Iglesia y Sociedad

La banalización de la violencia de género

10 Ago , 2008  

Desde los años setentas el movimiento feminista transformó la noción de patriarcado. De ser un término que servía para referirse al territorio y gobierno de un patriarca, persona que ejercía autoridad sobre una familia o una colectividad, pasó a identificar al orden social en el que los varones mantienen relaciones de dominación y opresión sobre las mujeres y sobre otros colectivos que no siguen el patrón machista (niños y niñas, jóvenes, personas homosexuales). Tal orden social está basado en el control social del cuerpo de la mujer, la concentración de todo el poder (político, económico, religioso) en manos de los varones, la apropiación del trabajo productivo y reproductivo de las mujeres y la imposición del heterosexismo como único modelo de relación sexual socialmente legitimado. El patriarcado ha tratado de justificarse, como todo prejuicio socialmente opresor, apelando a su origen “natural” o divino, cuando no es más que una construcción histórica y cultural que tiene necesidad de ser transformado para hacer surgir un nuevo modelo de relación más justo e igualitario entre las personas.

El patriarcado permea todos los campos de la vida y todo el conjunto social. Recientemente, por poner sólo un ejemplo, el titular del ejecutivo federal anunció en la Conferencia Internacional sobre VIH/SIDA, que se ha distribuido “30 millones de preservativos masculinos y más de 100 mil femeninos”. Lo que Felipe Calderón no fue capaz de explicar son las razones de tal disparidad numérica, que hace parecer como más importante la salud de los varones que aquella de las mujeres. No se equivoca Lol Kin Castañeda Badillo cuando califica de misógina esta manera de priorizar la investigación y prevención en materia de enfermedades de transmisión sexual dirigiéndolas predominantemente al cuidado de la salud de los varones, mientras se deja al grueso de las mujeres al margen de dichas prioridades (“Misoginia y homofobia: ¿políticas de Estado?”, en el diario La Prensa, 08.08.2008)

Pero no hay quizá práctica que desnude más al patriarcado en su entraña perversa que la violencia de género, es decir, aquella violencia dirigida en contra de las mujeres y que abarca desde las palabras y gestos que cosifican a la mujer, hasta su expresión más radiucal y dolorosa: los feminicidios y los crímenes de odio. Por eso no deja uno de lamentar el tratamiento que los medios de comunicación social han dado a los recientes casos de feminicidios que se han dado en Yucatán. Faltos de todo profesionalismo, los medios han presentado los asesinatos de mujeres que han tenido lugar en los meses pasados como si fueran crímenes aislados, producto de mentes enfermas, de individuos sociópatas. Poner el énfasis informativo en las características del “asesino serial” invisibiliza el problema fundamental: la violencia de género que expone y revela, en grado superlativo, el feminicidio. Baste para comprobar esta afirmación el hecho de que el lector o radioescucha podría, con mínimo esfuerzo, recordar el nombre del asesino, pero seguramente tendrá que pedir ayuda para recordar los apelativos de las jóvenes asesinadas.

La violencia de género opera de tal manera en el inconsciente colectivo que la opinión pública termina sospechando siempre de la víctima: que si fue atacada porque vestía de tal o cual manera, que si imprudentemente se subió a un coche sin conocer al guiador, que si era de cascos ligeros, que si tomaba las cervezas, etc. Esta sospecha no solamente favorece la culpabilización de la víctima, sino que se constituye en un obstáculo para la consecución de la justicia, dado que los ministerios públicos y los juzgadores, así como los medios de comunicación, suelen compartirla. Véase si no, la afirmación, no por repetida menos estúpida, que suele encontrarse en algunos medios: “(el marido agresor) llegó a la residencia entre 3 y 4 de la tarde y sin motivo alguno golpeó a su esposa…”, afirmación que hace suponer que el que escribe piensa que hay ocasiones en que el agresor podría tener motivos válidos para golpear.

Pero si el tratamiento descontextualizado de los feminicidios en los medios de comunicación indigna y se convierte en un obstáculo para que nuestro derecho a la información se vea garantizado, es todavía más grave el hecho de que no haya medidas estructurales tomadas por el Estado para desmantelar el sistema patriarcal y garantizar a las mujeres una vida libre de violencia. Como en el caso de los secuestros, frente a los feminicidios la respuesta del Estado tiende a privilegiar medidas simplemente coyunturales, como el anuncio de aumento de penas para los delincuentes.

Hablar de cadenas perpetuas y de pena de muerte puede ser redituable en el campo político, porque se monta en la ola de indignación que sacude a la sociedad, pero no aporta gran cosa para identificar las causas de los delitos ni ofrece garantías para su disminución. Los feminicidios, los sucedidos en Yucatán y en cualquier parte del mundo, son el resultado de “prácticas sociales conformadas por el ambiente ideológico y social de machismo y misoginia, de violencia normalizada contra las mujeres, que permiten atentados contra la integridad, la salud, las libertades y la vida de las mujeres… todos coinciden en su infinita crueldad y son, de hecho, crímenes de odio contra las mujeres”, como bien define Marcela Lagarde. Solicitar solamente aumento de penas para los delincuentes es desestimar las causas estructurales de las que derivan este tipo de delitos. O lo que es lo mismo: se trata de proponer cosas que lo único que consiguen es que nada cambie y todo siga igual.

La agresión contra una mujer no es nunca, pues, un hecho aislado porque se ejerce siempre en un marco en que el agresor utiliza el maltrato físico y psicológico para anular y dominar a otro ser humano. El fin último de la violencia de género es la posesión por sometimiento, lo que queda clarísimo en los asesinatos recientemente cometidos contra mujeres en Yucatán. Los asesinatos cometidos contra mujeres están siempre precedidos por una historia de violencia en la que se enmarcan. No reconocerlo, termina banalizando –muy convenientemente para los defensores del patriarcado– los feminicidios.

Y que no vengan a argumentar que también hay violencia de las mujeres hacia los hombres. Tal afirmación desvía la atención y no ayuda a comprender el problema de fondo. Como bien señala Josebe Egia, “Ante algunas voces que pretenden que también existe la violencia a la inversa, se puede mantener que eso es una falacia. No existe la violencia hacia el hombre como problema social. Lo que se dan son casos individuales de mujeres que agreden a hombres y deben ser hechos punibles, por supuesto, pero, de ninguna manera es un patrón que se equipare con el grave problema social de la violencia de género, de dimensiones cuantificables tan altas, que retrata culturalmente nuestro déficit en algo que está en la raíz de toda la imposición totalitaria que involucra a la violencia, esto es, la igualdad”.

Raúl Lugo Rodríguez

Iglesia y Sociedad

De panes, peces… y petróleo

4 Ago , 2008  

Ayer domingo se leyó en todas las iglesias católicas el evangelio que narra la multiplicación de los panes según la versión del evangelista san Mateo (Mt 14,13-21). Contado en los cuatro evangelios, este relato siempre me ha estremecido (y supongo que a Silvio Rodríguez también, ya que siendo poco afecto a las imágenes bíblicas en sus textos, hace referencia a ésta en su también estremecedora canción “El necio”). Aunque la multiplicación de los panes ha sido siempre, ya desde los primeros siglos de la iglesia, leída en contexto eucarístico, no pueden pasarse por alto, sin graves consecuencias, algunos datos redaccionales que muestran líneas fundamentales de la intención del Jesús histórico.

A las puertas de la edición yucateca de la Consulta Nacional sobre la iniciativa presentada por el ejecutivo federal en materia de reforma energética, a realizarse en nuestro estado el próximo 10 de agosto, quisiera hoy hacer alusión a dos de estos datos textuales y aplicarlos a la iluminación de este ejercicio ciudadano.

Lo primero que resalta en el texto es que la escena está enmarcada en una actitud fundamental de Jesús: la compasión. Así lo señala el texto: “Cuando Jesús desembarcó y vio aquel gran gentío, sintió compasión de ellos…”. Al origen de toda la actuación de Jesús parece estar esta actitud. Como bien señala José Antonio Pagola, “Jesús no vive de espaldas a la gente, encerrado en sus ocupaciones religiosas, e indiferente al dolor de aquel pueblo. Su experiencia de Dios le hace vivir aliviando el sufrimiento y saciando el hambre de aquellas pobres gentes. Así ha de vivir la Iglesia que quiera hacer presente a Jesús en el mundo de hoy”.

En nuestro país, y en casi todo el mundo, se ha impuesto un modelo económico que da las espaldas a las necesidades de una gran parte de la población. Se trata de un mundo en el que sobreviven los más fuertes, los más astutos, entendida esta astucia como la capacidad de hacer cualquier cosa para conservar estatus y comodidades. Una posición parecida parecen representar los apóstoles en el texto al que nos referimos, que ante el incansable trabajo de Jesús para curar enfermedades y dolencias de la gente que se acercaba, sólo encuentran como sugerencia la de despedir a la gente para que vayan al pueblo y se compren comida.

La compra y la venta de pan, la ley de la oferta y la demanda, parece ser la perspectiva desde la cual hablan los discípulos. En lugar de hacer como Jesús, a quien no le importa el paso de las horas con tal de aliviar el sufrimiento de los débiles, los discípulos pretenden abandonarlos a las prácticas económicas dominantes. Le sugieren a Jesús que despida a la gente para que vayan a comprar comida… ¿qué harán los que no tienen dinero para comprarla? Eso no interesa a estos discípulos que parecen no haber aprendido nada de su Maestro.

Pero Jesús responde con una orden lapidaria que no acabamos todavía de entender a cabalidad: “Dénles ustedes de comer”. La lógica de Jesús es bien otra de la que manejan sus discípulos. A la compra y venta Jesús opone la obligación de pensar en los demás, de compartir, porque el Dios en el que Jesús cree quiere que todos tengan pan, incluso aquellos que no pueden comprarlo.

Por eso, y éste es el segundo dato redaccional al que quiero referirme, cuando los discípulos, llenos de escepticismo, le replican a Jesús que lo único que han encontrado son cinco panes y dos peces, Jesús confirma que eso es suficiente, porque el problema no está sólo ni principalmente en la cantidad de recursos, sino en la actitud de compartir en lugar de acumular. En la alternativa de Jesús, una sociedad auténticamente humana (eso que él anunciaba bajo la enigmática fórmula de “Reinado de Dios”) es aquella en la que los bienes se comparten, de manera que los recursos sean suficientes para todos.

Este próximo domingo 10 de agosto tendremos la oportunidad de participar en la consulta nacional sobre el destino de nuestros hidrocarburos. Sabemos ya, por dolorosas experiencias, que las privatizaciones que en México se han dado han resultado desastrosas porque han sido fuente de corrupción y tráfico de influencias que han dañado a toda la sociedad mexicana. Ahí están como ejemplos la banca, las carreteras, la telefonía y el ejido. La alianza de los gobiernos privatizadores con los grandes empresarios que de dichas privatizaciones se benefician, han establecido políticas públicas que mantienen en la pobreza y exclusión a miles de mexicanos y enriquecen a unos pocos empresarios y funcionarios.

Yo estoy convencido de la necesidad de reformar el marco jurídico de PEMEX, pero creo que hay que hacerlo en sentido bien distinto del que propone la administración de Felipe Calderón. Que los hidrocarburos, antes de su inevitable extinción, se conserven como propiedad de todos los mexicanos y mexicanas y las ganancias que de su comercialización se derivan se usen para que el Estado cumpla con su obligación de garantizar a todas y todos alimentación, salud, vivienda y educación, pienso que es el rumbo correcto para cualquier reforma en la materia. Me parece que así estaríamos cumpliendo, al menos en parte, la orden de Jesús: dénles ustedes de comer, orden tanto más relevante cuanto que la escuchamos desde un estado en el que el índice de desnutrición permanece entre los más elevados de la república, no obstante la alternancia de partidos en el poder. Y no me parece que el proyecto calderonista tenga ese rumbo. Por eso creo que es hora de que, por encima de filias y fobias partidistas, todos acudamos a expresar nuestra opinión en la consulta nacional del próximo domingo 10 de agosto.

Colofón: Hay manifiestos ante los cuales daría yo cualquier cosa por ser “abajo firmante”. El publicado a propósito de la reciente aprobación de la ley de migración en el parlamento europeo es uno de ellos. Así que, abusando de la paciencia de los lectores y lectoras, lo reproduzco en este colofón:

Señores gobernantes y parlamentarios europeos: Algunos de nuestros antepasados, pocos, muchos o todos, vinieron de Europa. El mundo entero recibió con generosidad a los trabajadores de la Europa migrante.

Ahora, una nueva ley europea, dictada por la naciente crisis económica, castiga como crimen la libre circulación de las personas, que es un derecho consagrado por la legislación internacional desde hace ya unos cuantos años.

Esto nada tiene de raro, porque desde siempre los trabajadores extranjeros son los chivos expiatorios de las crisis de un sistema que los usa mientras los necesita y luego los arroja al tarro de la basura. Nada tiene de raro, pero mucho tiene de infame.

La amnesia, nada inocente, impide que Europa recuerde que no sería Europa sin la mano de obra barata venida de afuera y sin los servicios que el mundo entero le ha prestado: Europa no sería Europa sin la matanza de los indígenas de las Américas y sin la esclavitud de los hijos del África, por poner sólo un par de ejemplos de esos olvidos.

Europa debería pedir perdón al mundo, o por lo menos darle las gracias, en lugar de consagrar por ley la cacería y el castigo de los trabajadores que a su suelo llegan corridos por el hambre y las guerras que los amos del mundo les regalan.

Desde el continente americano, julio de 2008

Raúl Lugo Rodríguez

Iglesia y Sociedad

Mini Nuhuma: ejemplo de tenacidad

27 Jul , 2008  

El entero municipio de Metlatónoc, Guerrero, contaba, para el año 2000, con cerca de 30 mil habitantes. Está clasificado por el Programa Nacional de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) como el municipio más pobre y de mayor marginación en el país. Dentro de este pequeño municipio se encuentra la comunidad Mini Nuhuma, de tan solo 321 habitantes, mayoritariamente monolingües. Para quienes piensan que las cosas interesantes en nuestro país ocurren solamente en los grandes centros de poder político y económico va esta historia llena de coraje.

En Mini Nuhuma no hay red de agua potable ni drenaje; tampoco hay servicio público de transporte. Con casas de adobe y piso de tierra y con un porcentaje de analfabetismo cercano al 80 por ciento, las familias de Mini Nuhuma viven de la siembra y cosecha de maíz. En 2003 la comunidad se organizó para solicitar un centro de salud, la asignación de un médico y una dotación de medicinas. La Secretaría de Salud no hizo caso, despreciando así el esfuerzo que los habitantes hacían cada vez que alguien se enfermaba para cargar con su enfermo hasta la cabecera del municipio, situado a una hora y media de camino a pie. En una respuesta que se acerca a la burla, la dependencia estatal dijo que no podía enviar a un médico dado que no había ningún inmueble donde el doctor pudiera ofrecer consultas.

Así que en 2005 la comunidad de Mini Nuhuma terminó la construcción de una casa de salud, de adobe y piso de tierra como todas sus viviendas. Avisaron entonces a la Secretaría, pero el personal médico nunca llegó, sino únicamente un técnico en asistencia primaria a la salud que visitaba la comunidad cada tres meses llevando algunas medicinas. Ese año fallecieron los hermanos Fidel y Ofelia, de 9 y 7 años. La causa: diarrea; sí, señoras y señores, en la primera década del siglo XXI, hay gente en México que sigue muriéndose de diarrea. ¿Cómo no decir, ahora que no tengo censor a la mano, que éste es un país de mierda?

La comunidad no se arredró: en 2006 reiteraron su solicitud, sólo para recibir como respuesta que no había personal disponible para satisfacerla. Ese año murieron Olivia y Silvestre, de 7 y 22 años, de la misma mortal enfermedad: diarrea. En 2007 las muertes aumentan: Leonidas, de 4 años, y Cayetano, de 54. Los familiares de las víctimas y las autoridades tradicionales del pueblo deciden no rendirse y exigir de manera aún más insistente el respeto a su derecho a la salud. Apoyados por el Centro de Derechos Humanos de la Montaña Tlachinollan, renuevan su exigencia, ahora dirigida al gobernador Torreblanca y al presidente de la república. El resultado llamaría a risa si no se tratase de algo tan grave: lo único que ocurrió fue que ya no se pararon por el pueblo ni siquiera el personal que llegaba para vacunar a los niños, ni los encargados de dar pláticas por parte del programa federal “Oportunidades”.

Dos meses y medio después de su última petición los habitantes de Mini Nuhuma recibieron respuesta del Secretario de Salud, Luis Barrera Ríos, en la que se les negaba oficialmente el servicio argumentando numerosas normas provenientes del Modelo Integrador de Atención a la Salud. La comunidad contaba ya con un testimonio escrito de la negación del servicio. Y lo usó bien: no solamente respondió con un recurso de inconformidad, sino que el 13 de agosto de 2007 interpuso una queja ante la Comisión de Derechos Humanos del Estado de Guerrero en contra del gobernador y el secretario de salud solicitando medidas cautelares por la violación a su derecho a la salud.

El 7 de septiembre, tres semanas después de la interposición de la queja, la Comisión de Derechos Humanos de ese estado otorgó las medidas cautelares y exhortó al gobierno a adoptar las medidas necesarias para garantizar la salud de los habitantes de Mini Nuhuma y el 20 de junio de 2008 terminó por emitir la recomendación 16/2008 en la que reconoce la violación del derecho a la salud de las comunidades de Mini Nuhuma, Yuvinani, Los Llanos y Atzompa.

Ante la cerrazón del gobierno estatal, la comunidad, incansable y con una terquedad que raya en lo heroico, solicitó amparo ante la justicia federal el 9 de noviembre de 2007. Finalmente, el pasado 11 de julio, después de cinco años de lucha continua, la comunidad de Mini Nuhuma recibió una auténtica buena noticia: el juez séptimo de distrito radicado en Chilpancingo, Luis Almazán Barrera, concedió la protección de la justicia federal, mandando a las autoridades guerrerenses que cumplieran de manera inmediata con el respeto del derecho a la salud de los habitantes de Mini Nuhuma equipando adecuadamente la casa de salud construida con recursos propios de la comunidad, con mobiliario, servicios y medicamentos suficientes. Y para que no cupiera duda, el Juez señala expresamente que las autoridades no podrán poner como argumento para incumplir la “falta de presupuesto”, dado que este es un “motivo injustificable”.

Son varias las lecciones del hecho que hoy les comparto. En primer lugar, se demuestra que cuando las comunidades o pueblos se organizan y no cejan en su empeño, pueden lograr el respeto a sus derechos a través de mecanismos jurisdiccionales ya existentes. Otra buena noticia es que existen jueces que, más allá de pretextos presupuestales, comprenden que el Estado ha de emplear todos los recursos a su alcance para garantizar el derecho a la salud de los ciudadanos y ciudadanas; ojalá tuviéramos más jueces de esos. Los derechos económicos, sociales y culturales tienen que dejar de ser sólo un listado de buenas intenciones.

Así pues, quien diga que los cambios que de veras cuentan para rehacer la patria desde sus raíces ocurren solamente en los círculos del poder y del dinero se equivoca. Mini Nuhuma está allá, en la montaña de Guerrero, mostrando con su valiente testimonio que las políticas públicas de quienes nos desgobiernan solamente son una burda cobertura del trato discriminatorio al que están sujetas las comunidades indígenas y que la situación de desigualdad en nuestro país no va a cambiar mientras sigamos pidiendo el respeto a nuestros derechos humanos como si fuera una caridad que no merecemos.

Raúl Lugo Rodríguez

Iglesia y Sociedad

La consulta sobre el petróleo

21 Jul , 2008  

El domingo 13 de abril fue publicada una reflexión firmada por dos obispos católicos y más de treinta organizaciones cristianas, la mayor parte de ellas asociadas a la iglesia católica. El tema era el inicio del debate público sobre la reforma del sector petrolero (que no energético, como quiere presentársele) del país. La motivación, la misma que ha movido siempre a personas y colectivos dentro de las iglesias cristianas: “Las y los cristianos consideramos que preocuparnos por la problemática social es una dimensión del único envío recibido de Jesucristo: evangelizar. Sin incidir en la transformación social, el Evangelio de Jesús se queda por los aires, no aterriza y se le inhibe la posibilidad de encarnar el Amor de Dios mediante obras verificables de caridad y justicia”.

El documento al que hago referencia (www.ecoportal.net/content/view/full/77895) fue publicado un día antes de que el gobierno de Felipe Calderón enviara al Senado la propuesta de reforma que ha estado debatiéndose desde entonces. Como sabemos, han desfilado en el Senado, en la UNAM y en otras instituciones, científicos, intelectuales, técnicos, etc., para ofrecer su opinión sobre esta polémica reforma.

Tema complejo, la reforma petrolera quiso ser abordada en sus inicios por el gobierno federal desde una perspectiva miope: el énfasis en el petróleo no explorado, el famoso “tesoro escondido” en las aguas profundas del golfo de México. Muy pronto se demostró que la explotación en aguas profundas no es el problema central del petróleo en México, sino el hecho de si contamos o no con una estrategia para el desarrollo y aprovechamiento de la industria petrolera nacional que contribuya al beneficio de todos los ciudadanos y ciudadanas que habitamos en este país, especialmente a aquellos que se encuentran en las fronteras de la pobreza.

No voy a repetir aquí los argumentos que a favor y en contra de la reforma calderonista se han expresado en diversos ámbitos públicos. Además de la costosa campaña que, en horarios estelares de las dos televisoras, nos receta noche y día la opinión del gobierno federal y de la bancada panista del Congreso de la Unión, uno puede encontrar con un poco de esfuerzo en los medios de comunicación, las opiniones discordantes, desde quienes matizan la propuesta calderonista, hasta quienes descubren en ella una clara intención privatizadora que contradice la letra y el espíritu de la Constitución.

Todo esto viene a cuento porque se está preparando en todo el país una consulta nacional en la que los ciudadanos y ciudadanas que lo deseen podrán manifestar su opinión al respecto. Organizada por un Consejo Técnico en el que participan representantes del Frente Amplio Progresista y del Movimiento Nacional de Defensa del Petróleo, y contando con la asesoría de Alianza Cívica, la consulta se realizará bajo la observación de Consejos Estatales que se conformarán en cada entidad federativa por algunas personalidades de reconocida probidad. Solamente en el DF y en Zacatecas la consulta estará organizada por sus respectivos institutos electorales.

La consulta se realizará el 27 de julio en el Distrito Federal, Estado de México, Michoacán, Guerrero, Morelos, Tlaxcala, Chiapas, Baja California Sur, Hidalgo y Veracruz. El 10 de agosto en los estados del sur y sureste el país, entre los que se cuenta Yucatán, y el 24 de agosto en los estados del norte y noroeste del país. La intención es que los resultados de la consulta puedan hacerse llegar a la Cámara de Senadores cuando inicie el próximo período de sesiones, en el mes de septiembre. Las preguntas de la consulta serán:

“Actualmente la explotación, transporte, distribución y refinación de los hidrocarburos son actividades exclusivas del gobierno. ¿Está de acuerdo o no está de acuerdo que en esas actividades puedan ahora participar empresas privadas?”

“En general, ¿está de acuerdo o no está de acuerdo con que se aprueben las iniciativas relativas a la reforma energética que se debaten actualmente en el Congreso de la Unión?”

Todavía tendremos que ser informados de los lugares en los que se colocarán las urnas para la consulta en nuestro estado. Sin embargo, desde el espíritu que mueve a los firmantes del documento que enuncié en las primeras líneas, quiero reflexionar en este espacio en las razones por las que yo estoy dispuesto a participar en ella. En primer lugar, porque me parece que la cuestión del petróleo es fundamental para el desarrollo del país y está, además, directamente ligada con la realización de la justicia y con la eliminación de la miseria. Es un tema demasiado importante para dejarlo en manos de funcionarios públicos, los senadores, que muchas veces han dado muestras de que responden más a intereses privados y personales que a los del bienestar de la mayoría.

Participaré también porque, aunque el petróleo ha sido manejado de manera irresponsable a lo largo de los años, es una riqueza que considero que debe seguir siendo patrimonio de todos los mexicanos y mexicanas. Participaré porque me indigna el desprecio que se esconde tras las declaraciones que consideran al ciudadano de a pie como incapaz de opinar sobre estos temas.

Finalmente, creo que debe participarse en la consulta porque la democracia que tenemos ha mostrado, en los últimos años, graves limitaciones. Mientras no caminemos hacia la democracia participativa, la partidocracia seguirá usufructuando del cheque en blanco que les ofrecemos en cada elección. Y creo que la consulta sobre el petróleo es un ejercicio que va en este sentido y que puede arrojar resultados aleccionadores.

Apenas la semana pasada, un nutrido grupo de intelectuales de prestigio reconocido, han presentado las trece líneas rojas del proyecto calderonista (puede consultarse en la edición de La Jornada correspondiente al miércoles 16 de julio). Además de lo que escuchamos hasta la saciedad en Televisa y TV Azteca, valdría la pena conocer y tener en cuenta este punto de vista a la hora de participar en la consulta.

Iglesia y Sociedad

La guerra contra las radios comunitarias

14 Jul , 2008  

Hay varias guerras en curso dentro de nuestro país. Algunas de ellas llevan muertos en su haber. Una de ellas, a la que hoy quiero referirme, es la guerra entablada en contra de las radios comunitarias. Los atacantes son el gobierno federal y los empresarios de la radiodifusión comercial. Aunque no es cosa nueva –ya había habido señales desde 1995 con la suspensión temporal de Radio Huayacocotla– la guerra abierta se desencadenó desde la trinchera del gobierno federal en el sexenio pasado.

Ya Raúl Trejo Delabre denunció el 3 de junio de 2004, en pleno sexenio foxista, cómo el gobierno federal había desatado una “calculada y autoritaria política de liquidación” contra las radios comunitarias. Mencionaba en su editorial para el diario La Crónica, que en el año 2003 la Secretaría de Gobernación y la de Comunicaciones y Transportes (SCT) invitaron a las estaciones que operaban sin autorización legal a que presentaran sus solicitudes de regularización. Tres estaciones que forman parte de la delegación mexicana de la Asociación Mundial de Radios Comunitarias (AMARC) entregaron sus expedientes: La Voladora, de Amecameca, Estado de México; Radio Calenda, de San Antonino en Oaxaca y Radio Bemba, de Hermosillo, Sonora. La SCT negó la autorización ofreciendo como razón que estaban operando sin permiso, lo que, no sin cierta sorna, hizo exclamar a Trejo Delabre que esa era “precisamente la razón de que tales estaciones estuvieran solicitando su regularización legal”.

Lo que fueron anuncios tímidos se ha convertido, en el sexenio de Felipe Calderón, en una guerra abierta y desigual. Una buena parte de las radios comunitarias que funcionan en México operan en comunidades indígenas, por lo que esta guerra es solamente una faceta más de la política exterminadora de los últimos gobiernos con respecto a los pueblos originarios de nuestro país.

Cuando el año pasado se dio el debate público debido a la sorpresiva aprobación de la Ley Televisa, cuya inconstitucionalidad fue después declarada por la Suprema Corte de Justicia, Aleida Calleja, vicepresidenta de la AMARC señaló con acierto que “la falta de certeza jurídica, la discrecionalidad para obtener el permiso de funcionamiento y la violación del artículo segundo constitucional, que garantiza el derecho de los pueblos indígenas a tener sus propios medios de comunicación, son algunas de las violaciones en que incurre la ley Televisa”. De manera que la alianza entre el poder y el dinero, el gobierno federal y los empresarios de la comunicación, quedó evidenciada.

La guerra contra las radios comunitarias se ha tornado especialmente violenta en los últimos meses. En el mes se abril fueron asesinadas en la región mixteca de Guerrero dos locutoras triques de la radio comunitaria “La voz que rompe el silencio”: Teresa Bautista y Felícitas Martínez, de apenas 20 y 22 años y resultaron heridas tres personas adultas más y dos infantes de 3 y 2 años respectivamente. La radio opera en la población de san Juan Copala, a unos 50 kilómetros de donde ocurrió el atentado. En el lugar de los hechos se recogieron más de veinte casquillos de balas percutidos de calibre AK-47.

El 10 de junio, más de 100 elementos de la PFP, con armas de largo poder, asaltaron violentamente las instalaciones de Radio Tierra y Libertad, en la ciudad de Monterrey. Sólo la defensa de unas 200 personas que se reunieron en el lugar del operativo logró impedir que llevaran detenido a Héctor Camero, el responsable de la estación. La razón esgrimida por las autoridades es que la radio no cuenta para su emisión con autorización oficial, aunque se cuidan muy bien de decir que los responsables de la radio habían solicitado dicho permiso oficial, mediante oficio recibido y sellado en noviembre de 2002 ante la oficina de la SCT en Monterrey, sin que hasta la fecha, ¡seis años después!, haya habido respuesta alguna por parte de las autoridades a quienes, como se ve, el artículo 8º constitucional les viene huango.

Finalmente, el ataque más reciente se ha llevado en contra de la radiodifusora “La Palabra del Agua”, que transmite desde el municipio autónomo de Xochistlahuaca, en la costa chica de Guerrero. La radio “La Palabra del Agua” ha debido dejar de transmitir después que 30 efectivos de la Agencia Federal de Investigaciones (AFI) irrumpieran violentamente en sus instalaciones el pasado 10 de julio y dañaran el equipo en un intento de desmantelar la radio que, desde 2004, ha dado voz al pueblo amuzgo. Solamente la acción de unos 300 indígenas que se reunieron pudo impedir la incautación del equipo. Esta radio había estado recibiendo presiones (sobrevuelos de helicópteros, visitas intimidatorias de funcionarios de la SCT, cortes de luz, vuelos rasantes de avionetas del ejército, etc.) desde el año de 2004.

Esta guerra es absolutamente desigual y, en ciertos aspectos, reveladora. Se trata de radios de corto alcance que las más de las veces transmiten en lenguas indígenas. El alcance, por poner solo un ejemplo, de la radio Tierra y Libertad de Monterrey es de ¡cuatro kilómetros! ¿Qué amenaza puede representar esto para el Estado o los grandes monopolios de la comunicación? Desde una mirada superficial, ninguna. Pero lo peligroso es, precisamente, la existencia de voces libres, fuera del control político y del mercado, por pequeñas e insignificantes que parezcan. Por eso es que en el arco de sólo un mes el gobierno calderonista ha orquestado, con la participación de la SCT como brazo legaloide y la PFP y la AFI como brazos armados, el ataque frontal contra dos radios comunitarias. La criminalización de la libertad de expresión y su mediatización a través de engorrosos trámites burocráticos es parte de una guerra que tiene como objetivo el exterminio de los pueblos indígenas y el silenciamiento de toda forma de disidencia.

La negativa del gobierno federal de reconocer y generar un marco normativo adecuado para la radiodifusión comunitaria de acuerdo con los estándares internacionales establecidos por la UNESCO y por la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, revela solamente el doble discurso del gobierno calderonista y lo profundamente antidemocrático que es todavía el Estado mexicano, aunque cacaree lo contrario dentro y fuera de nuestras fronteras

Colofón: La vertical, eficaz y oportuna actuación de la Comisión de Derechos Humanos del Distrito Federal en relación con los acontecimientos de la discoteca “News Divine” no puede menos que despertar envidia, sobre todo ahora que nuestra defensoría local anda tan metida en problemas debido a su tibieza e incompetencia.

Iglesia y Sociedad

Una buena noticia desde Madrid

7 Jul , 2008  

Un nutrido grupo de presbíteros de la ciudad de Madrid, reunidos en el “Foro de curas madrileños”, acaba de publicar, el 21 de junio pasado, un documento amplio titulado “Pluralismo en la iglesia de Madrid”. Un documento por demás interesante porque retrata una serie de situaciones que no son privativas de esa ciudad de España, sino que se extienden a todo lo largo y ancho de la iglesia universal.

Los curas madrileños enfocan sus baterías en contra de la uniformidad, esa forma de “unidad” que pasa como aplanadora sobre las diversidades, parte de un concepto monolítico de verdad y hace a un lado el diálogo que la autoridad máxima de la iglesia católica, el Papa y los obispos de todo el mundo reunidos en concilio, nos había recomendado con urgencia hace más de cuarenta años cuando decía: “La Iglesia, para congregar a todas las personas de cualquier nación, raza o cultura que sean bajo un mismo Espíritu, se convierte en el signo de la fraternidad, que permite y consolida la sinceridad del diálogo. Pero eso exige, en primer lugar, que en la misma Iglesia promovamos la estima mutua, el respeto y la concordia, reconocidas todas las legítimas diversidades, para instituir un diálogo, cada vez más fructuoso, entre todos los que constituyen el único pueblo de Dios. Haya en lo necesario unidad, en lo dudoso libertad, y caridad en todo” (G.S. 92)

Parten los curas madrileños del retrato que de la iglesia nos ofrece el libro de los Hechos de los Apóstoles, una iglesia plural que afronta conflictos diversos. Ya desde sus inicios la iglesia encontró en los conflictos (sólo por mencionar algunos fijarse al leer el libro de los Hechos en los problemas entre las primeras comunidades y los saduceos, las sinagogas de la diáspora, el paganismo; fijarse también en el conflicto interno entre los autóctonos de habla aramea y los inmigrados procedentes de la diáspora, las imposiciones legalistas de los partidarios de la circuncisión, etc.) un signo de vitalidad y pluralismo y en el diálogo la vía para resolverlos. Nada más lejos del espíritu del Nuevo Testamento que la consideración de la iglesia como una uniformidad monolítica.

De ahí que para quienes suscriben este manifiesto “postular el pluralismo legítimo de interpretaciones de la fe cristiana y de la práctica pastoral no conduce a la ‘dictadura del relativismo’, es decir a sostener la incapacidad de acceder a la verdad o a la imposibilidad de presentar valoraciones morales válidas. Supone, eso sí, superar toda forma de fundamentalismo excluyente, vinculado a la pretensión de ‘poseer’ la totalidad de la verdad. Implica además, desde la apertura al Espíritu del Resucitado, la necesidad apremiante del diálogo enriquecedor, que es lo que demandamos en nuestra Iglesia”. Es la uniformidad, pues, y no el pluralismo lo que se opone a la acción del Espíritu y daña gravemente el testimonio de la iglesia.

Es cierto que la sociedad española está marcada irremediablemente por la pluralidad, no sólo por la transformación que la transición democrática ha operado en la sociedad ibérica, sino porque España se ha convertido en un cruce de caminos, lo que hace que su sociedad se enriquezca con personas procedentes prácticamente de todos los países del planeta. De ahí que los curas madrileños descubran que una iglesia situada en una sociedad laica, secular, plural y diversa en filosofías y concepciones religiosas, debe reconocer de hecho que el Estado sea aconfesional. “Por tanto, la Iglesia es una institución más que tiene su incidencia pública, su oferta que hacer gratuitamente, pero no ha de imponer su propia ética o concepción de la vida como la única forma de vida válida para todo el cuerpo social. El Estado ha de legislar teniendo en cuenta la pluralidad y diversidad de formas de vida y concepciones éticas que se dan en nuestra sociedad”, sostienen los curas.

Se lamentan los firmantes del manifiesto de que en la iglesia madrileña (y yo diría, en muchas de nuestras iglesias nacionales y diocesanas) “falten plataformas donde se pueda debatir abiertamente, con la libertad de los hijos de Dios, sobre tantos problemas que nos vemos obligados a afrontar en la reflexión teológica, en la práctica pastoral. Necesitamos espacios donde podamos oír y contrastar las diversas posturas que de hecho se dan en nuestra Iglesia. Necesitamos perder el miedo a experimentar, a equivocarse y corregir para ir encontrando caminos nuevos”.

Valiente, muy valiente el documento de estos presbíteros, sobre todo tomando en cuenta que el cardenal arzobispo de Madrid no es un modelo de apertura que digamos. Hay en el texto muchas y fundamentadas denuncias sobre varias situaciones: intentos de control de los centros de formación teológica, el veto de enseñanza a no pocos teólogos, excesiva uniformidad en la formación de los sacerdotes jóvenes, rigorismo litúrgico, etc. Sin embargo, el tono del manifiesto es altamente propositito, casi podría decir, entusiasta de la posibilidad de la construcción de una iglesia más plural y tolerante, más dialogante e inculturada. Un documento así, que valora como algo positivo e irreversible la pluralidad de nuestras sociedades y no la ve como amenaza o relativismo sino como riqueza y oportunidad para el crecimiento mutuo, es un documento cuya lectura hay que recomendar encarecidamente como lo que es: una buena noticia.

El documento completo puede ser consultado en http://eclesalia.blogia.com/2008/062601-nos-movemos.php

Raúl Lugo Rodríguez

Iglesia y Sociedad

Reflexiones sobre la obediencia

30 Jun , 2008  

“Esta vez sí me moviste el tapete…” fueron las palabras del difunto Padre Pastor Escalante, quien fuera párroco de la iglesia de Fátima durante muchos años. Lector asiduo de esta columna, con cierta frecuencia me comentaba sus impresiones de acucioso y crítico lector. Era difícil “moverle el tapete” a un presbítero católico que durante tantos años, a contracorriente, se arriesgó a opinar en temas delicados -como la compatibilidad entre cristianismo y socialismo- y que fuera impulsor de movimientos claves en la pastoral social yucateca, como las cooperativas de ahorro y crédito conocidas como Cajas Populares, las mismas que, alejándose de sus orígenes, han terminado por convertirse en bancos de intereses bajos y lucro no tan bajo.

El comentario del Padre Pastor había surgido en ocasión de un artículo en el que yo sostenía que Jesús no había sido obediente, al menos no en el sentido que lo entendemos ahora. El tema me ha vuelto a la cabeza ahora que ando en la lectura del libro “La Seducción de la Virgen” (Fondo de Cultura Económica, México 2007), biografía del P. Félix de Jesús Rougier, fundador de varias congregaciones religiosas, escrita por el conocido poeta y columnista de la revista Proceso, Javier Sicilia.

El Padre Félix, después de una serie de circunstancias que sería largísimo reseñar, descubre en su discernimiento cristiano que Dios lo llama a fundar una congregación distinta de aquella en la que militaba. Sus autoridades inmediatas, no solamente no aprueban su discernimiento, sino que multiplican las trabas, hasta llegar a prohibirle ciertas amistades y sacarlo del país (sí, exiliarlo) por cerca de diez años. El P. Félix se sujetó a la decisión de sus autoridades inmediatas. Después de esos diez años, terminó por conseguir el permiso necesario y fundó lo que hoy es la extendida congregación de los Misioneros del Espíritu Santo.

La anécdota tiene, desde luego, varias lecturas. Algunas arengas sobre la virtud de la obediencia, -que escucho siempre de parte de los que mandan, claro, no de los que obedecen- sostienen que es la obediencia de Félix la que habría hecho fecunda su obra. Y estoy de acuerdo en ello, pero me temo que no en el mismo sentido que los arengadores lo afirman.

La decisión de las autoridades que exiliaron al P. Félix se ha manifestado, sometida a la prueba de los años, como una decisión que, en lenguaje bíblico llamaríamos “satánica”. Sí, porque pretendiendo representar la voluntad de Dios, en realidad se convirtieron en adversarios de ella (que no otra cosa quiere decir la raíz hebrea de la que deriva la palabra Satán). Lo que logró que la voluntad de Dios se realizara fue mucho más la tenacidad del P. Félix, su fidelidad a su conciencia, que su simple obediencia, es decir, el hecho de que durante más de diez años no cediera en lo que él consideraba correcto. Sólo por la acuciosa labor investigativa de Sicilia he conocido el nombre del pobre hombre que ordenó el destierro del P. Félix, de la misma manera que casi nadie conoce el nombre de quien condenó a la hoguera a Giordano Bruno o de quien presidía el comité vaticano que condenó las teorías de Galileo, condenas por las que, cientos de años después, hemos tenido que pedir público perdón.

En fin, que la obediencia no deja de ser una virtud polémica. Y lo es porque, mal entendida, puede convertirse en instrumento del poder autoritario, en cuyo caso no es ya virtuosa ni evangélica, desde mi punto de vista. En el caso de Jesús, por ejemplo, la obediencia al proyecto de hermandad que él anunció usando la categoría político-teológica de “Reinado de Dios”, lo llevó a ser muy, pero muy desobediente con respecto a la religión de su tiempo y sus representantes autorizados. Es más, la vida de Jesús podría leerse mucho más fácilmente, aunque con menos hondura, desde la desobediencia que desde la obediencia. Con esto quiero decir que sus desobediencias están a flor de página en el evangelio, mientras que su obediencia se sitúa en el nivel de sus intenciones más hondas y requieren una mirada más penetrante, como la que alcanzó san Pablo en Filipenses 2,5-11.

Se dice que la virtud de la obediencia nos libra de un pecado grave: creer que el fin (cumplir la voluntad de Dios) puede alcanzarse sin mediaciones humanas. Ya lo decía Hegel: “La impaciencia pide algo imposible: quiere alcanzar el fin sin los medios”. El problema es que, en el caso concreto de la obediencia, las mediaciones tendrían que ser muchas, no solamente una. Que en la historia de la organización de la iglesia hayamos reducido (hasta identificarlos en la práctica) el discernimiento de la voluntad de Dios a la sujeción ciega a la opinión de una persona, por mucha autoridad que le reconozcamos, ha sido muy conveniente para quienes detentan el poder, pero devastador para el ejercicio de la libertad y la madurez de la conciencia cristiana.

Creo que un cristiano/a tiene que estar abierto/a a las múltiples voces por las que Dios nos manifiesta su voluntad. En primer lugar, para ser fieles a nuestra identidad, a Cristo y a su proyecto de humanidad. Están también los signos de los tiempos, la comunidad, el grito de los pobres, los cambios de mentalidad, las necesidades urgentes,… y también la opinión de quienes han recibido de la comunidad la función de ejercer la autoridad. Todos estos elementos han de confluir en el ejercicio de un discernimiento evangélico.

Hablar, pues, de la obediencia como un absoluto y sin ningún matiz es ignorar lo que ya nos recordaba alguien con mucha más sabiduría que yo: “La verdadera obediencia no es la obediencia de los aduladores, que evitan todo choque y ponen su intangible comodidad por encima de todas las cosas. Lo que necesita la Iglesia de hoy y de todos los tiempos no son panegiristas de lo existente, sino hombres en quienes la humildad y la obediencia no sean menores que la pasión por la verdad; hombres que den testimonio a despecho de todo ataque y distorsión de sus palabras” (Joseph Ratzinger, El verdadero pueblo de Dios, Herder, Barcelona 1972 p. 293).

Raúl Lugo Rodríguez

Iglesia y Sociedad

Las agresiones contra pueblos zapatistas

23 Jun , 2008  

Ha llovido mucho desde el 1 de enero de 1994. Han quedado en grabados en la memoria de este país los breves días de encuentros armados, las manifestaciones a lo largo y ancho de todo el territorio nacional pidiendo el cese de la guerra, la decisión unilateral –jamás traicionada– de los zapatistas de no empuñar más las armas de manera ofensiva, la larga batalla política que culminara en los Acuerdos de san Andrés, la traición de dichos acuerdos, primero por parte del presidente Zedillo y después del Congreso de la Unión, la declaración de autonomía en los hechos de las Juntas de Gobierno Zapatistas… y un largo etcétera.

En fin, que el país no es el mismo después de estos casi quince años de resistencia pacífica por parte de las comunidades rebeldes. Durante mucho tiempo la figura carismática del Subcomandante Marcos llenó las páginas de periódicos y revistas. El arranque de la Otra Campaña y la gira del Delegado Zero mantuvieron la atención de los medios de comunicación. Después vendría Atenco, la represión contra la APPO en Oaxaca, la derrama de recursos por parte del gobierno federal en los alrededores de los territorios autónomos. Quiso declararse así la muerte del movimiento zapatista. Los medios encontraron temas más atractivos. Los periodistas y comentaristas que seguían de cerca los avatares del Chiapas rebelde fueron calificados de nostálgicos ideologizados y el gobierno federal comenzó a actuar como si el zapatismo fuera cosa del pasado…

Pero esto ha ocurrido solamente en el discurso. Una nueva ofensiva ha venido desarrollándose en los últimos meses contra los pueblos zapatistas, escasamente registrada por los medios masivos de comunicación, tan ocupados ellos en calificar cualquier reforma legal que ponga tímidos topes a sus desmedidas ganancias como si fuera un “atentado a la libertad de expresión”. Venga una pequeña síntesis de las agresiones más reciente:

El 26 de mayo la Junta de Buen Gobierno del Caracol de Oventic denunció el secuestro de Manuel Hilario Gómez, miembro de base, por parte de perredistas de Zinacantán. El 3 de junio, un grupo de priístas y del partido Convergencia dejaron sin luz al ejido de Huaquitepec.
El 4 de junio, la Junta de Buen Gobierno “El camino del futuro”, del Caracol de resistencia “Hacia un nuevo amanecer”, denunció ante la opinión pública nacional e internacional la incursión de cerca de 200 provocadores en la Garrucha, sede del mencionado Caracol, entre soldados, agentes de seguridad pública del estado de Chiapas y policía municipal. Con el viejo pretexto de buscar plantíos de mariguana, se dirigieron al pueblo de Hermenegildo Galeana primero, y más tarde al pueblo San Alejandro, donde se les unieron 60 hombres más entre solados y policías municipales. Destruyeron sus milpas, provocaron a los pobladores hasta llegar al enfrentamiento. Tanto en La Garrucha, como en Galeana y san Alejandro, hubo resistencia de parte de los pobladores y la violencia estuvo a punto de desbordarse. Los agresores anunciaron que regresarían en 15 días.

El 14 de junio, la Junta de Buen Gobierno del Caracol Oventic logra inhibir un ataque preparado para el día siguiente, 15 de junio, contra la reserva zapatista El Huitepec, exhibiendo públicamente el documento en el que las autoridades “invitan” oficialmente a dicho acto de provocación.
Hace apenas unos días, el 20 de junio, la comunidad de Cruztón, Municipio de Venustiano Carranza, denunció que el día 18 de junio, a la 1.30 a.m. más de setenta elementos de la Policía Estatal, armados de pistolas de alto poder y acompañados de 25 civiles con palos y machetes, irrumpieron el terreno que los denunciantes habían recibido en posesión de parte del Finquero, antiguo dueño de esas tierras, desde el 24 de agosto de 1988, como consta en una escritura debidamente notarizada. Los policías destruyeron las milpas y amenazaron a los pobladores apuntándolos con sus armas diciendo que los arrastrarían atados a los caballos a través de todo el terreno, mientras autorizaban al grupo que pretende quedarse con las tierras a que hicieran sus casas de nailon para apoderarse en los hechos del terreno. Esta incursión repetía las amenazas planteadas por un operativo de 500 policías que el 27 de abril habían entrado violentamente a las casas, robando dinero y deteniendo y golpeando a varios de los pobladores. Finalmente, salió el peine: corren informaciones de que el gobierno ha ofrecido en concesión 25,152 hectáreas a la empresa Fronteer de México, subsidiaria de la canadiense Fronteer Development Group, para la exploración de minas.
Una vez reseñado este rosario de agresiones gubernamentales, me gustaría decir que para muchos y muchas, entre los que se cuenta quien esto escribe, los territorios rebeldes zapatistas son la reserva nacional de la dignidad. No habrá patria posible sin que se dé respuesta al legítimo derecho a la libre determinación y autonomía de los pueblos originarios. Esta columna declara su irrestricta solidaridad con los pueblos y comunidades zapatistas.

Colofón 1: A una vecina de mucha iniciativa se le ocurrió poner un tope frente a la casa en la que vivo, en la carretera Chichí Suárez – Sitpach, sin ninguna razón que lo justifique y sin ninguna consulta a los vecinos. He llamado al Ayuntamiento, quien me dirigió a la SPV (aunque ahora se llame SSP). Tomaron mis datos y los pormenores de la denuncia. Me prometieron que una “unidad” iría a constatar el hecho porque “solamente nosotros podemos poner topes”. Ha pasado una semana y el tope sigue en su lugar, interrumpiendo inútilmente el tráfico y originando frenones de antología. Y luego dicen que por qué nos quejamos de las ineficiencias de las instituciones públicas…

Colofón 2: Ha muerto Irene Duch Gary, humanista, académica, pedagoga freiriana y, por si fuera poco, poeta. Yucatán es un poco más triste y oscuro sin la luz de su palabra libre. En su memoria he releído “Ceniza en flor” (Mérida, 2003) y he encontrado múltiples alusiones a la muerte: “A cada instante muero / y voy cargando mi cadáver por la vida / sin encontrarle su exacta sepultura”; “Quién vivirá después de mi silencio”; “¿Con qué vara seremos medidos? / ¿Serás tú, / seré yo / víctima o verdugo?… ¿conseguirá el amor salvarnos de tanta iniquidad?”; “…nuestro rostro muerto / -muerte de labios cerrados- / será como un remordimiento insomne / agazapado en el umbral de la conciencia”; “…los sueños / horadados al contacto perenne del aliento / se desvanecen / en lluvia de nostalgia recurrente / y se deslizan por entre la piedra gris de mi epitafio”.

Y la cita final: premonición, íntimo deseo, nostalgia de eternidad: “Acaso sobre el arduo bregar de la jornada / se adivina, incontenible, la bienaventurada paz / que nos separa en el límite del tiempo. / Y nos prepara para el encuentro definitivo, / éxtasis de la palabra evocada en recuerdo del ausente / manantial de serenos cauces recorriendo las fronteras del olvido / y socavando, en el dolor, las esperanzas”.

Que así sea.

Raúl H. Lugo Rodríguez

Iglesia y Sociedad

La Palabra dentro de las palabras

16 Jun , 2008  

Hace unos días conversaba con Calicho sobre poesía. Le comentaba yo que algunos poemas, sólo algunos, tienen la suerte de volverse eternos; que cuando esto sucede, uno cae en la cuenta que la poesía es mucho más que la cuidadosa colocación de las palabras, o la afortunada versificación, o la transmisión de una experiencia emocional en términos simbólicos. Hay poemas pulcros y cuidados, pero sin poesía. Versos impecables, pero vacíos… Pero de repente, sin saber bien a bien cómo, la poesía acontece. Entre cientos de poemas aparece uno vital, auténtico, vivo, uno cuya manufactura está al servicio de la luz. Entonces comprende uno por qué hay poemas eternos: porque en ellos las palabras se convierten en vehículo para la Palabra.

Me quedé pensando largamente en nuestra conversación porque me parece que tiene aplicación también a otros campos. Hoy quiero aplicarlo a las Escrituras Sagradas. Como se sabe, algunas religiones, entre ellas las religiones cristianas, tienen Escrituras Sagradas. Las tiene también el judaísmo, el Islam y algunas vertientes del hinduismo, aunque sus conceptos de revelación no sean siempre los mismos.

Todas las confesiones cristianas creen que la Biblia es la Palabra de Dios. Pero eso no significa que al decirlo sostengan lo mismo. Hay en las diferentes iglesias personas que piensan que el texto de la Biblia salió de manera mágica de la mano y de la mente de Dios. Conciben el acto revelativo como algo mecánico, como si Dios hubiera tomado la mano del escritor sagrado y, sin que mediara la voluntad del instrumento, se hubiera pasado al papel aquello que Dios quería. Para estos creyentes, cada palabra tiene la misma densidad de sacralidad. Llamamos a esta mentalidad “fundamentalismo”. Una lectura así, que sostiene la inalterabilidad de todas las doctrinas bíblicas, que no acepta ningún tipo de mirada crítica sobre el texto, termina por convertirse en una lectura ridícula. A menos que se siga pensando que Dios ordena asesinar personas, o que la mujer es la causa de todos los males, o que hay que tener esclavos.

La mayor parte de las iglesias cristianas históricas manifiestan un rechazo absoluto a la lectura fundamentalista en sus documentos oficiales, pero siguen manteniendo ese mismo espíritu en la práctica cotidiana. No acertamos a desterrar aquellos textos cuyo contenido es evidentemente contrario al rostro misericordioso de Dios revelado en la persona de Jesucristo. Las palabras escritas nos impiden reconocer la Palabra, precisamente porque el exceso de celo, el miedo a lo nuevo, el ansia de control de las mentes y los corazones por parte de los líderes eclesiásticos, la falta de fe en la razón humana y en la acción del Espíritu, nos hacen seguir considerando a toda la Escritura como Palabra de Dios. Terminamos de leer textos de doctrina absolutamente inaceptable para una persona de nuestro tiempo, como los que muestran la imagen de un Dios castigador y violento o sostienen la superioridad del varón sobre la mujer en el matrimonio, y nos atrevemos a decir “Esta es palabra de Dios”. Convertimos así a las palabras en cárcel del Espíritu.

Como esto que digo puede parecer escandaloso a algunos, prefiero que lo diga alguien que lo expresa mucho mejor que yo. Dejo aquí la palabra al sacerdote español Jairo del Agua, que a más de su poético nombre, tiene a mi juicio una claridad teológica digna de envidia.

Es muy importante caer en la cuenta de que toda la Escritura no es Palabra. Más bien la Palabra discurre entre la Escritura, la riega como un río de agua sanadora, fecunda, orientadora, que recorre una concreta historia humana (la de los judíos y primeros cristianos), durante un concreto tiempo.

No podemos confundir el río con sus orillas agrestes, ni con sus monstruos, ni con la vegetación invasora. Hay que distinguir claramente entre el río y la historia que riega. En muchas ocasiones esa historia está habitada por hombres perversos, rudos, ignorantes, que tan pronto reniegan de Dios como le creen inspirador de sus propios crímenes. Algunos pasajes -totalmente secundarios que no explicitan el mensaje central del Primer Testamento- son pura bazofia y su lectura no es recomendable. Esa es la razón por la que la Biblia fue un libro prohibido o no divulgado durante muchos años. Conviene decirlo porque parece, que ahora, todo está bendecido por el hecho de estar en el Libro.

Tampoco podemos pensar que la mano que escribe es sabia, incontaminada, guiada al dictado. Todo lo contrario. Está limitada por su personalidad, por su ambiente humano y material, por su nivel cultural, etc. Es decir, la Escritura no sólo está contaminada por la precariedad o bajura de la historia humana que describe, sino también por los subjetivismos y condicionamientos de quien la escribe. Esto ocurre de forma relevante en el Primer o Antiguo Testamento porque el primitivismo era mayor y menor la evolución humana. Pero también puede afirmarse del Nuevo Testamento. Es más, esto ocurre y ocurrirá siempre, porque los humanos somos limitados e incapaces de agotar la Palabra. Sólo podemos recoger algunos de sus destellos para iluminar nuestra humana oscuridad”.

Hasta aquí la larga cita. Quedan, sin duda, muchos asuntos sobre los que habría que profundizar. ¿Cuáles son los criterios entonces para encontrar la Palabra en medio de tantas palabras? ¿Qué escollos habría que evitar para no terminar haciendo una lectura simplemente caprichosa? Abordarlos, sin embargo, rebasaría con mucho las dimensiones de este artículo. En el portal www.eclesalia.net podrán conocer la propuesta completa de Jairo del Agua (bajo las fechas 12, 20 y 26 de noviembre de 2007). Baste lo aquí dicho para que nos vayamos con más cuidado cada vez que nos sintamos tentados a utilizar textos de la Biblia para imponer nuestra moral, ganar pleitos o discriminar personas.

Colofón: “La importancia de llamarse Ernesto” es una de las piezas más emblemáticas de la dramaturgia de Oscar Wilde. Hace mucho tiempo que no veía una presentación tan pulcra y bien lograda como la que se presentó el pasado lunes en el teatro Daniel Ayala. La adaptación de José Ramón Enríquez y la dirección de Raquel Araujo, impecables. Los actores y actrices, todos dignos y acertados, en armónica amalgama de madurez y frescura. Toda una delicia. Me alegra que la obra haya sido vista por numerosos estudiantes en el programa de teatro escolar: es un tipo de teatro que cumple cabalmente la función de crear públicos y despertar la chispa del amor por el teatro.

Raúl Lugo Rodríguez

Iglesia y Sociedad

El caso Conkal y la libertad de expresión

9 Jun , 2008  

El pasado 23 de mayo fue presentada ante la Lic. Vilma Ramírez Santiago, directora de quejas y reclamaciones del Consejo Nacional para Prevenir la Discriminación (CONAPRED), una denuncia del Oasis de san Juan de Dios A.C. en la que se incriminaba a dos presbíteros católicos de la arquidiócesis de Yucatán por “discriminación, incitación a la violencia y provocación a crímenes de odio por homofobia”.

Uno de los ministros denunciados habría dicho desde el púlpito que “los homosexuales son un problema para nuestra sociedad; que ofenden, atacan y destruyen la familia; que son peligrosos para la sociedad y que representan un problema social que hay que atacar; Que la ley de dios no perdona a los homosexuales y que éstos no van ha entrar al Reino de los cielos, por lo que no deben entrar a la misa…” entre otras expresiones semejantes.

No es un asunto menor. En la ley reglamentaria del artículo 1º constitucional, la Ley Federal para Prevenir y Sancionar la Discriminación, se precisa como conductas discriminatorias “incitar al odio, violencia, rechazo, burla, difamación, injuria, persecución o la exclusión” (Art. 9 inciso XXVII). Y eso es lo que parece haber hecho el denunciado presbítero en su predicación, dado que hasta el momento no ha desmentido de manera pública las expresiones por las que ha sido acusado.

El caso tiene muchas aristas. No se trata, aunque haya quienes así lo perciban, de un ataque externo contra la iglesia católica, dado que tanto el denunciado como el denunciante son ambos católicos en toda la regla. Es más bien, en todo caso, un reflejo de la discusión interna que existe dentro de la comunidad católica acerca de la homosexualidad, debate que mantiene en lados opuestos a quienes sostienen que no existen personas homosexuales propiamente dichas, sino solamente heterosexuales que por diversas circunstancias han desviado el camino o se han apartado de una supuesta naturaleza original, frente a católicos que sostienen que es razonable el consenso cada vez más extendido en el mundo de que existen personas homosexuales en cuanto tales, y que esto no las hace ni mejores ni peores, sino simplemente diferentes.

Hoy quisiera, sin embargo, enfocarme en otra de las aristas, aquella que subraya la libertad de expresión. La denuncia presentada por el director del Oasis de san Juan de Dios A.C. afirma que, cuando el documento fue presentado ante un alto funcionario de la arquidiócesis, éste replicó: “¿Ustedes los de derechos humanos pueden decir lo que quieran, pero nosotros no podemos decir lo que queramos?”. Que queda planteado aquí un asunto de libertad de expresión se manifiesta también en el comunicado que, a propósito de la denuncia, expresa la posición del equipo de derechos humanos Indignación A.C. (www.indignacion.org.mx).

Sostiene Indignación A.C. que “la libertad de expresión, también garantizada por nuestras leyes como un derecho reconocido a todos los mexicanos y mexicanas, entre los que se cuenta a los ministros de cualquier culto, de ninguna manera implica la libertad de denostar u ofender a ninguna persona y no puede argumentarse como justificación para cometer discriminación”.

Hace algunos meses hubo una polémica de carácter internacional que puso sobre el tapete de la discusión el mismo asunto. Se trataba entonces de las caricaturas de un cartonista danés que criticó con sarcasmo al Islam haciendo mofa de la figura del profeta Mahoma. El escándalo desatado, tanto más grande cuanto que abordaba una temática tan sensible como la religiosa, motivó reflexiones que señalaban que la libertad de expresión debía tener ciertos límites, no impuestos arbitrariamente por alguna autoridad censora, sino consensuados socialmente a través de leyes que protejan otros derechos.

No es, desde luego, una discusión acabada. Liberales de un cierto radicalismo sostienen que la libertad de expresión es de tal manera fundamental que no debiera tener cortapisa alguna. Algunos países, en cambio, consideran –y así lo establecen en sus leyes– que ninguna libertad de expresión puede ser puesta al servicio de la discriminación o del menoscabo de los derechos de grupos vulnerables. Es el caso de Alemania, por ejemplo, donde no se puede usar la libertad de expresión para hacer apología del nazismo, so pena de probar la cárcel.

En lo que toca a nuestro caso local, la petición del Oasis de san Juan de Dios A.C. es firme, pero conciliadora. Solicitan una disculpa por escrito. Nada más, pero nada menos. Es la negativa por parte del presbítero señalado lo que ha motivado que el Oasis acudiera a la CONAPRED y a la Secretaría de Gobernación. Todavía es tiempo de que la disculpa pública se ofrezca y este asunto termine dejándonos a todos, enseñanzas invaluables. A eso se le llamaba antiguamente prudencia, una de las virtudes menos comunes hoy día.

Insistir, escudándose en la libertad de expresión, en que los ministros religiosos pueden decir desde el púlpito lo que se les antoje, así sea promover la discriminación o incitar a la violencia, no solamente coloca a la iglesia del lado contrario al de su Fundador, que luchó contra todo tipo de exclusiones en su tiempo, sino que es, por decir lo menos, inconsecuente, dado que la iglesia católica no se ha caracterizado en su historia pasada y reciente por promover o respetar la libertad de expresión dentro de sus propias filas.

Colofón: Un empleado del Diario de Yucatán se ha comunicado conmigo por teléfono para pasarme un recado del Director de dicho rotativo. Me dice que no se tratan asuntos delicados (“que pueden herir susceptibilidades”, fue la expresión), como el de la homosexualidad, en los espacios editoriales a menos que provengan de autoridades oficiales de la iglesia católica. O es una disposición muy reciente, dado que yo he tratado el tema en muchas otras ocasiones en mi columna, o hay diversas pesas y medidas dentro de ese medio de comunicación, dado que otro presbítero, éste Legionario de Cristo, sigue tratando este tipo de temas sin ninguna cortapisa en la página editorial de la sección nacional-internacional. De cualquier manera, las razones justificadoras de la censura me parecen superficiales y, al menos para mí, absolutamente insuficientes.

Raúl H. Lugo Rodríguez