Iglesia y Sociedad

Un retrato de don Raúl Vera

16 Jul , 2014  

Cuando lo conocí no me impresionó mucho su figura. Junto con otros presbíteros, estaba yo iniciándome en el conocimiento de la teología indígena. Don Raúl Vera, entonces obispo de Ciudad Altamirano, vino a ofrecer unas conferencias al presbiterio yucateco. Invitado por el Padre Fernando Zapata Vásquez, quien trabajaba entonces en el Movimiento por un Mundo Mejor, Monseñor Vera nos habló de cómo aplicaba en su diócesis un programa pionero de renovación pastoral. Nueva Imagen de Diócesis, se llamaba el programa, y trataba de convertir en acción pastoral organizada algunas de las intuiciones del Concilio Vaticano II. Dicharachero y bromista, don Raúl nos resultó simpático, pero nuestro corazón pastoral estaba, ya desde ese entonces, dirigido hacia otra geografía: la diócesis de san Cristóbal de las Casas y su egregio obispo, don Samuel Ruiz García.

Nuestra sorpresa fue mayúscula cuando la Santa Sede lo nombró coadjutor de don Samuel. Conocíamos la técnica: la habían aplicado antes en Cuernavaca, Oaxaca y Tehuantepec. El Nuncio Apostólico intentaba borrar los rastros de cualquier cosa que oliera a teología de la liberación. Eran los tiempos en que entregar la cabeza de algún teólogo liberacionista equivalía a un seguro ascenso en el escalafón eclesiástico. Raúl Vera fue enviado a san Cristóbal de Las Casas con el turbio propósito de “poner orden” en la diócesis en la que había tenido lugar la sublevación indígena más importante de fines del siglo XX, cuyas reverberaciones nos siguen iluminando.

Con lo que no contaba el Nuncio Apostólico era que en sus aviesas intenciones, se toparía con una rareza: un obispo que creía en Dios y que estaba dispuesto a escudriñar Su voluntad en la vida del pueblo. Eso hizo don Raúl Vera. La Nunciatura, además de tener ahora como enemigo a don Samuel Ruiz, comenzó a tener otro en el Obispo Vera, al grado que, cuatro años después y violando la normatividad canónica, a don Raúl le fueron retiradas las prerrogativas del nombramiento que había recibido (coadjutor con derecho a sucesión) y fue trasladado, algunos dicen que desterrado, a la diócesis de Saltillo, en Coahuila, desde donde ha continuado con una labor pastoral encomiable que le ha merecido ser llamado el Obispo de los derechos humanos y haber sido repetidamente nombrado entre las candidaturas al Premio Nobel de la Paz.

Ya en la diócesis de Saltillo, la labor pastoral de don Raúl se ha visto magnificada. Partiendo de su entrega a los pueblos indígenas, su ministerio se ha extendido a una labor inapreciable por sus enormes dimensiones: atención a los mineros explotados, a las mujeres víctimas de violencia, a las personas homosexuales discriminadas en su propia iglesia, el acompañamiento de las familias de los miles de desaparecidos que pueblan nuestras fronteras nacionales, la atención a la tragedia del holocausto migrante, etc.

Yo mismo he sido objeto de su misericordiosa acción pastoral. Haré una confesión desde estas líneas. Hacia finales de enero de 2009, habiendo sido invitado por el grupo apostólico coahuilense San Aelredo para ofrecer una conferencia en el marco del II Congreso sobre Fe y Diversidad Sexual, y mientras me alistaba para viajar a Saltillo, la Congregación para la Doctrina de la Fe emitió la notificación pública respecto a un libro de reflexiones teológicas y pastorales sobre el tema de la homosexualidad que yo había escrito en 2006. Después de tres años de desgastante proceso, la Congregación concluía su período de estudio y descalificaba en un Dossier de Observaciones las tesis sustentadas por mí en el libro. La carta de la Congregación que acompañaba las Observaciones, dirigida al entonces presidente de la Conferencia del Episcopado Mexicano (CEM), traía además una advertencia a propósito del tema que había yo tratado en el libro: “tema sobre el cual el Autor, por los momentos (sic), no debe ni escribir ni enseñar”.

En obediencia a esta disposición, me comuniqué inmediatamente con los responsables del Congreso al cual había sido invitado para avisar que ya no ofrecería la conferencia prometida. Mi sorpresa fue mayor cuando horas después, al recibir una llamada telefónica, escuché la voz de Monseñor Vera quien, al tanto de la situación, me invitaba a irme de todas formas a Saltillo para salirme un poco del ojo del huracán provocado por la publicación en los periódicos de mayor circulación en Yucatán de una nota oficial de la Arquidiócesis advirtiendo a los fieles de la determinación de la Congregación. La generosidad de don Raúl me ofrecía así un espacio de reflexión para repensar lo que sería mi respuesta a las Observaciones provenientes del Vaticano. Don Raúl, no solamente me ofreció, misericordioso, un salvavidas en medio de aquel agitado mar, sino que además me hospedó en su casa durante toda una semana, me dedicó muchas atenciones, conversó conmigo largamente acerca de cómo me sentía y compartió conmigo sus reflexiones acerca de la pastoral de acompañamiento a personas homosexuales que llevaba adelante en su diócesis. Nunca he recibido trato tan cordial y fraterno de parte de ningún otro Obispo. Mi agradecimiento hacia Raúl Vera es, como se imaginarán, eterno e inconmensurable.

Hago esta confidencia solamente para subrayar la importancia de don Raúl en este escondido aspecto de mi vida personal, completando así el impacto que su ejemplo cristiano ha dejado siempre en mi labor ministerial. Pues bien, para quienes no conozcan de cerca a don Raúl Vera López, se les presenta ahora una gran oportunidad. Editorial Grijalbo ha publicado en enero de este año el libro “El evangelio social del obispo Raúl Vera. Conversaciones con Bernardo Barranco”. La bondad de mi querida amiga Maru Noguez me ha puesto en contacto con el libro. Prologado por Javier Sicilia, otro cristiano a carta cabal a quien admiro profundamente, el libro es un verdadero tesoro, una larga y interesantísima entrevista que permite al lector acceder a los aspectos medulares del pensamiento y la acción de don Raúl Vera, con mucho el obispo más destacado y una rara avis en el Episcopado Mexicano. Un libro que puede hacer renacer la fe en la iglesia, “esa iglesia, para decirlo con las palabras de Sicilia en el prólogo, que está en todos aquellos que, como el propio Vera, tienen puestos de responsabilidad en la estructura eclesiástica y, dejando el boato, dándole la espalda a los signos del César, se hacen uno con la gente y sus sufrimientos y, asumiendo que deben jugarse la vida como su Señor, salen a protestar y a oponerse a todo lo inhumano, a todo poder corrompido, a toda hipocresía, a todo juego de intereses…

Un libro que, desde luego, recomiendo encarecidamente a todas y todos.

Iglesia y Sociedad

La nueva Comisión del Senado

1 Jul , 2014  

Para Raúl Cervera SJ, en su cumpleaños

El 12 de junio de 2014 se dio a conocer que el Senado de la República declaraba instalada una nueva comisión: la Comisión Ordinaria de la Familia y el Desarrollo Humano. El artículo 113 del Reglamento del Senado de la República señala que el establecimiento de comisiones ordinarias sólo puede hacerse por mandato de ley o por acuerdo del pleno. No se conoce ninguna ley que haya mandatado la constitución de esta comisión, así que se asume que su instalación procede de una decisión tomada previamente por el pleno.

El anuncio de esta Comisión fue sorpresivo para muchos. Las protestas casi inmediatas. Diversos grupos civiles organizados se manifestaron en contra, sobre todo debido al discurso de instalación con el que la Comisión fue anunciada públicamente. Tocó decir el discurso al presidente de la naciente comisión, senador José María Martínez Martínez. Después de leerlo, por pura deducción, uno se da cuenta que fue una intervención libre, no escrita, al menos eso puede inferirse de las licencias sintácticas propias del lenguaje conversacional.

Motivaron la protesta generalizada algunas de las frases del senador Martínez:
“Hoy la importancia de esta Comisión radica en los retos y desafíos que hoy tiene la familia. La familia que conceptualmente hoy no tenemos una distinción (sic) que cuando menos jurídicamente nos armonice el sentir o los sentires de todos los mexicanos en concreto respecto del modelo que nosotros queremos”.
“Hoy los legisladores se han pronunciado por un concepto, hoy la Corte ha metido de más su criterio, y discúlpenme mi atrevimiento, en términos de la familia, y hoy algunos estados, en concreto el Distrito Federal ha ido más allá, ha ido incluso a través de modas, tendencias, tratando de adoptar este modelo de familia, sin que ello nos signifique a la mayoría de los mexicanos… Es aquí donde reside la importancia de esta Comisión y su reto fundamental: defender, fortalecer y trabajar por la familia que nos significa a todos los mexicanos. La familia desde ese concepto de los lazos naturales que han predominado a lo largo de la historia y ha resistido embates de modas y tendencias. Ese concepto es el que hoy nos interesa y nos significa en esta Comisión trabajar”.
“Hemos adoptado políticas internacionales a lo largo de nuestra historia que nos han dado por crear institutos de las mujeres, de los jóvenes, de los adultos, sin pensar en el concepto integral de la familia… Hoy tenemos que volver de nueva cuenta a esos lazos naturales que han integrado este concepto, esta comunidad de amor y de solidaridad”.

El Senado, junto con la Cámara de Diputados, es un órgano legislativo. Por eso las declaraciones del Senador Martínez han causado tanto revuelo. No son las opiniones de un ciudadano común y corriente, sino de un legislador en posición de hacer leyes y cabildear para convertirlas en obligatorias para todos los mexicanos/as. Las referencias del discurso son inconfundibles: hacen referencia a la pluralidad de familias en México como “modas y tendencias”, como si las familias que no se ajustaran al modelo que profesa el Senador no merecieran la protección de la ley.

Se atribuye, sin más, la idea estrecha de familia que tiene el Senador a su filiación partidaria y/o su pertenencia religiosa. Esto es solo cierto en parte. Hay panistas que tienen muy otra idea. Y si de iglesias hablamos, hasta ellas están hoy preguntándose cómo asegurar el servicio de la evangelización a los diversos tipos de familias de nuestra época. Al menos eso ocurre en la iglesia católica, que ha iniciado una reflexión en la que recoge las demandas y necesidades de las familias de nuestro tiempo, esfuerzo que cristalizará en octubre próximo, cuando un sínodo extraordinario de Obispos se reúna en Roma para discutir de estos asuntos. Y el trabajo continuará, así lo ha dado a conocer el Vaticano, durante el 2015.

Anclados en una visión de familia que ha quedado rebasada por la realidad, muchos políticos como Martínez creen prestar un servicio a la patria, no respondiendo a las necesidades y demandas de todas las familias mexicanas en su amplia diversidad, sino atendiendo solamente a un modelo de familia que él califica de mayoritario. Pero a lo mejor mi reflexión es insensata: no parece el senador empeñado en buscar políticas públicas de amplio beneficio para las familias, sino entablar una discusión filosófica… ¿es una Comisión del Senado el lugar adecuado para esto?

Jorge Volpi, el ilustrado novelista mexicano, escribió recientemente un artículo periodístico en el que señala provocadoramente: “Imaginemos esta escena. De la noche a la mañana, la prensa nos informa que en el Senado de la República se ha creado la Comisión del Idioma. «¿Del idioma?», pregunta un atónito periodista. «Del español», aclara el vocero de la comisión, «el idioma que el pueblo mexicano utiliza para comunicarse.» «¿Y cuál es su objetivo?», interviene otro reportero. «En nuestra región, el español es el idioma que prefiere una abrumadora mayoría de ciudadanos. Es obligación del Senado velar por este importante patrimonio inmaterial.» El primer periodista mira con sorpresa al vocero: «¿Y las lenguas indígenas?» El vocero se relame: «Las lenguas indígenas no son usadas por la mayoría de mexicanos a los que represento», y se da media vuelta”.

Termina Volpi el artículo de manera perentoria: “La obligación de cualquier Estado democrático no es velar por lo que quiere la mayoría, así sea del 99 por ciento, sino asegurar que todas las personas sean tratadas de forma equivalente. Es lamentable que el Senado de la República y en particular los miembros de los partidos que no pertenecen a la derecha conservadora no se den cuenta del daño que le hacen al país al permitir la existencia de una comisión como ésta. No existe la Gran Familia Mexicana: lo que existe una gran variedad de familias y la obligación del Estado consiste en proteger a cada una de ellas -en especial de quienes creen que sólo existe Una”.

Y no necesita uno ser de un “grupo radical homosexualista (sic) o feminista”, como leí en algún mensaje de whatsapp que circula en un chat religioso, para oponerse a dicha Comisión. Basta con tener sentido común, aceptar como una bondad la naturaleza laica del Estado y creer que las figuras sociológicas no permanecen inalterables a lo largo del tiempo, como si de una revelación divina se tratara, sino que cambian y se adaptan a nuevas circunstancias.

Porque si de lo que se tratase fuera de conversar sobre la idea de familia que se desprende de los documentos fundacionales de la religión cristiana, habría mucho que discutir, no solo por el amplio espectro de familia que nos presenta la Biblia Judía, sino porque cristianos y cristianas somos discípulos de Alguien que renunció a su familia, abandonándola para dedicarse a la predicación; que no vivió acomodándose al matrimonio y la familia patriarcal de su época; y que invitó a sus discípulos/as a dejar a sus familias y a dar primacía al Reino antes que a la conservación de un modelo de familia contra el que se mostraba reticente. Pero eso ya sería harina de otro costal… lo que sostengo aquí es más simple: el Senado de la República ha de favorecer políticas y hacer leyes que garanticen el bienestar y la protección de todos los modelos de familias que existan en nuestro país.

No extraña por eso, que a pocos días de suscitado el escándalo, otro senador, Raúl Cervantes, –nada menos que el presidente del Senado– se haya visto obligado a declarar que respetarán todas las libertades constitucionales y los tratados internacionales (a los que el senador Martínez aludió con tanto desdén) y que “de ninguna manera se creó la Comisión de la Familia y el Desarrollo Humano con el perfil de las declaraciones individuales que hizo el senador (José María) Martínez”. Ojalá prevalezca la sensatez.

Iglesia y Sociedad

Públicas disculpas

27 Jun , 2014  

La película se llama “La Duda”. Tiene como protagonistas a la maravillosa Meryl Streep, en el papel de una religiosa escrupulosa e inquisidora, y al admirado y malogrado actor Phillip Seymour-Hoffman en el papel de un sacerdote, capellán de la escuela en la que dicha religiosa trabaja.

No voy a contar aquí la película. Seguramente muchos de los lectores y lectoras de esta columna la han visto, porque fue ganadora de algunos Óscares en una no muy lejana edición del premio de la Academia. La traigo a colación porque hay una escena a la que quiero referirme.

El sacerdote ha sufrido la persecución de parte de la religiosa que, acosada por las sospechas, quiere expulsar al sacerdote de su colegio. En la Misa, es hora de que el padre predique. Desde el púlpito, el presbítero lanza una breve pero punzante homilía acerca del pecado de difamación y calumnia. “Un día, dice el sacerdote en la predicación palabras más palabras menos, se acerca una mujer a confesarse de haber proferido una calumnia contra alguien. El confesor le pone a la mujer una penitencia: vaya usted a su casa y tome una de las almohadas de su cama. Suba después al techo de su casa y acuchille la almohada. Mirará usted las plumas esparciéndose por el horizonte. Baje después y, en penitencia por su pecado, recoja usted las plumas hasta volver a dejarlas dentro de la almohada. La mujer penitente replica: pero eso será ya imposible, padre. A lo que el confesor responde: ¡pues así son las calumnias de irreparables!”. Hasta aquí la remembranza del filme.

La película me ha venido a la memoria cuando, en esta semana que pasó, intervine en una conversación a través de una red social. En el marco de un chateo ligero y frívolo yo lancé una invectiva en contra de una persona a quien no conozco, lastimando injustificadamente su honra y su buena fama. No era, no, un comentario de análisis o de crítica, sino una ligereza injustificable que resultó profundamente dañina. Estoy profundamente arrepentido de ello. Cuando la persona agredida se dirigió a mí en privado para reconvenirme caballerosamente, caí en la cuenta de la dimensión de mi acción, a todas luces vil e indigna y su nobleza, la del agredido, creció ante mis ojos.

Le he pedido perdón, pero –trayendo a cuento la anécdota de la película– sé que esto no será de ninguna manera suficiente. Nada lo será. Y como, con toda razón, la persona agredida no desea ver su nombre ligado el mío de manera pública, no me queda más que ofrecer estas disculpas públicas y anónimas en el vano intento de resarcir de alguna manera la fama que contribuí a lastimar. Esto, a pesar de que es altamente improbable que él visite y lea esta declaración. De cualquier manera, desde aquí le aseguro a dicha persona y a ustedes, pacientes lectores y lectoras de este espacio, que seré más que cuidadoso para tratar de no cometer el mismo error con nadie más. Estoy avergonzado.

Iglesia y Sociedad

Gente de Razón o los muertos de José Ramón

19 Jun , 2014  

Desde hace algunos años tenemos la fortuna de tener al Maestro José Ramón Enríquez viviendo en la ciudad de Mérida. Antes al frente del Centro Universitario de Teatro de la UNAM (CUT), director y dramaturgo que goza de amplio reconocimiento, su presencia ha venido a enriquecer el panorama teatral yucateco y, ya desde su magisterio en la ESAY o su trabajo en la Compañía Teatro Hacia el Margen, ha convertido su proyecto de “retiro” en un fecundo intercambio con la comunidad teatral de nuestro estado, lo que ha redundado en beneficios mutuos.

Con toda su experiencia y sabiduría acumuladas, José Ramón ha venido dedicándose a una labor poco común: desenterrar muertos. No hablo de un oficio fúnebre o de un tétrico empeño, sino de una tarea de resurrección. Quizá debería yo hacer dicho: una labor poco común, resucitar muertos. Y lo ha hecho no sólo dialogando en su producción teatral con algunos grandes del teatro mundial (Tennesee Williams, Samuel Beckett…), sino realizando una labor de investigación histórica que lo ha llevado a preguntarse, incluso, de quiénes son los cadáveres que pueblan el subsuelo de la vieja casona de la calle 58 en la que vive, como revelara su esperpento “Guerrero en mi Estudio” (texto publicado en 2010 en la colección Cuadernos de Dramaturgia Mexicana No. 29, de Ediciones y Producciones Escénicas Paso de Gato con el apoyo del H. Ayuntamiento de Mérida).

De alma perpetuamente inquisitiva, junto con los muertos, José Ramón desentierra añejas cuestiones no resueltas: quiénes somos, qué pasa con aquellos cuya memoria desaparece y a dónde va su legado, cuántas piezas extraviadas explican la compleja realidad que es México, en fin, como dijera el poeta, sobre qué muertos vivimos nosotros. Pues bien, José Ramón ha hecho de nuevo de las suyas: acaba de escribir un esperpento titulado “Gente de Razón”, pieza en la que continúa el planteamiento iniciado en “Guerrero en mi Estudio” sobre los orígenes del mestizaje, buscando respuestas que no solamente aclaren y expliquen nuestro pasado, sino que nos permitan abordar con nueva visión el desprecio y el olvido al que relegamos a los pueblos originarios en el afán absurdo de construirnos una identidad que los excluya vergonzantemente.

Escrita ad hoc para ser puesta en escena por los alumnos de la ESAY que concluyen sus estudios teatrales, Gente de Razón cuenta una historia para ocho personajes. En esperpéntico galimatías se conjugan, muy a la José Ramón, referencias a Juan Goytisolo, John Kennedy Turner, Karl Marx y muchas citas más (y citas de las citas) acompañando una trama por demás sugerente: una pareja de periodistas (uno reportero, la otra fotógrafa) llegan a España, a un convento dominico abandonado en Andalucía; ahí se encuentran con los fantasmas de Tenamaztle, -cacique del desaparecido pueblo de los caxcanes–, Tecuixpo –hija de Moctezuma y bautizada con el nombre cristiano de Isabel–, Fray Felipe Xiu –maya convertido al cristianismo y nieto de Tutul Xiu–, Fray Bartolomé de Las Casas y Pedro de Alvarado. Un último, gracioso personaje, aparece en la obra: doña Maruca Enríquez de Lara, mujer deseosa de ser reina de México, cómico remedo de Maximiliano.

La obra puede tener múltiples lecturas. No aburriré aquí a los pacientes lectores de esta columna semanal con las mías. Subrayo, sin embargo, tres elementos:
1. La vigorosa presencia de Tecuixpo, dignamente representada por Liliana HeSant, uno de los ejes de comprensión de la pieza, como en “Guerrero en mi Estudio” lo fuera Zazil Ha, la olvidada esposa de Gonzalo Guerrero. Un cuestionamiento abierto al sesgo patriarcal de nuestra investigación histórica y nuestra memoria colectiva.
2. La presentación compleja de una realidad también compleja: un Las Casas, icono de la defensa de los indios, cuestionado por la hija de Moctezuma; un maya convencido de su fe cristiana y en tensión permanente con su realidad indígena (con un extraordinario Efraín Vaaz encarnando el personaje, la más vigorosa presencia escénica a mi juicio), un conquistador reclamando su propia mitología, Tenamaztle, testigo fantasmal de un pueblo desaparecido y reclamador de una descendencia que se hizo humo… todo en el marco de un diálogo intenso y emotivo entre los cuatro fantasmas, quizá el momento de mayor hondura de la obra.
3. Finalmente, aunque hubiera muchas cosas más que decir, la continua interpelación que dirigen los personajes al autor de la obra, sentado como niño regañado en la primera fila del teatro, sujeto a múltiples cuestionamientos y víctima de su propia obra dramática.

“Gente de Razón” se convertirá, estoy seguro, en un trepidante punto de inicio para largas discusiones de quienes decidan asomarse a su puesta en escena. Esta provocativa invitación a la reflexión sobre nuestros orígenes, burla ilustrada también de muchos de nuestros vicios nacionales y de la deificación de la mercadotecnia, vale la pena verse y gustarse. Estará presentándose en el Auditorio del Centro Cultural Olimpo todos los miércoles del mes de julio. Forman parte del equipo de producción, acompañando a José Ramón Enríquez en la dramaturgia y dirección, los cada vez más reconocidos nombres de Sebastián Liera, Pablo Herrero, Luis Ramírez, Francisco Solís y Bernard Fontbute, en una producción de la ESAY.

Iglesia y Sociedad

Reflexiones sobre la libertad

10 Jun , 2014  

Para aquellos/as que han hecho de U Yits Ka’an, una escuela de libertad ecológica.
En reconocimiento a sus esfuerzos de tantos años.

Desde las montañas de la selva lacandona se escucha el ruido sonoro: ¡libertad, libertad, libertad! Es la concentración más exacta del espíritu zapatista.

No obstante, nos recuerda Marc Plana (Agenda Latinoamericana 2014 p.90), desde Cataluña, en España, “algo deberíamos sospechar cuando el concepto libertad es un término tan aceptado hoy por todo tipo de ideologías”. Y creo que tiene razón. Han reclamado libertad tanto los jóvenes del 68 como Thatcher y Reagan, los presos políticos como los comerciantes neoliberales. Se hace necesario, pues, encontrar los límites para potenciar la libertad entendida como medio para conseguir una vida más humana para todas y todos, y no ceder al embrujo de la defensa absoluta de una libertad sin límites. Ya Victoria Camps escribía con acierto: “No se predica el autogobierno como un valor en sí, ni de nadie que carezca de criterio para autoconducirse. Se predica de los humanos. ¿Por qué y para qué? Para que realicen su humanidad. La autonomía es, sin duda, condición de humanidad. El ser que vive bajo constricciones, esclavizado, no es plenamente un ser humano. Pero tampoco lo es… quien usa su facultad de autogobierno solo para ejercer la violencia o dominar al otro…” Pero ¿cómo definir el uso “humano” de la libertad? ¿Quién impone los límites?

Y no se trata de una discusión puramente metafísica, que pudiera solucionarse a partir de la aceptación de algunos principios (con todo y que los principios sean muy importantes) como el que la libertad es para el bien y no para el mal, etcétera. Se trata, sí, de encontrar para nuestra acción colectiva un pacto común de esos límites, en un diálogo abierto, plural y democrático. Eso que ha venido haciendo lo que llamamos el “discurso de los derechos humanos”.

La defensa a ultranza de la libertad como un derecho absoluto trae consigo riesgos muy graves, porque legitima la desaparición de todo tipo de criterios. Quizá por eso es la demanda número uno del comercio neoliberal: la libertad (de comprar y de vender, de convertir todo en mercancía). Como dijera Tzvetan Todorov, no podemos defender la libertad del zorro en el gallinero. Marc Plana termina su reflexión diciendo: “La libertad no puede ser una palabra usada acríticamente para justificar cualquier acción. Nuestra dignidad depende de ello. Pico della Mirandola dijo que la libertad nos puede convertir en dioses o en animales. Seamos conscientes cuando la exigencia de libertad sirva para justificar la descohesión social, para invisibilizar la necesidad del otro, o para instrumentalizar nuestras acciones a favor de intereses ajenos al bien común… Exijamos libertad, sí, pero exijamos libertad para hacernos más humanos».

Quizá uno de los terrenos en que la libertad, entendida como ausencia de todo límite, ha causado más daño es en el cuidado del medio ambiente. Pensar la libertad desde la perspectiva de la Tierra como un planeta vivo tiene muchas implicaciones. El sistema de mercado, que ha impuesto su lógica de tratar todo como mercancía, ha fortalecido la concepción antropocéntrica: el ser humano es el centro de toda la naturaleza y todos los demás seres vivos con “cosas” cuya existencia adquiere valor solamente en la medida en que son útiles a los humanos. Superar este pensamiento antropocéntrico asociado a la lógica del mercado, es uno de los grandes retos de nuestro siglo. Si se conserva con esta misma fuerza en dos o tres generaciones más, el planeta estará en riesgo grave de extinción (si no el planeta, sí la especie humana).

A eso se refiere la UNESCO en la Carta de la Tierra, aprobada en el año 2000 cuando habla de “comunidad de vida” para referirse a la enorme y compleja red de seres vivos que tiene el planeta. Tiene razón Pedro A. Ribeiro de Oliveira (Agenda Latinoamericana 2014, p 102) cuando señala que no hay comunidad posible de vida entre señor y esclavos. “Al tratar a las otras especies como cosas a las que negamos su libertad, nuestra especie se coloca en la posición de dueña del mundo, como un monarca solitario dominando a sus súbditos con mano de hierro”.

Y ya sabemos cuáles son las consecuencias de un pensamiento así: las constatamos cada día con el proceso de deforestación, abuso de energías contaminantes y sobrecalentamiento mundial. Pensar, en cambio, la Tierra como un ser libre es pensarla como capaz de decidir su propio futuro, y eso se da por medio de la especie que ella engendró en su madurez: la especie humana. Tiene razón Leonardo Boff cuando señala que nosotros, los seres humanos, somos la Tierra que en su evolucionar ha llegado a sentir, a pensar, a amar y a venerar. Somos la Tierra misma que siente, piensa, ama y venera.

En fin, que entender que la libertad nos es dada, no para dominar la tierra, sino para que escojamos los caminos más adecuados al pleno desarrollo de la “comunidad de vida” de la Tierra, es la primera condición para el ejercicio de la libertad en dimensión planetaria. Y es uno de los retos a los que estamos llamados a dar respuesta en este siglo de depredación continuada y de destrucción medio ambiental.

Iglesia y Sociedad

U Yits Ka’an. El reconocimiento

3 Jun , 2014  

El próximo 5 de junio, a las 8.45 de la mañana, la Escuela de Agricultura Ecológica U Yits Ka’an recibirá el Galardón Nacional al Mérito Ecológico 2014, en la categoría de educación no formal, otorgado por la Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales del gobierno mexicano.

El galardón reconoce la trayectoria e impacto de esta obra social que, surgida hace poco más de 21 años de la reflexión y acción de un grupo de presbíteros católicos, ha venido realizando de manera continua esfuerzos de capacitación en agroecología destinados a colaborar en el mejoramiento de la calidad de vida de las campesinas y campesinos mayas de la península de Yucatán. Aunado a los trabajos de capacitación propiamente dichos, U Yits Ka’an ha venido impulsando también la conciencia ecológica, las tradiciones propias de la cultura maya, así como un fuerte movimiento de producción orgánica y de rescate de especies animales endémicas que habían sido relegadas por el proceso de mercado voraz que nos domina.

U Yits Ka’an ha sido, desde el principio, un movimiento que se ha desarrollado a contracorriente. Fiel a su vocación crítica y a una mirada que ha decidido situarse desde la óptica de los más pobres, la Escuela de Maní, como también es conocida, se une a los esfuerzos de la sociedad civil organizada que, en todos los estados de la república, impulsan la vida digna para los pueblos originarios. U Yits Ka’an encontró desde sus inicios la solidaridad y el compañerismo, codo con codo, del Centro Regional Universitario Península de Yucatán de la Universidad Autónoma Chapingo (CRUPY) y de la Universidad Autónoma de Yucatán (UADY), particularmente de lo que hoy es el Campus de Ciencias Biológicas.

El reconocimiento que U Yits Ka’an recibirá está en relación con una larga trayectoria a la que han contribuido centenares de personas. Mención especialísima merece Augusto Romero Sabido, quien concibió el proyecto, consiguió los financiamientos, echó a andar la Escuela, estuvo al frente de la dirección durante varios años, los más difíciles, arriesgando en muchas ocasiones su patrimonio personal y continúa hoy, desde un nuevo encargo, promoviendo la apertura de un centro de acopio para la comercialización de los productos orgánicos de los campesinos y campesinas ligados al proyecto.

A lo largo de los años, U Yits Ka’an ha contribuido a la formación de una red de promotores que serían la envidia de cualquier centro de formación: campesinos y campesinas mayas que han intercambiado sus conocimientos ancestrales con nuevos contenidos producto de los avances de la agroecología. El resultado puede verse no solamente en el funcionamiento -en distintas épocas- de varias subsedes de la Escuela en territorio peninsular (Peto, Valladolid, Xcanatún, Hunucmá, San Simón, Yokdzonot, Chunhuhub…) sino en la producción de granjas ecológicas (Dzemucut, Yobaín, San José de Montecristo, Mama…), en el rescate de especies criollas, particularmente cerdo pelón y abeja melipona, en más de una decena de poblaciones (Maní, Dzan, Tipikal, Mama, Conkal, Peto, Mayapán, Xoy, Chablekal, Abalá, Papacal, Tabi, Teabo, Xohuayán…) y en el establecimiento de proyectos autónomos inspirados en el trabajo de U Yits Ka’an, como el pujante esfuerzo de Hopelchén, en Campeche.

Al financiamiento de la Escuela de Maní han contribuido agencias financiadoras internacionales, como Misereor, Kellogg, Heifer International, etc., la Secretaría General de Educación del Estado de Yucatán, así como donadores locales animados por un patronato que, durante muchos años, ha colaborado generosamente en la promoción de conciertos, veladas, pasarelas, a beneficio de la Escuela. No menos importante es la ayuda que han proporcionado algunas iglesias (Sagrado Corazón de Jesús y El Señor de la Divina Misericordia) facilitando sus instalaciones para actividades en que productores orgánicos pueden comercializar sus productos bajo el esquema de comercio justo. Y, desde luego, muchas personas anónimas que, valorando el esfuerzo educativo de U Yits Ka’an, colaboran con donativos o se suman a la lista de consumidores de los productos orgánicos.

Hay, en el haber de la Escuela de Maní, la destacadísima participación de campesinos y campesinas mayas que, desde el inicio del proyecto, han asumido la bandera de la agroecología. No puedo mencionar a todos, pero rescato los nombres de Bernardo Xiu, patriarca maya de la agroecología, Primitivo Cuxim, don Max. También el de Genaro, Alfredo, Emilio, Alejo, Cecilia, Moisés, Marcelo, Luis, Paolo, Idelfonso, Santos, Sandra, Noemí, Adolfo, Francisca, Bernarda, Nicolás… y tantos y tantas que no cabrían aquí sus nombres y que son los verdaderos, dignos recipiendarios de este reconocimiento público. Ofrezco de antemano disculpas a quienes se me escapen en este recuento de la memoria que, como se sabe, es un recurso no renovable.

Hace algunos años, en una convención de especialistas en el cambio climático, los más renombrados académicos del mundo en la materia terminaron con una conclusión sorprendente por lo simple y concisa. Dado que, como señalaba James Lovelock, la humanidad ha apretado ya el gatillo de la pistola de la destrucción del medio ambiente y el futuro de la especie humana en este planeta es cada vez más oscuro, podrán sobrevivir a la debacle que viene, cuyos ominosos anuncios alcanzamos ya a pregustar, solamente las comunidades que cumplan con tres requisitos: que sean capaces de producir su propia comida, que empleen la menor cantidad de energías no renovables y que conserven tejido social.

La Escuela de Maní es un esfuerzo, acaso quijotesco, que va en esta línea de la dignidad del pueblo maya y de la supervivencia de la especie. Cuando este 5 de junio el director de la Escuela, Atilano Ceballos Loeza, junto con el Maestro Juan Ramón Pérez, principal promotor de la presentación de U Yits Ka’an como institución digna del reconocimiento, reciban el galardón en comento, lo harán a nombre y en honor de cientos de personas anónimas cuyo trabajo desinteresado es reconocido y cuya mención sobrepasaría las dimensiones de esta entrega semanal. A todos ellos/as, muchas felicidades.

Iglesia y Sociedad

Llamado a la tolerancia

26 May , 2014  

Para Kalycho Escoffié, en el fragor de la batalla

Durante el tiempo de pascua vamos leyendo, en las misas cotidianas, el libro de los Hechos de los Apóstoles hasta completar su lectura. El libro retrata cómo fue organizándose el movimiento de seguidores y seguidoras de Jesús después de que Él muriera y resucitara. Muestra también muchos de los conflictos que los cristianos/as de la primera generación tuvieron que enfrentar y la manera cómo los resolvieron.

Traigo esto a colación porque me parece que en las iglesias de hoy, la católica y las otras denominaciones cristianas, estamos enfrentando un debate interno a propósito del matrimonio entre personas del mismo sexo. Quisiera traer a la memoria uno de los conflictos enfrentados por la primera generación cristiana y narrado en el libro de los Hechos, para sacar de allí algunas comparaciones que nos resulten útiles y hacer un vigoroso llamado a la tolerancia al pensamiento distinto dentro de la iglesia. Podría hacerse un estudio detallado de los dos conflictos y sus relaciones, pero me ajustaré al formato de esta columna semanal para no rebasar en mucho su acostumbrada dimensión.

El conflicto del libro de los Hechos

Ya desde el capítulo 11 del libro de los Hechos de los Apóstoles se comienza a perfilar cuáles serán las aristas de este problema, que estuvo a punto de dividir radicalmente a la iglesia del primer siglo en dos partes. Se trata de la admisión de los no judíos al movimiento cristiano. Pedro es acusado de haber entrado “en casa de algunos que no eran circuncisos” y haber comido con ellos (11,3). Los acusadores son cristianos provenientes del judaísmo que viven y se reúnen en Jerusalén, como la mayoría de los creyentes de la primera generación. Pero no es solamente Pedro el que se atreve a predicarle a los no judíos. También en la iglesia de Antioquía hubo discípulos que “predicaron también a los griegos y les anunciaron la Buena Nueva del Señor Jesús” (11,20). Pero, sin duda, el asunto terminó por estallar después de que Pablo y Bernabé concluyeron su primer viaje misionero y a su llegada a Antioquía “reunieron a la iglesia y se pusieron a contar… cómo Dios había abierto la puerta de la fe a los pueblos paganos” (14,27).

Del otro lado, había muchos creyentes judíos que sostenían que los no judíos que querían creen en Jesús “si no se circuncidan de acuerdo a la Ley de Moisés, no podrán salvarse” (15,1). Debido a esta posición se les conoce como judaizantes. Parece que quienes así pensaban no eran pocos. Las cartas de Pablo muestran que, aun después de sacar algunos acuerdos en la asamblea de Jerusalén, muchos grupos de cristianos provenientes del judaísmo llegaban a las comunidades fundadas por Pablo para convencer y/u obligar a los paganos bautizados a circuncidarse. La Carta a los Gálatas es testimonio de esto y de la airada respuesta de Pablo a tales “falsos hermanos”.

Así que la comunidad se dividió en dos bandos: quienes pensaban que el anuncio de Jesús debía dirigirse a todos sin excepción (sus representantes más destacados son Pablo y Bernabé), y quienes pensaban que, para ser fieles a la revelación escrita de Dios, los no judíos que quisieran convertirse deberían hacerse judíos antes de poder ser aceptados como cristianos (su representante mayor es Santiago, el hermano del Señor y obispo de Jerusalén). A nosotros puede parecernos ahora una discusión sin sentido, dado que hemos ya alcanzado un consenso de que para ser cristiano no necesita uno hacerse antes judío, pero la primera generación cristiana sufrió esta discusión y tuvo que ir construyendo consensos lentamente.

Los textos del NT son claros: a pesar de algunas diatribas feroces de Pablo en contra del bando contrario, no se ponía en duda la buena voluntad de quienes se encontraban en bandos divididos. Los partidarios de la apertura indiscriminada sostienen que es el mismo Espíritu Santo el que va marcando este audaz camino y las pruebas son el crecimiento de las iglesias mixtas, es decir, compuestas por cristianos provenientes del judaísmo y cristianos que proceden de otras culturas. Los partidarios del sometimiento a la Ley de Moisés, en cambio, tienen por testigo a la Biblia y a la Tradición.

La resolución del conflicto queda plasmada en Hech 15. La asamblea decide abrir la pertenencia a la comunidad cristiana a todas las personas, independientemente de su origen étnico. Aunque la imagen que nos da el libro de los Hechos es muy positiva, con la firma, incluso, de una carta compromiso, parece que las cosas no fueron tan sencillas. Pablo parece no conocer ninguna carta compromiso como la mencionada en Hechos y se queja constantemente de los judaizantes que, aun después de la Asamblea de Jerusalén, siguieron su labor proselitista para hacer que los paganos que se convertían al cristianismo se circuncidasen.

El conflicto actual

Las principales aristas del conflicto actual son las siguientes: hay un cambio en la percepción social acerca de la homosexualidad. Comprobaciones científicas han echado abajo la clasificación de la homosexualidad como una enfermedad y se va avanzando en la integración plena de las personas homosexuales a la sociedad, con todos los derechos y las obligaciones del resto de los ciudadanos. Estos cambios legales van avanzando en muchos países, no sin oposiciones, como pudo verse en la reciente legalización del matrimonio universal en Francia.

Ante este panorama las iglesias cristianas han entrado en un profundo debate. Hay quienes piensan que la condena de la homosexualidad, dado que está escrita en la Biblia, es incambiable y no debería ser aprobada ninguna conducta homoerótica. Otro grupo dentro de las iglesias, en cambio, abogan por una nueva lectura de los textos condenatorios, piensan que el testimonio de Jesús es claro en cuanto a que él no discriminó a nadie en la sociedad de su tiempo y consideran que es hora de que las iglesias reciban como participantes de derecho pleno a las personas homosexuales.

Como en el caso del libro de los Hechos, ambas posturas esgrimen sus argumentos. El propósito de este escrito es llamar a la tolerancia y a la escucha mutua. La comunidad cristiana primitiva enfrentó el problema sin desconfiar de la buena voluntad de las personas pertenecientes a los dos bandos. Poco a poco fueron madurando su juicio y finalmente descubrieron la voluntad de Dios en la apertura total a los paganos. Hubo, sí, cristianos que no quedaron conformes con esa decisión. Y tenían muchos argumentos de la Biblia y la Tradición a su favor. Pero el Espíritu fue suscitando el consenso aunque dicho consenso apuntara en contra de lo que muchos judeocristanos devotos creían que debían sostener como verdades no sujetas a discusión.

Digo que tenemos que aprender de esta tolerancia porque he leído recientemente algunas descalificaciones que, en nombre de la fe, se dirigen en contra de quienes, siendo católicos o cristianos de otras denominaciones, están a favor de que las personas del mismo sexo puedan casarse y tener una familia. Se piensa que la posición actual de la iglesia respecto a la homosexualidad y, por tanto, respecto al matrimonio universal, es un asunto intocable, casi dogmático.

Creo que es hora de que enfrentemos el debate con argumentos y no con descalificaciones. Conozco católicos/as convencidos de que el matrimonio universal, más que una discusión intraeclesial, es un asunto de justicia y derechos humanos. Y han llegado a esta manera de pensar después de un discernimiento. Otros, en cambio, sostienen su oposición con textos bíblicos y alusiones a la Tradición y la ley natural. Y tienen derecho de hacerlo. Es más, estoy convencido de que, en la mayoría de los casos, ambos grupos sostienen sus argumentos de buena fe. Acusar a uno u otro grupo de querer destruir a la iglesia, no favorece en nada a la discusión.

Tenemos que ejercitarnos en el diálogo. Y para esto, es necesario que escuchemos con atención y buena voluntad las argumentaciones de uno y otro lado. Ponerse en los zapatos del otro, sería una muy buena medida inicial. En la búsqueda de consensos, tanto más difíciles en cuanto que aspiran a suplir posiciones mantenidas como intocables durante muchos siglos, hace falta un grado superior de tolerancia.

Iglesia y Sociedad

Noticias de última ira… y dolor

13 May , 2014  

Andrés Carrasco. In memóriam

Hay ocasiones en que la vida se parece a esas olas que te arrastran y parecen no querer dejarte ir. Como cuando de niño, en Progreso vespertino, te metías al mar y, a pesar de las recomendaciones de la tía en cuya casa pernoctabas en fin de semana, porque ni tú ni tu familia nuclear tuvieron nunca una casa de playa donde pasar la temporada veraniega…

(que ahora resulta, al decir de algún articulista a destajo, que “la temporada” es un fenómeno, patrimonio de todos los yucatecos y yucatecas y, por si fuera poco, costumbre constructora de la paz social… ¡sí! No muestra del clasismo y la desigualdad que nos agobian, no, sino encomiable tradición a la mano de los habitantes de, supongo, Xoy y Chacsinkín, por mencionar dos comunidades que el articulista seguramente recuerda… ¡cosas veredes, añorado seminario interdiocesano de Tehuacán!)

… la ola te arrastraba y tú, viendo a la Parca a un tiro de piedra –o de alga– jurabas que nunca más te portarías mal y que si Dios te concedía salir con vida de ese marítimo trance ayunarías todos los viernes y renunciarías a los pecaminosos libros que absorbían las tardes de tu infancia: los Tres Mosqueteros, Los relatos de Sherlock Holmes, Los Miserables, el viejo libro de cuentos que tu abuela te regaló y hasta la Biblia Nácar – Colunga de pasta caqui.

Hay ocasiones, como la semana pasada, que las olas te arrastraron y no pudiste ni siquiera visitar este espacio para dejar la acostumbrada columna semanal, porque a la carga de trabajo, producto de tu incorregible manía de decir sí a todo lo que te pidan, sea encuentros de diversidad sexual, charlas con desconocidos angustiados o visitas a hospitales, se le juntó pérdidas sensibles y ataques del mal gobierno… y a los ya mencionados agobios se añadió la perspectiva de la ausencia temporal de tus dos pilares de confianza sólida, siempre ahí, firmes en la batalla…

(es curioso como el desasosiego no acude de la misma manera cuando el que deja la patria eres tú, que ves parar un avión y te subes, pero que te sabes y reconoces siempre anclado, porque ellas están ahí… pero cuando ellas se van, no eres sino un huérfano necesitado de amarres que, siguiendo la metáfora marina, puedes ser zarandeado por las olas, Dios no lo permita, sin tener de donde asirte…)

Así que no quieres que pase otra semana más sin escribir en tu espacio y exorcizar en él tus congojas. Y escoges, entre ellas, las dos que te causan más desazón.

1. Es noviembre de 2013 y es la preaudiencia del Tribunal Permanente de los Pueblos en la Escuela de Agricultura Ecológica de Maní, Yucatán. Por inmerecido honor he sido invitado a ser dictaminador. El trabajo es arduo porque, a más de escuchar los casos presentados, habrá que redactar el dictamen y todo ello en un tiempo muy medido. Pero el trabajo se hace menos pesado porque la compañía es excelente: las y los demás dictaminadores nombrados tienen el oído y el corazón abiertos. Entre ellos, hombre cargado de sabiduría, está Andrés Carrasco. Viene con su esposa. Uno no se imaginaría, al verlo, que está frente a unos de los científicos más comprometidos con la causa de los pueblos y la defensa de las semillas nativas. Su  argentina sencillez (lo que se supondría oxímoron) hace que su muerte duela. Sus descubrimientos sobre los daños irreversibles que causa a la salud de personas y pueblos el uso del glifosato han sido de indudable ayuda para impulsar la conservación de las semillas criollas y para descubrir el mundo de codicia neoliberal que se esconde detrás de las compañías que, como Monsanto, viven de sembrar muerte. Descanse en Paz.
2. Lo que pasó en La Realidad no tiene nombre. O bueno, sí lo tiene: se llama traición y alevosía, se llama provocación y muerte. El deceso de Galeano, maestro de la “Escuelita de la Libertad según los/as zapatistas” no es una muerte más. Es un ominoso signo de guerra. La descripción del Sup en el comunicado del ezetaelene es estremecedora:

Lo que sucedió con el compañero Galeano es estremecedor: él no cayó en la emboscada, lo rodearon 15 o 20 paramilitares (sí, lo son, sus tácticas son de paramilitares); el compa Galeano los retó a luchar mano a mano, sin armas de fuego; lo garrotearon y él brincaba de un lado a otro esquivando los golpes y desarmando a sus oponentes.
Al ver que no podían con él, le dispararon y una bala en la pierna lo derribó. Después de eso fue la barbarie: se fueron sobre de él, lo golpearon y lo machetearon. Otra bala en el pecho lo puso moribundo. Siguieron golpeándolo. Y al ver que aún respiraba, un cobarde le dio un tiro en la cabeza.
Tres tiros a mansalva recibió. Y los 3 cuando estaba rodeado, desarmado y sin rendirse. Su cuerpo fue arrastrado por sus asesinos como unos 80 metros y lo dejaron botado.
Quedó solo el compañero Galeano. Su cuerpo tirado en mitad de lo que antes fue territorio de los campamentistas, hombres y mujeres de todo el mundo que llegaban al llamado “campamento de paz” en La Realidad. Y fueron las compañeras, las mujeres zapatistas de La Realidad quienes desafiaron el miedo y fueron a levantar el cuerpo.

Quienes valoramos la dignidad zapatista y nos sentimos honrados de que las y los zapatistas nos permitan caminar a su lado, nos hemos comprometido a no dejarlos solos. La postdata del Sup es clara: “Si me piden que resuma nuestro trabajoso andar en pocas palabras serían: nuestros esfuerzos son por la paz, los esfuerzos de ellos son por la guerra”.

Las y los zapatistas han apostado por la paz. Lo han demostrado a lo largo de los años y está a la vista de todos lo que han logrado en los municipios autónomos a través de las Juntas de Buen Gobierno, que nos enseñan que mandar obedeciendo es mucho más que una consigna. Los que gobiernan y sus secuaces (autonombrados, estos últimos, gobernantes) han apostado por la guerra. Que olvide quien quiera y pueda. Yo ni quiero, ni puedo. He deseado siempre ser constructor de paz. A eso me llama el evangelio. Y eso puede hacerse, para asombro de muchos, aún en medio de una guerra. Las sombras de la tierna furia saben de qué lado late mi corazón en esta lucha.

Es cuanto.

Iglesia y Sociedad

Una sentencia de la Corte

30 Abr , 2014  

Las sentencias de la Suprema Corte de Justicia de la Nación (SCJN) se asemejan a las canonizaciones: reconozco su validez jurídica pero no siempre coincido con sus deliberaciones y resultados, de la misma manera que hay santos que serán santos… pero no de mi devoción. Hay otros casos, sin embargo, en el que me complazco en sus decisiones.

Quiero hoy comentar una reciente decisión de la SCJN que ha declarado inconstitucional el artículo 143 del Código Civil de Oaxaca calificándolo de discriminatorio. Un sucinto resumen es el siguiente: un grupo de 39 personas de orientación homosexual se ampararon ante la justicia federal en contra del mencionado artículo que les impedía contraer matrimonio (amparo 152/2013). El juez 3 de Distrito de Oaxaca conoció el amparo y lo sobreseyó considerando que los quejosos no tenían legítimo interés para impugnar la norma reclamada, dado que el matrimonio está definido en el código civil oaxaqueño como realizable entre “un solo hombre y una sola mujer… con el objetivo de perpetuar la especie”.

Los quejosos apelaron la sentencia y el recurso de revisión fue atraído por la SCJN, la cual ha terminado por considerar que el sobreseimiento del juez fue incorrecto, declarando inconstitucional el artículo 143 del Código Civil de Oaxaca por ser discriminatorio. La sentencia fue en esa dirección, no por la negativa de la autoridad civil para acceder a la solicitud de matrimonio de las parejas del mismo sexo, sino, esto es lo importante, a la calidad discriminatoria de la enunciación de la norma y la afectación por su misma existencia, ya que excluye a un grupo humano protegido por el artículo 1º. Constitucional. (Puede verse un resumen de la sentencia y sus aplicaciones en http://www.notiese.org/notiese.php?ctn_id=7353)

La sentencia de la SCJN contiene un vigoroso mensaje. En primer lugar, muestra que la reforma constitucional en materia de derechos humanos comienza a producir frutos. En el caso del matrimonio, pero también en una amplia variedad de materias, las legislaciones estatales no se han reformado en el espíritu del reconocimiento y respeto a los derechos humanos de todas las personas. La SCJN parece decidida a sostener la primacía de los derechos humanos en sus resoluciones. Ojalá lo haga en todos los campos de la vida nacional.

En segundo lugar, la sentencia de la SCJN que comentamos tiene relación íntima con Yucatán. Como es de todos sabido, varias parejas del mismo sexo han contraído matrimonio en nuestro estado, debido a una sentencia de un juez federal que obligó a los funcionarios del Registro Civil a realizar los contratos matrimoniales. Ya desde el primer matrimonio los contrayentes pudieron experimentar el recelo timorato de los oficiales del Registro Civil que nunca pronunciaron la palabra matrimonio en toda la ceremonia y que enfatizaban, a tiempo ya destiempo, que era un contrato celebrado en cumplimiento de una sentencia judicial.

El problema no hubiera pasado a más: no es por decreto que van a desaparecer las actitudes discriminatorias, ni entre los funcionarios de gobierno ni en la sociedad en general. Sin embargo, algunos contrayentes se dieron cuenta que su unión civil no era inscrita en el libro de matrimonios. Con esta acción, chapucera y chicanesca, los funcionarios pretendían mantener las uniones civiles de personas del mismo sexo en una categoría distinta de la del resto de los ciudadanos.

El 4 de enero de 2014 se casaron LNMM y KEAC. Al terminar la ceremonia civil las contrayentes se dieron cuenta de que no les entregaron un acta de matrimonio, sino una constancia a manera de “recibo” bajo el rubro “cumplimiento de sentencia”. Cuando acudieron a las oficinas del Registro Civil a solicitar su acta de matrimonio les dijeron que su unión no sería reconocida a través de un acta de matrimonio, ni registrada en el libro respectivo de matrimonios, sino que sería un acta “diferente” anotada en un libro de cumplimiento de sentencias, violando así el sentido de la sentencia de amparo.

La Juez Cuarto, sin embargo, dio por cumplida la sentencia. De manera que, ni tardas ni perezosas, LNMM y KEAC interpusieron el 11 de febrero de 2014 un recurso de inconformidad ante el Tribunal Colegiado de Circuito en Materias Civil y Administrativa. Dicho cuerpo colegiado federal acaba de resolver de manera favorable a las quejosas diciendo en su sentencia, entre otras cosas, que el Registro Civil ha cumplido defectuosamente la sentencia “pues aunque se pretende haber realizado el matrimonio solicitado para las quejosas, lo hace con una clara diferenciación (no poder que es matrimonio ni explicitar el régimen matrimonial) con los que generalmente se celebran, marcando por consiguiente la discriminación…”. Así que ha ordenado al Registro Civil que se dé trámite “pero no de cualquier forma, sino como lo dispone la ley en la materia; sólo así se respetaría a las inconformes en su derecho fundamental a la igualdad y a la no discriminación”. (Puede verse los detalles de la resolución en el comunicado conjunto del Equipo Indignación AC y UNASSE AC en www.indignacion.org.mx).

La simulación realizada por el Registro Civil da la razón a Bruno Bimbi, el legendario activista argentino, que sostiene: “Se olvidan de que cuando los gays alquilamos una casa, firmamos un contrato que se llama ‘de alquiler’, no de ‘vínculo inmobiliario homosexual’. Cuando decidimos casarnos, queremos que se llame matrimonio: los mismos derechos con los mismos nombres. Si no, sería como si a las parejas de afrodescendientes les hubiesen dicho que las reconocían mediante una ‘ley de unión entre negros’… Se aferran al nombre como una forma de mantener alguna forma de desigualdad”.

Finalmente, la sentencia de la SCJN tiene ecos que nos llevan a preguntar cuánto tiempo pasará para que la reforma hecha al Código Civil del Estado de Yucatán hace unos pocos años, que excluye a las personas de orientación homosexual del matrimonio, se mantendrá vigente. Las y los legisladores locales ven pasar a la procesión y no se hincan. Así que la respuesta nos vendrá, seguramente, de acciones que la sociedad civil organizada realice.

Entiendo que haya personas, muchas de ellas de la diversidad sexual, a quienes estas exigencias jurídicas les parezcan fuera de lugar. Conozco gays y lesbianas que no tienen interés alguno en casarse y que si se decidieran a establecer algún vínculo jurídico entre ellos/as no escogerían el matrimonio, sino el Pacto Civil o las Sociedades de Convivencia. Tienen todo el derecho de pensar así. El matrimonio no será nunca una obligación para nadie. Lo único que no deben perder de vista es que tanto el Pacto Civil como las Sociedades de Convivencia son accesibles a todos los ciudadanos y ciudadanas, independientemente de su orientación sexual. No así el matrimonio. Y eso, a la luz del derecho internacional de los derechos humanos, es discriminación simple y llana. Quien no quiera casarse, que no lo haga. Pero, como sabiamente dijo un famoso dramaturgo, que no lo haga porque no quiere, no porque no pueda o alguien se lo impida.

Iglesia y Sociedad

Pregón del agua clara

20 Abr , 2014  

Ha llegado la primavera y con ella la Pascua.
Les saludo, hermanas y hermanos, desde el gozo de esta noche de resurrección.
Hoy la muerte ha sido derrotada y el sepulcro del Hijo del Hombre ha estallado de luz y de gloria.
No hay palabras para describir el torrente de vida que surge de una tumba vacía.
No hay adjetivos que puedan revelar la hondura de este misterio: Vida plena y feliz, para todas y todos, en todo tiempo y en todo lugar.
El corazón tenía razón cuando se negaba a morir. No estamos hechos para la muerte, sino para la vida. La vida es nuestro destino y nuestro horizonte.

Este ciclo de lecturas dominicales hace énfasis en el regreso a Galilea. Sólo ahí encontraremos al Maestro.
No en la Jerusalén del poder y del arribismo.
No en la ciudad capital, del Templo y del sacerdocio.
Encontraremos al Maestro resucitado en Galilea, la tierra del primer encuentro, de la primera mirada de amor, del primer vuelco del corazón.
Galilea, la tierra de la colina de las bienaventuranzas, de la amistad serena, de la revolución de la ternura.

No hay palabras para describir el torrente de vida que surge de una tumba vacía.
Y yo tengo hoy mucha sed, sed de agua clara y transparente.

Tengo sed del agua clara de la reforma de la iglesia.
Así que les anuncio a voz en cuello la alegría de la Pascua:
Nunca más serán ustedes maltratados por los sacerdotes en las parroquias, por los dirigentes de apostolado o por los secretarios y secretarias de las oficinas parroquiales.
Los trámites ya no serán, nunca, más importantes que las personas y sus necesidades.
La iglesia será una casa abierta para todos y todas y en ella encontrarán refugio quienes en el mundo son despreciados.
Ya no se juzgará al buen cristiano por los globos que lleve a la procesión o el número de Misas que coleccione, sino por el servicio desinteresado a los más pobres.
No habrá maestros en el aula de las pláticas pre-bautismales, ni consagrados que miran por debajo del hombro a las católicas carentes de formación espiritual. Habrá solamente hermanos y hermanas de camino, humildes transmisores de la experiencia pascual, comunicadores de las maravillas que han visto y oído.
No habrá más clericalismo ni autorreferencialidad.

Tengo sed del agua clara de una verdadera reforma migratoria.
No solo la que le toca hacer a los Estados Unidos.
Así que les anuncio a voz en cuello la alegría de la Pascua:
Se multiplicará por todo el país, con la fuerza del Espíritu Santo, el catolicismo de Las Patronas y su pan amigable y compartido.
Desaparecerá el Instituto Nacional de Migración y será sustituido por un organismo que le dé la bienvenida a los hombres y mujeres que quieran atravesar nuestro país o deseen quedarse a vivir entre nosotros. No volverá a escucharse el término extranjería en un planeta en el que todos somos o hemos sido transmigrantes.
Los activistas a favor de los migrantes podrán ir a descansar a sus casas, con el corazón henchido de alegría por el deber cumplido, porque la Bestia será solamente un recuerdo del pasado, una leyenda que, por horrenda, no será creída ni por los niños.
Ha sido decretada la abolición del miedo.

Tengo sed del agua clara de una verdadera equidad internacional.
No la teoría del derrame, subterfugio de quienes puestos en la cima de la montaña de la desigualdad, se despreocupan –con fuertes argumentos teóricos, eso sí– del dolor de sus propios hermanos.
Así que les anuncio a voz en cuello la alegría de la Pascua:
Se decreta, a fuerza de ramalazos de resurrección, la abolición de la competitividad, ese eufemismo para llamar a la ley del más fuerte. No somos competidores: somos hermanos y hermanas.
Desaparecerá el término crecimiento. Por fraternidad universal, por sororidad planetaria, volveremos a ver a la Tierra como una madre y no como una mercancía. Decreceremos juntos, aprendiendo las lecciones de la austeridad gozosa y compartida.

Tengo sed del agua clara de la diversidad.
Pentecostés, la fiesta que brota de la tumba vacía y de la entrega del Espíritu, es clara señal de la unidad que el amor puede darle a lo diverso.
Así que les anuncio a voz en cuello la alegría de la Pascua:
Nadie más será juzgado por el color de su piel, por su orientación sexual o por su rebeldía ante las imposiciones sociales. Los consensos son eso: acuerdos mayoritarios que no quitan a las personas el sagrado derecho a disentir.
Gays y lesbianas se sentarán a la mesa común de la aceptación y la hermandad. Se abolirán las bromas sexistas y dejaremos de reírnos a costa de nuestra propia estupidez. El humor, ese regalo del Resucitado, volverá a ser creativo y sorprendente.
Los jóvenes podrán andar por la calle con el cabello como les plazca, vestidos a su esperpéntico antojo, y no serán nunca más detenidos como sospechosos sólo porque el ancho de su pantalón es distinto del de los policías.
No habrá policías.
Se restaurará la armonía de lo diverso y ningún pueblo tendrá que avergonzarse de auto nombrarse, de hablar con su dulce lengua, de lucir sus vestidos de fiesta. Dejaremos de negar el origen rico y diverso que corre por nuestras venas. Ya no habrá xenofobia.

Tengo sed, mucha sed.
Celebro que JEP y Gabo estén saciando ya sus ansias en la fuente que no se acaba.
Espero que el manantial de la resurrección plena me llene también pronto a mí.
Mientras tanto, hemos de golpear una y otra vez la roca, como los judíos, nuestros hermanos mayores, mientras caminaban por el desierto. Golpear y golpear hasta que brote agua. Hasta que la sed de todo el universo quede definitivamente saciada.

Felices Pascuas de Resurreción