además, ha venido a ayudarnos en la profundización de la reflexión sobre las causas que permiten los abusos. Es cierto que reconocer el delito y llamarlo por su nombre es importante. También lo es buscar una manera institucional de impedir que abusos de este tipo se repitan. Pero es igualmente relevante encontrar, en el fondo de nuestra ideología religiosa, los resortes o mecanismos que alientan estos crímenes. Propongo a la consideración de los estimados lectores y lectoras de esta columna, cuatro de ellos:

  1. El modus operandi de la Iglesia Católica

Una valiente aportación ha venido de Celso Alcaina, un ex-oficial de la Curia vaticana, que escribió: “Mis lectores saben que durante ocho años fui oficial en la Curia Vaticana con Pablo VI. Lo fui precisamente en la Congregación para la Doctrina de la Fe (Santo Oficio). Una experiencia muy enriquecedora. En ese dicasterio se recogen y enjuician denuncias de delitos y crímenes de los clérigos de todo el mundo católico. En mi libro “ROMA VEDUTA. Monseñor se desnuda”, al hablar del “nihil obstat”, pag 180 de la 2ª edición, traigo a colación un hecho iluminador. Copio:

“Asunto. Arzobispo presunto corruptor de menores. Yo le había dedicado mucho tiempo. Había comenzado a redactar mi informe para la “Particolare”.(Congreso Particular semanal de 4 miembros). Pero cuál fue mi sorpresa cuando me entero de que el Papa había incluido ese tal arzobispo en la lista de cardenales a crear en próximo Consistorio. El expediente fue cerrado y entregado al archivo del Santo Oficio. Y es que la creación de cardenales es algo absolutamente personal del Papa, sin ningún consejo o trámite curial. Si se hubiera solicitado el “nihil obstat”, ese jerarca nunca hubiera vestido la púrpura. Puede que hubiera sido depuesto de su diócesis”.

Es obvio que el hecho revelado en mi libro deja ver las prioridades en la institución católica. Presuntamente el cardenal indiciado era delincuente. Acaso podría seguir siéndolo. Quién sabe si sería tolerante con los pederastas. Pero el “aparato” estaba por encima de los valores. Cientos de expedientes de índole sexual eran guardados en la Sección Criminal del Santo Oficio. Encuadrado yo en la Sección Doctrinal, sólo ocasionalmente analizaba casos de clérigos delincuentes del mundo hispano. Habitualmente, los casos de pederastia se archivaban. Una mayor atención se prestaba a los casos de “solicitatio in confesione”, “absolutio complicis” y violación del sigilo sacramental. En el peor de los casos, al delincuente se imponía una suspensión temporal de la actividad sacerdotal o la reclusión temporal en un monasterio. El Codex, en su Libro VI, menciona y elenca los delitos y penas en que pueden incurrir los clérigos. Al tratar de los delitos sexuales, el Legislador prioriza la protección de la institución y los sacramentos. Pasa de puntillas sobre los delitos extrasacramentales, como son los de pederastia. Léase, si no, el canon 1395. Prima siempre la evitación del escándalo y de la notoriedad que podría dañar el crédito y el prestigio de la institución. Las penas por dichos abusos son ridículas. Las víctimas son ignoradas. Nada sobre ocultación y destrucción de pruebas.

Sin duda, este bochornoso fenómeno tiene causas y orígenes. Corresponde a los católicos, y no sólo a sus jerarcas, identificarlos y obrar en consecuencia. No basta decir “lo siento”. No basta pagar unos miles de dólares a las víctimas. Predicar no da trigo. Una institución regida y ritualizada exclusivamente por varones contribuye a la dominación despótica masculina. Una institución misógina y con celibato clerical obligatorio es deformante de las conciencias. Una institución dogmática conlleva la dominación mental hasta el extremo. Una institución clasista, con clérigos y laicos, con mitras y púrpuras, es humillante y hace súbditos a los fieles.”

Hasta aquí la valiente denuncia de Alcaina, que ya apunta a las otras tres perspectivas con las que quiero continuar esta reflexión.

  1. El patriarcado en las estructuras eclesiales

El teólogo Juan José Tamayo, director de la cátedra de Teología y Ciencias de las Religiones Ignacio Ellacuría, de la Universidad Carlos III de Madrid, apunta por su parte todavía más lejos. En un artículo publicado por el periódico español “El País”, refiere: “Los casos de pederastia se produjeron, la mayoría de las veces, en instituciones dirigidas por varones. Lo que demuestra que el patriarcado religioso recurre a las agresiones sexuales para demostrar su poder omnímodo en las religiones. Un poder que convierte a los clérigos en representantes y portavoces de Dios. Masculinidad sagrada y violencia, pederastia religiosa y patriarcado son binomios que suelen caminar juntos y causan más destrozos que un huracán… ¿Qué hacer ante este cáncer? Tolerancia cero, llevar a los presuntos culpables ante los tribunales civiles y, muy importante, que los jueces pierdan el miedo a las personas sagradas y las juzguen conforme a la gravedad del delito. ¿Y en el interior de las instituciones eclesiásticas? Ir a la raíz de tan diabólico comportamiento, que se encuentra en el sistema patriarcal imperante en la Iglesia católica. ¡Y cambiar la imagen de Dios Padre Padrone!

Situar una de las causas de la pederastia en el patriarcado es poner el dedo en una llaga abierta. La reacción de la iglesia ante la llamada revolución de género, que nos ha ayudado a identificar el patriarcado como un sistema perverso, ha sido cuando menos tímida y en otras ocasiones lamentable.

  1. El celibato sacerdotal

Es la escritora Nancy Houston quien, en una carta abierta al Papa Francisco y hecha pública el pasado 20 de agosto, afirma: En las últimas décadas, varios países cristianos —o Estados no confesionales pero históricamente cristianos— se han aficionado a denunciar las costumbres extranjeras que consideran bárbaras o injustas; me refiero, en particular, a la circuncisión femenina y la obligación de llevar burqa. Nos gusta señalar a los que practican esas costumbres que en ningún lugar del Corán (por ejemplo) se estipula que haya que mutilarles el clítoris a las niñas o cubrirles el rostro a las mujeres, que esas costumbres se inventaron en un momento histórico concreto para contribuir a organizar los matrimonios y distribuir la riqueza… Pero quienes se entregan a estas prácticas las consideran indiscutibles e inseparables de sus identidades, exactamente lo mismo que opina la Iglesia sobre el dogma del celibato sacerdotal. No es este el sitio en el que discutir las múltiples y complejas razones por las que, tras la separación entre la Iglesia de Oriente y la de Occidente, esta última decidió diferenciarse de la primera imponiendo el celibato a sus sacerdotes… Lo que hay que subrayar es que ese dogma, tan dañino, al menos, como la circuncisión femenina y el burqa, es consecuencia de una decisión histórica concreta. Y eso significa que se puede revocar con otra decisión histórica, que solo usted, Francisco, está en situación de tomar. Sí, solo usted tiene el poder de eliminar la obligatoriedad del celibato para los sacerdotes católicos y, de esa forma, proteger a un número incalculable de niños, adolescentes, hombres y mujeres en todo el mundo. El celibato forzoso no sirve de nada. Está suficiente y repetidamente demostrado. La mayoría de los sacerdotes no logran conservar la castidad. Lo intentan, pero fracasan. Hay que reconocer la verdad y enterrar este inicuo dogma de una vez por todas. Es un crimen seguir tergiversando la realidad y perdiendo tiempo con la cantidad de vidas destruidas por su culpa.

Independientemente del acuerdo o desacuerdo que suscite esta declaración, el celibato obligatorio ha sido ya repetidamente cuestionado desde muchas disciplinas científicas. Haríamos bien, dentro de la iglesia, tomando en serio la necesidad de su revisión.

  1. La iglesia y su concepción sobre la sexualidad

A todas estas aportaciones, añado una: la necesidad imperativa de que la iglesia se ponga al día en su concepción de la sexualidad. Hay ya muchos adelantos en las ciencias de la sexualidad que necesitamos asumir en nuestra reflexión moral. En este campo continuamos evadiendo la confrontación de nuestro pensamiento eclesial con los nuevos estudios sobre sexualidad y, mutatis mutandi, seguimos insistiendo en que es el sol el que gira alrededor de la tierra. Para defendernos en nuestra inmovilidad, creamos monstruos con los cuales polarizar nuestras discusiones y replegarnos sobre nuestra incapacidad de confrontación, como la tristemente famosa ideología de género.

Los recientes (y los pasados) escándalos de pederastia tendrían que llevarnos a revisar nuestra moral sexual. Es, como ya afirmaba Alcaine, “ineludible una revisión del sentido y valor de la sexualidad. El impertérrito tradicionalismo católico sigue demonizándola con atisbos machistas y maniqueos. Si la Iglesia Católica continúa anclada en el presente, que es el pasado, todavía leeremos nuevos informes tremebundos como el del gran jurado de Pensilvania”.

Parece que Pensilvania nos está dando la oportunidad de ir al fondo de la cuestión. Como sostenía el Aquinate, Dios sabe sacar bienes de los males. Es lamentable que hayamos tenido que llegar a estas conclusiones debido a la sucesión de escándalos y al inefable sufrimiento de tantas víctimas menores de edad. Hubiera sido más fácil escuchar a quienes, desde hace mucho tiempo, vienen insistiendo en que las posiciones de la iglesia en sexualidad no han sido revisadas desde el avance de las ciencias y de las mutaciones que la conciencia colectiva ha experimentado en los últimos decenios. Teólogos y teólogas que, desde la reflexión de su fe han abogado por una nueva visión más humana e inclusiva de la sexualidad y recibieron, en pontificados anteriores, solamente juicios y reprimendas.

Pero es bueno que la iglesia, aunque sea por el “honor de su nombre”, ahora que se ve asediada por los escándalos de pederastia, decida mover el timón en la dirección de un auténtico discernimiento evangélico ante los signos de los tiempos. Si seguimos llamando despreciativamente “ideología de género” a todos los cambios que ocurren en el mundo de la sexualidad, sin ejercer sobre ellos el discernimiento cristiano, este camino continuará en el punto ciego al que ha llegado. Y ya no tenemos más tiempo.

 

Colofón: Estoy ya al final de la redacción de este artículo cuando estalla el affaire Viganó. Pero esta nota se extendería hasta el infinito y no vale la pena ni siquiera hablar de ello. Los ultraconservadores están dispuestos a todo, incluso a la calumnia, para llevar adelante la demolición de las tímidas reformas de Francisco. Dejemos mejor, como ya está ocurriendo, que la verdad termine imponiéndose. Vale la pena recordar que, por mucho menos, en otros pontificados, la vara de castigo habría caído sobre quienes atentan contra la autoridad del Papa. Francisco no deja de crecer ante mis ojos. De las insidias de Viganó, no nos acordaremos en unos meses.

Iglesia y Sociedad

El Congreso de Pastoral de Pueblos Originarios

17 Ago , 2018  

Del 6 al 11 de agosto, teniendo como sede la Universidad Marista, tuvo lugar en nuestra ciudad el Congreso de Pastoral de Pueblos Originarios de México y América Latina. Convocadas por la Dimensión de Pueblos Originarios y Afromexicanos de la Comisión Episcopal de Pastoral Social del Episcopado Mexicano, más de 500 personas, entre representantes de los distintos pueblos originarios del país y agentes pastorales a su servicio, se reunieron para intercambiar informaciones, vivencias y experiencias. Lo hicieron a partir de cinco ejes temáticos:

  1. Situación: retrocesos, avances y luchas de nuestros derechos comunitarios y desarrollo integral
  2. La presencia de Cristo en la historia y en la vida de los Pueblos Originarios
  3. La Virgen de Guadalupe inspiración que fortalece nuestra cultura y nuestra fe.
  4. San Juan Diego mensajero del proyecto de vida que viene de Dios-Teótl
  5. “Laudato Sí”, acogida de la sabiduría indígena como respuesta integral de los Pueblos Originarios en el cuidado, uso y defensa de la Madre Tierra.

En medio de ritos y oraciones compartidas, los participantes intercambiaron saberes a través de 25 talleres simultáneos, cinco por cada uno de los ejes ya enunciados, y escucharon también conferencias dictadas por conocedores en la materia, entre ellos el legendario padre de la teología india, Eleazar Hernández, la teóloga maya guatemalteca Ernestina López Bac, el guadalupanista Clodomiro Siller, entre otros especialistas, entre ellos varios obispos.

La temática del Congreso se ramificó en los distintos campos de interés, desde la situación de las luchas de los pueblos indígenas y las amenazas más recientes a su tierra y territorio, hasta la eco-teología, como aportación original de los pueblos a la teología de la iglesia, pasando por la reflexión sobre las fiestas comunitarias y sistemas de cargos en los pueblos originarios, los derechos de la Madre Tierra y la posición de los pueblos y la iglesia frente a los proyectos de muerte que se ciernen sobre los territorios indígenas. Experiencias de otros países, como la fascinante construcción de la Red Pan Amazónica (REPAM), enriquecieron el intercambio.

El acompañamiento pastoral de los pueblos originarios se ha diversificado mucho en México. Además de las instancias oficiales, grupos de laicos/as indígenas llevan adelante procesos de inculturación fuera del ámbito oficial. Una de las virtudes de este Congreso fue haber abierto las puertas de la participación, no solamente a los presbíteros y religiosos/as responsables de la pastoral indígena oficial, sino también a agentes de base que durante muchos años han acompañado procesos de reflexión y acción dentro de los pueblos originarios, aunque no contasen con el reconocimiento oficial de diócesis y/o parroquias y hubieran sido vistos con recelo en tiempos eclesiales anteriores al Papa Francisco.

Comparto con las y los lectores de esta columna el comunicado final del Congreso. Firmado por el obispo responsable de esta Dimensión Pastoral y por el secretario de la Pastoral Social, el comunicado no alcanza, lamentablemente, a reflejar la riqueza derivada de los intercambios entre los participantes del Congreso, ni el lenguaje simbólico que suelen usar los pueblos originarios. Sin embargo, nos permite asomarnos a la doble aportación que los pueblos originarios ofrecen frente a las actuales amenazas del modelo socioeconómico y la crisis humanitaria y ecológica global por la que pasamos: la denuncia de los mecanismos de muerte y sus causas, y el anuncio de la sabiduría indígena como un elemento que puede contribuir a enfrentar estas amenazas y ofrecer al mundo un horizonte de esperanza.

Así que les comparto ahora este Comunicado Final, no sin antes referirles al portal electrónico en el que pueden conseguir más información sobre el Congreso y sus conclusiones: http://pueblosoriginarios.org.mx/

 

Comunicado del Primer Congreso de Pastoral de Pueblos Originarios de México y América Latina.

A nuestras hermanas y hermanos de los pueblos originarios de México y América Latina

A nuestras autoridades tradicionales, eclesiásticas y civiles

A quienes luchan por el bien de la humanidad y de la Madre Tierra

¡Paz y bien!

El Dios, Dueño del Cerca y del Junto, Corazón del Cielo-Corazón de la Tierra está con nosotros en esta hora de gracia, que es tiempo de cambios profundos.

Provenientes de los cuatro rumbos de Nuestra Casa Común de este continente llamado América, nos reunimos los días 7 al 11 de agosto de 2018 en las tierras del Mayab, 550 personas que trajimos la presencia de nuestros pueblos originarios de México, Guatemala, El Salvador, Panamá, Colombia, Ecuador y Argentina, acompañados de los pastores de nuestras iglesias, para testimoniar la vida y luchas de los pueblos indígenas y para impulsar el acompañamiento pastoral de estas luchas y al florecimiento de las iglesias autóctonas.

Este Congreso se realiza en ocasión de conmemorar los 25 años del encuentro de SS Juan Pablo II con las etnias de nuestro continente, y para inaugurar el trecenario de preparación de los quinientos años del hecho guadalupano.

Al compartir nuestra vida en este Primer Congreso de Pastoral de Pueblos Originarios (y Afromexicanos), convocado por la Dimensión de Pastoral de Pueblos Originarios de la Comisión Episcopal de Pastoral Social de la Conferencia del Episcopado Mexicano, junto con la Arquidiócesis de Yucatán y la Provincia Franciscana San Felipe de Jesús, sureste de México, comprobamos la riqueza de nuestra diversidad de lenguas, culturas y tradiciones religiosas que manifiestan nuestros modos propios de entender y vivir con Dios, con los demás seres humanos y con la Madre Tierra. Pero junto a estas flores y cantos que dan sentido a nuestra vida también descubrimos espinas que llenan de dolor y de tristeza nuestro corazón.

Han resonado en nosotros los clamores de la naturaleza y de los pobres y estamos dispuestos como Iglesia a asumirlos en nuestra acción pastoral y a sumarnos a su lucha por la defensa de la vida de los pueblos y de la Madre Tierra.

Ciertamente reconocemos que tenemos avances importantes, pero no a la medida de lo que los pueblos y los signos de los tiempos exigen.

Los que aquí nos reunimos hemos sido testigos y víctimas del modelo globalizante neoliberal agravado por la corrupción y la violencia, que es un proyecto de muerte; sus megaproyectos extractivistas son formas más modernas y agresivas de despojo, de explotación y descarte que destruyen los bienes de la creación, los conocimientos tradicionales ancestrales y el tejido social de los pueblos. Aunado a esto la represión y la violencia se ha desatado contra los líderes comunitarios como crímenes de lesa humanidad que claman al cielo.

Como miembros de los pueblos originarios y como pastores de la Iglesia Católica denunciamos esta situación como un pecado sumamente grave que exige conversión y reparación para lograr la paz y el perdón; al mismo tiempo anunciamos la gracia y la esperanza que florece en la lucha de nuestros pueblos, con los que somos hermanos y para los que queremos ser profetas y pastores de esperanza.

Nos comprometemos a las siguientes acciones:

  • Recuperar, afirmando y potenciando, los valores culturales y espirituales que se han perdido o menguado en nuestros pueblos;
  • Asegurar la continuidad de los procesos de liberación e inculturación reconociendo la siembra de Dios y el cultivo de la religión popular de los pueblos.
  • Educarnos mutuamente desde la familia, las comunidades y pueblos aceptando que la gente forma a sus pastores para el buen convivir entre nosotros, con la Madre Tierra y con Dios.
  • Actuar como iglesia particular autóctona en unidad de fe dentro de la diversidad de carismas, servicios y culturas.
  • Incidir en la sociedad con la fe, sabiduría ancestral y participación ciudadana sobre las políticas públicas, conociendo y manejando las leyes que afectan la causa indígena y proponiendo acciones concretas con las que nuestros pueblos sigan afrontando sus problemas y tengan vida digna y vida en abundancia.
  • Organizarnos como pueblos y como iglesia para defender, ampliar y plenificar la vida

En nombre de los participantes, firmamos rogando a Tonantzin Teocoatlaxiuhpe nos siga procurando todo su amor, ternura y ayuda como a San Cuauhtlatoatzin, a fin de realizar los compromisos emanados del Congreso.

Desde la Universidad Marista de Mérida, Yucatán, en México, el 10 de agosto de 2018

+ Fray José de Jesús González Hernández

Obispo Prelado de Jesús María, El Nayar

Responsable de la Pastoral de Pueblos Originarios y Afromexicanos

Comisión Episcopal para la Pastoral Social (CEPS, CEM)

Pbro. Rogelio Narváez Martínez

Secretario Ejecutivo

Comisión Episcopal para la Pastoral Social, CEPS – Cáritas Mexicana.

Iglesia y Sociedad

Ay Nicaragua, Nicaragüita…

23 Jul , 2018  

Para José Argüello y Michelle Najlis

La revolución sandinista marcó para siempre mi juventud. Desde entonces, guardé la memoria de un proceso que, en medio de sus imperfecciones, se convirtió en un referente para quienes suspirábamos por cambios sociales en nuestro continente. Ha llovido mucho desde entonces. Una oportunidad de acercamiento con el pueblo nicaragüense se dio a través de amistades entrañables, como la del teólogo José Argüello Lacayo y la poeta Michelle Najlis. He tratado de seguir el  proceso de descomposición dentro del sandinismo y las sucesivas fases que fue tomando el gobierno de Daniel Ortega.

He recibido, gracias a la generosidad del Observatorio Eclesial, el artículo que ahora les comparto en este espacio. Explica de manera clara, para quien desde la izquierda quiera tener una opinión más informada, lo que está ocurriendo en el país centroamericano. Es un artículo largo, pero la complejidad de lo que ocurre en Nicaragua lo ameritaba. El autor es Iosu Perales, periodista, politólogo, especialista en relaciones internacionales, cuyas obras más conocidas son: Guatemala insurrecta (1990), El perfume de Palestina (2002), Los buenos años: Nicaragua en la memoria (2005) Los Años de Plomo en El Salvador, 1981-1992 (2009) y Algo he visto del mundo. Crónicas viajeras (2013). Ha escrito también libros de narrativa literaria.

Puede uno estar de acuerdo o no con todas las afirmaciones del autor, pero su lectura ha sido para mí una ayuda para comprender mejor la compleja situación por la que pasa la patria de Sandino. Espero que para las y los lectores de este espacio también lo sea.

¿Qué ocurre en Nicaragua? Preguntas y respuestas desde la izquierda.

Iosu Perales

Los trágicos sucesos que vive Nicaragua desde el 18 de abril, preocupan y confunden a las izquierdas. Sin embargo, la inquietud que se comparte no significa unanimidad al momento de analizar e interpretar los hechos que cada día nos sobresaltan. Para una parte de las izquierdas se trata de un intento de golpe de estado del que participan fuerzas opositoras respaldadas por Estados Unidos, en tanto que para otra parte de lo que se trata es de una rebelión popular contra la concentración de poder de Daniel Ortega y sus expresiones autoritarias y represivas.

Para saber realmente qué está pasando, son de poca ayuda los marcos teóricos ya elaborados en los que se intenta hacer encajar la realidad, aunque hechos y datos contradigan análisis y conclusiones ya preconcebidas. Uno de estos marcos teóricos señala a una conspiración contra el gobierno revolucionario de Ortega, de tal manera que sean cuales sean los datos, la conclusión siempre es la misma: Estados Unidos y la oposición comparten la responsabilidad de la violencia, de los muertos, y del objetivo de derrocar a un gobierno democrático.

Pronto harán 35 años desde que me incorporé a la solidaridad con Nicaragua. Me siento sandinista, en lo intelectual y en lo sentimental. He vivido en Nicaragua y he viajado a ese país no menos de 25 veces. Tengo numerosas amistades con sensibilidades distintas y me considero bien informado, a pesar de la distancia. Pues bien, no comparto la idea de la conspiración. Aunque comparto la idea de que Estados Unidos no ha dejado nunca de intervenir en Nicaragua como en el resto de América Latina. Una idea que ha tenido bases objetivas durante la década de los ochenta cuando está probado que Estados Unidos sostuvo y dirigió a la contra . Que las ha tenido también en forma de bloqueo a Cuba y decenas de intentos de invadir la isla y atentar contra Fidel Castro. Además, Las intervenciones de Estados Unidos en El Salvador, Granada,Guatemala, Panamá, son asimismo ciertas, al igual que más recientemente sus intentos de socavar a gobiernos progresistas en la región andina e incluso de sustituir presidentes en Honduras, Paraguay y Brasil.

Pero el señalamiento de Estados Unidos no puede ser algo recurrente que explica todos los grandes problemas de las izquierdas. Es un fácil recurso cuando se trata de ocultar nuestras propias responsabilidades. En el caso de Nicaragua disponemos de un relato basado en hechos que debería ser suficiente para explicar que los males de Daniel ortega y Rosario Murillo tienen su origen en sus propias políticas y en sus propios comportamientos como gobernantes.

Es cierto que la crisis o conflicto actual podía haber estallado por cualquier motivo distinto al del INSS; pudo haber sido el canal interoceánico el detonante de la protesta. Pero, en todo caso, los motivos de origen reciente hay que contextualizarlos para comprender la radicalidad con la que se expresan decenas de miles de personas. Y es que hay que remontarse a 1990 para entender mejor qué ocurre en Nicaragua.

LA PIÑATA FUE EL PRIMER EPISODIO que marcó una crisis interna en el FSLN y una decepción en buena parte de la solidaridad. La piñata fue aquel reparto de propiedades entre cuadros sandinistas tras la derrota electoral de 1990, hecha bajo el pretexto de que el partido no podía dejar el poder sin fortalecerse con recursos que serían necesarios para trabajar desde la oposición. Pero en la realidad ocurrió que la teórica transferencia de propiedades al partido se cumplió tan solo en una pequeña medida; cuadros beneficiados debieron pensar que el bienestar empieza por uno mismo y se quedaron con su cuota. Lo demás lo hizo el corporativismo que aconsejaba un apoyo mutuo en el seno del ejército de beneficiarios. Algunos conocidos comandantes se hicieron socios de grandes negocios hoteleros, de camaroneras, de explotaciones madereras, de actividades agroindustriales y hasta bancarias, se hicieron asimismo propietarios de inmuebles previamente expropiados por el gobierno revolucionario. Henry Ruiz, como otros muchos sandinistas, tomó esta metamorfosis como la señal de que había llegado la hora de cambiar el partido o desaparecer de la vida política. Se fue del partido discretamente, sir armar ruido, después de atreverse a desafiar a Daniel Ortega en las elecciones para secretario general del Frente Sandinista en 1994.

El abandono de valores hasta entonces tenidos como fundamentales, las deterioradas relaciones con la sociedad civil, los métodos de conducción a lo interno del FSLN, llevaron al partido a una crisis permanente e integral: ideológica, política y orgánica, todo lo cual se tradujo en un liderazgo de legitimidad dudosa. Hubo entonces diferencias internas en torno al Protocolo de Transición, pero esa diversidad de ideas y propuestas no fue nada comparado con la brecha de desconfianzas y conspiraciones internas por lograr el poder.

EL CASO DE ZOILAMÉRICA NARVÁEZ, la hija política de Daniel Ortega que lo acusó en 1998 de haberla abusado sexualmente durante varios años, conmocionó al país. Enseguida hubo voces que vieron a Estados Unidos detrás de una conspiración para perjudicar a Ortega que, se amparó en su inmunidad parlamentaria, para evadir el juicio correspondiente. Sólo después de pactar con Arnoldo Alemán para evitar el desafuero parlamentario, fue que Daniel Ortega se presentó (en el año 2001) ante una juez sandinista, la cual no lo declaró culpable ni inocente del delito por el cual fue acusado, sino que cerró el caso porque supuestamente ya había prescrito legalmente. Lo cierto es que Daniel Ortega nunca demostró su inocencia de manera convincente.

Llamó la atención en ese momento que Rosario Murillo, madre de la víctima, saliera en defensa de Daniel de una manera vehemente. Desde luego, para un sector de la población y del sandinismo la figura de Daniel Ortega quedó dañada para siempre. No digamos ya, cuál fue la percepción de la solidaridad internacional en su mayor parte, al menos en Europa: de condena de Daniel Ortega y de su esposa Rosario como encubridora. No podíamos creer en una jugada de la CIA, era sencillamente inverosimil.

EL PACTO CON ARNOLDO ALEMÁN. El 17 de enero de 2009, la Corte Suprema de Justicia de Nicaragua exoneró al ex presidente Arnoldo Alemán de sus cargos por corrupción. Le dejaba así la puerta abierta para presentarse de nuevo a unas elecciones. Esa controvertida decisión judicial no dejó indiferente a nadie: sus detractores coinciden en denunciar la supuesta existencia de un pacto secreto con Daniel Ortega para repartirse cuotas de poder: uno habría ganado su libertad (Alemán) y el otro, volver a la presidencia (Ortega). La clave habría sido el control que Daniel tenía del tribunal que lo absolvió.

A Arnoldo Alemán se le abrieron cargos en países como Panamá y Estados Unidos y se le condenó a 20 años en Nicaragua, aunque no llegó a ingresar en la cárcel: la Corte le confinó a un arresto especial de convivencia familiar dentro de los límites de la ciudad de Managua. Transparencia Internacional le consideró en aquella época como el noveno Jefe de Estado más corrupto del mundo y estimó su saqueo de las arcas en unos 100 millones de dólares. ¿Por qué Ortega pactó con él?

Para Arnoldo Alemán el pacto con Ortega, respondía al interés mutuo de los dos líderes políticos. Ortega estaba en situación débil después de sufrir su segunda derrota electoral consecutiva y también acababa de enfrentarse a una rebelión interna en su propio partido. Necesitaba mejorar su posición política y evitar que se desvaneciera su imagen de líder único del FSLN. Por otro lado, Daniel Ortega validaría con los votos de los diputados sandinistas que él comandaba, la diputación de Alemán a cambio de compartir cuotas en los poderes del Estado y poder alcanzar la presidencia de la República con solo el 35% de los votos nacionales. El ex alcalde sandinista de Managua, Dionisio Marenco cuenta que el mismo Daniel Ortega se asombró cuando Alemán, “sin ton ni son, le ofreciera rebajar el porcentaje de votos necesarios para alcanzar la presidencia, del 45% al 35%”. Ortega y Alemán se necesitaban el uno al otro. Con el pacto Daniel Ortega pudo alcanzar la presidencia con un 38% de los votos, cuando antes del mismo se exigía el 45%. Pero fue un pacto con un corrupto para sacar réditos electorales y cuotas de poder.

EL PACTO CON OBANDO Y BRAVO. En el pasado Daniel Ortega llamó al cardenal Obando “capellán del somocismo”; lo hizo tras aquella parábola del “viborazo” pronunciada por el cardenal en la catedral el 17 de octubre de 1996 a tres días de las elecciones que Ortega perdiera ante Arnoldo Alemán. En los meses siguientes Ortega llamó a Obando fariseo y le acusó de “ensuciar la palabra de Cristo”. Por su parte el cardenal dijo que Ortega “es una serpiente, que vive, mata y muere escupiendo veneno”.

Pero el cruce de insultos se olvidó cuando Ortega se dio cuenta que contra la Iglesia Católica no ganaría nunca las elecciones. Había perdido las siguientes elecciones de noviembre del 2001 frente a Enrique Bolaños, tropezando de nuevo con la Iglesia Católica. Y buscó el abrazo con el cardenal. Comenzó llamándole un hombre entregado que ha mostrado mucho amor por los más pobres y por su nación. Para que quedara claro los diputados sandinistas votaron en la Asamblea Nacional una moción que destaca a Obando y Bravo como un hombre de diálogo, que “se ha hecho otro Cristo en la entrega a los demás, “hombre de gran energía moral”. El reconocimiento no cayó en saco roto.

Hubo entonces dos conversiones. La del cardenal en su aproximación a Daniel Ortega, que tuvo como intercambio la exoneración de Roberto Rivas, acusado de fraudes millonarios, pero protegido del cardenal. Y la conversión de Ortega que comenzó a acudir con su esposa a las misas de domingo en la catedral, convenientemente televisadas, en una de las cuales pidió perdón por los excesos pasados de la revolución. En una de ellas, también, fue acompañado de Lenin Cerna quien fue el jefe de la Inteligencia Nacional en la década de los ochenta. La cercanía entre ambos fue ilustrada cuando se vio al cardenal dando la comunión a Ortega y a su compañera Rosario, a quienes había casado en una ceremonia privada.

El regalo estrella estaba por llegar. Ocurrió a finales del 2006, poco antes de las elecciones presidenciales que una conquista de las mujeres nicaragüenses, establecida insólitamente en la ley por un gobierno conservador hace más de siglo y medio, en 1837, fue borrada de un plumazo por un partido en el gobierno que se autoproclama “revolucionario”: la bancada del FSLN votó la prohibición y castigo del aborto terapéutico. Lo hizo para satisfacer a las iglesias y con el fin de ganar votos pues se encontraba en campaña electoral y para congraciarse con el fundamentalismo religioso de las iglesias católica y evangélica. Por fin, en noviembre de 2006, Daniel Ortega ganó las elecciones.

LAS POLÍTICAS DEL GOBIERNO ORTEGA. Ya como presidente, quiso proclamar la continuidad de la revolución que derrocó a Somoza. Sin embargo el discurso nunca ha encajado con los hechos. No, no estamos en ninguna segunda etapa de la Revolución, no se están realizando transformaciones que consoliden en Nicaragua un sistema de justicia social. Todo lo contrario: se ha fortalecido, como nunca antes, un régimen económico-social en el que los pobres están condenados a rebuscarse la vida en trabajos informales, precarios, por cuenta propia o a trabajar por salarios miserables y en largas jornadas, condenados a emigrar a otros países en busca de trabajo, condenados a pensiones de jubilación precarias. Se trata de un régimen de inequidad social con un creciente proceso de concentración de la riqueza en grupos minoritarios.

Claro que todo esto se explica desde dos hechos: el pacto del Gobierno de Ortega con el gran empresariado del COSEP y la obediencia al Fondo Monetario Internacional del que Nicaragua es un buen alumno. De hecho, personal técnico del FMI visitó Nicaragua en 2017 y felicitó al Gobierno por las buenas perspectivas del país, con un crecimiento del 4,9% del PIB. Un crecimiento que para este año 2018 sería del 4,7%. Las felicitaciones fueron acompañadas por la recomendación de reformar el INSS para garantizar su viabilidad. La reforma del INSS es justamente lo que ha sacudido Nicaragua desde el 18 de abril. El informe del FMI desvela además que se “recibe con beneplácito las medidas adoptadas por las autoridades para fortalecer el sector bancario”. El informe, muy elogioso con el Gobierno de Daniel Ortega, reconoce en su punto 10 los buenos avances realizados.

Como sabemos en las izquierdas, es difícil gobernar a favor de las mayorías cumpliendo las recomendaciones del FMI. Y, cuando los datos macros, son buenos, con frecuencia ocultan que por abajo todo sigue igual.

En segundo lugar se ha profundizado la subordinación del país a la lógica global del capital. Nicaragua, se ha ido entregando a las grandes transnacionales y a los capitales extranjeros, que llegan a explotar riquezas naturales o a aprovecharse de la mano de obra barata, como sucede en las zonas francas. El caso más patético de esta lógica entreguista del país y de sus recursos es la concesión para la construcción del Canal Interoceánico en condiciones de opacidad y en contra de los movimientos medio ambientales y del campesinado afectado por el proyecto; pero ha habido previamente muchas otras concesiones mineras, forestales, pesqueras, en la generación de energía, que han ido ocupando todo el país.

En tercer lugar el actual sistema económico-social imperante en Nicaragua trata de reducir a la mínima expresión las resistencias sociales. También se han recortado los espacios críticos y de información objetiva, de tal manera que pocos medios de comunicación escapan al control de la familia Ortega-Murillo con la participación de algunos de sus hijos.

Pero, ¿Y los programas sociales? Es verdad que los hay. Pero son básicamente asistenciales, no producto de transformaciones sociales y económicas y del modelo productivo. Se traduce en la entrega de pequeños lotes agrarios, de animales de cría, de láminas de zinc, de bicicletas, y otras donaciones cubiertas hasta ahora con dinero procedente de la generosidad petrolera venezolana. Además, están los favores personales, los premios y castigos que se completan con una vigilancia diaria a través del cinturón de hierro tejido por la vicepresidenta Rosario Murillo, que ha sabido crear una fuerza social que presta servicios al Gobierno bajo la fórmula de participación ciudadana. El asistencialismo genera clientelismo y eso contribuye a que hoy día, en medio de la crisis, el apoyo duro a Ortega-Murillo no sea menor al 20% según encuestas.

Por otra parte se ha desarrollado un desmedido proceso de concentración de poder en la pareja Ortega-Murillo y su círculo más cercano. Es un poder que amenaza con destruir todo vestigio de institucionalidad democrática. Desde su primer mandato hasta 2018 Ortega ha ido sustituyendo progresivamente la división de poderes por una concentración de poder que alcanza al legislativo, la justicia y el poder electoral, del que ha tenido que dimitir el mentado Roberto Rivas, tras fungir de presidente bajo la influencia de Ortega a quien le debía que saliera sano y salvo de delitos de corrupción.

Calificar al gobierno de Daniel Ortega y a su liderazgo mismo como de izquierda es un error. Veamos todavía un ejemplo:

El slogan que está presente en toda Nicaragua desde hace ya unos años es: Nicaragua, cristiana, socialista y solidaria. En términos intelectuales es un despropósito. Desde un punto de vista pragmático es puro oportunismo. El Estado de las izquierdas sólo puede ser laico. No puede definirse como confesional, so pena de violentar toda la dimensión libertaria de la nueva sociedad. Hay claramente un intento de aprovechar el bajo nivel de formación crítica de una parte grande de la población, apelando a emociones y creencias que deben vivirse sobre todo como privadas.

Lo que ocurre es que Daniel Ortega utiliza el lenguaje, lo mismo religioso que antiimperialista como disfraz para una política que, en realidad, es neoliberal, pactista con Estados Unidos (la década de mano dura de Daniel Ortega ha sido vivida con tranquilidad por los presidentes norteamericanos), y de obediencia al FMI. Ese lenguaje responde a un invento muy extendido por los poderes en el mundo: decir aquello que la población quiere escuchar para que en realidad todo siga igual y nada cambie. Lo que hay que hacer es contrastar sus políticas concretas con sus discursos para identificar sus contradicciones.

No mirar de frente a los hechos para analizarlos libre y objetivamente no se ajusta a aquella idea de que la verdad es siempre revolucionaria. En ocasiones damos la espalda a realidades que no nos gustan criticar porque entendemos, erróneamente, que al hacerlo perjudicamos a nuestra causa. Al contrario, lo que nos hace daño es tapar y justificar actuaciones de la izquierda que deben ser criticadas por otras izquierdas. Desde una posición sana, deberíamos interesarnos en esclarecer la verdad, para fortalecernos política y moralmente.

Las protestas contra la disminución de las pensiones en un 5%, y contra el aumento de las cotizaciones de los trabajadores y empresarios al INSS, debiera haber conducido a la apertura de un diálogo con las partes sociales interesadas. También debieron ser debatidas como exigen las leyes de Nicaragua en la Asamblea Nacional, pero se pretendieron imponer por decreto presidencial.

UNA REBELION POPULAR, es lo que está ocurriendo, poniéndose de manifiesto un malestar incubado durante los últimos años. Sin embargo, algunas voces desde la izquierda señalan que Ortega-Murillo son víctimas y que todo responde a un plan auspiciado por Estados Unidos.

Estados Unidos lleva en su ADN ser y comportarse como un imperio, y en su política de Estado sigue considerando la región Centroamericana y el Caribe como su patio trasero. ¿Puede ponerse en duda que un nuevo movimiento revolucionario en América Central llevaría a la administración norteamericana a tomar medidas de fuerza? Como dice Noam Chomsky: «Los persistentes y frecuentemente invariables rasgos de la política exterior de los Estados Unidos están muy arraigados en las instituciones estadounidenses y en la distribución del poder en la sociedad interna de los Estados Unidos. Estos factores determinan un restringido marco para la formulación de políticas con pocas posibilidades de desviaciones».

En la época actual, las armas de Estados Unidos en la región y en Nicaragua en particular, no disparan balas, tienen nombre de USAID (Agencia de Estados Unidos para el Desarrollo Internacional), NED (Fundación Nacional para la Democracia), así como otros institutos contratados. Estos organismos tratan de infiltrarse en el escenario nacional, e influir en organizaciones de la sociedad civil y de la oposición política, en primer lugar como forma estratégica de estar colocados en espacios clave, y en segundo lugar, llegado el caso para impulsar nuevos liderazgos nacionales. Para ello estos organismos cuentan con un arma estrella: el dinero que pueden aportar. No me puede extrañar que se hayan detectado proyectos de influencia norteamericana en el país en los últimos años.

Ahora bien, estoy seguro que los organismos de inteligencia nicaragüenses conocen bastante de cerca estos movimientos. En realidad son pistas fáciles de seguir. Sin embargo, lo que me parece curioso es que la seguridad del país identifique como proyectos de USAID en Nicaragua los siguientes: La participación ciudadana, el fortalecimiento de derechos ciudadanos; o la cultura de exigencia de transparencia a las instituciones de gobierno. ¿Será que el régimen ve como una amenaza cuanto signifique empoderamiento social y más democracia?

Vayamos al grano: una cosa es creer que Estados Unidos no descansa en América Latina, país por país, y otra muy diferente defender la idea de que detrás la rebelión popular en Nicaragua existen fuerzas ocultas que la gestionan, en concreto el imperialismo. Este tipo de reacciones es muy recurrente en las izquierdas. Sirve para exculpar los propios errores, ocultar los fracasos propios, y despejar toda la responsabilidad a fuerzas externas. Sinceramente, con esta tesis faltamos a la verdad en el caso actual de Nicaragua. Lo extraño es que durante una década Daniel Ortega haya gobernado casi sin oposición y sin protestas en las calles. Méritos para que hubiera manifestaciones los han tenido la pareja Ortega-Murillo. De hecho decenas de marchas contra el Canal sí se llevaron a cabo siendo reprimidas las más de las veces. Y cuando estas marchas fueron reprimidas siempre se justificó en nombre de los intereses nacionales, y se tachó a los manifestantes de poco menos que de vende-patrias.

Lo cierto es que el 18 de abril estudiantes primero y multitudes después salieron a las calles a protestar contra unas medidas impuestas por el FMI. Y, ¿cómo es posible? Semejante convergencia de actores protestando debe dar que pensar a Daniel Ortega. Tal vez no se ha enterado, él, y mucha gente de izquierdas, que hay nuevos actores sociales que se convocan por redes a gran velocidad. Que ya no es necesario esperar a las puertas de centros de trabajo para lograr adhesiones, ni esperar a la orden de un partido político. Una convocatoria por las redes prende con gran rapidez y tiene la ventaja de que no tiene un centro organizador: hay muchos centros y al mismo tiempo ninguno lo es.

Las izquierdas nos tenemos que preguntar cómo es posible que ante el autoritarismo, la concentración de poder, y las políticas neoliberales, no haya habido protestas como las de ahora con anterioridad. Un monitoreo imparcial de lo que vienen siendo las políticas y comportamientos de Daniel Ortega, sería demoledor.

Nadie presintió este estallido, pero eran incontables las razones que anunciaban que ocurriría. La juventud universitaria lo inició y a la juventud la siguió la gente, muchísima gente, cada vez más gente. Desde hacía años había muertos y terror en las zonas rurales y Managua parecía dormida. Y al despertar Managua, levantó al unísono al país entero. ¿Cómo fue posible? No por una conspiración desde fuera, sino por la mucha lava acumulada dentro. Los volcanes no avisan. (“Revista Envío, abril 2018)

VIOLENCIAS. El número de muertos crece cada día. Si no hay acuerdos políticos en un plazo corto la sangría puede ser de las que rompen los ojos. ¿Todos los muertos y heridos son obra de fuerzas policiales y paramilitares? La gran mayoría, sin lugar a dudas. Hay también un pequeño número obra de grupos que se colocan del lado de la oposición. En cierto modo es inevitable. Y lo es cuando Nicaragua es un país con tanta gente familiarizada con las armas y en su memoria colectiva está muy presente el derrocamiento armado de una dictadura. Honestamente creo que lo idóneo es que la salida política sea democrática y pacífica, cambiando la realidad política y el gobierno de un modo cívico.

Afirmo que la gran mayoría de los más de 280 muertos son el resultado de disparos de fuerzas policiales y paramilitares. Así lo atestiguan numerosos testimonios, familiares de víctimas, organismos de derecho humanos nacionales e internacionales y grabaciones de video. Pero así lo atestiguan también los modelos de armas utilizados y la precisión de tiro de quienes disparan. Es un secreto a voces que en reuniones llevadas a cabo en varios departamentos del país se han hecho reclutamientos de veteranos de guerra, ex policías y ex miembros de las tropas especiales del MINT, entre otros colectivos. Todo esto ha sido publicado en Nicaragua y nadie ha podido desmentirlo. Pero hay un dato más, significativo: si en la segunda mitad de abril los disparos contra manifestantes procedían de escopetas, fusiles 22 y algún AK 47, en la actualidad, grupos organizados militarmente, dotados de comunicaciones y hasta de drones de tipo militar, disparan con M 16, AK 47, fusiles de francotirador Dragunov, FAl y fusil Catatumbo, entre otras armas de combate.

Es verdad que grupos minoritarios de antidanielistas utilizan morteros caseros. He decir que a pesar de que se apele a una legítima resistencia me parece mal. Por cinco razones, al menos: a) porque la confrontación con armas (aunque sean caseras) desplaza a la multitud como actor principal y la sustituye por minorías violentas; b) porque desencadena una espiral de reacciones, normalmente desproporcionadas, en la que sale perdedora la sociedad civil; c) porque la confrontación violenta no echará del Gobierno a la pareja Ortega-Murillo que cuenta con mucho poder de fuego; d) porque una confrontación armada es el camino más corto a una guerra civil; e) porque política y éticamente es mejor para un proyecto de país la movilización democrática y pacífica.

Veamos una imagen habitual: en Managua y otras ciudades grupos armados disparan desde Toyotas de color blanco y desaparecen. ¿Cree alguien que de ser opositores, al menos algunos de estos individuos no habrían sido detenidos y exhibidos en los medios de comunicación? ¿por qué no son detenidos, incluso cuando se ha visto a grupos policiales muy cercanos físicamente a estos grupos de los Toyota?

Desde luego, la confrontación ha sido y es extraordinariamente desigual en la inmensa mayoría de los casos: piedras y palos contra armas de guerra. Por cierto que las izquierdas deberíamos reflexionar sobre el hecho de que por momentos el propio Daniel Ortega a llegado a decir: “la violencia opositora viene de una conspiración delincuencial que ha pretendido entregar el país al crimen organizado”. Afirmación extraña e inverosímil que no casa con la tesis de una conspiración política imperialista.

Una imagen de lo que está pasando la ha dejado un estudiante de comunicación de la UCA en el marco de la efímera mesa de diálogo en la que estuvo presente Daniel Ortega: Lesther Alemán, sin micrófono y con firmeza paralizó al país. Un chavalo de 20 años encaró al mandatario: “¿Por qué asaltó la palabra suya? ¡Porque nosotros hemos puesto los muertos, los heridos, los desaparecidos!… ¡Hemos aceptado estar en esta mesa para exigirle que ahorita mismo ordene el cese inmediato de la represión de sus tropas, de las fuerzas paramilitares, de las turbas!… Ésta no es una mesa de diálogo, ¡es una mesa para negociar su salida, y usted lo sabe muy bien porque el pueblo es lo que ha solicitado!… En un mes usted ha desbaratado el país, a Somoza le costó muchos años, ¡y usted lo sabe muy bien!.. ¡Ríndase ante todo este pueblo!” Una escena inolvidable cuando se escriba la historia de esta revolución no armada”.

CONCLUSIÓN. Las reacciones desde la izquierda debieran ser objetivas, a partir de analizar la trayectoria de Daniel Ortega y Rosario Murillo en el poder, sin hacernos trampas en la identificación de hechos y la valoración que nos merecen. Me consta que hay mucha gente en la izquierda que siente vergüenza de lo que está pasando, pero que de momento permanece en silencio por una lealtad mal entendida. El caso es que nos hace mucho daño a las izquierdas el mantener vínculos de apoyo a Daniel Ortega. Ese es un ejercicio peligroso pues antes o después se sabrá toda la verdad. Vídeos y audios, en algún momento, tendrán la palabra. No vale la pena que nos quememos en la defensa de lo indefendible sólo por mantener la ficción de que se trata de un gobierno de izquierda. El sandinismo es mucho más que el FSLN oficial. Hay mucho sandinismo en Nicaragua y en el exterior y, algún día, ojalá pronto, será posible su refundación de la mano de personas honestas y con un proyecto político de servicio a un pueblo sufriente que por pedir libertad está siendo masacrado.

Un proyecto de país en el que las fuerzas de la cultura, de la música y del folklore, de la poesía y de toda la literatura, y de la pintura…esas fuerzas que inspiraron y/o se desarrollaron con la revolución y hoy, mayoritariamente y no por casualidad están en oposición abierta al caudillismo de Daniel Ortega y al esoterismo de Rosario Murillo, volverán a alegrar y a enriquecer la vida del pueblo nicaragüense y de nuevo regresarán los himnos y las banderas limpias.

Hay un hecho significativo con el que quiero acabar: era noviembre de 2017 cuando el ex presidente Pepe Mújica estaba a punto de arribar a Managua desde Panamá, para recibir la distinción del Doctorado Honoris Causa de parte de la Universidad Autónoma de Nicaragua (UNAN) Sorpresivamente, Daniel Ortega suspendió unilateralmente el acto que ya no se celebró Durante un tiempo pensé sobre cuál sería la razón. Pasado un tiempo, ahora sí creo saberlo.

¡Viva Sandino! 1 de Julio 2018